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martes, abril 21, 2026

Cartografía de Patricia Iriarte

"Mapa de luz y sombra es, ante todo, un libro de tránsito por el amor, la pérdida, el viaje, la guerra, la naturaleza y el espíritu. Patricia Iriarte construye una poética íntima e histórica entrelazada en una misma respiración; el cuerpo es territorio, el paisaje es emoción, y la memoria, brújula."

 


Por Omar Fabián Rivera. 

Poeta y editor oaxaqueño. Director de FR Editor, que ha publicado en 2026 la obra reunida de Patricia Iriarte, con prólogo del poeta mexicano Ibán De León.


I. Los poemas como geografía interior y exterior

Mapa de luz y sombra (1992–2017) constituye la reunión de la obra poética de Patricia Iriarte, un proyecto estético que se despliega durante veinticinco años y que permite apreciar la consolidación de una voz sensorial, ética y femenina. Su universo se organiza en territorios y geografías afectivas que ordenan la intimidad, la historia, el paisaje y la memoria, la espiritualidad y el cuerpo.

Este volumen es una cartografía poética, un atlas humano del Caribe, la selva, la ciudad, la guerra y el amor. La poeta opera como viajera, cronista y visionaria que se abre hacia la exploración de la experiencia humana.

El amor como génesis

Mal de amores, su primer libro, revela a una joven que se acerca a la poesía desde el asombro corporal, la intensidad erótica y el desgarro emocional. El amor como un dispositivo de revelación, construcción identitaria y conocimiento. En poemas como “Equipaje”, la poeta expresa la ligereza y el peso de la experiencia amorosa:

 

Equipaje

Cómo pesa, amor

este equipaje de regreso.

Todo esto de mí

que había en ti.

Cómo pesa.

 

Desde temprano, Iriarte recurre a metáforas culinarias, alquímicas y sensoriales para plasmar el encuentro amoroso. En “Poción de amor”, el deseo se convierte en receta y rito:

 

Poción de amor

Agua

Sal

Besos

Almíbar

Otros besos

Cerrar los ojos

Abrir el cuarto de los vinos

Hundir los dedos

en el cajón de las especias

Aspirar

Tragarse el aroma

Apretar la mora entre los dientes

Encontrar la hierba precisa

entre tanta espesura.

 

Esta manera de inscribir el amor en la materialidad cotidiana marca un sello de su estilo: la poeta une lo doméstico y lo sagrado, lo corporal y lo mítico.

A la vez, lo amoroso se vuelve un modo de leer el mundo, el amor organiza la orilla de las preguntas y las respuestas, mientras el río marca el ritmo del silencio ajeno:

 

Travesía

En esta orilla

se agolpan todas mis preguntas.

En la otra

aguardan las respuestas.

Mientras tanto, discurre

lento

el río de tu silencio.

 

Este primer territorio configura la tensión del libro: el amor.

 

II. Territorio de delirio: el cuerpo como geografía simbólica

En esta segunda etapa,  su poesía se adentra en la experiencia erótica y sensual desde un lenguaje metafórico y expandido. El cuerpo del otro aparece como paisaje, como reino, como materia espiritual. La poeta afirma:


Territorio de delirio

Madera y cristal

que te guarda

que te contiene

que te anuncia.

Que me revela

dulces caminos

que me salva.

Tu cuerpo

curso de agua

sobre la piel del mundo.

Hoja en blanco

para mis labios.

Libro abierto

región alada

territorio de delirio

vestido azul

para mi sed.

Tu cuerpo,

mi secreto.

 

La enumeración dota al cuerpo amado de una cualidad sagrada, revelada, total. Esta configuración corporal -asumida-como-territorio inscribe la poesía de Iriarte en una tradición latinoamericana que encuentra en la naturaleza y en la geografía un espejo del deseo:

 

El camino de Cienaguas

Hoy quiero escribir sobre tu piel de agua, ciénaga morena.

Sobre la proa de una barca te recorro, y me siento penetrar en el cielo que reflejan tus aguas.

Aguas que vuelven arriba, porque tu cuerpo líquido se amansa y se vuelve uno solo con el azul de esta tarde que te baña. Quien diga que no eres profunda no sabe nada de grandezas.

Tú eres del color de los hombres que te sueñan. Del color de sus ojos. Eres el cabello de las mujeres que te habitan.

Tienes esperanza, aunque las garzas hoy caminen sobre la desembocadura de tus ríos. Aunque las redes regresen vacías, la magia no se va con tus cardúmenes. La leyenda anda en canoa y en boca de poetas.

 

La poeta funde el cuerpo y el paisaje en una misma materia simbólica. El erotismo, sin embargo, mantiene siempre un tono espiritual, casi místico: la unión sensual encarna un encuentro cósmico.

 

Presagio

Presiento un fulgor

un instante abrasador

como un disparo

un destello atravesando mi vida.

Jamás una mirada había

anunciado tanto peligro

y jamás ese peligro

había prometido ser tan dulce.

Danza de llama y mariposa

juego de madera y fuego

reunión de tierra y agua.

Eso eres

en el umbral de esta aventura.

 

Esto diferencia a Iriarte de una poesía puramente corporal: para ella, el erotismo es un lenguaje sagrado que enseña a ver y a sentir.

 

III. El viaje: poesía etnográfica

En Libro de viaje, su tercer poemario, Iriarte desplaza el foco hacia el espacio exterior. El viaje se transforma en un ejercicio de reflexión antropológica: describe modos de habitar el mundo, subrayando que viajar es cuestionarse antes de moverse.

 

Del viajar

El viaje comienza en el insomnio de la víspera, cuando la mente repasa los motivos de la errancia. Sus aperos. Sus peligros.

Luego hay que vérselas con el acre sabor del abandono, percibido en el gesto de entregar ese reducto del mundo que habíamos hecho nuestro.

Pero aún nos aguarda comprobar lo que tiene el recuerdo de despojo: el alma plasmada en las imágenes nos dice que nada nos perteneció jamás.

Y cuando al fin sobreviene la partida, allá vamos, viajantes solitarios: un atado de objetos ―casi siempre inútiles― y en los huesos, la fatiga.

 

También percibe la dualidad cultural: La fascinación por un territorio donde conviven tradición, honor, supervivencia y modernidad.

 

Guajira

I.

Península solar.

Un día desperté entre los tuyos.

Sobre tu tierra dorada.

Y con los tuyos bebí

de tu luz y de tu agua.

 

II.

Camino a Nazareth me tragó el horizonte.

Llegué con el primer lucero

y al amanecer oriné en la arena

con las demás mujeres.

 

III.

Pastores en tierra y agua.

Me intrigan estos hombres de mar y de desierto

con sus Ray Bans y sus atuendos ancestrales.

Admiro a los jóvenes que cuidan los rebaños,

tan capaces de morir por una de sus cabras

como de matar por ellas.

 

IV.

Descansé bajo su luna y me encontró la noche

tendida en un chinchorro

en una orilla del Cabo

pensando en el romance de la tierra con Juyá.

 

V.

Guajira, tu nombre me huele a tierra.

y tu manta me protege

lo sé

de todo mal.

 

Mas el viaje no es romántico: también denuncia la devastación ambiental:


Golfo de Darién

Con rumbo norte

la selva estará siempre a mi derecha

La mar, junto a mi corazón.

A ella la he visto, apacible,

lamer la arena y besar el arrecife.

La he visto teñirse el pelo con el color del río

y ponerse el traje negro para sortear la noche.

He visto el bosque nocturno cerrarse sobre mí

y rodearme con sus cantos de todo origen.

Me he sentido una hoja más, un soplo

entre sus manos.

He temblado ante su grandeza y sus criaturas.

Me he asombrado con su esplendor diurno.

He transitado ese mapa bajo un aguacero,

temiendo a la roca lisa, al lodo, a la serpiente.

Pero he visto más: he visto la triste huella

del hombre sobre la playa.

Su rastro de desperdicios, su voracidad, su indiferencia.

He oído, al atardecer, el ronquido de la motosierra,

y sentido escalofrío al imaginar su tarea.

He escuchado el testimonio de su gente

sobre lo que había, y lo que era.

Y yo, que no puedo comparar, lloro con ellos.

 

Esta sensibilidad ecológica convierte su poesía en testimonio de una conciencia ambiental en el siglo XXI.

 

El desamor como cartografía de sombras

La sección Mapa del desamor de Libro de viaje, es uno de los puntos más altos de ese libro. Ahora la voz abandona la inocencia del primer amor y asume la dureza de la pérdida.

 

Ceremonia

Tú no lo sabes

Nadie lo sabe

Pero cada día

al despertar

beso la llama de tu ausencia.

 

Estos poemas muestran una evolución hacia lo introspectivo y reflexivo. La pérdida se narra como sufrimiento y aprendizaje.

 

Objetos perdidos

Todo estaba allí, en la palma de mi mano.

Un coche tirado por caballos

que llegaría puntual, cada mañana,

para llevarte a recorrer el mundo.

Había en mi pecho un lugar para tu infancia

y para mis recuerdos, un sitio en tu memoria.

Días de sol había para mi triste alma.

Días de fiesta, días de frutas mordidas en tu boca.

Había una casa iluminada y silenciosa.

Lo bastante grande para escribir historias

y para hacer el amor en cualquier sitio.

Todo estaba allí, en la palma de mi mano.

 

La poeta revisita las promesas fallidas como ruinas afectivas, como si recorriera un museo de su propia historia.

 

La poesía en tiempos de guerra

Una de las secciones más conmovedoras de ese tercer libro es Geografía del desarraigo, donde la poeta enfrenta la guerra, donde combina lo lírico y lo testimonial. La imagen del agua contaminada de sangre simboliza, tal vez, la imposibilidad de separar la vida de la violencia en el contexto colombiano.

 

El mismo río

Aguas arriba

la vida profanada se descuaja en sangre.

Vegetal y humana sangre

de las tierras arrasadas.

El plasma se ha mezclado con el río

y los niños se bañan en ese flujo atroz.

Las mujeres bajan con la ropa sucia

para lavarla en la corriente

sin imaginar

cuánta culpa pondrá ella

sobre la piel de los suyos.

Las niñas llevan a casa el agua cruda

para cocinar el alimento

y es así como el pescado

acaba hirviendo en sangre,

sedimento y vergüenza.

La lluvia cree limpiarlo todo

pero en realidad, todo lo ignora,

en su infinita inocencia.

 

La voz poética abandona la contemplación y adopta una postura ética. Denuncia la violencia desde la sensibilidad, mostrando el impacto cotidiano en los cuerpos y en la memoria.

Quizá el poema más desgarrador sea “Balada del destierro”:

 

Balada del destierro

Dejé mi tierra para burlar el miedo

pero el miedo se pega a mis zapatos. Como la sangre a la memoria.

Tierra y terror resultan ahora palabras hermanas.

Sangre que el sol ha secado. Ira que amarga los amaneceres.

Rabia que enturbia los ojos de mi hijo.

 

No fue rojo el amanecer sino la noche entera.

A gritos dijeron: marcha o muerte. Hoy en silencio marcha y muere.

Otro lugar comienza a llegar bajo mis pasos.

Otro aire, sucio, y otra tierra, gris. Sin flores ni animales que alimenten la vida.

La vida, que se compra y se pierde en las esquinas.

De repente, el sueño de ciudad se convierte en pesadilla...

Porque nada soy en la tierra de otros. Sólo una intrusa bajo un sucio vestido.

 

El desplazamiento forzado se convierte en una condición ontológica: la tierra se pierde, pero la violencia se conserva en el cuerpo.

Estos textos consolidan a Iriarte como una poeta que testimonia sin sacrificar la belleza, escriben desde la herida histórica.

 

IV. La naturaleza como maestra

A partir de Los cuartos de la casa, la poesía vira hacia una profunda contemplación de la naturaleza como fuente de sabiduría y de revelación espiritual.

 

Yo, árbol

Tú y yo estamos hechos

de los mismos materiales:

luz y agua

tierra en las uñas de los pies

y aire para la música

que escapa entre mis hojas.

Somos parte de los mismos

pájaros que vienen

a alimentarse de los frutos.

hijos de la misma madre

hermanos de sangre vegetal.

Te duelo y me dueles cuando te apuñalan

como si fuera yo mismo quien recibe

el hacha en su costado.

 

Esta visión panteísta establece una relación de hermandad entre los seres humanos y el mundo vegetal.

Los poemas de esta etapa revelan una búsqueda espiritual evidente, que mezcla prácticas de meditación, imágenes de ascenso interior y la noción del silencio como conquista. La poesía aparece como puente hacia esa interioridad esquiva.

 

Meditación

Cómo acallar, me pregunto

estas voces que cubren

por igual mis horas de sueño y de vigilia.

Cómo calmar el agobio

por tantos pensamientos.

Cómo olvidar el dolor

cómo ignorar la alegría

cómo burlar los deberes

la vanidad, el miedo

la soledad, el deseo

las emociones que somos

desde el primer soplo de existencia.

He perseguido ese instante

una y otra y otra vez

ese tesoro de silencio

que aún se escapa.

Pero a veces, entre un intento

y otro, ocurre la poesía.

 

La casa, microcosmos social y emocional

El libro Los cuartos de la casa amplía la mirada hacia lo doméstico y revela la casa como territorio simbólico. Pero no como un espacio idílico: es permeado por el entorno social. En un pasaje notable, la poeta señala cómo los vigilantes de los edificios frente a su casa observan permanentemente su vida. El hogar es refugio, pero también escenario de vigilancia y de lecturas sociales sobre el cuerpo femenino.

En este sentido, Iriarte aporta una reflexión antropológica sobre la vida cotidiana en ciudades latinoamericanas donde lo privado y lo público están en perpetuo roce. La casa, más que un techo, es un organismo vivo, un espejo emocional.

 

Poema de la casa (Fragmento)

Llueven mangos. Todo el día caen en mi patio hermosos mangos olorosos, sensibles, amables, tiernos... como el corazón de Gómez Jattin.

Ese patio en el que caen es de la casa en la que habito, que no es mía pero parece hecha por mí en mis pensamientos. Ahora espero hacerla por dentro con mis manos, con más plantas que cosas, una hamaca azul y tres asientos. (…)

La casa no está en una cuadra, es propiedad de la cuadra. Largo tiempo deshabitada y repentinamente recuperada, todos estaban pendientes de cómo quedaría y de quién llegaría a vivir allí.

Mujer sola. Un detalle propicio para jugosos argumentos relacionados con quién llega y quien sale, cuanto se demora y otros detalles como los pedidos que se hacen a la tienda o el tipo de carro en que llegan mis visitas. Todo esto lo ven las veinticuatro horas del día los cuatro ojos de los dos vigilantes de los edificios que quedan justo enfrente. No puedo escapar a su presencia permanente –la de sus ojos- sobre la acera de mi casa.

Mi casa, la que se cuida a sí misma, la que disfruta estando a solas cuando no estoy y ella puede espiar todas mis cosas. Mi casa, la de ligeras cortinas, la ajena, la de todos, la que me recibe. La que bien sabe atesorar mi soledad.

Hacia una estética de la luz: madurez espiritual

Cuarto creciente y Sala de visitas, dos de las secciones de este cuarto poemario, revelan la etapa más contemplativa y madura de Iriarte. Evidencian una exploración del inconsciente, del miedo y de la memoria más profunda. La poeta funda una ética de la vida, donde el amor se convierte en fuerza de preservación y donde la Tierra aparece como madre espiritual:

 

Son asombrosos los días que trancurren

El orgullo y la vanidad claudican.

La entrega y el sacrificio recuperan estatus.

Lo entienden por igual depredadores naturales y especies pacíficas.

Son asombrosos los días que transcurren.

Aumentan los devotos de la vida y el amor toma el lado de las causas que lo preservan.

Resuenan más fuertes que nunca las voces de la Tierra. Mi planeta de origen, mi nave estelar en este largo viaje del espíritu sobre los horizontes.

Asombrosa la estación en este caserón en donde habitan los dioses. Hombres de turbante que me miran por doquier. Ajaib a mi izquierda, y Sadhu a mi derecha, atentos a servirme.

Y aprendo, en estos días asombrosos, que soy yo la sirviente y me levanto en la madrugada a esperar su darshan. Es un amante nocturno este dios encarnado que usa turbante y largas barbas de patriarca.

Son asombrosos los días que transcurren.

 

V. Un mapa para atravesar la vida

Mapa de luz y sombra es, ante todo, un libro de tránsito por el amor, la pérdida, el viaje, la guerra, la naturaleza y el espíritu. Patricia Iriarte construye una poética íntima e histórica entrelazada en una misma respiración; el cuerpo es territorio, el paisaje es emoción, y la memoria, brújula.

Mapa de luz y sombra ofrece una visión profundamente humana del mundo, atravesada por la lucidez ética y la belleza sensorial. Este libro es, en definitiva, una de las contribuciones más significativas a la poesía latinoamericana contemporánea escrita por mujeres: un testimonio de cómo la sombra cohabita en toda vida, y cómo la poesía ilumina.


Presentación de la obra en la Biblioteca Andrés Henestrosa de Oaxaca, el 21 de enero de 2023. En la mesa: Liliant Alanís, ilustradora; Patricia Iriarte, la autora; Iban De León, autor del prólogo, y Omar Fabián Rivera, editor. 


 

domingo, noviembre 06, 2022

Celia ya no se pudrirá en el olvido


Carátula de la edición, diseñada por Rubén Egea


Patricia Iriarte
Directora de la Fundación IriArtes




"Celia ya no se pudrirá en el olvido" es el título de la nota que escribí para la nueva edición de la revista semestral víacuarenta que circulará el mes próximo, publicada por la Biblioteca Piloto del Caribe. En esa nota que resumo aquí para los lectores de Cantaclaro hago un recuento de lo que ha sido el proyecto editorial Celia se puede, que hizo posible la reedición de la novela cumbre del escritor caribeño Héctor Rojas Herazo, Celia se pudre.

Sabemos que el lugar de Rojas Herazo en la trilogía de modernizadores de la literatura colombiana, junto a García Márquez y Cepeda Samudio, está reconocido, y que aunque el escritor toludeño fue conoció principalmente como poeta, también dejó una notable obra narrativa que comenzó a gestarse en 1962 con la novela Respirando el verano, en donde Rojas Herazo pone los cimientos de una trilogía fundada sobre Cedrón, de donde surgen dos de sus personajes principales: Celia Aterhortúa y su nieto Anselmo. En 1967, el mismo año en que se publicó Cien años de soledad, apareció su segunda novela, En noviembre llega el arzobispo, que pese a haber tenido la mala fortuna de salir al mismo tiempo que la obra maestra de GGM, fue reconocida por su aliento modernizador, casi estremecedor, de la literatura colombiana. Pasaron casi diez años entre esta novela y la última de la trilogía, Celia se pudre, obra en la que Rojas Herazo alcanza, en casi mil páginas, el sumum de su estilo literario. Una novela que por la fuerza de su prosa pero también por su compleja arquitectura narrativa, ha sido comparada con el Ulises, de Joyce, y Paradiso, de Lezama Lima. 

Nunca acompañada de una adecuada promoción, de Celia se pudre se han editado apenas 3.000 ejemplares en 36 años, pasando casi inadvertida para el público. A pesar de lo cual esta obra fue incluida en 1999 por la revista Arcadia entre los 100 libros colombianos del siglo XX, y en 2011 fue escogida por Credencial como una de las 25 mejores novelas colombianas en el último cuarto de siglo: “este es un libro clave por la belleza del personaje de Celia, por la narración de la vida cotidiana de un lugar llamado Cedrón y por la evocación que de aquel poblado hacen desde la ciudad diversas voces lejanas. Una larga novela sobre la melancolía.”

Revista víacuarenta N° 34 - 35


Fue por eso que, desde el año pasado, declarado Año Héctor Rojas Herazo por el Ministerio de Cultura y la Gobernación de Sucre con motivo del centenario del autor, la Fundación IriArtes se propuso adelantar un proyecto de reeditar esta obra. El objetivo del proyecto "Celia se puede", es facilitar el acceso a la obra con una edición económica y que realmente facilite su lectura, por lo cual la particularidad de esta edición es que viene publicada en cuatro tomos. 

Para esta tercera edición de Celia se pudre la dificultad que suponía la obtención de los derechos se sorteó mostrando a los herederos de Rojas Herazo, Patricia y Alfonso Rojas Barbosa, el espíritu pedagógico del proyecto y su intención de llevar la obra a las bibliotecas públicas. Ellos lo entendieron así y celebraron que la novela pudiera estar nuevamente en circulación. Y aunque ellos ya habían estado en conversaciones con Editorial Planeta para la publicación de este título, estas, por diferentes razones, no llegaron a término, y decidieron aceptar la oferta  de la Fundación IriArtes.


Héctor Rojas Herazo

El trabajo editorial propiamente dicho, es decir, el análisis de la obra para definir su segmentación, fue encargado inicialmente a la poeta y crítica Andrea Juliana Enciso. Ella, por razones laborales, no pudo realizarlo, pero se hizo cargo del prólogo de esta edición. Otros dos grandes conocedores de la novela, Ricardo Vergara Chávez y Emiro Santos, tampoco dispusieron de tiempo para acometer la tarea, por lo que, después de todos los intentos, decidí asumir yo la responsabilidad de separar esos 77 capítulos con un criterio que no fuera simplemente el de la división matemática de su millar de páginas. Por razones de espacio no me extenderé en la descripción detallada de ese oficio, pero puedo decir que la novela misma “colabora” en su segmentación, al no ser ella tampoco un relato monolítico. 

Otra cosa era el reto de hacer el proyecto viable, y para ello se concibió como perteneciente al sector editorial en las industrias culturales y creativas. Por ello, además de cumplir con una función cultural y con una función social al dotar con la obra a 150 bibliotecas públicas, el proyecto tiene una función económica dentro de la cadena productiva y el mercado del libro en Colombia. Más de 600 ejemplares impresos salieron a la venta del primer tiraje de mil ejemplares, es decir, que se ha puesto en circulación un total de cuatro mil nuevos libros impresos y por supuesto, una versión electrónica.


La obra puede adquirirse por $145.000 en la tienda virtual www.fundacioniriartes.org/tienda





Además de llegar a 150 bibliotecas públicas del país con un ejemplar de la obra, "Celia se puede" hace entrega de dos herramientas que les ayudarán al personal bibliotecario, maestros y promotores, a conocer y presentar la obra en los espacios de lectura. Se trata de una guía de lectura y un laboratorio de gamificación lectora del que se realizarán, en este año, varias sesiones para bibliotecas de Sucre y el Atlántico. Adicionalmente, el proyecto contempla una estrategia de promoción conformada por contenidos gráficos, audiovisuales y escritos que se pondrán en circulación a través de redes sociales, medios convencionales y sitios web.

Pieza gráfica de la campaña No dejemos que Celia se pudra,
impulsada por la Fundación IriArtes

La reedición y publicación de Celia se pudre en octubre de este año 2022 ha sido posible gracias al estímulo del Programa Nacional de Concertación del Ministerio de Cultura, al apoyo del Fondo Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes de Sucre y a la alianza con las editoriales La Iguana Ciega, de Barranquilla, y Editorial Universidad de Magdalena. Sin embargo, por el alto costo del proyecto, superior a los $100.000.000, se activaron también dos campañas de consecución de fondos a través de la plataforma Vaki: “No dejemos que Celia se pudra”, y “Celia se lee”, que han sido claves para poder culminar el proceso editorial.

Todo con el fin, finalmente, de que una obra de sus calidades estéticas y dimensiones históricas para la literatura no se siguiera pudriendo en el olvido.

domingo, septiembre 21, 2014

Llegaron los afiches literarios


La idea de crear y comercializar afiches literarios no es nueva en el mundo. Sus antecedentes seguramente se pueden rastrear en los carteles usados por las librerías y bibliotecas europeas para anunciar o promover las novedades entre sus clientes o lectores. Las tiendas de las casas-museos dedicadas a escritores, como la de Pablo Neruda en Isla Negra y Emily Dickinson en Amherst, Massachusetts, entre otras, también ofrecen a sus visitantes afiches y postales con citas o versos de estos autores, mientras que en los Estados Unidos este tipo de trabajos se ha convertido casi en un producto cultural, con ejemplos recientes como los de Evan Robertson y Ryan McArthur.

Teniendo Colombia un acervo literario tan importante, era hora ya de que pudiéramos disfrutar también de este arte que combina la creación literaria, el diseño y las artes gráficas para entregarle a los amantes de las letras un objeto de colección que refleje la poética de sus autores preferidos.




Este es el objetivo de la colección "Delicado, contiene poesía", creada por la poeta y gestora Patricia Iriarte Díaz Granados a través de su empresa cultural Prodim Asociados, con diseño gráfico de Guillermo Solano. Los primeros afiches están inspirados en versos de la propia Patricia y de los poetas nacionales Héctor Rojas Herazo, Meira Delmar y Aurelio Arturo, seleccionados por Iriarte con la colaboración del también poeta Hernán Vargascarreño. El resultado fueron estos cinco diseños, presentados en Barranquilla durante el Festival Internacional de Poesía en el Caribe, PoemaRío, donde tuvieron una gran aceptación por parte del público. 

Los pósteres están impresos en papel de 220 gramos y tienen 48x33 centímetros pero pueden elaborarse a pedido en tamaño 100x70 cms. (un pliego) o 50x35 (medio pliego).



Este poema de Raúl Gómez Jattin hace parte ya de
la memoria poética del Caribe colombiano.

Bello diseño de Guillermo Solano para esta frase del
gran poeta y narrador Héctor Rojas Herazo, nacido en
Tolú (Sucre) 

Ref. Elegía, inspirado en el poema del mismo título, de
la poetisa barranquillera Meira Delmar.




Un homenaje al poema Canción de la noche
callada, de Aurelio Arturo.



Ref. Náufrago, a partir de un poema de Patricia Iriarte
Caligrama con el poema Territorio de delirio, de Patricia Iriarte

La colección “Delicado, contiene poesía” se enriquecerá en los próximos meses con nuevos afiches, postales, camisetas y bolsos, los cuales serán “exportados” a otras ciudades colombianas. Inicialmente su distribución se está haciendo a través de las redes sociales, así como en la tienda del Museo del Caribe y Librería Nacional sede Prado, en Barranquilla, Librería Luvina en Bogotá,  Librería de la Casa de Poesía Silva, y Librería Casa Tomada, también en Bogotá.

Los pedidos pueden hacerse al correo electrónico prodimasociados@gmail.com, al móvil (57) 3103540130, desde la página de Facebook y en Instagram como @prodimasociados.

domingo, mayo 08, 2011

El audiovisual del Caribe en la Feria del Libro



El Observatorio del Caribe Colombiano, el Ministerio de Cultura y Aecid presentan este miércoles 11 de mayo a las 6:00 p.m., en el auditorio José María Vargas Vila de Corferias, el libro Los usos del audiovisual en el Caribe colombiano. Relato desde las organizaciones, los realizadores y los colectivos, de Patricia Iriarte y Waydi Miranda, quienes condujeron durante 15 meses una investigación sobre el tema en los ocho departamentos de la Región Caribe.

El libro recoge las memorias de la investigación Observatorio Audiovisual del Caribe, realizada por el Ministerio de Cultura en convenio con el Observatorio del Caribe, con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Aecid, y la cual hizo un inventario de las organizaciones, realizadores independientes, colectivos audiovisuales e instituciones que realizan actividades audiovisuales, a partir de un periodo de observación de seis años: 2004 - 2010.

La investigación encontró 166 obras audiovisuales realizadas por 148 distintos actores sociales, de los cuales se hizo una caracterización de 48 y se estudiaron en detalle seis casos exitosos de apropiación y uso del lenguaje audiovisual: El Colectivo de Comunicaciones Zhigoneshi, de la Sierra Nevada de Santa Marta, el Colectivo de Comunicaciones Montes de María, la asociación Funsarep de Cartagena, la fundación Henrrietta´s Group de San Andrés, el Festival de Cortos al Aire Libre Cine a la Calle, de Barranquilla, y el realizador independiente César Berrocal, de Córdoba.

El libro recoge igualmente las recomendaciones en materia de política pública audiovisual para el Caribe que se formularon en dos mesas de trabajo realizadas por la investigación en Santa Marta y Barranquilla, con un amplio grupo de actores del sector audiovisual y académico.

viernes, febrero 18, 2011

Totó, la cantadora

Fotografia de Josh Pulman
Totó La Momposina, invitada estelar al V Carnaval de las Artes 2011, en Barranquilla, Colombia


El próximo domingo la cantadora colombiana y el músico dominicano Cuco Valoy cierran la quinta versión del Carnaval de las Artes. Reproducimos, para la ocasión, un texto realizado por Patricia Iriarte para el libro Rutas de Libertad. 500 años de travesía.


Esta historia trata sobre una cantadora que nació a las orillas de un río poderoso con nombre de mujer, el Magdalena. Que recibió de sus abuelos y sus padres una herencia musical guardada por siglos que ella supo reconocer muy pronto en su voz, en su cuerpo y en sus sueños de vida.

La bautizaron Sonia, un nombre que llama al sonido, pero la costumbre costeña de ponerle apodos cariñosos a los miembros de la familia le asignó pronto el de Totó, que se parecía más al golpe del tambor. El centro de su casa fue siempre su madre Livia Vides, excelsa cantadora y bailarina de Talaigua que junto a su esposo Daniel Bazanta, tamborero y zapatero de oficio, crió a sus cinco hijos en la meseta bogotana con el sabor intacto de la cultura caribeña. Las primeras cosas que de niña aprendió Totó en su casa fueron la hechura de polleras, de alegres, de llamadores, de tamboras y de canciones que no cesaban de surgir de la memoria.


Como enseñanzas recibió la disciplina del artesano y el amor por la música Caribe. La misma que a ella le venía de adentro y con la cual no tardó en comprometerse para cultivarla, renovarla y llevarla por el mundo.
La importancia de Sonia Bazanta, conocida como Totó La Momposina, está en haber rescatado, divulgado y recreado una tradición musical que hace cuarenta años languidecía en el olvido. Una tradición constituida por cantos, danzas, versos e instrumentos de origen africano, indígena y europeo que permanecían vivos solo en la memoria de los cultores populares, diseminados a lo largo y ancho de la región Caribe colombiana. Palabras nuevas como chandé, bullerengue, berroche, pajarito, sexteto y muchas otras que designan aires musicales hasta entonces sólo escuchados en apartadas zonas rurales de la región, fueron surgiendo de sus discos y conciertos.


Entre esos géneros rescatados para la audiencia por Totó están los bailes cantados y el sexteto palenquero, antiguo ritmo ejecutado en el departamento de Bolívar por descendientes de los negros cimarrones que a principios del siglo XX estuvieron en contacto con trabajadores cubanos de la caña de azúcar en el ingenio de Marialabaja.

Fotografía de Josh Pulman


Su valor radica además en su persistencia, en su disciplina para el aprendizaje y la preparación musical tanto de sí misma como de sus músicos acompañantes, secretos de una producción de gran factura que le ha representado numerosos reconocimientos e importantes premios en Colombia y en el mundo.





La continuidad de ese trabajo, fruto de su compromiso, le permitió recibir de las ancianas y ancianos el conocimiento de muchos ritmos ancestrales y formar a varias promociones de jóvenes músicos en la ejecución de dichos aires. De esta manera, la información transmitida de una generación a otra contribuyó a mantener viva la diversidad cultural de la región Caribe y de la nación colombiana.

Totó la Momposina y sus tambores, como siempre le gusta presentarse, es hoy por hoy un patrimonio cultural de Colombia.


* Editor general: Roberto Burgos Cantor. Ministerio de Cultura, Pontifica Universidad Javeriana, 2010

jueves, octubre 28, 2010

Garavito, in memoriam


Qué quién era Fernando, me preguntaba el poeta Leo Castillo ante mi lamento esa tarde en la red social por la muerte de quien fue mi maestro en el periodismo y en la vida. Lo fue y no dejará de serlo. Porque cada vez que escribo, ante cada palabra que elijo, con cada frase que completo, por cada idea que logro transmitir, con cada emoción, recuerdo a Fernando. Recuerdo sus lecciones, siempre implacables -e impecables- de redacción; recuerdo sus terapias peripatéticas, que de patéticas no tenían nada pero si mucho de enriquecedoras y reveladoras de su verdadero temperamento.

Fernando era, ante todo, un poeta en el sentido vital de la palabra, y para esa generación de periodistas que nos iniciamos bajo su tutela a finales de los ochentas, Garavito, como le decíamos cariñosamente, fue un padre intelectual y una cátedra viviente de buen periodismo, de independencia, de pasión creadora, de acérrima honestidad y sensible inteligencia.


Fue hermosa la época en que conocí a Fernando. Se iniciaba el año 88 y él tenía la responsabilidad de inaugurar una nueva propuesta periodística en Colombia. Yo, con un par de años de experiencia que había adquirido en el Noticiero de las Siete y en el Semanario Zona, me fui a buscar trabajo en La Prensa, un tabloide dirigido por Juan Carlos Pastrana que se preparaba para hacerle competencia en Bogotá a los tradicionales periódicos capitalinos, incluyendo El Espacio. Lo de que fuera dirigido por un Pastrana no me gustaba ni cinco, pero sabía que su jefe de redacción era Fernando Garavito y de éste ya tenía referencias.

El periódico, además, iba a ser diagramado por el artista Gustavo Zalamea, y a él llegaron, durante ese primer y apasionante año, plumas como las de Eduardo Arias, Pedro Badrán, Miguel Silva, Sonia López, Olga Sanmartín,  y muchos otros que tuvieron luego un brillante recorrido por el periodismo. Yo tenía al menos dos meses de embarazo cuando me dijo que era una firme candidata a formar parte del equipo, así que se lo confesé con una mezcla de pudor y de miedo, preguntándole si él creía que eso representaba algún problema para mi contratación. “¡Faltaba más!”, fue su respuesta. “¿Cómo así que las mujeres no van a tener derecho a quedar embarazadas? Ni que se les ocurra.” Y siete meses más tarde, cuando mi hija nació, tituló con su nombre una esquela preciosa en la sección de cosas del día.

Era un “neura”, sí, y más de una vez me sacó piedras y lágrimas al colgarme un artículo o rehacerme una crónica. Pero me alegré profundamente por la suerte de tenerlo otra vez como editor en Cromos, unos años más tarde. Fue la apasionante y al mismo tiempo dolorosa época de la Asamblea Constituyente, y de los homicidios de Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo Ossa.

En 1992 prologó mi primer libro de poemas después de haberme acompañado en la difícil etapa de corregir, reescribir y descartar versos que no tuvieran un mínimo de decencia literaria. También eso le agradezco hasta hoy. Y su amistad, que muchos años más tarde, a pesar de los exilios y los éxodos que cada cual vivía, se mantuvo intacta en su calado y calidez.

Patricia Iriarte. Barranquilla, octubre 29 de 2010






Ejercicios de soledad



Fernando Garavito




Estamos solos la mosca y yo
en esta tarde de sábado.
No intento sorprenderla como ella,
que surge sin saber cómo
mientras levanto la vista del libro donde leo
de atardeceres y congojas.
Lo más admirable de la mosca no es su vuelo geométrico
ni su lenguaje de figuras,
sino esa suerte echada que la distingue
y que la obliga a aceptar el destino
de haber llegado a morir a este sitio sin boñigas,
donde el único horizonte posible es la almohada.
Es evidentemente joven la mosca,
de pequeño tamaño, silenciosa, casi aséptica,
ni siquiera con el deseo de encontrar una borona,
un compañero,
con el que pueda hablar de sus preocupaciones de mosca
-que yo ignoro-,
de viajes al basurero y a los desperdicios,
que ella haría con actitud deportiva en caso de no haberse
extraviado aquí
lejos de sus hermanas.
Sé bien que las moscas no son acariciables
menos con el pensamiento,
de suerte que me acostumbro a pensar en ella
como un hecho súbito que surge y desaparece,
para nada necesitada de mí o de mi creencia,
satisfecha consigo misma en sus esguinces y rincones.
Esta mosca es lo menos mosca que haya conocido,
pero ella debe saberse mosca para ser tan encantadoramente solitaria:
toda clasificación parte de mí, a ella la tiene sin cuidado
ser mosca u hombre o elefante,
en su fuero íntimo le importará poco que ella sea hombre y yo mosca,
y no se extrañará de no verme volar
cuando compruebe que llevo mis dos patas a la cabeza
y la sacudo para que produzca palabras y pensamientos,
o cuando suene el teléfono trayéndome tus noticias
o cuando me siento descuidadamente cerca del periódico,
mientras le ayudo a que aparezca muerta y ya. Como yo, como todos
.









HOMENAJE DE LA POETA YIRAMA CASTAÑO
Del Libro inédito Memoria de Aprendiz


Un ángel en Lisboa



A Fernando Garavito



Me imagino que se levanta cada día

                         con ganas de zumbar,

que se despliega sobre el papel
con la rabia propia
 y las miradas ajenas puestas sobre él.
Me imagino que despierta
y persigue los olores más extraños,
aquellos rancios, aquellos agrios.
Me imagino que da vueltas sobre la palabra
y se posa sobre ella,  multiplicándola.
Me imagino que busca la luz,
limpia sus alas,
se guarda de sí mismo
y espera el golpe por venir.
Me imagino que sigue atento,
más allá de toda sombra,
que busca los desechos,
que los lame y los escupe.
Me imagino que tiene frío
        que su cuerpo ya es poema
y que la ciudad,
adoquín por adoquín,
se parece a él.


Para conocerlo más:



* Nota de la revista colombiana Razón Pública, a la cual se había sumado este año Garavito como editor adjunto.



* Entrevista de Mónica del Pilar Uribe para Rebelión:

* Página de la Fundación Lannan, que le había otorgado en 2006 el Cultural Freedom Award.



* Una de sus acciones más sonadas recientemente: la carta que envió al presidente de la Universidad de Georgetown, a raíz de la vinculación del ex-presidente Alvaro Uribe Vélez a esa institución:
http://criticaypunto.wordpress.com/2010/08/



*Artículo titulado "Los cuatro jinetes de nuestro apocalipsis"
http://www.bonavet.com/page66.htm



* Nota de la revista Cambio en noviembre de 2008 sobre su libro Banquete de Cronos:
http://www.cambio.com.co/culturacambio/734/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-3648723.html


* Sobre su visita a Bruselas a comienzos de este año, donde ofeció una conferncia para el Palamento Europeo:
http://www.senadoragloriainesramirez.org/index.php/2010/03/visita-de-fernando-garavito-a-bruselas-y-el-parlamento-europeo/

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