"Mapa de luz y sombra es, ante todo, un libro de tránsito por el amor, la pérdida, el viaje, la guerra, la naturaleza y el espíritu. Patricia Iriarte construye una poética íntima e histórica entrelazada en una misma respiración; el cuerpo es territorio, el paisaje es emoción, y la memoria, brújula."
Por Omar Fabián Rivera.
Poeta y editor oaxaqueño. Director de FR Editor, que ha publicado en 2026 la obra reunida de Patricia Iriarte, con prólogo del poeta mexicano Ibán De León.
I. Los poemas como geografía interior y exterior
Mapa de luz y sombra
(1992–2017) constituye la reunión de la obra poética de Patricia Iriarte,
un proyecto estético que se despliega durante veinticinco años y que permite
apreciar la consolidación de una voz sensorial, ética y femenina. Su universo
se organiza en territorios y geografías afectivas que ordenan la intimidad, la
historia, el paisaje y la memoria, la espiritualidad y el cuerpo.
Este volumen es una cartografía
poética, un atlas humano del Caribe, la selva, la ciudad, la guerra y el amor.
La poeta opera como viajera, cronista y visionaria que se abre hacia la
exploración de la experiencia humana.
El amor como génesis
Mal de amores, su primer
libro, revela a una joven que se acerca a la poesía desde el asombro corporal,
la intensidad erótica y el desgarro emocional. El amor como un dispositivo de
revelación, construcción identitaria y conocimiento. En poemas como “Equipaje”,
la poeta expresa la ligereza y el peso de la experiencia amorosa:
Equipaje
Cómo pesa, amor
este equipaje de regreso.
Todo esto de mí
que había en ti.
Cómo pesa.
Desde temprano, Iriarte recurre a metáforas culinarias,
alquímicas y sensoriales para plasmar el encuentro amoroso. En “Poción de
amor”, el deseo se convierte en receta y rito:
Poción de amor
Agua
Sal
Besos
Almíbar
Otros besos
Cerrar los ojos
Abrir el cuarto de los vinos
Hundir los dedos
en el cajón de las especias
Aspirar
Tragarse el aroma
Apretar la mora entre los dientes
Encontrar la hierba precisa
entre tanta espesura.
Esta manera de inscribir el amor
en la materialidad cotidiana marca un sello de su estilo: la poeta une lo
doméstico y lo sagrado, lo corporal y lo mítico.
A la vez, lo amoroso se vuelve un
modo de leer el mundo, el amor organiza la orilla de las preguntas y las
respuestas, mientras el río marca el ritmo del silencio ajeno:
Travesía
En esta orilla
se agolpan todas mis preguntas.
En la otra
aguardan las respuestas.
Mientras tanto, discurre
lento
el río de tu silencio.
Este primer territorio configura la tensión del libro: el
amor.
II. Territorio de delirio: el cuerpo como geografía simbólica
En esta segunda etapa, su poesía se adentra en la experiencia
erótica y sensual desde un lenguaje metafórico y expandido. El cuerpo del otro
aparece como paisaje, como reino, como materia espiritual. La poeta afirma:
Territorio de delirio
Madera y cristal
que te guarda
que te contiene
que te anuncia.
Que me revela
dulces caminos
que me salva.
Tu cuerpo
curso de agua
sobre la piel del mundo.
Hoja en blanco
para mis labios.
Libro abierto
región alada
territorio de delirio
vestido azul
para mi sed.
Tu cuerpo,
mi secreto.
La enumeración dota al cuerpo
amado de una cualidad sagrada, revelada, total. Esta configuración corporal -asumida-como-territorio
inscribe la poesía de Iriarte en una tradición latinoamericana que encuentra en
la naturaleza y en la geografía un espejo del deseo:
El camino de Cienaguas
Hoy quiero escribir sobre tu piel
de agua, ciénaga morena.
Sobre la proa de una barca te recorro, y me siento penetrar en el cielo que reflejan tus aguas.
Aguas que vuelven arriba, porque
tu cuerpo líquido se amansa y se vuelve uno solo con el azul de esta tarde que
te baña. Quien diga que no eres profunda no sabe nada de grandezas.
Tú eres del color de los hombres
que te sueñan. Del color de sus ojos. Eres el cabello de las mujeres que te
habitan.
Tienes esperanza, aunque las
garzas hoy caminen sobre la desembocadura de tus ríos. Aunque las redes
regresen vacías, la magia no se va con tus cardúmenes. La leyenda anda en canoa
y en boca de poetas.
La poeta funde
el cuerpo y el paisaje en una misma materia simbólica. El erotismo, sin
embargo, mantiene siempre un tono espiritual, casi místico: la unión sensual
encarna un encuentro cósmico.
Presagio
Presiento un fulgor
un instante abrasador
como un disparo
un destello atravesando mi vida.
Jamás una mirada había
anunciado tanto peligro
y jamás ese peligro
había prometido ser tan dulce.
Danza de llama y mariposa
juego de madera y fuego
reunión de tierra y agua.
Eso eres
en el umbral de esta aventura.
Esto diferencia a Iriarte de una
poesía puramente corporal: para ella, el erotismo es un lenguaje sagrado que
enseña a ver y a sentir.
III. El viaje: poesía etnográfica
En Libro de
viaje, su tercer poemario, Iriarte desplaza el foco hacia el espacio
exterior. El viaje se transforma en un ejercicio de reflexión antropológica:
describe modos de habitar el mundo, subrayando que viajar es cuestionarse antes
de moverse.
Del viajar
El viaje comienza en el insomnio de la víspera, cuando la
mente repasa los motivos de la errancia. Sus aperos. Sus peligros.
Luego hay que vérselas con el acre sabor del abandono,
percibido en el gesto de entregar ese reducto del mundo que habíamos hecho
nuestro.
Pero aún nos aguarda comprobar lo que tiene el recuerdo de
despojo: el alma plasmada en las imágenes nos dice que nada nos perteneció
jamás.
Y cuando al fin sobreviene la
partida, allá vamos, viajantes solitarios: un atado de objetos ―casi siempre
inútiles― y en los huesos, la fatiga.
También percibe la dualidad
cultural: La fascinación por un territorio donde conviven tradición, honor,
supervivencia y modernidad.
Guajira
I.
Península solar.
Un día desperté entre los tuyos.
Sobre tu tierra dorada.
Y con los tuyos bebí
de tu luz y de tu agua.
II.
Camino a Nazareth me tragó el
horizonte.
Llegué con el primer lucero
y al amanecer oriné en la arena
con las demás mujeres.
III.
Pastores en tierra y agua.
Me intrigan estos hombres de mar y
de desierto
con sus Ray Bans y sus atuendos
ancestrales.
Admiro a los jóvenes que cuidan
los rebaños,
tan capaces de morir por una de
sus cabras
como de matar por ellas.
IV.
Descansé bajo su luna y me
encontró la noche
tendida en un chinchorro
en una orilla del Cabo
pensando en el romance de la
tierra con Juyá.
V.
Guajira, tu nombre me huele a
tierra.
y tu manta me protege
lo sé
de todo mal.
Mas el viaje no es romántico: también denuncia la devastación ambiental:
Golfo de Darién
Con rumbo norte
la selva estará siempre a mi
derecha
La mar, junto a mi corazón.
A ella la he visto, apacible,
lamer la arena y besar el
arrecife.
La he visto teñirse el pelo con el
color del río
y ponerse el traje negro para
sortear la noche.
He visto el bosque nocturno
cerrarse sobre mí
y rodearme con sus cantos de todo
origen.
Me he sentido una hoja más, un
soplo
entre sus manos.
He temblado ante su grandeza y sus criaturas.
Me he asombrado con su esplendor
diurno.
He transitado ese mapa bajo un
aguacero,
temiendo a la roca lisa, al lodo,
a la serpiente.
Pero he visto más: he visto la triste huella
del hombre sobre la playa.
Su rastro de desperdicios, su
voracidad, su indiferencia.
He oído, al atardecer, el ronquido
de la motosierra,
y sentido escalofrío al imaginar
su tarea.
He escuchado el testimonio de su gente
sobre lo que había, y lo que era.
Y yo, que no puedo comparar, lloro
con ellos.
Esta sensibilidad ecológica
convierte su poesía en testimonio de una conciencia ambiental en el siglo XXI.
El desamor como cartografía
de sombras
La sección Mapa del desamor de Libro
de viaje, es uno de los puntos más altos de ese libro. Ahora la voz
abandona la inocencia del primer amor y asume la dureza de la pérdida.
Ceremonia
Tú no lo sabes
Nadie lo sabe
Pero cada día
al despertar
beso la llama de tu ausencia.
Estos poemas muestran una
evolución hacia lo introspectivo y reflexivo. La pérdida se narra como
sufrimiento y aprendizaje.
Objetos perdidos
Todo estaba allí, en la palma de
mi mano.
Un coche tirado por caballos
que llegaría puntual, cada mañana,
para llevarte a recorrer el mundo.
Había en mi pecho un lugar para tu infancia
y para mis recuerdos, un sitio en
tu memoria.
Días de sol había para mi triste alma.
Días de fiesta, días de frutas
mordidas en tu boca.
Había una casa iluminada y silenciosa.
Lo bastante grande para escribir
historias
y para hacer el amor en cualquier
sitio.
Todo estaba allí, en la palma de
mi mano.
La poeta revisita las promesas
fallidas como ruinas afectivas, como si recorriera un museo de su propia
historia.
La poesía en tiempos de guerra
Una de las secciones más
conmovedoras de ese tercer libro es Geografía del desarraigo, donde la poeta
enfrenta la guerra, donde combina lo lírico y lo testimonial. La imagen del
agua contaminada de sangre simboliza, tal vez, la imposibilidad de separar la
vida de la violencia en el contexto colombiano.
El mismo río
Aguas arriba
la vida profanada se descuaja en
sangre.
Vegetal y humana sangre
de las tierras arrasadas.
El plasma se ha mezclado con el río
y los niños se bañan en ese flujo
atroz.
Las mujeres bajan con la ropa sucia
para lavarla en la corriente
sin imaginar
cuánta culpa pondrá ella
sobre la piel de los suyos.
Las niñas llevan a casa el agua cruda
para cocinar el alimento
y es así como el pescado
acaba hirviendo en sangre,
sedimento y vergüenza.
La lluvia cree limpiarlo todo
pero en realidad, todo lo ignora,
en su infinita inocencia.
La voz poética abandona la contemplación y adopta una
postura ética. Denuncia la violencia desde la sensibilidad, mostrando el
impacto cotidiano en los cuerpos y en la memoria.
Quizá el poema más desgarrador sea “Balada del destierro”:
Balada del destierro
Dejé mi tierra para burlar el
miedo
pero el miedo se pega a mis
zapatos. Como la sangre a la memoria.
Tierra y terror resultan ahora
palabras hermanas.
Sangre que el sol ha secado. Ira
que amarga los amaneceres.
Rabia que enturbia los ojos de mi
hijo.
No fue rojo el amanecer sino la
noche entera.
A gritos dijeron: marcha o muerte.
Hoy en silencio marcha y muere.
Otro lugar comienza a llegar bajo
mis pasos.
Otro aire, sucio, y otra tierra,
gris. Sin flores ni animales que alimenten la vida.
La vida, que se compra y se pierde
en las esquinas.
De repente, el sueño de ciudad se
convierte en pesadilla...
Porque nada soy en la tierra de
otros. Sólo una intrusa bajo un sucio vestido.
El desplazamiento forzado se
convierte en una condición ontológica: la tierra se pierde, pero la violencia
se conserva en el cuerpo.
Estos textos consolidan a Iriarte
como una poeta que testimonia sin sacrificar la belleza, escriben desde la
herida histórica.
IV. La naturaleza como maestra
A partir de Los cuartos de la
casa, la poesía vira hacia una profunda contemplación de la naturaleza como
fuente de sabiduría y de revelación espiritual.
Yo, árbol
Tú y yo estamos hechos
de los mismos materiales:
luz y agua
tierra en las uñas de los pies
y aire para la música
que escapa entre mis hojas.
Somos parte de los mismos
pájaros que vienen
a alimentarse de los frutos.
hijos de la misma madre
hermanos de sangre vegetal.
Te duelo y me dueles cuando te apuñalan
como si fuera yo mismo quien
recibe
el hacha en su costado.
Esta visión panteísta establece
una relación de hermandad entre los seres humanos y el mundo vegetal.
Los poemas de esta etapa revelan
una búsqueda espiritual evidente, que mezcla prácticas de meditación, imágenes
de ascenso interior y la noción del silencio como conquista. La poesía aparece
como puente hacia esa interioridad esquiva.
Meditación
Cómo acallar, me pregunto
estas voces que cubren
por igual mis horas de sueño y de
vigilia.
Cómo calmar el agobio
por tantos pensamientos.
Cómo olvidar el dolor
cómo ignorar la alegría
cómo burlar los deberes
la vanidad, el miedo
la soledad, el deseo
las emociones que somos
desde el primer soplo de
existencia.
He perseguido ese instante
una y otra y otra vez
ese tesoro de silencio
que aún se escapa.
Pero a veces, entre un intento
y otro, ocurre la poesía.
La casa, microcosmos social y emocional
El libro Los cuartos de la
casa amplía la mirada hacia lo doméstico y revela la casa como territorio
simbólico. Pero no como un espacio idílico: es permeado por el entorno social.
En un pasaje notable, la poeta señala cómo los vigilantes de los edificios
frente a su casa observan permanentemente su vida. El hogar es refugio, pero
también escenario de vigilancia y de lecturas sociales sobre el cuerpo
femenino.
En este sentido, Iriarte aporta
una reflexión antropológica sobre la vida cotidiana en ciudades
latinoamericanas donde lo privado y lo público están en perpetuo roce. La casa,
más que un techo, es un organismo vivo, un espejo emocional.
Poema de la casa (Fragmento)
Llueven mangos. Todo el día caen en mi patio hermosos mangos
olorosos, sensibles, amables, tiernos... como el corazón de Gómez Jattin.
Ese patio en el que caen es de la casa en la que habito, que
no es mía pero parece hecha por mí en mis pensamientos. Ahora espero hacerla
por dentro con mis manos, con más plantas que cosas, una hamaca azul y tres
asientos. (…)
La casa no está en una cuadra, es propiedad de la cuadra.
Largo tiempo deshabitada y repentinamente recuperada, todos estaban pendientes
de cómo quedaría y de quién llegaría a vivir allí.
Mujer sola. Un detalle propicio para jugosos argumentos
relacionados con quién llega y quien sale, cuanto se demora y otros detalles
como los pedidos que se hacen a la tienda o el tipo de carro en que llegan mis
visitas. Todo esto lo ven las veinticuatro horas del día los cuatro ojos de los
dos vigilantes de los edificios que quedan justo enfrente. No puedo escapar a
su presencia permanente –la de sus ojos- sobre la acera de mi casa.
Mi casa, la que se cuida a sí misma, la que disfruta estando
a solas cuando no estoy y ella puede espiar todas mis cosas. Mi casa, la de
ligeras cortinas, la ajena, la de todos, la que me recibe. La que bien sabe
atesorar mi soledad.
Hacia una estética de la luz: madurez espiritual
Cuarto creciente y Sala de
visitas, dos de las secciones de este cuarto poemario, revelan la etapa más
contemplativa y madura de Iriarte. Evidencian una exploración del inconsciente,
del miedo y de la memoria más profunda. La poeta funda una ética de la vida,
donde el amor se convierte en fuerza de preservación y donde la Tierra aparece
como madre espiritual:
Son asombrosos los días que trancurren
El orgullo y la
vanidad claudican.
La entrega y el
sacrificio recuperan estatus.
Lo entienden
por igual depredadores naturales y especies pacíficas.
Son asombrosos los días que transcurren.
Aumentan los
devotos de la vida y el amor toma el lado de las causas que lo preservan.
Resuenan más fuertes que nunca
las voces de la Tierra. Mi planeta de origen, mi nave estelar en este largo
viaje del espíritu sobre los horizontes.
Asombrosa la estación en este
caserón en donde habitan los dioses. Hombres de turbante que me miran por
doquier. Ajaib a mi izquierda, y Sadhu a mi derecha, atentos a servirme.
Y aprendo, en estos días
asombrosos, que soy yo la sirviente y me levanto en la madrugada a esperar su
darshan. Es un amante nocturno este dios encarnado que usa turbante y largas
barbas de patriarca.
Son asombrosos los días que
transcurren.
V. Un mapa para atravesar la vida
Mapa de luz y sombra es,
ante todo, un libro de tránsito por el amor, la pérdida, el viaje, la guerra,
la naturaleza y el espíritu. Patricia Iriarte construye una poética íntima e
histórica entrelazada en una misma respiración; el cuerpo es territorio, el
paisaje es emoción, y la memoria, brújula.
Mapa de luz y sombra ofrece
una visión profundamente humana del mundo, atravesada por la lucidez ética y la
belleza sensorial. Este libro es, en definitiva, una de las contribuciones más
significativas a la poesía latinoamericana contemporánea escrita por mujeres:
un testimonio de cómo la sombra cohabita en toda vida, y cómo la poesía
ilumina.


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