viernes, diciembre 09, 2011

Personajes que hacen región

Rafael Vergara, un revolucionario del Caribe


La celebración del Bicentenario de la Independencia de Cartagena en este 2011 dependió en buena parte del trabajo de este hombre. Es abogado especializado en derecho público, y en los inicios de su carrera trabajó en la Superintendencia Bancaria, donde descubrió desde Barranquilla las exportaciones ficticias. Llegó a ser Director General de Control del Banco de la República. Luego decidió apoyar al asesinado jurista Eduardo Umaña Mendoza en la defensa de presos políticos y ya como militante de la izquierda fue durante años claves, el embajador del M-19 en México y en donde se ofreciera. Al reintegrarse a la vida civil, tras los acuerdos de paz, regresó a su Cartagena natal y fue director de Medio Ambiente de la ciudad, Secretario General y alcalde encargado durante la administración de Guillermo Paniza.

 Esto me lo cuenta el propio Rafael Vergara en una de las bancas del comedor del buque ARC Cartagena de Indias, que nos llevaba de Cartagena a Barranquilla en la primera escala de la Expedición Padilla. Allí era uno de los tres comandantes de la expedición, junto con el capitán César Martínez, de la Armada Nacional y el economista Alberto Abello, de la Universidad Tecnológica de Bolívar. El más autorizado para hablar de la Independencia de Cartagena era él, que se había informado a fondo sobre los intríngulis de la empresa libertadora en la Cartagena de 1811. “Siempre sufrí por no haber sido historiador; hubiera preferido ser historiador que abogado”, dijo Rafa -como lo conoce todo el mundo- mientras seguía con atención las señales de su celular. La alcaldesa de Cartagena podía llamar en cualquier momento.

Y continuó hablando de su vida frente a una grabadora. Como tantas veces ante los micrófonos de la prensa. Como siempre, porque siempre ha sido un hombre público, entregado al mundo, abierto como un libro. Como el mar.

Su compromiso con la lucha de los indígenas por la tierra en el sur del Tolima y la persecución por haber develado las irregularidades cambiarias del Grupo Grancolombiano, lo llevó a refugiarse en México, donde se encontró con todo el exilio latinoamericano que las dictaduras habían producido. Era el año 79, estábamos bajo el mal gobierno de Turbay y su Estatuto de Seguridad, y alguien que defendiera indígenas y presos políticos sólo podía terminar en una embajada pidiendo asilo para salvar su vida.

En México conoció a los sandinistas y a los salvadoreños mientras escribía para los periódicos más importantes del país y dictaba clases en la UNAM. En esa época conoció a Gabo y en esa época se dio el encuentro con el Movimiento 19 de Abril. La empatía de este costeño con las ideas del “Eme” lo llevó a casarse con ese movimiento hasta convertirse en su representante ante gobiernos extranjeros; era la cara pública de un movimiento clandestino, inaugurando esa posición en la izquierda armada colombiana. Al inicio de la Constituyente del 91 Rafael Vergara regresó a Colombia.

Antes había acompañado todo el proceso de negociación y junto con Gustavo Petro y otros compañeros fue copresidente de la Conferencia del M-19 que decidió la dejación de las armas. Había pasado once años afuera, pero tan pronto se reintegró comenzó a hacer política como candidato de la Alianza AD M-19 al Senado, por el departamento de Bolívar. No ganó, por lo eligieron secretario de relaciones internacionales del Eme y le correspondió liderar el ingreso de esa organización a la Internacional Socialista. Después de muchos años de viajes por la seca y la meca, viviendo prácticamente en los aviones, Vergara regresó a Cartagena, donde se enamoró de Cecilia Herrera, una de las pintoras más importantes del Caribe colombiano.

Por todo esto, ¿qué mejor que invitar a un revolucionario caribeño a organizar una fiesta para otro revolucionario caribeño?

Una expedición “a Padilla” 
Estábamos en el buque de la Expedición Padilla para hablar también de esta singular empresa que recorrió casi todo el litoral Caribe en trece días.

¿De dónde surgió la idea de celebrar de esta forma los 200 años de la Independencia de Cartagena?

De la misma visión que nos llevó a conmemorar el Bicentenario de una ciudad que juega un papel tan crucial en la historia de la Nueva Granada y del Caribe, como lo es Cartagena de Indias. ¿Qué es el Bicentenario? Es reencontrarnos con un pasado que estaba allí, semi- ignorado, y sacarlo a flote: Pedro Romero, José Padilla, los hechos tan trascendentales que ocurrieron antes y después del 11 de noviembre de 1811… En todos ellos está Padilla, pero ignorado en su verdadera dimensión. Así fue como a quienes proyectaban el Plan de Acción del Bicentenario y a Alberto Abello, se les ocurrió esta genial idea de la Expedición Padilla. Yo, como asesor del Bicentenario, me los encontré en el camino y comencé a participar en el proyecto, que en el fondo es un proyecto para compartir saberes.

¿Cuando ustedes arrancan, ¿por dónde comienzan y cómo se da ese proceso? 

La alcaldesa [Judith Pinedo] la tenía pensada, y la orientación que dio era la de conmemorar no solamente una fecha sino trascender eso. Así, cada hito histórico se relaciona con un hecho de la administración. Por ejemplo, vamos a conmemorar la firma de la capitulación española en 1821. ¿Con qué? Con la declaratoria de Cartagena como territorio libre de analfabetismo. Lo malo es que todo ese esfuerzo de Cartagena por sacar a flote esa parte oculta de la historia se estaba quedando en Cartagena, y esta expedición ayuda a que todo el Caribe se involucre en el cuento…

Con la alcaldesa de Cartagena, Judith Pinedo, hablando con los vecinos
de la Laguna Salada, en Riohacha, sobre el deterioro ambiental
de ese cuerpo de agua.
Gracias a esa idea cartagenera la región que no conocía al verdadero José Prudencio Padilla comenzó a conocerlo, y la expedición Padilla pasó a ser una expedición a Padilla para muchos caribeños y caribeñas que visitaron el barco, que asistieron a las conferencias, que leyeron el cuaderno y que se acercaron a los eventos realizados en Cartagena, Barranquilla, Santa Marta y Riohacha. Su papel era coordinar la participación del Distrito y colaborar en todo, andar recordando, asesorando, acompañando. “Pero la directora de todo esto es Judith Pinedo”, aclara abriendo bien sus grandes y chispeantes ojos.

"Claro, entre otras cosas, estamos haciendo la ruta de atrás para adelante, porque Padilla y sus hombres salieron de Riohacha, llegaron a Sabanilla, Soledad y Barranquilla, y luego a Santa Marta y de allí, entrando por el rio Magdalena y el Canal del Dique, llegaron a Cartagena y eso permitió liberar la ciudad luego de la batalla naval de la Noche de San Juan, donde Padilla vence a la fuerza española que controlaba la bahía. Pero, fíjate, hasta la historia la han cachaquizado: el 20 de julio de 1810 el grito fue de autonomía, el de independencia se da en Cartagena el 11 de noviembre de 1811. Nos impusieron el 7 de agosto de 1819 como la fecha de la salida de los españoles de la Nueva Granada y de Cartagena el último reducto de su ejército sale el 10 de octubre de 1821."


Vergara es padre de cuatro hijos en dos uniones libres, pero ahora vive solo y feliz con su pareja de Hoskys siberianos con los que sale a caminar por la playa. Cuando todo esto termine, seguramente volverá a otra de sus andanzas quijotescas. Volverá a meterse en política, seguramente, para tratar de derrotar a la clase “podrítica”, como él le dice; seguirá luchando contra los depredadores y los intereses que están secando las ciénagas, y seguramente perderá muchas batallas pero ganará una que otra guerra, como cuando consiguió parar la tala del mangle para su uso en la construcción. Ahora está empeñado en lograr que las Fuerzas Armadas se comprometan en la labor de cuidar el patrimonio natural.


"No es de abrir procesos, es de proteger la casa, es un tema de soberanía, porque el futuro alimentario, el clima, la biodiversidad de todos están en esas ciénagas que estamos rellenando. Así se lo dije al presidente Uribe y a Santos. Y los efectos del calentamiento global en Cartagena se previenen con la protección de la capa vegetal. Creo que esa va a seguir siendo mi tarea junto a este trabajo en la cuestión histórica."

 Está en el “sexto piso”, lidia con la hipertensión y carga un enfisema severo.

"Pero también un corazón sano siempre dispuesto a seguir amando, y todos los días estoy en función de aprender cosas nuevas."

Patricia Iriarte

miércoles, diciembre 07, 2011

La poesía de Andrea Zanzotto

Andrea Zanzotto murió el pasado 18 de octubre a los 90 años de edad. Fue considerado el más importante poeta italiano de la segunda mitad del siglo XX. Ha sido muy poco traducido al español, por lo que resulta difícil para nosotros apreciar su obra en toda su magnitud. Aquí reproducimos algunos poemas hallados en la web.




Río al alba


Río al alba
agua infecunda tenebrosa y leve
no me arrobes la vista
no las cosas que temo
y por las que vivo

Agua inconsistente agua incompleta
que hueles a larva y traspasas
que hueles a menta y ya te ignoro
agua luciérnaga inquieta a mis pies

de dactilografiadas logias
de flores demasiado queridas te desprendes
te inclinas y vuelas
más allá de El Montello y del inmaduro amado rostro
porque yo nada espero de la primavera.






MUNDO: SÉ, pero bueno;
existe buenamente,
haz que, procura que, tiende a, dímelo todo.
Yo iba de tumbo en tumbo, esquivando,
y toda inclusión era fáctica
no menos que toda exclusión;
vamos, cuate, existe,
no te enrosques en ti mismo, en mí mismo.

Yo pensaba que el mundo así concebido
con este súper-caer súper-morir
el mundo tan adulterado
era sólo un yo mal cultivado
era mi yo indigesto, mal fantaseante
mal fantaseado, mal pagado
y no tú, cuate, no tú, «santo» y «santificado»
un poco más allá, de lado, de lado.

Procura (ex-de-ob etc.)xistir
con toda preposición conocida o desconocida,
date alguna chance,
haz un poco de bien,
y que funcione el trebejo.
Vamos, cuate, vamos.
                    ¡Vamos,
 münchhausen
!





VERSIÓN DE MARA DONAT  Y MARCO ANTONIO CAMPOS
PARA LA VENTANA NUEVA

Brilla la ventana del verde largamente
largamente compuesto, sueño a sueño,
huertos o prados no sé; pero cuánta escarcha 
antes que me convenza, cuánta nieve.

Verde del trigo que alzas la cabeza y escarneces
entre el oro incierto y el vacío:
tú, mi ventana, y tú, cielo, que me traes
entre plácidos astros los resonantes satélites

que el juego humano ha lanzado, con rayos
de ciencia ficción, para contemplar en órbitas
ligeras los montes, y los ve a pie firme
el buey en el campo arado y la vid y la luna.

Oh mi ventana, pureza inextinguible.
Para hacerte gasté todo lo que tenía.
Ahora, no contento, en pobreza completa,
aun de todos tus dones no disfruto.

Pero dentro de poco me darás 
todo aquello que anhelaba.



(DE LUVINA FOROS
http://luvina.com.mx/foros/index.php?option=com_content&task=view&id=129&Itemid=41)







Con Proust al teléfono


Telefoni misteri gloriosi
di cui tranquilli abusiamo pur
se con Proust la nonna aspettiamo;
fax che mi date un tuffo al cuore
quando parte il fogl,io in cui cadete;

dissoluzione negl'infidi golfi
nei non nei si nei ni nei nèi 
nelle nicchie della Rete 

rete di ali di pipistrelli
rete in cui qual mosca 
caduto mi sento
tremando per il ragno
imminente, e la sua bava losca.





Otros enlaces:

domingo, noviembre 20, 2011

Bajo vigilancia

Por Eva Durán
Especial para Cantaclaro
Desde Colonia, Alemania



Pablo Castro* es mi mejor amigo desde que fijé mi residencia en la ciudad de Colonia. Es un adolescente dulce, callado y discreto, ha estado a mi lado protegiéndome y cuidándome como el más solícito de los enfermeros durante una bronquitis, una tosferina y una larga convalecencia en la cama fruto de un dolor en la columna vertebral que durante siete meses me hizo revolcar de dolor.

Le conocí en mi primer curso de alemán. Al mes de estar estudiando el idioma me dejó tirada (apenas si sostengo una conversación básica) mientras él ya lo habla fluido y sin acento; además habla perfecto inglés, francés y holandés. Vamos juntos a los mismos grupos de meditación, tenemos el mismo concepto de Dios, de la vida y del mundo; nos curamos los chichones de la vida, nos aconsejamos y consentimos el uno al otro. En otras palabras, Pablo es mi pana, mi carnal, mi llave, mi uña y mugre.

Es además el perfecto compañero de compras, no se impacienta cuando me demoro probándome vestidos o camino de un lado al otro buscando ofertas de un euro.

Confío tanto en él, que sé que de faltar yo, un hijo mío estará seguro a su lado, y no tengo problema en confiarle grandes cantidades de dinero, pues su honestidad y rectitud moral están para mi más que probadas.  Alguna vez me subí al tren sin pagar boleta, solo por una estación, y puso una cara de desaprobación que me hizo sentir como la más vil de las cucarachas.

Pablo y Viviana* su madre, quienes son colombianos y lucen un bellísimo color ébano en la piel, están viviendo una verdadera película de terror psicológico en estos días. 

La señora, una negra exuberante, popular y simpática a quién conocí en las pasadas fiestas de año nuevo, se va a casar con Jurgen* un alemán residente en Colonia, quien firmó ante el Estado alemán todos los documentos y compromisos de rigor en los que consta de que ella es la mujer con la que desea pasar el resto de su vida.

El matrimonio se ha demorado porque Viviana nació en la selva, en la pura selva del Chocó, monte adentro, fue registrada a los 18 años en una ignota notaría que ya no existe y cuyos archivos reposan repartidos en diferentes oficinas en los alrededores de la ciudad portuaria de Buenaventura, sin orden ni concierto. Total, ha sido imposible a la fecha encontrar el registro civil, pese a que Viviana ha pagado, y me consta, montones de dinero a varias personas para que se desplacen a varias ciudades y nada. 

Finalmente, después de muchas vueltas, conflictos,  trepa que sube y negociaciones sin fin, se comprometieron con las autoridades de inmigración a salir rumbo a Colombia a buscar el bendito papel y así poder casarse con todas las de la ley.

Viviana y Jurgen ya alquilaron y registraron en Colonia la casa en la que vivirán,  cómoda y fresca, la casa de sus sueños. Se gastaron una fortuna comprando muebles y electrodomésticos y se presentan reglamentariamente ante las autoridades de inmigración.

Hace dos días Viviana llega a mi casa angustiada a decirme que siete hombres les siguen a todas partes a ella y a su hijo, que les toman fotografías, que les escarban la basura. 

Yo, que disfruto de su amistad hace solo tres meses, siento que conozco a esta mujer de toda la vida; he reído y llorado a su lado, dormido en su casa, comido en su mesa y compartido con ella mis sueños y mis angustias. Yo, que he sido acogida sin reservas por su dulzura y paciencia, no puedo entender que peligrosidad puede encarnar un ser cuyo acto más terrible es quemar las ollas cada vez que viene a mi casa a cocinar un delicioso arroz atollao.

Pero efectivamente la cosa es así. Salí de compras con Viviana y en una acera de Plaza Neumark una mujer atlética, rubia y con vestido deportivo se paró ante nosotros y sin ningún disimulo nos fotografió. Qué vergüenza.

Al llegar a Schildergase me mostró Viviana a un guapo chico con chaqueta color café, quien, me dijo, no la deja a sol ni a sombra desde la mañana.  Luego fui con Pablo a comprar dulces al Aldi y dos hombres nos siguieron por los pasillos sin ningún disimulo y luego revisaron los estantes de los cuales tomamos las bolsas de dulce.

Y así durante toda la tarde la misma historia. Pablo, en el colmo de una legítima indignación, exclamó: “¡Esos de inteligencia no tienen nada, son unos brutos, con razón perdieron la guerra!”

Yo trato de tomarlo con humor pero en verdad estoy preocupada porque nadie entiende por qué la paranoia con ellos. Pienso que igual ya se van y la verdad, les insisto que no vuelvan, que se vayan para cualquier otro lado, que cualquier cosa es mejor que vivir así. 

Pablo es tranquilo y ecuánime como un monje budista y toma las cosas con un humor que envidio, Jurgen se la mantiene trabajando en el campo y Viviana está tan afectada que me pide que la acompañe a todos lados porque tiene miedo de andar sola.

Ser colombiano es duro, lo sé. Esta es la prueba. Nos matan en nuestro país y nos tratan como criminales en el exterior.

En su caso, yo iría a los medios de comunicación y armaría un escándalo monumental, pero eso no es de buena suerte en la víspera de una boda, me dicen. Cuando se casen la vaina será a otro precio.

Así está la cosa, el Buen Estado Alemán está persiguiendo, vigilando, analizando de día y de noche, con toda su perspicacia, tecnología, estadísticas y aparatos de rastreo a una mujer suramericana, madre soltera, por el simple hecho de tener dinero, ser negra, venir de Colombia y tener la extraña “fortuna” de hacerse pareja de un alemán. 

Si no estuviese viviendo el asunto en carne propia no tuviera consciencia de lo monstruoso del exabrupto.

Dada la crueldad y sevicia de nuestro conflicto interno, los colombianos deberíamos tener derecho al asilo automático, como en su momento lo tuvieron los chilenos, argentinos y uruguayos, pero eso no ocurrirá sencillamente porque para los dueños del mundo, el negocio es hacer de nosotros narcotraficantes, terroristas o putas, no seres humanos.

Post data: En un mes Viviana se casa (Dios mediante) en Colombia; espero que la fuerza moral le aguante hasta allá. Sean estas palabras un respaldo a su integridad, valor y entereza.

* Los nombres han sido cambiados.

martes, noviembre 01, 2011

¡Amrika, Amrika!

Documental de Sara Harb


Por Patricia Iriarte


Sayida Sánchez y Zuleima Slebi en una escena de ¡Amrika, Amrika!

En una ciudad como Barranquilla, donde la presencia árabe se puede constatar en los apellidos del directorio telefónico, en los avisos de las zonas comerciales, en los rostros de los transeúntes, en las listas electorales, en la vida cotidiana toda… porque ¿quién no ha tenido un amigo, una novia, un compañero de trabajo, incluso unos parientes sabaneros con un Manzur o un Abdala entre sus apellidos?


En una ciudad, como esta, digo, del Caribe colombiano, que atrajo tanta gente hace más de un siglo y que se precia de tener todavía algunos cines y varios directores, se tendrían que hacer muchas películas y documentales sobre este fascinante cruce de genes, con sus temperamentos y sus culturas deslumbrantes: el Caribe y el Oriente.

Hace tantos años que ya no recuerdo cuántos, hice para el semanario Zona de Bogotá una crónica que titulé, por supuesto, Moros en la Costa, en la que queríamos contar de esos viejos lazos existentes entre nosotros y los “turcos”, como los oí nombrar  en mi familia y en toda la ciudad. Yo conocí varios que recorrían el barrio vendiendo telas y a veces, cacharros para la casa. Pero esos “turcos” se fueron quedando e integrando y los fuimos conociendo mejor, y aprendimos a diferenciarlos y a saber que en realidad no eran turcos sino palestinos, sirios, libaneses, y uno que otro turco. Pero estaban también los judíos, siempre tan asociados al dinero como a la espiritualidad. Esos moros fueron, con el tiempo, grandes hombres de negocios, industriales, poetas, artistas y políticos… esta última, sin duda, su faceta menos amable para nosotros.

Antoine AlRahbani y George AlRahbani

La literatura y el periodismo han recogido en sus páginas mucho de su historia en nuestro territorio, y la obra de sus escritores es un vivo ejemplo de la riqueza de ese legado. Pero es difícil, por decir lo menos, encontrar en esta región un trabajo audiovisual que de cuenta de ese proceso.





Por todo esto es que diría que la aparición, en septiembre pasado, del documental ¡Amrika, Amrika!, de Sara Harb Said, puede considerarse un suceso cinematográfico en nuestro medio.

Sara Harb es una cineasta barranquillera, hija de inmigrantes libaneses que llegaron a la Costa Caribe a principios del siglo XX.  Su padre,  Salomon Harb Saleh, casado con Amira Said Hachem, llegó a Colombia en 1930 y estableció su negocio y su hogar en una época dorada para Barranquilla.

Sara Harb
Era natural, entonces, que Sara sintiera siempre un profundo interés y la necesidad artística de reflejar esta historia en suquehacer cinematográfico. Veinte años de investigación-acción participativa, como diría el maestro Fals Borda, se revelan hoy en este nuevo documental de 52 minutos sobre el itinerario social, económico y cultural del pueblo árabe en nuestra región.

¡Amrika,  Amrika!  hace parte de un proyecto audiovisual  de Harb Said que busca documentar para el cine y la televisión colombianos este proceso de llegada, adaptación e integración de la cultura árabe en nuestro país.

Desde el punto de vista cinematográfico este trabajo, dice Sara, “busca también plantear una aproximación diferente al género tanto en su conceptualización como en su estructura narrativa.” 

En efecto, la narración de ¡Amrika, Amrika! incorpora los ensayos para una película que se presume se está haciendo (Salwa, La Turca, el proyecto de largometraje de Sara Harb) y unos personajes de ficción que se convierten en sujetos reales que dan testimonio de su experiencia de inmigración a Colombia. Además,  incluye en su discurso narrativo una tercera voz, la de los autores del documental, que aparecen en pantalla para manifestar su autoría.

Salwa, La Turca no existe en realidad porque la miopía de las instituciones de promoción cinematográfica en Colombia le ha negado al proyecto el apoyo  que requiere. En cuatro ocasiones se ha presentado a las convocatorias de Pro-imágenes en Movimiento, en sus diferentes etapas, y siempre ha sido ignorada, en beneficio de otros proyectos cinematográficos de corte puramente comercial que no aportan nada al séptimo arte ni a la narración de los fenómenos socioculturales del país.

Pero ni la frustración ni la desazón que ello produce derrotaron a la directora barranquillera, quien buscó entonces otros recursos narrativos –y económicos- propios para su trabajo creativo y fue así como surgió ¡Amrika, Amrika!, grabada en los estudios de la Universidad del Norte y terminada en sus salas de edición con talento local.

La música, que es un elemento central para la atmósfera y el ritmo de la narración, es del colombiano radicado en Nueva York Jay Rodríguez. La dirección de fotografía es del veterano Rodrigo Lalinde, quien ya había trabajado con Sara en su cortometraje Ensalmo, y de Diego Forero.

El resultado que hoy nos entrega Sara Harb es de una belleza conmovedora. El tratamiento de los testimonios, la sensibilidad en las imágenes, la investigación documental y una impecable factura son virtudes innegables de este trabajo, pero más allá de la técnica hay
algo en la manera de mostrar a estos personajes y sus historia que resulta nuevo y distinto aún para quienes estamos habituados a convivir con esos rasgos y esos acentos moros.


Doña Victoria Dacarett
 Me conmovió escuchar la historia de la inmigración de labios de doña Victoria Dacarett, de Zuleima Slebi, de Anthony, de Mohamed, de la joven Sayida, nieta de inmigrantes, quien personifica por un momento a Salwa, la niña libanesa que sus padres quieren casar con un paisano cuando ella ama profundamente a Antonio, un músico moreno de rasgos caribeños. Todos ellos, y el homenaje que le rinde a la mujer árabe, a través de Meira Delmar, hacen de este documental un valioso documento y una hermosa pieza audiovisual.

Y como nadie es profeta en su tierra, según dice el adagio popular, a tan solo unas semanas de haberse presentado en Bogotá y Barranquilla, el documental es invitado a una muestra de cine en Beirut, este 5 de noviembre, a donde la directora viajará para presentarlo.

Actualmente Sara Harb reside en España, en donde cursa un master en Guión cinematográfico en la Universidad Carlos III de Madrid.


Sinopsis de ¡Amrika, Amrika!,

En un ambiente abstracto, de hipotéticas locaciones del largometraje Salwa, La turca, se ensayan algunas de las escenas con cinco de sus personajes principales que, vestidos y caracterizados según el guión, leen, repiten y actúan el papel que les ha sido asignado.

Los parlamentos, diálogos y movimientos de los “actores”, así como la detallada interacción de los aspirantes con sus roles, revelan el argumento general del largometraje y la razón de ser de cada uno de los personajes. Luego, mediante una entrevista en el entorno de cada persona, se complementa la información de cada uno sobre su propia vida y sus ancestros para dar un marco general de la inmigración árabe en Colombia a comienzos del siglo pasado.
  
Ficha técnica

Producción, Guión y Dirección: Sara Harb
Dirección de fotografía: Rodrigo Lalinde, Diego Forero
Sonido:  Edvard Fernández
Montaje:  Rogelio Morales, Magola Moreno, Manuel Betancourt
Dirección de Arte:  Lida Castillejo
Música Original:  Jay Rodriguez
Jefe de Producción:  Harold Ospina
Equipos y apoyo técnico: CPA - Universidad del Norte


Enlaces:

sábado, octubre 29, 2011

Cobo Borda en Barranquilla



Barranquilla recibió en estos días la visita memorable de Juan Gustavo Cobo Borda. Siempre inspirado e inspirador; lúcido, exquisito y de envidiable sentido del humor, Cobo Borda vino a la ciudad invitado por el Centro Cultural Cayena de la Universidad del Norte para participar en el Encuentro Nacional de Literatura, y para presentar el nuevo libro de poemas de Joaquín Mattos Omar, Los escombros de los sueños, prologado por él y editado por Icono.

En este último evento, que tuvo lugar anoche en La Cueva, el escritor bogotano leyó unas notas escritas a mano entre las que sobresalían unas preguntas: "¿Que significa hoy en día leer poesía?"

"¿Que tiene que ver la poesía con un mundo donde la historia se ha vuelto ironía y la escritura se ha vuelto parodia de la historia?"

Anoche Cobo Borda volvió a encantar, como cuando habla sobre Borges o aún cuando habla sobre un poeta desconocido, o cuando reflexiona en voz alta sobre cosas como estas:

"No hay nada que deteriore más la literatura que la obsesión por la actualidad."

Poeta que hipnotiza con el dominio de la palabra, de su ritmo y de la forma en que las combina entre sí para fascinar a los mortales:

"La poesía sigue cantando dentro de ella misma" 

Intelectual que comparte con gracia y generosidad sus saberes y sus intuiciones, porque cree que "Los poetas son los que saben, a pesar de ellos mismos." 


Sobre el libro de Mattos, "Los escombros de los sueños", afirmó:

"Este libro tiene el centro de nuestra memoria y el del patio y tiene a su vez los escombros de todas las utopías que se volvieron polvo, pero tiene a su vez esos espejos de agua que se han hecho ahora en torno a las Torres Gemelas para que quizas la gente, en silencio, se mire a sí misma."

Disculpen la calidad del video, pero no es la imagen lo que importa, es la voz:



martes, octubre 25, 2011

Alerta ambiental II: Los Parques siguen en la mira



Hace un año alertamos aquí sobre los daños ya ocasionados y los peligros que se avecinaban para el medio ambiente en el Caribe colombiano. En julio de 2010 hablábamos sobre los riesgos que representaban las obras de rectificación del Canal del Dique para el Parque Nacional Corales del Rosario; sobre la modificación del área Ramsar que protege al Parque Isla de Salamanca y todos sus humedales, para favorecer el establecimiento de puertos carboníferos frente a Barranquilla; alertamos sobre la cuchilla del progreso talando mangle en Rincón del Mar, y sobre otros cuantos temas que estaban en ese momento a la orden del día. 


Señalábamos la contradicción entre algunos anuncios hechos en esos días, como el compromiso de los gobernadores con la protección de sus ecosistemas, con la presentación de una política de "región bio-competitiva" que otorgó, como quien dice, "licencia para matar". 


¿Cuál es la política ambiental del actual gobierno?


Primero da una señal positiva al frenar el proyecto de hidrocarburos en la Reserva de Sea Flower, abrumadoramente rechazado por las comunidades isleñas y por la opinión mundial, como lo demostraron cientos de miles de firmas recogidas a través de las redes sociales. Mejor dicho, le tocó frenarlo. Entre tanto le está dando continuidad a la política uribista de tierra arrasada para sembrar monocultivos, favorecer la inversión de los grandes grupos económicos y promover, directa e indirectamente, el despojo territorial, cultural y social de los campesinos, indígenas y comunidades afrocolombianas.


Al mismo tiempo, al Presidente se le va la lengua en una asamblea de hoteleros y menciona el proyecto de Six Senses en el Tayrona, donde ya está claro, nuevamente, quiénes son los interesados: los Dávila Abondano, estirpe que junto a otras familias tradicionales del Magdalena se han hecho tristemente célebres por su habilidad depredadora: en sólo diez años destruyeron la bahía de Santa Marta y todas las playas que tuvieron a su alcance.


El anuncio, por fortuna, no pasó desapercibido y, casualidad o no, después de los 5.000 miembros en el grupo No a la construcción de un hotel 7 estrellas en el Tayrona, el mandatario y sus funcionarios se apresuran a hacer aclaraciones y promesas de respeto a la legislación colombiana sobre la consulta previa a las comunidades indígenas. No les queda de otra. Intentar manipular una consulta con el Consejo Territorial de Cabildos sería muy poco inteligente. 


Santos creyó poder jugar con la palabra empeñada en la Sierra en su mediática posesión ante los mamos, pero ahora debe estar estudiando historia. Le recomendamos el último documental del Colectivo Zhigoneshi: Resistencia en la Línea Negra, para que refresque sus conocimientos sobre el papel de la resistencia arhuaca en la expulsión de los curas de San Sebastián de Rábago, recuperando para los pueblos de la Sierra el sitio sagrado de Nabusímake. Desde allí hasta la cancelación de un proyecto carbonífero en La Guajira durante el gobierno de Andrés Pastrana había pasado casi un siglo, y desde ese episodio a acá, más de diez años. La opinión pública también ha madurado, y esa franja respetable de clase media que se expresa en las redes (que casi se expresa solo en las redes), ha logrado pronunciar un No al unísono. Un No rotundo a la construcción de un hotel de 4, de 5 de 6 o de 7 estrellas en el Tayrona. 




Al parecer, nadie se opondría a un hotel como los que ya existen: los Ecohabs, que funcionan desde hace por lo menos 20 años sin causarle daño al Parque; las cabañas de Arrecifes, las zonas de camping y el rancho de hamacas (todos estos manejados antes por la Dirección de Parques y ahora por Aviatur). Un proyecto que corrija los errores de ese proceso de concesión, permitiendo conciliar la conservación con las necesidades de las comunidades locales, en condiciones que sean social y culturalmente sostenibles, sería mirado con buenos ojos, quizás, por los mismos pueblos indígenas, que obviamente preferirían no vernos mucho por sus fueros.


En el Tayrona parece, hasta ahora, que vamos ganando la partida, pero siguen vivas las otras cabezas de la Hidra. Una de ellas es urgente enfrentarla, y es la que se está comiendo los Montes de María.


Cultivo de palma africana en Montes de María
Los planes del gobierno para reactivar la economía de esta zona son los mismos que dejó en marcha el gobierno anterior (sin duda, uno de los "huevitos de oro" del otro presidente), y esos planes retan seriamente cualquier política ambiental y social seria. ¿Saben ustedes por qué se están acabando los aguacates de El Carmen de Bolívar?


Hay que seguir alertas frente al tema de Ramsar e Isla de Salamanca, y cuestionar resueltamente la exportación de carbón por los puertos del Caribe como la vienen haciendo actualmente las empresas asentadas en Colombia. El Caribe y sus parques, sus bosques, sus aguas, su fauna, su gente, están amenazados. La alerta sigue encendida.

domingo, octubre 16, 2011

Entrevista con Aline Helg


"De pronto me quedo en el Caribe"


Cuando Aline Helg comenzaba sus estudios en la Universidad de Ginebra, comenzaba también en el Cono Sur la época de las dictaduras, y  Suiza fue uno de los países que recibió una gran cantidad de exiliados políticos de los países suramericanos. Muchos de ellos fueron sus compañeros de estudios pero uno en particular, un chileno-suizo que se había sido su gran amigo, fue desaparecido después en la Operación Cóndor del régimen de Pinochet.  “Eso me movilizó enormemente”, dice la historiadora en una entrevista que concedió a Cantaclaro en la recepción de un hotel en Riohacha, donde había sido invitada por la Expedición Padilla para dictar una conferencia y presentar su libro sobre el Caribe colombiano, publicado por primera vez en Colombia.[1]

En unos minutos el bus de la expedición nos llevaría a conocer la Laguna Salada y el sitio aproximado donde estuvo la Villa de Pedraza, la cuna del héroe de la Independencia José Padilla, la figura histórica a la cual esta mujer le ha dedicado años de investigación.

Pero ¿cómo se interesa esta investigadora por una figura hasta entonces ignorada de la historia de Colombia?

Después de haber estudiado Historia, Español y Ciencia Política, y tras su doloroso contacto con la realidad de América Latina, Aline se interesa en trabajar con la Unesco; pensando quizás en vivir un tiempo en París. Sin embargo, para ello necesitaba tener un doctorado y pensó que uno muy interesante podrían ser el de Historia de la Educación, pero ¿dónde? “Mirando el mapa de Suramérica  el único país que no estaba bajo una dictadura era Colombia. Estaba en estado de sitio pero no en dictadura.”  Así fue como en 1979 llegó a Colombia para hacer la investigación en terreno, y se vinculó nada menos que a la Universidad de los Andes, en Bogotá, como profesora visitante. De esa temporada cuenta, a manera de anécdota, que sus estudiantes –la mayoría de clase alta- se negaban a ir a las oficinas del DANE para buscar los documentos que ella les pedía consultar porque consideraban –al menos, eso les decían sus padres- que la Avenida El Dorado era un sitio peligroso. Lo chistoso era que la misma Aline vivía en ese sector, y el único peligro que encarnaba para un joven uniandino era, digo yo, la cercanía de la Universidad Nacional. Eran los años 80, con gobierno de Turbay, Estatuto de Seguridad y sonoros golpes del M-19.

Esa pesquisa sobre la educación la llevó al otro tema que le ha apasionado en los últimos 20 años: el de la raza. Durante su tesis doctoral sobre educación en Colombia Aline Helg encontró que ésta comenzó a desarrollarse cuando los primeros gobiernos de la República lanzaron programas para promover la inmigración europea y así “blanquear” la raza. Era lo que se hacía en ese entonces en otros países, dice la profesora Helg, pues se pensaba que de esa forma la raza iba a mejorar notablemente… sólo que no había una inmigración suficientemente importante en Colombia, y entonces decidieron tomar la vía de la educación y la salud para mejorar a los colombianos: 1930-40

Así fue emergiendo el papel decisivo que había jugado la cuestión racial en la educación. Por ejemplo, dice Helg: “Cuando se estableció la educación pública las clases medias y altas crearon los colegios privados para que sus hijos no se mezclaran con los pobres o los de piel más oscura.”

El asunto la intrigó tanto que luego realizó un estudio sobre teorías raciales en América Latina para ver cómo los pensadores e intelectuales latinoamericanos trataban de conciliar esas teorías europeas y norteamericanas con la realidad que vivían en países mestizos, encontrado escritos que confirmaban un pensamiento racista muy fuerte en esta parte del continente. Lo hizo comparando a Cuba y Argentina, que sí pudieron atraer una importante inmigración europea.

En Cuba encontró que existían organizaciones negras muy fuertes desde 1840, y que allí se había creado el único partido negro del continente después de las guerras de independencia. El resultado de este trabajo se publicó en inglés y español bajo el título Lo que nos corresponde. La lucha por la igualdad de los negros y mulatos en Cuba, estudio que le valió varios premios en Estados Unidos y el Caribe.

Después hizo planes para hacer una investigación sobre el oriente de Cuba pero la situación era tan difícil en ese momento en la isla que decidió volver con su hija a Colombia y ver lo que ocurría en el Caribe colombiano, región de condiciones similares al Caribe insular. Observando esto se planteó las siguientes preguntas: “¿Por qué no hubo una movilización basada en la raza en la Costa Caribe colombiana durante la guerra de Independencia, periodo en que se desbarató todo el sistema de control?” O “¿Por qué la nación colombiana se presenta como mestiza y andina y no como caribeña?”  

“Algunos amigos en Estados Unidos ni siquiera sabían que Colombia tiene la tercera población afrodescendiente más numerosa de América”, dice Aline Helg, quien revisó archivos de España, Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Colombia para responder esas preguntas, y poco a poco se dio cuenta de que el caso de Colombia era totalmente distinto al de Cuba, entre otras porque no había medios de comunicación, el sentido de pertenencia a Africa se había perdido y tampoco había una élite de hacendados fuerte, que utilizara la raza para dominar, como la hubo en Cuba, donde aún se utiliza el término “raza de color”.

Además, veía Aline en sus estudios, el Caribe colombiano había sido durante mucho tiempo parte de una gran periferia no conquistada, con poco control de Estado y de la iglesia, por eso no se explicaba cómo en esas sabanas y montes, a la sombra de las rochelas y sitios de libres, no había florecido una insurrección de los sectores mestizos y blancos pobres. Y fue por esos estudios sobre el tema racial como llegó al personaje llamado José Prudencio Padilla.

Personaje que, curiosamente, no apareció cuando investigaba los hechos de la Independencia sino cuando leía la correspondencia del Libertador Simón Bolívar, quien decía en algunas de sus cartas -palabras más, palabras menos -que había que hacer algo con ese militar costeño que amenaza con imponer en la Gran Colombia una “pardocracia” como la que habían impuesto los negros en Haití. Así llega también a las cartas que el mismo Padilla envía a Bolívar y a Santander.

“En ese momento digo: ¡Aquí tengo mi héroe!”, recuerda emocionada Aline, pues mientras que en Cuba había encontrado muchos héroes enaltecidos por la Revolución, en el Caribe colombiano no había encontrado ninguno. Finalmente entendió por qué  Padilla no había podido ejercer aquí un liderazgo como el que ejerció en Cuba un Antonio Maceo: “por la geografía, por las terribles maniobras políticas y por la debilidad de la Costa, a la cual nadie le paraba bolas”, dice la investigadora suiza en su español desparpajado.

“Era una región despreciada, y yo traté de entender por qué, pues toda esa gente también fue independentista, murió en las guerras. Uno de los pocos que sobrevivió fue Padilla; también Juan José Nieto, pero él era muy joven en la época de Independencia.”

Cuando recibía de manos del alcalde su diploma
como hija adoptiva de Riohacha.


Algunos historiadores dicen hoy que a pesar de todas las críticas que se hacen a los caudillos, estos sembraron las semillas de la nación con sus redes de clientelismo y arraigo en las masas. En la región Caribe no hubo ese caudillo. Padilla era un hombre honesto, sin deseos de riquezas; su riqueza era su honor, su figura y su única ambición el reconocimiento de su papel en la guerra de Independencia.

Sus estudios sobre el Caribe colombiano le tomaron casi diez años, hasta la publicación en 2004 de Libertad e igualdad en el Caribe Colombiano 1770-1835, obra que recibió el Premio John Edwin Faggde de la Asociación Americana de Historia en 2005. Su primer artículo sobre el Almirante guajiro[2] había salido en 2001, y fue antes de que descubriera el panfleto Al respetable público de Cartagena, que dio origen a otro artículo: Bolívar, Padilla y la pardocaracia. Un tema en el que Helg ve toda una veta de trabajo.

-        O sea que podría seguir trabajando sobre Padilla, le digo.
“Ah, si me dan documentos, sí, estoy lista”, responde sonriendo.

Ahora está terminando algo sobre el pensamiento social de Bolívar, tiene un “pequeño” proyecto sobre historias de mujeres esclavas que lucharon por su libertad, y finalmente, le da los últimos toques a su Historia general de la resistencia de los esclavos en las Américas.

Tenía también un proyecto sobre historia del Pacífico “pero con esta Expedición Padilla tengo tanto corazón aquí, que voy a tener que decidir. De pronto me quedo en el Caribe”.
Por ahora seguirá con sus cursos en Ginebra, pero tiene tantos amigos aquí que lo más seguro es que regrese. Además, ahora es hija adoptiva de Riohacha.  

Ver otra entrevista y artículos sobre Aline Helg en: 




[1] Libertad e igualdad en el Caribe Colombiano 1770-1835. Banco de la República/Fondo Editorial Universidad EAFIT, Bogotá/Medellín, 2011
[2] “El general José Padilla en su laberinto: Cartagena en el decenio de 1820”, en Haroldo Calvo Stevenson y Adolfo Meisel Roca, eds., Cartagena de Indias en el siglo XIX, (Cartagena: Universidad Jorge Tadeo Lozano/Banco de la República, 2002), pp. 3-29.

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