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sábado, octubre 06, 2012

Las páginas de Ernesto

Hoy recomendamos la página web de nuestro amigo y colega Ernesto MacCausland Sojo, ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2012 en la categoría Vida y Obra, el cual trae algunas de las mejores historias de este periodista, escritor y director barranquillero. Textos, fotografías, audios y el blog, donde se pueden encontrar "Joyas de los amigos", una pequeña antología de textos periodístico-literarios de otros autores y autoras del Caribe.


Destacamos, en especial, la columna sobre el retorno de los desplazados de El Salado, Bolívar.
http://www.ernestomccausland.com/textos.php

McCausland acaba de estrenar además, su más reciente documental, Eterno Nómada, sobre la historia del realizador francés Claude Herviant en La Guajira, historia que filmó gracias a un estímulo del Fondo de Promoción Cinematográfica. Ver nota de El Tiempo: http://www.eltiempo.com/entretenimiento/tv/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12265013.html

martes, octubre 25, 2011

Alerta ambiental II: Los Parques siguen en la mira



Hace un año alertamos aquí sobre los daños ya ocasionados y los peligros que se avecinaban para el medio ambiente en el Caribe colombiano. En julio de 2010 hablábamos sobre los riesgos que representaban las obras de rectificación del Canal del Dique para el Parque Nacional Corales del Rosario; sobre la modificación del área Ramsar que protege al Parque Isla de Salamanca y todos sus humedales, para favorecer el establecimiento de puertos carboníferos frente a Barranquilla; alertamos sobre la cuchilla del progreso talando mangle en Rincón del Mar, y sobre otros cuantos temas que estaban en ese momento a la orden del día. 


Señalábamos la contradicción entre algunos anuncios hechos en esos días, como el compromiso de los gobernadores con la protección de sus ecosistemas, con la presentación de una política de "región bio-competitiva" que otorgó, como quien dice, "licencia para matar". 


¿Cuál es la política ambiental del actual gobierno?


Primero da una señal positiva al frenar el proyecto de hidrocarburos en la Reserva de Sea Flower, abrumadoramente rechazado por las comunidades isleñas y por la opinión mundial, como lo demostraron cientos de miles de firmas recogidas a través de las redes sociales. Mejor dicho, le tocó frenarlo. Entre tanto le está dando continuidad a la política uribista de tierra arrasada para sembrar monocultivos, favorecer la inversión de los grandes grupos económicos y promover, directa e indirectamente, el despojo territorial, cultural y social de los campesinos, indígenas y comunidades afrocolombianas.


Al mismo tiempo, al Presidente se le va la lengua en una asamblea de hoteleros y menciona el proyecto de Six Senses en el Tayrona, donde ya está claro, nuevamente, quiénes son los interesados: los Dávila Abondano, estirpe que junto a otras familias tradicionales del Magdalena se han hecho tristemente célebres por su habilidad depredadora: en sólo diez años destruyeron la bahía de Santa Marta y todas las playas que tuvieron a su alcance.


El anuncio, por fortuna, no pasó desapercibido y, casualidad o no, después de los 5.000 miembros en el grupo No a la construcción de un hotel 7 estrellas en el Tayrona, el mandatario y sus funcionarios se apresuran a hacer aclaraciones y promesas de respeto a la legislación colombiana sobre la consulta previa a las comunidades indígenas. No les queda de otra. Intentar manipular una consulta con el Consejo Territorial de Cabildos sería muy poco inteligente. 


Santos creyó poder jugar con la palabra empeñada en la Sierra en su mediática posesión ante los mamos, pero ahora debe estar estudiando historia. Le recomendamos el último documental del Colectivo Zhigoneshi: Resistencia en la Línea Negra, para que refresque sus conocimientos sobre el papel de la resistencia arhuaca en la expulsión de los curas de San Sebastián de Rábago, recuperando para los pueblos de la Sierra el sitio sagrado de Nabusímake. Desde allí hasta la cancelación de un proyecto carbonífero en La Guajira durante el gobierno de Andrés Pastrana había pasado casi un siglo, y desde ese episodio a acá, más de diez años. La opinión pública también ha madurado, y esa franja respetable de clase media que se expresa en las redes (que casi se expresa solo en las redes), ha logrado pronunciar un No al unísono. Un No rotundo a la construcción de un hotel de 4, de 5 de 6 o de 7 estrellas en el Tayrona. 




Al parecer, nadie se opondría a un hotel como los que ya existen: los Ecohabs, que funcionan desde hace por lo menos 20 años sin causarle daño al Parque; las cabañas de Arrecifes, las zonas de camping y el rancho de hamacas (todos estos manejados antes por la Dirección de Parques y ahora por Aviatur). Un proyecto que corrija los errores de ese proceso de concesión, permitiendo conciliar la conservación con las necesidades de las comunidades locales, en condiciones que sean social y culturalmente sostenibles, sería mirado con buenos ojos, quizás, por los mismos pueblos indígenas, que obviamente preferirían no vernos mucho por sus fueros.


En el Tayrona parece, hasta ahora, que vamos ganando la partida, pero siguen vivas las otras cabezas de la Hidra. Una de ellas es urgente enfrentarla, y es la que se está comiendo los Montes de María.


Cultivo de palma africana en Montes de María
Los planes del gobierno para reactivar la economía de esta zona son los mismos que dejó en marcha el gobierno anterior (sin duda, uno de los "huevitos de oro" del otro presidente), y esos planes retan seriamente cualquier política ambiental y social seria. ¿Saben ustedes por qué se están acabando los aguacates de El Carmen de Bolívar?


Hay que seguir alertas frente al tema de Ramsar e Isla de Salamanca, y cuestionar resueltamente la exportación de carbón por los puertos del Caribe como la vienen haciendo actualmente las empresas asentadas en Colombia. El Caribe y sus parques, sus bosques, sus aguas, su fauna, su gente, están amenazados. La alerta sigue encendida.

domingo, octubre 16, 2011

Entrevista con Aline Helg


"De pronto me quedo en el Caribe"


Cuando Aline Helg comenzaba sus estudios en la Universidad de Ginebra, comenzaba también en el Cono Sur la época de las dictaduras, y  Suiza fue uno de los países que recibió una gran cantidad de exiliados políticos de los países suramericanos. Muchos de ellos fueron sus compañeros de estudios pero uno en particular, un chileno-suizo que se había sido su gran amigo, fue desaparecido después en la Operación Cóndor del régimen de Pinochet.  “Eso me movilizó enormemente”, dice la historiadora en una entrevista que concedió a Cantaclaro en la recepción de un hotel en Riohacha, donde había sido invitada por la Expedición Padilla para dictar una conferencia y presentar su libro sobre el Caribe colombiano, publicado por primera vez en Colombia.[1]

En unos minutos el bus de la expedición nos llevaría a conocer la Laguna Salada y el sitio aproximado donde estuvo la Villa de Pedraza, la cuna del héroe de la Independencia José Padilla, la figura histórica a la cual esta mujer le ha dedicado años de investigación.

Pero ¿cómo se interesa esta investigadora por una figura hasta entonces ignorada de la historia de Colombia?

Después de haber estudiado Historia, Español y Ciencia Política, y tras su doloroso contacto con la realidad de América Latina, Aline se interesa en trabajar con la Unesco; pensando quizás en vivir un tiempo en París. Sin embargo, para ello necesitaba tener un doctorado y pensó que uno muy interesante podrían ser el de Historia de la Educación, pero ¿dónde? “Mirando el mapa de Suramérica  el único país que no estaba bajo una dictadura era Colombia. Estaba en estado de sitio pero no en dictadura.”  Así fue como en 1979 llegó a Colombia para hacer la investigación en terreno, y se vinculó nada menos que a la Universidad de los Andes, en Bogotá, como profesora visitante. De esa temporada cuenta, a manera de anécdota, que sus estudiantes –la mayoría de clase alta- se negaban a ir a las oficinas del DANE para buscar los documentos que ella les pedía consultar porque consideraban –al menos, eso les decían sus padres- que la Avenida El Dorado era un sitio peligroso. Lo chistoso era que la misma Aline vivía en ese sector, y el único peligro que encarnaba para un joven uniandino era, digo yo, la cercanía de la Universidad Nacional. Eran los años 80, con gobierno de Turbay, Estatuto de Seguridad y sonoros golpes del M-19.

Esa pesquisa sobre la educación la llevó al otro tema que le ha apasionado en los últimos 20 años: el de la raza. Durante su tesis doctoral sobre educación en Colombia Aline Helg encontró que ésta comenzó a desarrollarse cuando los primeros gobiernos de la República lanzaron programas para promover la inmigración europea y así “blanquear” la raza. Era lo que se hacía en ese entonces en otros países, dice la profesora Helg, pues se pensaba que de esa forma la raza iba a mejorar notablemente… sólo que no había una inmigración suficientemente importante en Colombia, y entonces decidieron tomar la vía de la educación y la salud para mejorar a los colombianos: 1930-40

Así fue emergiendo el papel decisivo que había jugado la cuestión racial en la educación. Por ejemplo, dice Helg: “Cuando se estableció la educación pública las clases medias y altas crearon los colegios privados para que sus hijos no se mezclaran con los pobres o los de piel más oscura.”

El asunto la intrigó tanto que luego realizó un estudio sobre teorías raciales en América Latina para ver cómo los pensadores e intelectuales latinoamericanos trataban de conciliar esas teorías europeas y norteamericanas con la realidad que vivían en países mestizos, encontrado escritos que confirmaban un pensamiento racista muy fuerte en esta parte del continente. Lo hizo comparando a Cuba y Argentina, que sí pudieron atraer una importante inmigración europea.

En Cuba encontró que existían organizaciones negras muy fuertes desde 1840, y que allí se había creado el único partido negro del continente después de las guerras de independencia. El resultado de este trabajo se publicó en inglés y español bajo el título Lo que nos corresponde. La lucha por la igualdad de los negros y mulatos en Cuba, estudio que le valió varios premios en Estados Unidos y el Caribe.

Después hizo planes para hacer una investigación sobre el oriente de Cuba pero la situación era tan difícil en ese momento en la isla que decidió volver con su hija a Colombia y ver lo que ocurría en el Caribe colombiano, región de condiciones similares al Caribe insular. Observando esto se planteó las siguientes preguntas: “¿Por qué no hubo una movilización basada en la raza en la Costa Caribe colombiana durante la guerra de Independencia, periodo en que se desbarató todo el sistema de control?” O “¿Por qué la nación colombiana se presenta como mestiza y andina y no como caribeña?”  

“Algunos amigos en Estados Unidos ni siquiera sabían que Colombia tiene la tercera población afrodescendiente más numerosa de América”, dice Aline Helg, quien revisó archivos de España, Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Colombia para responder esas preguntas, y poco a poco se dio cuenta de que el caso de Colombia era totalmente distinto al de Cuba, entre otras porque no había medios de comunicación, el sentido de pertenencia a Africa se había perdido y tampoco había una élite de hacendados fuerte, que utilizara la raza para dominar, como la hubo en Cuba, donde aún se utiliza el término “raza de color”.

Además, veía Aline en sus estudios, el Caribe colombiano había sido durante mucho tiempo parte de una gran periferia no conquistada, con poco control de Estado y de la iglesia, por eso no se explicaba cómo en esas sabanas y montes, a la sombra de las rochelas y sitios de libres, no había florecido una insurrección de los sectores mestizos y blancos pobres. Y fue por esos estudios sobre el tema racial como llegó al personaje llamado José Prudencio Padilla.

Personaje que, curiosamente, no apareció cuando investigaba los hechos de la Independencia sino cuando leía la correspondencia del Libertador Simón Bolívar, quien decía en algunas de sus cartas -palabras más, palabras menos -que había que hacer algo con ese militar costeño que amenaza con imponer en la Gran Colombia una “pardocracia” como la que habían impuesto los negros en Haití. Así llega también a las cartas que el mismo Padilla envía a Bolívar y a Santander.

“En ese momento digo: ¡Aquí tengo mi héroe!”, recuerda emocionada Aline, pues mientras que en Cuba había encontrado muchos héroes enaltecidos por la Revolución, en el Caribe colombiano no había encontrado ninguno. Finalmente entendió por qué  Padilla no había podido ejercer aquí un liderazgo como el que ejerció en Cuba un Antonio Maceo: “por la geografía, por las terribles maniobras políticas y por la debilidad de la Costa, a la cual nadie le paraba bolas”, dice la investigadora suiza en su español desparpajado.

“Era una región despreciada, y yo traté de entender por qué, pues toda esa gente también fue independentista, murió en las guerras. Uno de los pocos que sobrevivió fue Padilla; también Juan José Nieto, pero él era muy joven en la época de Independencia.”

Cuando recibía de manos del alcalde su diploma
como hija adoptiva de Riohacha.


Algunos historiadores dicen hoy que a pesar de todas las críticas que se hacen a los caudillos, estos sembraron las semillas de la nación con sus redes de clientelismo y arraigo en las masas. En la región Caribe no hubo ese caudillo. Padilla era un hombre honesto, sin deseos de riquezas; su riqueza era su honor, su figura y su única ambición el reconocimiento de su papel en la guerra de Independencia.

Sus estudios sobre el Caribe colombiano le tomaron casi diez años, hasta la publicación en 2004 de Libertad e igualdad en el Caribe Colombiano 1770-1835, obra que recibió el Premio John Edwin Faggde de la Asociación Americana de Historia en 2005. Su primer artículo sobre el Almirante guajiro[2] había salido en 2001, y fue antes de que descubriera el panfleto Al respetable público de Cartagena, que dio origen a otro artículo: Bolívar, Padilla y la pardocaracia. Un tema en el que Helg ve toda una veta de trabajo.

-        O sea que podría seguir trabajando sobre Padilla, le digo.
“Ah, si me dan documentos, sí, estoy lista”, responde sonriendo.

Ahora está terminando algo sobre el pensamiento social de Bolívar, tiene un “pequeño” proyecto sobre historias de mujeres esclavas que lucharon por su libertad, y finalmente, le da los últimos toques a su Historia general de la resistencia de los esclavos en las Américas.

Tenía también un proyecto sobre historia del Pacífico “pero con esta Expedición Padilla tengo tanto corazón aquí, que voy a tener que decidir. De pronto me quedo en el Caribe”.
Por ahora seguirá con sus cursos en Ginebra, pero tiene tantos amigos aquí que lo más seguro es que regrese. Además, ahora es hija adoptiva de Riohacha.  

Ver otra entrevista y artículos sobre Aline Helg en: 




[1] Libertad e igualdad en el Caribe Colombiano 1770-1835. Banco de la República/Fondo Editorial Universidad EAFIT, Bogotá/Medellín, 2011
[2] “El general José Padilla en su laberinto: Cartagena en el decenio de 1820”, en Haroldo Calvo Stevenson y Adolfo Meisel Roca, eds., Cartagena de Indias en el siglo XIX, (Cartagena: Universidad Jorge Tadeo Lozano/Banco de la República, 2002), pp. 3-29.

viernes, septiembre 16, 2011

7 años tardó la justicia

Esta semana la justicia colombiana profirió un nuevo fallo en el caso del crimen del investigador y profesor universitario Alfredo Correa de Andreis. En junio de este año un juzgado de Bogotá condenó al jefe del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia, Jorge 40, por el asesinato del sociólogo barranquillero, cometido el 17 de septiembre de 2004. Según lo que se estableció en el proceso, los paramilitares habrían contado con información que les suministraron altos funcionarios del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS);  entre otras, listas de sindicalistas que luego fueron asesinados. Este 14 de septiembre la Corte Suprema de Justicia sentenció a 25 años de prisión a Jorge Noguera, director del DAS en la administración de Alvaro Uribe Vélez como culpable por la muerte de Correa.  El ex-funcionario, que habia sido ponderado por Uribe como "un buen muchacho", fue hallado culpable de homicidio, concierto para delinquir y abuso de autoridad, entre otros cargos.
Cantaclaro hizo una selección de algunas noticias y enlaces interesantes sobre Alfredo y sobre el caso:
Columna de Diego Marín Contreras:
http://www.elheraldo.co/columnistas/alfredo-correa-o-la-edad-de-la-inocencia-37963

Noticia sobre condena a "Jorge 40":
http://elturbion.modep.org/drupal/taxonomy/term/5523

Sentencia de la Corte Suprema contra Jorge Noquera:

http://www.elheraldo.co/nacional/noguera-culpable-del-crimen-de-alfredo-correa-de-andreis-37641

La carta de Correa de Andreis al Presidente Uribe y el expediente de su subalterno Noguera:
http://www.kienyke.com/2011/09/15/la-suplica-de-correa-de-andreis-a-uribe/
http://www.kienyke.com/2011/09/14/el-expediente-noguera

Además, publicamos en la página de poesía de este blog, un poema de la profesora Piedad Sánchez Molinares, colega y amiga del maestro asesinado, y dedicado al sicario que disparó:
"A ti sicario que le diste al vikingo criollo"

http://cantaclaro.blogspot.com/p/solo-poesia.html

jueves, julio 15, 2010

Alerta ambiental por el Caribe colombiano

Re
La región Caribe colombiana, en sus 132.288 kilómetros cuadrados, posee al menos siete diferentes tipos de ecosistemas, muchos de ellos estratégicos para la producción de agua, oxígeno y conservación de la biodiversidad. Ni para qué mencionar que estos recursos tienen además un valor paisajístico y recreativo que atrae visitantes y deja recursos, además de sostener a muchas culturas nativas, indígenas y mestizas que han surgido y se han mantenido vivas gracias a la existencia de estos hábitat .

Es por esta variedad, por la abundancia de especies endémicas y por supuesto, por la función que cada especie o comunidad vegetal y animal cumplen, así como por los complejos y delicados procesos ecológicos que éstos realizan, por lo que se han creado en la región 11 áreas protegidas desde 1973 hasta hoy, siendo esta la zona de Colombia con mayor cantidad de parques naturales.
Pero existen otras razones de peso que explican esta especial situación de protección: el Caribe es también la parte más rápidamente degradada del país por cuenta de ciertas actividades económicas, de los asentamientos poblacionales y de los procesos productivos no sostenibles que se llevan a cabo en su territorio. Estudios de la Universidad Nacional de Colombia y del Instituto Alexander von Humbolt han demostrado que aquí la pérdida de cobertura vegetal ha sido galopante desde hace siglos y que la degradación de los cuerpos de agua adquiere proporciones de alarma, por mencionar sólo dos de los problemas que nos aquejan.

Pues para agravar este panorama de por si desalentador, el gobierno nacional se ha propuesto darle vía libre a cuanto proyecto y megaproyecto le pinten en la región, sin importar dónde se quiera ubicar ni qué impacto pueda ocasionar sobre el invaluable patrimonio natural.

  • Ya tenemos en la Guajira la mina a cielo abierto más grande del mundo, con 69.000 kilómetros cuadrados de suelo excavado durante 25 años ininterrumpidos y extendidos hace poco a 25 años más bajo el mismo esquema, para 50 años de actividad extractiva.
  • Hace dos meses se firmó el acta de inicio de obras en el Canal del Dique para el estrechamiento de unos tramos y la construcción de una compuerta que habrán de aliviar la descarga de sedimentos a la bahía de Cartagena. Nada habría de malo en ello; por el contrario, buscarle solución a la contaminación y a la colmatación de la bahía cartagenera es un propósito loable, de no ser porque el proyecto afectará, a mediano o largo plazo, el Parque Nacional Corales del Rosario, que no sólo es la más extensa e importante barrera coralina de este lado del Caribe, sino que además es una joya para el turismo de sol y playa y uno de los atractivos más rentables para la misma Cartagena. El Ministerio no exigió a tiempo la licencia ambiental y sólo reacciona cuando el proyecto es un hecho, pero de manera tímida, sin que los profesionales de Parques puedan actuar con firmeza frente a los gestores del proyecto porque no tienen respaldo de la máxima autoridad, que es el ministerio. El asunto es que el proyecto va a aumentar la descarga de sedimentos sobre la bahia de Barbacoas, desde donde pasa directo a las islas a través de las corrientes.
  • Y ahora, la última: Minambiente promete a los industriales de Barranquilla derogar el decreto que estableció los límites de la reserva de Ramsar en el Magdalena y el Atlántico, para que puedan ejecutar a sus anchas todas las inversiones de infraestructura que tienen planeado hacer en los alrededores de la isla de Salamanca, y en general, en el complejo estuarino de la desembocadura del Magdalena. Ramsar es nada más y nada menos que la Convención Internacional para la protección de los humedales, siendo Colombia una de las partes contratantes.
  • La noticia de El Heraldo no puede ser más diciente. Juzguen por ustedes mismos:
"El ministro de Ambiente, Carlos Costa (...) se comprometió a dejar sin validez tal medida antes de que termine su periodo, el primero de agosto. Eso acordó con los directivos industriales y portuarios del Atlántico, que le presentaron ayer el sustento jurídico de la posición que defienden: el Departamento (...) fue incluido sin consultar, y dicha inclusión afectará gravemente las inversiones portuarias y el desarrollo industrial. Carlos Rosado, director de Asoportuaria, afirma que el Ministro dio inmediatamente las instrucciones a su equipo jurídico, por lo que considera que en unos siete días se estaría haciendo efectiva la derogación. “Le reiteramos los inconvenientes de estar en Ramsar, y salimos muy complacidos”, dice."

http://www.elheraldo.com.co/ELHERALDO/BancoConocimiento/0/0408000_



Preguntamos: ¿Dónde están los entes de control? ¿Dónde el respeto por los convenios internacionales que el país suscribe? ¿Dónde el movimiento ambiental que hace 30 años encabezó la protesta por la construcción de la carretera que mató los manglares de la isla de Salamanca -otro Parque Nacional-, hoy en recuperación gracias a las millonarias inversiones del Estado y sobre todo, de la cooperación internacional?

¿Nos dejaremos seguir haciendo goles como este y otros que se preparan a manos del consorcio que busca a toda costa (y de seguro con la ayuda del ministro Costa) construir un megaaeropuerto en una de las últimas franjas de bosque seco tropical que quedan en el mundo?

Fotografía tomada en la Vía Parque Isla de Salamanca por Patricia Iriarte

martes, octubre 06, 2009

A esto le faltaba pueblo



Por Patricia Iriarte

La agenda de la integración del Caribe colombiano nunca había estado más movida: El 8 y 9 de octubre próximos el Observatorio del Caribe realizará en Santa Marta un acto que ha denominado “Compromiso Caribe; de la Liga Costeña al Fondo de Compensación Regional”, en el cual presentará la propuesta técnica de un instrumento que se considera el primer eslabón para alcanzar el objetivo de superar las hondas inequidades existentes entre el centro del país y las regiones.

Para el 10 de octubre la Asociación de Gobernadores está organizando un foro y una Fiesta de la Integración para celebrar desde Barranquilla el Día de la Región Caribe; y entre el 30 de octubre y el 1 de noviembre se realizará en Riohacha el IV Congreso por la Autonomía Regional con perspectiva de género, derechos humanos y etnias, evento que tuvo esta semana un antecedente local con la realización de la reunión Consultiva de Barranquilla.

¿Qué relación tiene el Fondo de Compensación con la Liga Costeña, por qué se escogió el 10 de octubre como el día de la Región Caribe y por quién y cuándo se realizaron ya tres Congresos por la autonomía regional?

Todas las preguntas tienen su respuesta en la historia de la región: el 10 de octubre de 1821 los realistas se rinden y le entregan Cartagena a los patriotas tras un prolongado sitio de las tropas libertadoras, poniendo fin a tres siglos de dominación española. Consideran los historiadores que en el fragor de esa campaña militar fue surgiendo entre los habitantes de esta región un espíritu de solidaridad que pronto comenzó a tener expresiones políticas. La Liga Costeña, con una declaración fechada en 1919, fue un frente común entre sectores políticos y la prensa de ese entonces para protestar ante poder central de Bogotá por la adopción de medidas que lesionaban los intereses de la Costa. Por último, los congresos del movimiento social por la autonomía tienen que ver con una importante pero no siempre reconocida participación de los sectores populares en la causa regional, participación que en los últimos años ha sido jalonada por las mujeres.

Cada década, y casi cada lustro de la historia, trae una lista de mujeres que formaron organizaciones feministas y grupos de trabajo para hacer activismo, fundar periódicos e incursionar en lo que hoy se llama incidencia política. Investigadoras como Yusmidia Solano se han encargado de escudriñar esa nómina de pioneras desde la época de la Independencia hasta hoy, rescatando nombres como el de Juana Julia Guzmán, las Mujeres de Perrenque y muchas otras que a partir de los años 70 lucharon a la par de los hombres para conquistar derechos y levantar las banderas de la región.

La Red de Mujeres del Caribe, RMC, que organiza el Congreso de Riohacha, es una organización de origen comunitario que desde el 2005 viene trabajando el tema de la regionalización entre las organizaciones sociales no sólo de mujeres sino también mixtas, pero que no había tenido la visibilidad que comienza a tener ahora, cuando sus promotoras han comenzado a mostrar el trabajo y a invitar a más y más sectores a participar del proceso.

Hace cuatro años, cuando comenzó la masiva capacitación de promotoras y promotores en materia de regionalización me invitaron a participar en la Red como comunicadora y periodista independiente, y como tal colaboré en las labores de divulgación de los congresos regionales que organizó la Red en Tolú y Santa Marta en el 2006 y 2007 respectivamente. Para el Tercer Congreso, que se realizó en Barranquilla el año pasado con la participación de organizaciones afrocolombianas, indígenas, campesinas, juveniles, educativas e iglesias, entre otras, no fue fácil convocar el interés de las instituciones de la ciudad ni de los medios de comunicación, que le dieron una escasa cobertura al tema.

Caso distinto, por fortuna, a la atención que mereció la suscripción del Compromiso Caribe a finales del 2007 en Barranquilla por parte de los tres alcaldes distritales y casi un centenar de personas de la academia, la política, los gremios y medios de comunicación, principalmente.

Una visión inmediatista y limitada nos impedía ver que al mismo tiempo que el Observatorio del Caribe y el Banco de la República hacían talleres regionales que arrojarían como resultado el Compromiso Caribe, y que el Gobernador del Atlántico desplegaba esfuerzos para convencer a su colegas de hacer un frente común, la RMC realizaba talleres en barrios y centros comunitarios de Sincelejo, Santa Marta, Montería, Valledupar y Riohacha. Es decir, que a lo largo de estos años han corrido paralelos tres procesos que apuntan hacia el mismo objetivo pero que no dialogan entre sí. Por eso se ha señalado en diferentes ocasiones, como factor de fracaso o de lentitud en la realización de este sueño, que al proyecto de región le ha faltado pueblo.

Es cierto que existen resquemores y prejuicios mutuos que han impedido y que todavía dificultan el acercamiento de estos importantes sectores de la sociedad caribeña. Pero tan influyente y preparada fue la dirigencia que surgió en los 80 y que libró batallas ya históricas por la construcción de la región, como luchadoras y electoralmente decisivas han sido las capas de población que hoy se movilizan por el tema de la autonomía regional porque han visto en su realidad inmediata los resultados del centralismo o de la mala descentralización.

Los primeros creían que a los segundos el tema les era ajeno, y que, ocupados en resolver las necesidades fundamentales, la gente del pueblo no se cuestionaba ni se planteaba como una preocupación si la región Caribe debía ser o no un ente territorial con autonomía para gobernarse y administrar sus recursos. Los segundos veían siempre en los primeros el interés mezquino de quienes buscan usufructo o simplemente utilizan esta bandera para propósitos electorales.

Se trata de dos lenguajes diferentes, de dos mundos que históricamente han estado enfrentados, pero hoy las mujeres nos están llamando a superar ese fraccionamiento para reconocernos y presentarnos finalmente ante el país como una región integrada, clara en sus propósitos y decidida a remover los obstáculos que nos han mantenido en el atraso económico y social. Porque mucha tinta ha corrido ya sobre el tema y mucho amague le hemos visto hacer a los políticos sin que metan todavía el gol decisivo. Que muevan el balón, que lo entreguen y se atrevan a jugar en equipo con las mujeres y el resto de la selección.
Publicado en la revista Dominical de El Heraldo. Nº 1445. Octubre 4 de 2009, pág. 12

viernes, agosto 21, 2009

“La prensa tiene que prepararse cuando va a entrevistar a un intelectual”: Zoé Valdés a La W

El 13 de agosto la W Radio entrevistó a la escritora cubana en el exilio Zoé Valdés, a propósito del anunciado y polémico concierto de Juanes en la Plaza de la Revolución de La Habana. A la escritora le pareció estúpida una pregunta de la periodista que acompaña a Julio Sánchez Cristo, y así se lo dijo de frente, diciéndole además que era ignorante, pues no conocía –o no tuvo en cuenta- al hacerle la pregunta, algunos antecedentes históricos sobre la actuación de algunos artistas famosos en países regidos por sistemas autoritarios (la dictadura chilena de Pinochet, el franquismo en España, el nazismo en Alemania). “Julito”, como era natural, salió en defensa de Tatiana y la entrevista terminó en rifirrafe. Creemos que, independientemente de la posición que asume la escritora y de la opinión que nos merezca la realización del concierto, el episodio es un ejemplo de lo que puede pasar cuando los periodistas subestiman al entrevistado o entrevistada y no se documentan bien antes de preguntar sobre ciertos delicados temas. Para quienes no la escucharon, aquí está:

sábado, agosto 01, 2009

Nihtho Cecilio o la memoria del color


Desde que se inauguró su exposición “Tributo al color rojo. II parte”, en el Centro Cultural Comfamiliar, Nihtho Cecilio fue casi cada día a la galería y pasaba allí muchas horas. Uno de esos días fui con mi hija para ver la muestra con la calma que no permite el coctel de la primera noche, y ante mi sorpresa de encontrarlo allí, me contó la anécdota del pintor francés Pierre Bonnard, quien siendo ya famoso sobornaba a los vigilantes del museo donde estaba su obra, y pincel en mano se dedicaba a retocar sus lienzos. Me confesaba, de esa manera, que era un inconforme permanente con su obra y que al igual que Bonnard, pensaba que las pinturas nunca estaban del todo terminadas. De hecho, si algo caracteriza a este pintor en nuestro medio artístico es que trabaja en sus cuadros hasta último momento y esto quiere decir incluso cuando ya están colgados.

Sentados en el piso de la galería Nihtho Cecilio me cuenta, a su manera, sus inicios en la pintura. Y a su manera es con la importancia de los colores en los primeros años de su vida, allí en el Barrio Abajo: “Un lugar terriblemente hermoso, cuando la Tierra giraba a menor velocidad y la felicidad era nuestra compañera de juegos y las casas permanecían libres de rejas y el canto de las sirenas se escuchaba reciente y no había sido reemplazado por el llanto de las sirenas metálicas”. En ese barrio que todavía no lo abandona, recibió a los cinco años su bautizo de luz cuando el amarillo brillante que un congo llevaba en su vestido lo encandiló mientras jugaba con sus hermanos. Ataviado con su capa y con una muñeca en las manos, el congo se detuvo un momento frente a la puerta de su casa y esa imagen se quedó en él para siempre. Como se quedó el azul indefinible que otro personaje de fantasía, la marimonda, llevaba en su chaqueta el día en que se detuvo ante él y escondido tras la máscara, le guiñó el ojo. Era el tiempo en que las primeras comparsas de carnaval recorrían la Calle de la Felicidad, la misma que desde entonces también le da nombre al arroyo.

Y a propósito de nombres, no puedo evitar preguntarle de dónde viene su original apelativo y me cuenta que su nombre de pila (bautismal) es Alberto Enrique Escobar Ospino, pero su abuela lo llamó desde niño con el curioso nombre de un torero muerto en el ruedo, al que luego se agregó el de Cecilio, por un amigo que renegaba del suyo.

¿Desde cuándo pintor?
Desde los 7 años, sin que aún le mudaran todos sus dientes (“porque fui retardado dental”, dice con su jocosidad habitual), cuando, solo y a escondidas, se propuso aprender a dibujar para emular a sus hermanos mayores, quienes al principio no creyeron que él fuera el autor de dibujos tan perfectos. Tuvieron que verlo pintar delante de ellos para admitir que el menor de sus hermanos ya les aventajaba en este arte.

Cuando tenía 10 años, la lectura de un artículo sobre Vincent van Gogh en una revista Selecciones le acentuó la obsesión por la pintura y fue tan clara su vocación que se ganó el derecho a comenzar sus estudios de pintura en Bogotá. Luego volvió a Barranquilla para ingresar a la Escuela de Bellas Artes, donde se hizo maestro en artes plásticas.

Pero volvamos al color. De esa explosión cromática que es el carnaval de Barranquilla viene su atracción por el tema, que está presente en su obra desde 1982. En ese entonces le dijeron que pintar congos y toritos era lo más ordinario y chabacano que se le había podido ocurrir, pero él no se dejó amilanar y lo que hizo, a lo largo de estos años, fue integrar el carnaval y sus personajes a los otros temas que la vida va dictando: el desplazamiento, la violencia, la corrupción. Es así como ese desfile de marimondas, toritos, congos y disfrazados termina siendo el retrato de la sociedad toda, que no quiere enterarse a veces de lo que ocurre más allá del carnaval.

Junto al azul y al amarillo está el rojo, arraigado también en su memoria como la bandera roja de una danza, el rojo de una falda, el fuego de un incendio en su barrio y la sangre, que gotea desde siempre en su historia de hombre del Caribe, afrocolombiano y consciente de los dramas de su época. Esa mañana, junto a su obra “Tributo a los expulsados de la película” que simula una mancha de sangre en el piso derramándose desde una lata de película tricolor, Nihtho cuenta por qué desde el año pasado viene rindiéndole tributo al rojo con obras de gran formato que muestran marimondas ahogándose en la ciénaga, aguas teñidas de sangre y noches de miedo en las que la luna se refugia en los ranchos de los pescadores para huir de los asesinos.

“Fue en el año 1978 o 1979, en un conversatorio con Alvaro Barrios y otros pintores de la Escuela sobre la función del arte, cuando llegué a la conclusión de que esa función no podía ser solo estética sino también social, comprometida con una causa, y en este caso, el tributo al rojo es mi voz que se levanta contra el acto de matar, venga del extremo que venga”.

Detrás de estos cuadros sobre la masacre de Nueva Venecia, en la que el 22 de noviembre del año 2000 un comando paramilitar asesinó a 37 personas, hay una investigación


personal del artista sobre la comunidad de pescadores de la Ciénaga Grande, donde, asegura, por cuenta de los llamados “fresqueros” la esclavitud ha tomado nueva forma, en pleno siglo XXI. Pero esta preocupación social viene de tiempo atrás. Conmovido por la tragedia del desplazamiento forzado, el pintor barranquillero realizó en el 2005 la exposición “Tiempos difíciles”, en la que introduce en su obra el barquito de papel como elemento poético que habla de la fragilidad y el desamparo del desplazado en el mar de dificultades que su condición le impone.

En su próxima exposición, que veremos a comienzos del 2010, volverán con fuerza estos y otros temas plasmados en lienzos, instalaciones y pequeñas esculturas cargadas de denuncia e ironía, pero también de humor y de esperanza.

Nihtho es un artista en búsqueda incesante, y en ese afán la palabra es su aliada secreta. En su conversación la palabra es ya una bandera que ondea juguetona, ya un pez que se sumerge en el lenguaje para extraer de él sus posibilidades creativas. Lo cierto es que Nihtho anda siempre con un texto entre manos y asiste a un taller literario para pulir su escritura, de donde, si se obsesiona tanto como lo hizo con la pintura, quizás salga también un escritor de gran alcance.


Fotografías de Patricia Iriarte

lunes, julio 13, 2009

Fotoreportaje

Plaza de San Nicolás. Domingo 12 de julio, 6:00 p.m.

Así se ve San Nicolás una semana después del desalojo que hizo la administración distrital. Según el boletín de la Alcaldía Distrital del lunes 6 de julio, y reproducido por la prensa local, “Los barranquilleros amanecieron este domingo con un nuevo espacio público del centro histórico totalmente recuperado: se trata de la emblemática Plaza de San Nicolás, que esta madrugada fue despejada por la Alcaldía de Barranquilla, con el apoyo de otras entidades…”

Desde el punto de vista del espacio físico, puede que sea cierto, pues 250 puestos de ventas fueron retirados por la maquinaria oficial. Se supone que ahora vienen las obras de recuperación urbana, siguiendo el diseño de la firma OPUS Oficina de Proyectos Urbanos de Medellín, ganador del concurso organizado por el Ministerio de Cultura para la recuperación del Centro Histórico. Pero los vendedores organizados protagonizaron una jornada de protesta días después por lo que consideraron una acción arbitaria e improvisada. Asovendedores denunció irregularidades en el desalojo y el Concejo Distrital sesionó el 9 de julio cerca de la plaza con los vendedores del sector, quienes insistieron en que no puede haber más desalojos sin una adecuada política de reubicación.

Por política se entiende un programa de vivienda, educación y salud para la población que durante décadas, y por varias generaciones, ha vivido de y para el negocio de las ventas callejeras, a falta de mejores opciones de trabajo.

La Alcaldía afirmó que la medida obedece al cumplimiento de las normas sobre espacio público, pero Cantaclaro visitó la plaza el domingo y uno de los vendedores desalojados dijo que la acción se debió al cumplimiento de una acción de tutela interpuesta por el cura párroco de San Nicolás. ¿Cuál es la verdad?

En todo caso, no es difícil imaginar que sin un plan coherente e integral de recuperación, antes de que comiencen las obras, y aún después de que estas terminen, este espacio será ocupado por nuevos rebuscadores emergentes, habitantes de la calle y menesterosos que se reproducen día a día con la pobreza de la ciudad. Como el Paseo Bolívar y otros lugares del centro recientemente “renovados”, la falta de pertenencia, de conciencia ciudadana, de espíritu cívico o como quiera que se le llame, unido a la falta de mantenimiento de las instalaciones, dejará su huella de fealdad y deterioro donde quiera que miremos.


“No puede haber desarrollo urbano si no hay desarrollo humano.” Dina Luz Pardo, directora de Asocentro. En entrevista con Ernesto McCausland


Para estar pendientes:
El próximo 5 de agosto: 5º Foro El Centro Vive. Organizado por
Asocentro: http://centrohistoricodebarranquilla.blogspot.com/

jueves, abril 02, 2009

La flota aérea de Bocas de Ceniza



Por Patricia Iriarte
Foto de Juan Carlos Martínez


¿Peces rumiantes? ¿Anzuelos voladores? ¿Pescadores que no se hacen a la mar? En los tajamares de Bocas de Ceniza, la única obra de ingeniería colombiana que –según dicen-- se ve desde la luna, todo es posible. Es lo que se siente al llegar a esta angosta franja de piedra donde viven los únicos pescadores de Colombia que usan cometa en lugar de redes. La ventaja de estos sobre sus colegas de otros lugares es que no necesitan bote, barco ni canoa para sacar la pesca. No precisan de velas, remos, ni ruidosos motores porque ellos conocen la ingeniosa forma de traer los peces desde el mar a la tierra a través del aire.

Carlos Monroy y Mario Mendoza, dos de los miembros de este particular grupo, nos cuentan que el invento lo trajo un paisa que llegó aquí hace 34 años. Sin embargo, se sabe que la técnica es antigua y proviene de Asia y Oceanía. Aquí la adoptaron los pescadores de Bocas de Ceniza y desde entonces la han perfeccionado agregando varios anzuelos a cada cometa –a diferencia de lo que se hace en otros países— aprovechándolas al máximo; unos para vivir de esto, otros como un deporte que no cambian por nada en el mundo.

Lo primero que hay que hacer, después de conseguir un buen carrete de nailon y una cometa adecuada (hecha necesariamente en plástico), es conocer el viento. Saber que aquí sopla desde el norte durante casi todo el año, excepto en septiembre y octubre; recordar que hay meses para la pesca de río y otros para la de mar. Que octubre, por ejemplo, es época de róbalo (el más caro del mercado), mientras que en noviembre y diciembre la captura es de chivo. Que una pesca promedio puede ser de 40 o 50 kilos de pescado, pero que cuando pica el sábalo la cordada puede traer hasta 60 kilos en varios vuelos.

Luego hay que estar dispuesto a levantarse a las cuatro de la mañana a preparar los aparejos para comenzar a las cinco y trabajar hasta las diez, o hacer la jornada de seis a seis, batallando con el viento en una franja de piedra de siete metros de ancho y bajo un sol canicular que azota sin posibilidad de escapatoria. A mano izquierda golpean, a veces con verdadera furia, las olas del mar; y unos pasos a la izquierda se explaya, entero, el caudal del Magdalena, con sus siete mil metros cúbicos por segundo. Allí no hay árboles, no hay carpas, no hay nada donde refugiarse del sol o la lluvia, pero debe ser muy placentero sentarse en un paraje como este en las horas frescas de la mañana o al atardecer a elevar una cometa y pastorear su viaje hasta las nubes, hasta ver la cosecha de peces colgando de la cuerda.

Monroy, que antes de escoger este oficio trabajó varios años como conductor en Barranquilla, es de los pescadores que fabrica sus propios anzuelos y señuelos, fundiendo el plomo en latas de sardina que calienta sobre un pequeño fogón. Luego vierte el metal líquido en los moldes, que a veces también son de su propia factura. En un recipiente con agua que tiene frente a su rancho nos muestra una serie de señuelos hechos con plumas de gallo fino, que son las mejores para engañar a los peces. Al colgar y desplazarse suavemente sobre el agua, las largas plumas semejan pequeños peces nadando cerca de la superficie, aunque también usan, por supuesto, carnadas reales como la lisa.

Es fundamental saber qué le gusta comer a cada especie: a los peces de mar les gustan los de río, que son blancos casi todos, por eso es codiciada la pluma blanca, que atrae buenas presas de agua salada. Algunos de agua dulce, como la dorada, son rumiantes, es decir que tienen dientes, y son capaces de picar hasta un pedazo de bollo limpio.

Un barrio de nadie, sólo del mar

A unos 500 metros del conjunto de casas, sobre una enorme laja de mármol pulido que debió llegar por error a este lugar, don Jairo Díaz se prepara para enviar a su cometa por peces a mil metros del tajamar. Tiene entre sus pies un carrete de 800 metros y otro de 200, y mientras hace los arreglos con ayuda de su socio, un paisa socarrón que se llama Aníbal, nos cuenta que de sus 59 años de vida le ha dedicado 20 a este oficio, alternándolo a ratos con una venta de “drogas blancas” que tiene en el mercado: así le llama él a su negocio de canela, clavito, boldo y otras hierbas medicinales que conoce tanto como los peces del Magdalena y del Caribe. Después de prestar el servicio militar don Jairo trabajó como guachimán y como albañil, pero se convenció de que eso no le iba a servir de mucho para levantar a los once hijos que ha tenido con cuatro mujeres. Además, no hay nada mejor que ser dueño de su propio tiempo.

Muchos llegaron hace varias décadas y literalmente, contra viento y marea, se convirtieron en una comuna donde se vive, se trabaja, se sufre y se goza como en cualquier otro barrio de Barranquilla. La calle es una sola, la de la vieja carrilera del tren que alguna vez sirvió para llevar los materiales y los trabajadores que construían los tajamares. Al culminarse la obra muchos se quedaron y otros fueron llegando después.

Falta de trabajo en otros frentes y deseos de libertad son dos motivos que abundan entre los hombres y mujeres que decidieron vivir aquí. Hoy los pescadores suman más de un centenar y están organizados en una cooperativa. Las mujeres atienden negocios de comida en dos estaderos que le venden a los vecinos y a los turistas que todavía se aventuran a llegar hasta aquí en los rudimentarios vagones que quedaron del “trencito turístico”.

Algunos tienen una casa en otro barrio de Barranquilla pero mantienen un rancho en Bocas como base para sus faenas de pesca, de manera que van y vienen periódicamente y a veces hasta traen a su mujer y a sus hijos para acompañarse y trasmitirles la técnica. Otros levantaron aquí una casucha de madera y plástico, porque de qué otra cosa se puede construir en un espolón que no les pertenece y que por obvias razones no ha tenido nunca acueducto, alcantarillado ni energía legal.

Bocachico contra carbón

En efecto, este barrio de dos kilómetros de largo por siete metros de ancho sobrevive sin servicios públicos desde hace más de 40 años, pero ya no lo hará por mucho tiempo. Donde hoy sólo parece haber “tugurios”, pronto habrá un superpuerto cuya primera etapa costaba (hace un año), 180 millones de dólares. Patios de acopio de carbón, zonas de descarge de barcazas, bandas transportadoras y terminales de embarque comenzarán a levantarse allí mismo donde hoy zumban las cometas.

En realidad, el macro proyecto debía haber comenzado hace años, pero a pesar de que todo está listo (con la gerencia adjudicada a una firma norteamericana), siempre ocurre algo que retrasa el inicio de las obras y el consecuente desalojo de los pescadores. Como si algo los protegiera.

Todo es posible, pero la globalización seguirá su curso inexorable y tarde o temprano abrirán ese puerto para que el progreso tenga una puerta grande por donde entrar. Por algo las acciones valen quince mil pesos y sólo puede adquirirse un mínimo de mil millones que debe pagarse en un solo contado.

El contraste no puede ser mayor. El pescado cuesta entre cinco y diez mil pesos el kilo; la tonelada de carbón, cien dólares. Pero mientras que el Ministerio de Comunicaciones remueve el último obstáculo que queda, el cable submarino que pasa por allí, esta comunidad seguirá pescando con cometa hasta el último minuto y recibiendo a los curiosos que llegan a ver de cerca la desembocadura del famoso Magdalena, a contemplar el encuentro sempiterno del río con el mar y a sorprenderse con esa flota área de pesca que, como cosa de magia, trae con la brisa una cosecha de peces agitados.

martes, diciembre 23, 2008

Cuba, diciembre de 2008: 50 años después

Por Patricia Iriarte

Medio siglo. La Revolución cubana es hoy una venerable cincuentona. Y a los cincuenta, como dice Ana Oeding, una gran amiga, “las certidumbres intelectuales se han acabado, y es difícil aceptar el fin de cada ciclo de la vida, hasta que algunas señales anuncian que la etapa ha concluido, que no va más, que el escenario y los protagonistas ya no están, que a otra cosa, mariposa.”

¿Le pasa esto también a la revolución cubana? ¿Le llegó la hora de los grandes cambios pero se resiste a aceptarlo?

Hace 18 años, cuando cayó el muro de Berlín, la isla fue declarada en “período especial” por el gobierno para hacer frente a la crisis energética y de alimentos que sobrevino sin el soporte de las economías de Rusia y Europa del Este. No había una gota de gasolina, los enlatados enviados por las potencias amigas desaparecieron y en las calles sólo se conseguía té de hierbas. Fueron años terribles que por fortuna, ya superamos, dijeron varias personas con las que hablé sobre el tema, aunque, para muchas otras, el periodo se extiende hasta hoy. Y cuando Cuba intentaba levantar su economía permitiendo cierta apertura a la inversión extranjera y a la iniciativa privada, la naturaleza la volvió a azotar. En este momento la isla se afana en reparar los destrozos de los tres ciclones que la asolaron este año, causando inmensas pérdidas materiales que le costarán al país cientos de millones de dólares.

Sobre Cuba hemos tenido siempre dos versiones: la de un régimen totalitario atornillado al poder, en medio de la corrupción y las necesidades de las mayorías, y la del pueblo valeroso que resiste dignamente el bloqueo económico y político ejercido por el país más poderoso de la tierra. La Cuba de los balseros, deportistas, músicos y doctores que desertan de competencias y de misiones médicas, y la de los estudiantes y profesionales latinoamericanos que reciben becas del gobierno cubano para graduarse o especializarse en las prestigiosas instituciones del régimen socialista.

Mi sensación hasta ahora, pese a todas las vicisitudes y desaciertos que pueda tener del experimento castrista, es que Cuba supo hacer las cosas lo bastante bien como para tomarse el poder y 50 años después, mantenerlo. En ese imaginario de la izquierda que me tocó, la revolución fue la gran marcha que siguió a su líder y que en su gran mayoría, aún continúa acompañándolo; en el de la ciudadana consumidora de noticias, sé de otra “gran marcha” que se hace sentir desde su exilio en Miami o desde la disidencia interna, y sé que ha habido episodios oscuros de represión contra opositores del sistema.

Entre tanto, en el último año fue surgiendo ante nosotros una tercera versión de las cosas, más refinada, menos maniquea: la de una generación que tiene 30 años y que, a través del internet, se declara frustrada y decepcionada de la revolución. Con una nueva actitud que invita a revisar conceptos y esquemas archiconocidos, y la pluma brava de quien ha recibido una sólida formación intelectual, Yoani Sánchez, la autora del blog Generación Y, escribió esto en su bitácora este mes de diciembre:

“Mientras se preparan extensos dossiers sobre los cincuenta años de la Revolución Cubana, pocos se preguntan si lo celebrado es el cumpleaños de una criatura viva o sólo el aniversario de algo que ocurrió. Las revoluciones no duran medio siglo, les advierto a los que me preguntan. Terminan por devorarse a sí mismas y excretarse en autoritarismo, control e inmovilidad. Expiran siempre que intentan hacerse eternas. (…) Lo que comenzó aquel primero de enero lleva –según muchos– varios años bajo tierra. La discusión parece estar alrededor de la fecha en que ocurrió el funeral. (…) Mi madre vio agonizar la Revolución mientras dictaban la sentencia de muerte al general Arnaldo Ochoa. Marzo del 2003, con sus detenciones y juicios sumarios, fue el estertor final que escucharon algunos empecinados que la creían viva aún. Yo la conocí cadáver, se los digo. Aquel año 1975 en el que nací, la sovietización había borrado toda la espontaneidad y nada quedaba de la rebeldía que evocaban los mayores. … El resto ha sido el prolongado velatorio de lo que pudo ser, los cirios encendidos de una ilusión que arrastró a tantos. Este enero la difunta cumple un nuevo aniversario, habrá flores, vivas y canciones, pero nada logrará sacarla del panteón, hacerla volver a la vida. Déjenla descansar en paz y comencemos pronto un nuevo ciclo: más breve, menos altisonante, más libre.”

Frente a cosas como esta es inevitable preguntarse una vez más: ¿Qué diablos pasa allí? Una mesa de trabajo sobre cultura en el Gran Caribe, organizada por el Convenio Andrés Bello, me dio la oportunidad de conocer al mito face to face. La primera escala fue La Habana, ciudad donde se celebraría la reunión. Después de dos días escuchando y debatiendo propuestas para una soñada agenda cultural de la región, tomé un bus que me llevó a Santiago, la segunda ciudad de la isla en número habitantes pero la primera en importancia como plaza de la revolución.

Llegada del vuelo Copa 974

A las 9:15 de la noche del 30 de noviembre aterrizamos en La Habana, en medio de un “frente frío” que mantenía a la ciudad a una temperatura casi igual a la de Bogotá. En el aeropuerto José Martí nos recibe la empleada de una agencia de turismo que, supuse, sería la encargada de llevarnos al hotel. Una vez que todos pasamos por inmigración nos llevó al salón VIP del aeropuerto, una amplia sala con aire acondicionado a full donde, al parecer, los pasajeros, cubanos o extranjeros, esperan a quienes los van a recoger. En nuestro caso, Fadir Delgado y yo fuimos recibidas por Fina, una amable funcionaria del Ministerio de Cultura que hacía lo posible por rescatar nuestras maletas mientras buscaba a otro pasajero que venían al evento: Patricio Rivas, director de cultura del Convenio Andrés Bello, cuyo vuelo desde Chile sufrió un retraso de varias horas debido a una supuesta amenaza de bomba en el avión. El Convenio organizaba la Mesa Gran Caribe sobre cultura y para ello había invitado a intelectuales y gestores culturales de varios países de la región para trabajar un par de días con los delegados de Cuba en una agenda cultural que propicie la integración regional.

Finalmente, al filo de la medianoche, Fina nos deja con otra compañera suya del ministerio que sería la encargada de llevarnos al Hotel Panorama a Fadir, a una chica de Venezuela, y a mí. En el trayecto, la señora nos explica que el frente frío es común en esta época del año y nos recuerda que la ciudad está en la cara de la isla que mira hacia el norte, es decir, en la costa atlántica.

Para quien visita Cuba por primera vez no es fácil adaptarse a las condiciones del país. Los servicios de un hotel cinco estrellas en Cuba no son los mismos que los de un hotel similar en otra ciudad del mundo. Y los costos, comparativamente mucho más elevados, especialmente en los servicios de comunicaciones: al altísimo precio de las llamadas de larga distancia y del servicio de internet es la primera señal de que en efecto, algo en esta isla funciona diferente. Se llama bloqueo, me explican algunos. Sí, pero lo de internet es control del gobierno, me dicen otros. Luego fuimos encajando poco a poco aquello que ya habíamos escuchado: que existen dos cubas, la del turismo y la de los cubanos de a pié. La que cobra y paga en “divisa” o peso convertible, equivalente a casi un dólar, y la que se mueve en moneda nacional, equivalente a 0.25 de dólar. Las fronteras entre una y otra las determina lo que puedes comprar con cada moneda, y eso se aprende andando el camino.

Durante los dos días en La Habana viví en esa especie de burbuja que conforma el sector de los hoteles, de donde salimos en dos ocasiones: la primera para ver una función de gala que ofrecía el PNUD por sus 35 años de trabajo en Cuba, y la noche siguiente, a la inauguración del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Después de ver una opresiva cinta argentina sobre una cárcel de mujeres intentamos una excursión rumbera a la Habana vieja, pero no hallamos nada esa noche de martes, aparte de un bar donde ponían reguetón y unos taxistas absortos en el juego inaugural de la serie nacional de béisbol.

De La Habana sale un bus

El 3 de diciembre a las 9:30 de la mañana abordo el moderno bus o “guagua” que me llevará en 16 horas a Santiago de Cuba, que está en el extremo oriente de la isla, cerca a las cálidas costas del Caribe. En la silla de al lado viajan dos turistas checas de 20 años que consultan en todo momento una guía de “Kuba” que lleva el sello de National Geographic. Me imagino que están aquí porque conocen parte de la historia y se han sorprendido de saber que esta isla es más grande y más poblada que su flamante República Checa.

En Santa Clara, segunda parada del recorrido, tomo mi primer almuerzo cubano: congris, (un arroz de caraota negra), con “ensalada” de repollo y algo dulzón parecido a la batata. Para los carnívoros el plato va con cerdo guisado. Para mi, que prescindo de la carne, el menú me sale por 15 pesos cubanos que unos compañeros de viaje me han facilitado para que me rindan un poco más los CUCs. De ahí en adelante el viaje me parece un retorno al pasado en un túnel de tiempo. La estética de las estaciones –todas con su debido sitial de honor para la revolución– los atuendos, los accesorios, los ambientes que veo en las paradas de Sancti Spiritu, Ciego de Avila, Camaguey, Las Tunas y Bayamo, me remiten a las películas de los años 60.

En el camino aprendo que los productos de exportación de Cuba son el azúcar, los habanos, el ron, la música y el Ché. Su imagen –más que la de Fidel- es omnipresente; está tatuada en cada calle, en cada almacén, en cada edificio (público o no), en los supermercados, en las tiendas de suvenires, en los parqueaderos, en los baños, en las escaleras, en las guaguas, en las sopas. Pero llevarse el verdadero, el original, el ícono, grabado en una camiseta, una boina, un vaso, un CD o un buen pedazo de papel es un lujo que cuesta y que se paga en divisa, no en moneda nacional. Lo mismo que la música cubana, cuya producción maneja el sello Egrem, de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, y que solo se vende, también en CUCs, en los puntos de venta autorizados. Se aprende y sorprende, que en un computador doméstico (si lo hay) o de una oficina de gobierno, no es posible abrir los servidores de Hotmail o de Yahoo. Se aprende a comprar pan en pesos cubanos y a viajar en mototaxi, de los que, oh sorpresa, hay tantos en Santiago como en la misma Barranquilla. ¿Alternativa de empleo para obreros calificados y profesionales?

Se entera uno de que la tasa de natalidad ha bajado tanto que el gobierno, preocupado por la alta edad promedio de la población, decidió restringir la práctica del aborto, que siempre había sido legal en la isla. Se conoce lo que come una familia promedio en Santiago y se pregunta uno cómo es que hay todavía tanta gente incondicional con el régimen.

Entonces se aprende también que el 1 de enero de 1959, en el parque Céspedes de Santiago de Cuba, Fidel Castro anunció que la defensa del país y de la revolución no sería, en adelante, responsabilidad exclusiva de las fuerzas armadas sino de todo el pueblo cubano. Enseguida empezaron a conformarse en todo el país milicias populares espontáneas que el nuevo gobierno comenzó a organizar y a ensamblar en un complejo y efectivo aparato armado auxiliar del Ejército Rebelde, denominado Milicias Nacionales Revolucionarias, MNR. Un cuerpo centralizado, organizado a partir de los grupos que se habían creado en los sindicatos, asociaciones campesinas y centros de estudio. Pronto esos destacamentos fueron estructurados en batallones que se entrenaban en campamentos especiales durante quince días bajo la dirección de combatientes del Ejército Rebelde.

De esta forma, el país entero se involucró en la defensa de lo que el Ejército Rebelde había logrado y desde entonces la disciplina, la organización y la mística revolucionaria impregnaron a la población.

Quizás me equivoque, pero busco en ese periodo la explicación al compromiso indeclinable con el proceso que encuentro todavía entre profesores universitarios, profesionales, intelectuales y trabajadores rasos.

Porque también se aprende que en este medio siglo de revolución Cuba se convirtió en una gran casa, de alguna manera, para muchas causas perdidas: la educación, la música, la salud y todas las artes. A pocos meses de estrenada la revolución, el gobierno creó el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), puntal del cine latinoamericano y caribeño, y la célebre Casa de las Américas, toda una institución en cuyo mítico auditorio cantara por primera vez Silvio Rodríguez y el resto de la tropa de la Nueva Trova Cubana, y que ha desarrollado en 50 años una labor cultural de primer orden que muy pocos países de la región pueden ostentar. Cuba es también el Instituto Superior de Arte, la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, la Casa del Caribe, que organiza el Festival del Caribe y además investiga, rescata y divulga las expresiones de la cultura popular. Es también la sede de la Casa la Trova, de la Casa de la Tradiciones Populares, del Ballet Nacional y de una larga lista de escritores, músicos y bailarines que son, en sí mismos, toda una institución cultural.

Veo que, nacida en la resistencia, la población actual de Cuba sigue en la resistencia pero al parecer, no muy preparada para los grandes cambios, propios y del mundo. Ahora, después de diez días de recorrerla, gozarla y padecerla, creo que Cuba es todo lo que se dice y más: es el heroísmo, la historia viva, el recuerdo permanente de los mártires, la oposición acallada y una generación que no se conforma con lo que tiene porque se sabe merecedora de más.

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