martes, abril 21, 2026

Cartografía de Patricia Iriarte

"Mapa de luz y sombra es, ante todo, un libro de tránsito por el amor, la pérdida, el viaje, la guerra, la naturaleza y el espíritu. Patricia Iriarte construye una poética íntima e histórica entrelazada en una misma respiración; el cuerpo es territorio, el paisaje es emoción, y la memoria, brújula."

 


Por Omar Fabián Rivera. 

Poeta y editor oaxaqueño. Director de FR Editor, que ha publicado en 2026 la obra reunida de Patricia Iriarte, con prólogo del poeta mexicano Ibán De León.


I. Los poemas como geografía interior y exterior

Mapa de luz y sombra (1992–2017) constituye la reunión de la obra poética de Patricia Iriarte, un proyecto estético que se despliega durante veinticinco años y que permite apreciar la consolidación de una voz sensorial, ética y femenina. Su universo se organiza en territorios y geografías afectivas que ordenan la intimidad, la historia, el paisaje y la memoria, la espiritualidad y el cuerpo.

Este volumen es una cartografía poética, un atlas humano del Caribe, la selva, la ciudad, la guerra y el amor. La poeta opera como viajera, cronista y visionaria que se abre hacia la exploración de la experiencia humana.

El amor como génesis

Mal de amores, su primer libro, revela a una joven que se acerca a la poesía desde el asombro corporal, la intensidad erótica y el desgarro emocional. El amor como un dispositivo de revelación, construcción identitaria y conocimiento. En poemas como “Equipaje”, la poeta expresa la ligereza y el peso de la experiencia amorosa:

 

Equipaje

Cómo pesa, amor

este equipaje de regreso.

Todo esto de mí

que había en ti.

Cómo pesa.

 

Desde temprano, Iriarte recurre a metáforas culinarias, alquímicas y sensoriales para plasmar el encuentro amoroso. En “Poción de amor”, el deseo se convierte en receta y rito:

 

Poción de amor

Agua

Sal

Besos

Almíbar

Otros besos

Cerrar los ojos

Abrir el cuarto de los vinos

Hundir los dedos

en el cajón de las especias

Aspirar

Tragarse el aroma

Apretar la mora entre los dientes

Encontrar la hierba precisa

entre tanta espesura.

 

Esta manera de inscribir el amor en la materialidad cotidiana marca un sello de su estilo: la poeta une lo doméstico y lo sagrado, lo corporal y lo mítico.

A la vez, lo amoroso se vuelve un modo de leer el mundo, el amor organiza la orilla de las preguntas y las respuestas, mientras el río marca el ritmo del silencio ajeno:

 

Travesía

En esta orilla

se agolpan todas mis preguntas.

En la otra

aguardan las respuestas.

Mientras tanto, discurre

lento

el río de tu silencio.

 

Este primer territorio configura la tensión del libro: el amor.

 

II. Territorio de delirio: el cuerpo como geografía simbólica

En esta segunda etapa,  su poesía se adentra en la experiencia erótica y sensual desde un lenguaje metafórico y expandido. El cuerpo del otro aparece como paisaje, como reino, como materia espiritual. La poeta afirma:


Territorio de delirio

Madera y cristal

que te guarda

que te contiene

que te anuncia.

Que me revela

dulces caminos

que me salva.

Tu cuerpo

curso de agua

sobre la piel del mundo.

Hoja en blanco

para mis labios.

Libro abierto

región alada

territorio de delirio

vestido azul

para mi sed.

Tu cuerpo,

mi secreto.

 

La enumeración dota al cuerpo amado de una cualidad sagrada, revelada, total. Esta configuración corporal -asumida-como-territorio inscribe la poesía de Iriarte en una tradición latinoamericana que encuentra en la naturaleza y en la geografía un espejo del deseo:

 

El camino de Cienaguas

Hoy quiero escribir sobre tu piel de agua, ciénaga morena.

Sobre la proa de una barca te recorro, y me siento penetrar en el cielo que reflejan tus aguas.

Aguas que vuelven arriba, porque tu cuerpo líquido se amansa y se vuelve uno solo con el azul de esta tarde que te baña. Quien diga que no eres profunda no sabe nada de grandezas.

Tú eres del color de los hombres que te sueñan. Del color de sus ojos. Eres el cabello de las mujeres que te habitan.

Tienes esperanza, aunque las garzas hoy caminen sobre la desembocadura de tus ríos. Aunque las redes regresen vacías, la magia no se va con tus cardúmenes. La leyenda anda en canoa y en boca de poetas.

 

La poeta funde el cuerpo y el paisaje en una misma materia simbólica. El erotismo, sin embargo, mantiene siempre un tono espiritual, casi místico: la unión sensual encarna un encuentro cósmico.

 

Presagio

Presiento un fulgor

un instante abrasador

como un disparo

un destello atravesando mi vida.

Jamás una mirada había

anunciado tanto peligro

y jamás ese peligro

había prometido ser tan dulce.

Danza de llama y mariposa

juego de madera y fuego

reunión de tierra y agua.

Eso eres

en el umbral de esta aventura.

 

Esto diferencia a Iriarte de una poesía puramente corporal: para ella, el erotismo es un lenguaje sagrado que enseña a ver y a sentir.

 

III. El viaje: poesía etnográfica

En Libro de viaje, su tercer poemario, Iriarte desplaza el foco hacia el espacio exterior. El viaje se transforma en un ejercicio de reflexión antropológica: describe modos de habitar el mundo, subrayando que viajar es cuestionarse antes de moverse.

 

Del viajar

El viaje comienza en el insomnio de la víspera, cuando la mente repasa los motivos de la errancia. Sus aperos. Sus peligros.

Luego hay que vérselas con el acre sabor del abandono, percibido en el gesto de entregar ese reducto del mundo que habíamos hecho nuestro.

Pero aún nos aguarda comprobar lo que tiene el recuerdo de despojo: el alma plasmada en las imágenes nos dice que nada nos perteneció jamás.

Y cuando al fin sobreviene la partida, allá vamos, viajantes solitarios: un atado de objetos ―casi siempre inútiles― y en los huesos, la fatiga.

 

También percibe la dualidad cultural: La fascinación por un territorio donde conviven tradición, honor, supervivencia y modernidad.

 

Guajira

I.

Península solar.

Un día desperté entre los tuyos.

Sobre tu tierra dorada.

Y con los tuyos bebí

de tu luz y de tu agua.

 

II.

Camino a Nazareth me tragó el horizonte.

Llegué con el primer lucero

y al amanecer oriné en la arena

con las demás mujeres.

 

III.

Pastores en tierra y agua.

Me intrigan estos hombres de mar y de desierto

con sus Ray Bans y sus atuendos ancestrales.

Admiro a los jóvenes que cuidan los rebaños,

tan capaces de morir por una de sus cabras

como de matar por ellas.

 

IV.

Descansé bajo su luna y me encontró la noche

tendida en un chinchorro

en una orilla del Cabo

pensando en el romance de la tierra con Juyá.

 

V.

Guajira, tu nombre me huele a tierra.

y tu manta me protege

lo sé

de todo mal.

 

Mas el viaje no es romántico: también denuncia la devastación ambiental:


Golfo de Darién

Con rumbo norte

la selva estará siempre a mi derecha

La mar, junto a mi corazón.

A ella la he visto, apacible,

lamer la arena y besar el arrecife.

La he visto teñirse el pelo con el color del río

y ponerse el traje negro para sortear la noche.

He visto el bosque nocturno cerrarse sobre mí

y rodearme con sus cantos de todo origen.

Me he sentido una hoja más, un soplo

entre sus manos.

He temblado ante su grandeza y sus criaturas.

Me he asombrado con su esplendor diurno.

He transitado ese mapa bajo un aguacero,

temiendo a la roca lisa, al lodo, a la serpiente.

Pero he visto más: he visto la triste huella

del hombre sobre la playa.

Su rastro de desperdicios, su voracidad, su indiferencia.

He oído, al atardecer, el ronquido de la motosierra,

y sentido escalofrío al imaginar su tarea.

He escuchado el testimonio de su gente

sobre lo que había, y lo que era.

Y yo, que no puedo comparar, lloro con ellos.

 

Esta sensibilidad ecológica convierte su poesía en testimonio de una conciencia ambiental en el siglo XXI.

 

El desamor como cartografía de sombras

La sección Mapa del desamor de Libro de viaje, es uno de los puntos más altos de ese libro. Ahora la voz abandona la inocencia del primer amor y asume la dureza de la pérdida.

 

Ceremonia

Tú no lo sabes

Nadie lo sabe

Pero cada día

al despertar

beso la llama de tu ausencia.

 

Estos poemas muestran una evolución hacia lo introspectivo y reflexivo. La pérdida se narra como sufrimiento y aprendizaje.

 

Objetos perdidos

Todo estaba allí, en la palma de mi mano.

Un coche tirado por caballos

que llegaría puntual, cada mañana,

para llevarte a recorrer el mundo.

Había en mi pecho un lugar para tu infancia

y para mis recuerdos, un sitio en tu memoria.

Días de sol había para mi triste alma.

Días de fiesta, días de frutas mordidas en tu boca.

Había una casa iluminada y silenciosa.

Lo bastante grande para escribir historias

y para hacer el amor en cualquier sitio.

Todo estaba allí, en la palma de mi mano.

 

La poeta revisita las promesas fallidas como ruinas afectivas, como si recorriera un museo de su propia historia.

 

La poesía en tiempos de guerra

Una de las secciones más conmovedoras de ese tercer libro es Geografía del desarraigo, donde la poeta enfrenta la guerra, donde combina lo lírico y lo testimonial. La imagen del agua contaminada de sangre simboliza, tal vez, la imposibilidad de separar la vida de la violencia en el contexto colombiano.

 

El mismo río

Aguas arriba

la vida profanada se descuaja en sangre.

Vegetal y humana sangre

de las tierras arrasadas.

El plasma se ha mezclado con el río

y los niños se bañan en ese flujo atroz.

Las mujeres bajan con la ropa sucia

para lavarla en la corriente

sin imaginar

cuánta culpa pondrá ella

sobre la piel de los suyos.

Las niñas llevan a casa el agua cruda

para cocinar el alimento

y es así como el pescado

acaba hirviendo en sangre,

sedimento y vergüenza.

La lluvia cree limpiarlo todo

pero en realidad, todo lo ignora,

en su infinita inocencia.

 

La voz poética abandona la contemplación y adopta una postura ética. Denuncia la violencia desde la sensibilidad, mostrando el impacto cotidiano en los cuerpos y en la memoria.

Quizá el poema más desgarrador sea “Balada del destierro”:

 

Balada del destierro

Dejé mi tierra para burlar el miedo

pero el miedo se pega a mis zapatos. Como la sangre a la memoria.

Tierra y terror resultan ahora palabras hermanas.

Sangre que el sol ha secado. Ira que amarga los amaneceres.

Rabia que enturbia los ojos de mi hijo.

 

No fue rojo el amanecer sino la noche entera.

A gritos dijeron: marcha o muerte. Hoy en silencio marcha y muere.

Otro lugar comienza a llegar bajo mis pasos.

Otro aire, sucio, y otra tierra, gris. Sin flores ni animales que alimenten la vida.

La vida, que se compra y se pierde en las esquinas.

De repente, el sueño de ciudad se convierte en pesadilla...

Porque nada soy en la tierra de otros. Sólo una intrusa bajo un sucio vestido.

 

El desplazamiento forzado se convierte en una condición ontológica: la tierra se pierde, pero la violencia se conserva en el cuerpo.

Estos textos consolidan a Iriarte como una poeta que testimonia sin sacrificar la belleza, escriben desde la herida histórica.

 

IV. La naturaleza como maestra

A partir de Los cuartos de la casa, la poesía vira hacia una profunda contemplación de la naturaleza como fuente de sabiduría y de revelación espiritual.

 

Yo, árbol

Tú y yo estamos hechos

de los mismos materiales:

luz y agua

tierra en las uñas de los pies

y aire para la música

que escapa entre mis hojas.

Somos parte de los mismos

pájaros que vienen

a alimentarse de los frutos.

hijos de la misma madre

hermanos de sangre vegetal.

Te duelo y me dueles cuando te apuñalan

como si fuera yo mismo quien recibe

el hacha en su costado.

 

Esta visión panteísta establece una relación de hermandad entre los seres humanos y el mundo vegetal.

Los poemas de esta etapa revelan una búsqueda espiritual evidente, que mezcla prácticas de meditación, imágenes de ascenso interior y la noción del silencio como conquista. La poesía aparece como puente hacia esa interioridad esquiva.

 

Meditación

Cómo acallar, me pregunto

estas voces que cubren

por igual mis horas de sueño y de vigilia.

Cómo calmar el agobio

por tantos pensamientos.

Cómo olvidar el dolor

cómo ignorar la alegría

cómo burlar los deberes

la vanidad, el miedo

la soledad, el deseo

las emociones que somos

desde el primer soplo de existencia.

He perseguido ese instante

una y otra y otra vez

ese tesoro de silencio

que aún se escapa.

Pero a veces, entre un intento

y otro, ocurre la poesía.

 

La casa, microcosmos social y emocional

El libro Los cuartos de la casa amplía la mirada hacia lo doméstico y revela la casa como territorio simbólico. Pero no como un espacio idílico: es permeado por el entorno social. En un pasaje notable, la poeta señala cómo los vigilantes de los edificios frente a su casa observan permanentemente su vida. El hogar es refugio, pero también escenario de vigilancia y de lecturas sociales sobre el cuerpo femenino.

En este sentido, Iriarte aporta una reflexión antropológica sobre la vida cotidiana en ciudades latinoamericanas donde lo privado y lo público están en perpetuo roce. La casa, más que un techo, es un organismo vivo, un espejo emocional.

 

Poema de la casa (Fragmento)

Llueven mangos. Todo el día caen en mi patio hermosos mangos olorosos, sensibles, amables, tiernos... como el corazón de Gómez Jattin.

Ese patio en el que caen es de la casa en la que habito, que no es mía pero parece hecha por mí en mis pensamientos. Ahora espero hacerla por dentro con mis manos, con más plantas que cosas, una hamaca azul y tres asientos. (…)

La casa no está en una cuadra, es propiedad de la cuadra. Largo tiempo deshabitada y repentinamente recuperada, todos estaban pendientes de cómo quedaría y de quién llegaría a vivir allí.

Mujer sola. Un detalle propicio para jugosos argumentos relacionados con quién llega y quien sale, cuanto se demora y otros detalles como los pedidos que se hacen a la tienda o el tipo de carro en que llegan mis visitas. Todo esto lo ven las veinticuatro horas del día los cuatro ojos de los dos vigilantes de los edificios que quedan justo enfrente. No puedo escapar a su presencia permanente –la de sus ojos- sobre la acera de mi casa.

Mi casa, la que se cuida a sí misma, la que disfruta estando a solas cuando no estoy y ella puede espiar todas mis cosas. Mi casa, la de ligeras cortinas, la ajena, la de todos, la que me recibe. La que bien sabe atesorar mi soledad.

Hacia una estética de la luz: madurez espiritual

Cuarto creciente y Sala de visitas, dos de las secciones de este cuarto poemario, revelan la etapa más contemplativa y madura de Iriarte. Evidencian una exploración del inconsciente, del miedo y de la memoria más profunda. La poeta funda una ética de la vida, donde el amor se convierte en fuerza de preservación y donde la Tierra aparece como madre espiritual:

 

Son asombrosos los días que trancurren

El orgullo y la vanidad claudican.

La entrega y el sacrificio recuperan estatus.

Lo entienden por igual depredadores naturales y especies pacíficas.

Son asombrosos los días que transcurren.

Aumentan los devotos de la vida y el amor toma el lado de las causas que lo preservan.

Resuenan más fuertes que nunca las voces de la Tierra. Mi planeta de origen, mi nave estelar en este largo viaje del espíritu sobre los horizontes.

Asombrosa la estación en este caserón en donde habitan los dioses. Hombres de turbante que me miran por doquier. Ajaib a mi izquierda, y Sadhu a mi derecha, atentos a servirme.

Y aprendo, en estos días asombrosos, que soy yo la sirviente y me levanto en la madrugada a esperar su darshan. Es un amante nocturno este dios encarnado que usa turbante y largas barbas de patriarca.

Son asombrosos los días que transcurren.

 

V. Un mapa para atravesar la vida

Mapa de luz y sombra es, ante todo, un libro de tránsito por el amor, la pérdida, el viaje, la guerra, la naturaleza y el espíritu. Patricia Iriarte construye una poética íntima e histórica entrelazada en una misma respiración; el cuerpo es territorio, el paisaje es emoción, y la memoria, brújula.

Mapa de luz y sombra ofrece una visión profundamente humana del mundo, atravesada por la lucidez ética y la belleza sensorial. Este libro es, en definitiva, una de las contribuciones más significativas a la poesía latinoamericana contemporánea escrita por mujeres: un testimonio de cómo la sombra cohabita en toda vida, y cómo la poesía ilumina.


Presentación de la obra en la Biblioteca Andrés Henestrosa de Oaxaca, el 21 de enero de 2023. En la mesa: Liliant Alanís, ilustradora; Patricia Iriarte, la autora; Iban De León, autor del prólogo, y Omar Fabián Rivera, editor. 


 

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