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jueves, abril 26, 2012

Lo que los gobernantes no están viendo


El próximo fin de semana los gobernadores de la región Caribe se reúnen en Valledupar para “tratar asuntos de interés común”, y tomar decisiones relacionadas con proyectos de inversión que sin duda marcarán los destinos de nuestra región.

Entre esos proyectos que los gobernadores examinarán hay uno –que ojalá sí incluyan en su agenda- cuya importancia no parece haber sido comprendida ni por los actuales mandatarios regionales ni por los medios de comunicación ni por los columnistas que influyen en la opinión. Se trata de la Red de Museos del Caribe, un proyecto de gran impacto regional que el año pasado los gobernadores salientes lograron identificar como prioritario e incluir en el decreto 4950 de 2011. Ese decreto presidencial, tras un proceso de negociación entre las regiones y el gobierno nacional, estableció la distribución de los recursos del Sistema Nacional de Regalías para la vigencia 2012 y, para el caso de la región Caribe, asignó montos importantes para proyectos de infraestructura, educación, salud, ciencia y tecnología, agroindustria y productividad, cultura, turismo y medio ambiente. 

El proyecto del que hablo figura en el decreto 4950 como “Fortalecimiento de la institucionalidad cultural, educativa, turística y ambiental del Caribe colombiano” y cuenta con recursos por $42.990  millones de pesos para el 2012, con un valor total de 127 mil millones de pesos. Todo lo que tienen que hacer es incluir el proyecto en el Plan de Desarrollo, defenderlo en la instancia de decisión y hacer la solicitud de los recursos al nivel central. A menos, claro, que decidan emplear esos recursos en otros menesteres, como puede pasar en la reunión de Valledupar, pues el decreto no tiene carácter obligatorio.


¿Qué se propone este proyecto? 

Visitantes en el Museo Histórico de Cartagena
Ante todo, utilizar la cultura como dinamizador del desarrollo regional, al proponer la creación de cinco nuevos museos temáticos, el fortalecimiento de siete museos existentes, y su articulación a una red de servicios culturales, turísticos y educativos a lo largo y ancho de la región. Una red que prevé la capacitación del recurso humano, el fortalecimiento de pequeñas empresas de transporte, alimentación y turismo, y el conocimiento y valoración de la diversidad ambiental y cultural del Caribe colombiano.

Para la materialización de todos estos beneficios, es indispensable la contribución de los departamentos y municipios, especialmente en aspectos como renovación urbana, desarrollo empresarial, formación para el trabajo e impulso al emprendimiento productivo.

Contrario a lo que muchos puedan pensar, un proyecto de este tipo contribuye, y de manera nada despreciable, a la competitividad de la región, pues hoy en día la competitividad pasa por aprovechar, desarrollar e incluso, crear, las ventajas que diferencian y agregan valor, como lo señaló la consultora Martha Madrid-Malo en la presentación del proyecto a los Secretarios de Cultura el año pasado.

El Museo del Caribe, en Barranquilla
benefició con su exposición y actividades
a 470.000 personas en el 2011
Rescatar lo propio y darle valor, mediante un museo y el espacio urbano circundante, son elementos que pueden servir de detonante para la reactivación económica de una zona o de una ciudad; lo mismo que un Plan de Ordenamiento Territorial que reconozca un uso del suelo compatible con la actividad cultural y turística, tanto en la dimensión institucional como en la empresarial.

Las administraciones municipales o distritales, de la mano con las Cámaras de Comercio, podrían realizar un programa de obras para el embellecimiento del espacio público en las zonas aledañas a los museos, mejorar las vías y la movilidad general de estas zonas y garantizar la prestación de servicios públicos en ellas, además de disponer de amplias zonas de parqueo y una señalización adecuada.

Casi todos los municipios involucrados en el proyecto tienen una tradición cultural y poseen atractivos turísticos hasta ahora desaprovechados, por eso se considera que existe un mercado potencial que permitiría el desarrollo de iniciativas de negocios y de emprendimiento con perspectivas de expansión y crecimiento.

Para su implementación, los municipios deberán incluir en su plan de desarrollo un proyecto que involucre al Museo y que incorpore los otros componentes: el urbano, el de desarrollo productivo y el de fomento a  las redes empresariales.  Las Cámaras de Comercio y la academia podrían prestar asesoría para el mejoramiento empresarial, el desarrollo de productos, la formulación de proyectos de innovación, la optimización financiera y la búsqueda de fondos y/o inversionistas, asi como para la capacitación y formación técnica y empresarial.
Estudiantes trabajando con la maleta didáctica
en el Museo del Oro Zenú (Cartagena)

Así que si el tema que trasnocha a nuestros técnicos y gobernantes es el de la competitividad, deberían volver los ojos sobre esta iniciativa y darle un decidido respaldo en sus planes de desarrollo y presupuestos de inversión; de otra forma, ¿qué les va a ofrecer la región Caribe a los inversionistas que vienen a hacer negocios, a los compradores y a los turistas nacionales y extranjeros, aparte de carreteras, puertos, minas y centros comerciales?


Que este proyecto se salve depende de que los líderes se percaten de su importancia, de que el sector cultural lo defienda y de que la opinión pública lo reclame como necesario y conveniente.


El Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo y Quinta de
San Pedro Alejandrino en Santa Marta. Otro gran atractivo
cultural del Caribe.

domingo, mayo 22, 2011

Necesario para entender

Para tener una visión más completa de la situación que se vive en esta zona del Caribe colombiano, Cantaclaro recomienda la lectura de este artículo de Alfredo Molano en El Espectador de hoy:



A continuación algunos apartes:



Un modelo de desarrollo que concentra tierras y mano de obra

Montes de María

Por: Alfredo Molano Bravo / Especial para El Espectador

Recorrido por una región del norte del país, muy productiva pero donde el conflicto de tierras no se detiene. Antes amenazaba la mano negra de la guerrilla y ahora intimida la de los 'paras', igual que ocurre en otras regiones como Urabá.


[...]

"Al occidente de la Serranía de San Jerónimo existía uno de los más grandes latifundios de la región, la Hacienda San Agustín, de la familia Vélez Danies, que en 1906 se convirtió en el Ingenio Sincerín, que fabricaba mieles hasta que los azucareros del Valle lo derrotaron. Entonces el gobierno de Carlos Lleras lo adquirió para construir un distrito de riego y parcelar sus tierras.

Es una región privilegiada por la calidad de sus suelos, suavemente inclinados hacia la ciénaga de María la Baja, y de fácil comunicación con Cartagena y Barranquilla por agua y por carretera. El Distrito tenía el propósito de crear una clase campesina empresarial y disminuir la presión sobre las grandes propiedades, lo que en realidad no se logró, como pudieron dejarlo ver con nitidez las 640 invasiones campesinas entre 1971 y 1972."

[...]

"En el año de 1998 se conformó el Bloque Héroes de los Montes de María de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), compuesto por los frentes Canal del Dique, Central Bolívar y Golfo de Morrosquillo. En julio de 2005 se desmovilizaron 594 paramilitares del Bloque Héroes de los Montes de María. En abril de 2008 el Ejército anunció el aniquilamiento de las Farc en la región con la muerte de Martín Caballero y la dispersión del frente 37 de las Farc.

Unos meses antes, en abril de 2007, el gobierno de Uribe creó el Centro de Consolidación y Acción Social, con miras a “lograr la unidad de esfuerzos requerida para derrotar a la insurgencia”. El programa, inspirado en la Doctrina del Salto Estratégico, autoriza a los organismos de seguridad del Estado a participar en la planeación, la administración y la ejecución de acciones gubernamentales."

domingo, junio 06, 2010

Momento de decisión



Votar por Mockus, la única verdadera opción


Por Mara del Rio
Caricatura de Roberto Rodríguez


A 14 días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales la alternativa es clara para los que queremos que Colombia salga de la ignominia en que la tiene este presidente y su particular “estilo” de gobierno. Hablemos con franqueza: Juan Manuel Santos no sólo es más de lo mismo sino que puede ser peor, a juzgar por sus actuaciones como Ministro de Defensa de Uribe, mientras que Mockus, a pesar de sus desaciertos en los debates, es capaz de hacer un gobierno decente e impulsar una revolución educativa y cultural que no sólo nos transforme el alma sino que además nos dé un nuevo liderazgo en América Latina y nos prevenga de nuevos uribismos.

Probablemente no sea nada más -y nada menos- que eso. Probablemente no se acabe la pobreza y no se haga esa reforma agraria por la que claman millones de campesinos porque el Congreso, mayoritariamente uribista, no la aprobará. Probablemente no tengamos el mejor sistema de salud, pero si dejan de robarse de manera tan descarada los insumos y de alterar los datos del Sisben para favorecer a amigos y electores, ese sistema que tenemos ahora seguramente funcionará mejor y alcanzará para más gente. No creo que un gobierno del Partido Verde le vaya a quitar privilegios a las clases que ya los tienen, y no creo que nadie lo crea, pero si lleva a cabo un buen programa para combatir el hambre y la desnutrición, la balanza comenzará a equilibrarse un poco, por primera vez en mucho tiempo.

Aceptemos que Antanas Mockus no es el mejor candidato: el más audaz, el más locuaz, el más vehemente o el mejor informado de los problemas del país pero su propuesta es justo la que necesitamos ahora, cuando todavía nos queda algo de país; y además, tiene un equipo que no podría estar mejor preparado para acompañar su proyecto. Entonces, antes de que terminen de robárselo todo y el resto lo regalen, intentemos recuperar la cordura, la sensatez y la dignidad. Es nuestra oportunidad de demostrarnos a nosotros mismos y a nuestros vecinos del mundo, que somos capaces de hacer un viraje como lo hicieron Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela y de alguna manera Chile con sus últimos gobiernos democráticos, y que podemos hacerlo sin guerra civil, sin disturbios en las calles, sin amenazas a la democracia; que más amenaza para la democracia es este turbio régimen de mafiosos, corruptos y paramilitares, que un gobierno liderado por profesores universitarios, tecnócratas y políticos de nuevo cuño.

La democracia que tenemos es esta que se cuece en el caldo del clientelismo y la coacción, como sucede con el programa bandera del gobierno de Uribe (ver columna de Daniel Coronell en http://www.semana.com/noticias-opinion/otra-forma-fraude/139519.aspx), y la que podemos tener es otra que habla de legalidad, de respeto y de transparencia.

Muchas personas nos sentimos decepcionadas por las salidas en falso de Antanas durante la campaña a propósito de temas como la salud, la seguridad, los “huevitos” de Uribe y otros errores que sus más cercanos colaboradores no le ayudaron a evitar, o quizás, le hicieron cometer. No sé cuál sería el caso, pero aún cuando sus respuestas hayan contribuido a una pérdida de votantes, no es verosímil que el resultado de los comicios haya resultado tan contradictorio con lo que, a pesar de esos errores, se percibía en las calles y en las charlas con amigos y conocidos, y era una altísima preferencia por la propuesta del equipo verde. No termino de entender cómo todos los medios, columnistas, ciudadanos y ciudadanas que le dieron su apoyo a Mockus ahora se tragan, sin masticar, las cifras del 30 de mayo. Sin beneficio de inventario, sin sombra de duda, como si hubiera alguna razón para pensar que el Uribismo se iba a quedar con los brazos cruzados ante el fenómeno de Mockus y la ola verde. No, los negocios que han logrado cuajar en estos dos periodos de gobierno son demasiado buenos como para soltarlos ahora sólo porque vienen unos intelectuales a hablar de vida sagrada, educación para todos y cero corrupción.

La verdad sobre esto quizás sólo se sepa al cabo de unos meses o años, como se han destapado tantas otras ollas podridas de la era Uribe-Santos; por ahora lo que se impone es triplicar los esfuerzos para contrarrestrar el rugido de la maquinaria en la segunda vuelta, y saber que votar por Antanas no es únicamente elegir al hombre que se va a sentar en la silla presidencial durante cuatro años sino optar por un nuevo tipo de país en el que sea posible educar más y mejor a los niños y jóvenes, donde el tráfico de influencias no sea el único camino para la obtención de derechos, donde los recursos públicos no terminen alimentando la prosperidad privada y donde el valor de la vida esté realmente por encima de todo.

Cada voto verde no será sólo un voto por Mockus sino por nosotros mismos, mientras que cada voto en blanco será un voto por Santos. Votar en blanco no es la opción, es entregar la esperanza y perder la única posibilidad de comenzar a transformar al país.

• Lástima que Mockus y Petro, y sus respectivos partidos, estén echando por la borda la posibilidad de la unión para ser más fuertes. Menospreciarse mutuamente, o menospreciar la importancia de la alianza es un error por el que quizás la historia no los absuelva.

jueves, mayo 13, 2010

Editorial

Unas preguntas a Antanas Mockus

Desde este blog hacemos unas reflexiones y le formulamos tres preguntas al candidato del Partido Verde, a propósito de unos temas que se han movido recientemente en la campaña.

Por Patricia Iriarte


Les decía a los cibertulios (como dice el viejo Norman Salazar), de Facebook hace un rato que me tiene pensativa el afán de Mockus de parecerse a Uribe en el tratamiento del tema de la inseguridad y el conflicto armado. Que me parece preocupante la asimilación semántica y de estilo con el actual gobierno, al trocar la Seguridad Democrática en “Legalidad Democrática”. El problema, ciudadano candidato Antanas Mockus, es que la seguridad "democrática" de Uribe es perfectamente legal. Amparada por la Constitución y las leyes. La desgracia de este gobierno, todos los sabemos, es su falta de ética, su decencia tan solo aparente, por no mencionar otros defectos. Aunque también, como lo han dejado claro las Cortes, ha rasgado la ley con sus abusos.

1. ¿En qué se identifica y en qué se diferencia su política de la seguridad y por ahí derecho, de Paz, de la del ciudadano Presidente? Esa sería una primera pregunta.

Si es que piensa o piensan, usted y los compañeros Fajardo, Peñalosa y Garzón, que eso les dará muchos votos entre el electorado uribista, déjenme decirles que a muchas otras personas nos espanta la idea de que el único lenguaje para resolver el menudo problema del conflicto con las Farc sea el de la guerra. ¿Es que nuestro líder humanista no cree en el recurso del diálogo? ¿La imaginación se queda corta para crear nuevas fórmulas de resolución del conflicto armado? ¿La nueva política es incapaz de hacerlo?

¿Por qué no ensayamos con la cultura, y hacemos un gran encuentro cultural, sin armas, entre la sociedad civil y los hombres y mujeres que están alzados en armas, en todo el territorio nacional? Declare una amnistía de 48 horas para que nos podamos encontrar en ese espacio, y después que siga el conflicto, mientras ustedes piensan. ¿No sería un bonito experimento, señores científicos?

2. ¿Por qué el no tajante al acuerdo humanitario? y ¿cuáles son sus argumentos y propuesta alternativa para acabar con el bochornoso inri del secuestro y las violaciones al DIH como característica nacional?

Pareciera que al equipo de Antanas le hacen faltan las Ciencias Humanas, lo cual sería muy raro, pues desde la Universidad Nacional se han preparado desde hace años sesudos análisis de la histórica violencia colombiana y al menos una docena de analistas –casi todos publicados por la Nacional- han proporcionado interpretaciones interesantes y útiles para abordar el conflicto dentro de un escenario de negociación.

Y para finalizar, otro punto en el que Mockus resulta terriblemente uribista es el tema de la salud. Yo todavía no he entendido esto: ¿Por qué es que al Partido Verde le parece defendible la reforma del gobierno a la salud –basada en una ley de emergencia que también tumbó la Corte, según entiendo?

Una amiga que sabe mucho de esto está furiosa y echa pestes contra Mockus por apoyar ese engendro. Que el problema es de plata, es lo que le entendí en el debate de El Tiempo y la W, hace unos días, pero de nuevo: ¿No hay otra solución posible donde no sea la gente la que pague con su vida el ajuste? ¿Es más sagrado el sistema que la vida?


miércoles, febrero 17, 2010

Va llegando la hora




Sí, sí. Va llegando la hora. Un grano de arena con otro grano de arena; un susurro con otro susurro; un rumor que fue creciendo a lo largo de dos siglos, y un grito que ya nadie puede acallar. El viejo sueño se sacude el polvo y el escepticismo y se levanta dispuesto a ser Realidad, pero una realidad mejor, más humana, más amable, más bonita, más parecida al sueño que a la pesadilla.


Para llegar aquí muchos y muchas tuvieron que joderse, expuestos a la burla y a la incredulidad. Un hombre llamado Orlando, nacido en estas tierras pero de hablar pausado, comenzó a buscarlos a todos y los reunió en la memoria, trayéndolos desde el pasado y presentándolos como lo que fueron: pioneros y pioneras de este cuento.

Orlando debe estar ahora esbozando desde allá una sonrisa de satisfacción ante la inminencia del gesto: un millón de votos, y aun cuando sean menos, será un logro grande. Ojalá se le ocurra hablarle en sueños a las personas que hoy nos lideran para que no pierdan el camino, para que no yerren, y si lo hacen, para que corrijan, y si no corrigen, para que respondan.

Va llegando la hora de la verdad, la hora del té, del territorio, de saber quiénes somos y de lo que somos capaces. Ya una vez dimos un paso que fue ejemplo de planificación regional, paso que luego se deshizo, pero que habrá dejado lecciones. Ahora no hay marcha atrás. La escalera sólo puede ser ascendente: Del voto a la LOOT, de la LOOT a la RAP y de la RAP a la RET. (averigüen que es tanta sigla, para eso está google)

¿Y después qué? preguntan algunos. En el peor escenario, el de los pesimistas de hoy, la Región seguirá siendo tanto o más pobre de lo que es; los políticos de siempre seguirán atracándonos cada vez que puedan y llenando sus chequeras con la plata de todos. Sus cargos serán otros pero su desempeño será el mismo, ahora con más autonomía para robar y engañar. ¿Es eso lo que dejaremos que pase?

En el otro escenario, que también es posible, la Región Caribe podrá ser modelada a nuestra medida, sin más límites que los que imponga la necesaria unidad con la nación y el respeto a la soberanía del país. Pero conscientes de nuestra propia soberanía dentro del Estado y la Constitución, podremos decidir cómo y con quién gobernarnos, cómo administrar mejor este territorio y sus inmensas riquezas, cómo y dónde invertir las regalías y los impuestos, y entre todas, pero todas las fuerzas sociales, trazar un plan para darle cumplimiento a esos 11 puntos del Compromiso Caribe, que ahora parecen casi imposibles de cumplir.

Desde aquí estaremos animando, informando, vigilando, opinando y multiplicando las voces positivas, las acciones constructivas y las propuestas visionarias. Como aquella que dice que debemos apuntar a un desarrollo "incluyente y sostenible".

jueves, enero 14, 2010

Avatar


Desde La Guerra de las Galaxias, Blade Runner, Alien y quizás, Matrix, el cine de ciencia ficción no nos ofrecía un plato tan delicioso como este, preparado pacientemente por James Cameron durante más diez años.

Pero si la crítica mundial y el público la han respaldado con elogios y entradas masivas, no es sólo por los méritos técnicos y estéticos, que obviamente, la película tiene de sobra, sino por algo más que eso, y es una lástima que los comentarios de la prensa colombiana se estén concentrando sólo en el récord de taquilla y en la comparación con la que tuvo Titanic.

Avatar es una película oportuna, en el sentido de que llega a las pantallas en un momento en que sectores cada vez más amplios de la sociedad se están cuestionando el asunto del agotamiento de los recursos de la Tierra y la relación que los humanos tenemos con ella. En la superficie, la película se trata de una batalla entre marines y Na’vis, con avatares (que en este caso son como alter egos de los humanos en el cuerpo de los nativos) atrapados en medio de los dos bandos. Un poco más allá de la superficie, la historia habla de la ambición de un país, los Estados Unidos --que pretende siempre actuar en nombre de la humanidad—por obtener ganancias de un recurso escaso que abunda en el planeta Pandora; de una científica que está tratando de entender ese mundo asombroso, y de la lucha de una especie por proteger su hogar de la destrucción que viene con las excavadoras.

Pero en esencia, la historia nos recuerda la conexión profunda entre todo lo viviente. La bellísima metáfora de la unión con plantas, animales y tierra a través de las hebras del cabello; la importancia de conocer y no alterar esas conexiones y la presencia cierta y respetable de un ser superior, en este caso Eywa, la gran Madre creadora, lo que hacen es poner en un lenguaje claro y atractivo para el público un mensaje que la ciencia y el movimiento ambiental de todo el mundo ha tratado de insertar en la conciencia colectiva en los últimos 50 años.

Los Na’vi y su mundo increíblemente bello son la metáfora de lo que la humanidad perdió hace mucho tiempo y es ese conocimiento y esa relación de iguales que saben mantener con el entorno natural, donde nadie es superior a nadie y todos dependen de todos. Y aunque es inevitable pensar que muchos pueblos indígenas todavía conservan esa capacidad, la película se encarga de recordarnos cuán frágil es ese reducto de saberes frente al poder de la empresa extractiva y sus aliados militares.

Personalmente lamento que la cinta caiga también en las gringadas de siempre: despliegue de armas, mesianismo blanco y algunos lugares comunes, como flechas versus tanques, pero esto es conjurado con un desenlace inesperado que en últimas es fiel al sentido original de la película y deja en la memoria el sabor bonito de algo que vale la pena volver a mirar.

Avatar es un buen ejemplo de lo que el arte cinematográfico puede hacer cuando tiene algo que decir. Que El Vaticano haya salido a descalificarla, antes que un handicap es un elogio para la película.

sábado, diciembre 26, 2009

Balances y desbalances


Por Mara del Río.


El Centro quiere decir algo, hace rato, y no lo escuchan. Al Museo del Caribe, que está allí, diciendo todo, no lo leen, y el Transmetro, que debería decir algo si en verdad quiere poner su grano de arena para un cambio cultural en la ciudad, no piensa decirlo.



La recuperación del Centro, la construcción del Transmetro y el Museo del Caribe son tres temas sobre los cuales la ciudad debería ponerse a pensar seriamente. Lo digo porque si vamos a hacer un balance de cómo le fue a la ciudad en estos grandes frentes en el año que termina, tenemos que decir que el balance es preocupante.

El manejo del Centro –histórico o no—en este último año no varió sustancialmente de lo que veníamos viendo y padeciendo década tras década. Se hicieron más obras, se pavimentaron más calles, se “invirtieron” recursos, se adjudicaron contratos, se hicieron anuncios y se ensayaron medidas… pero a la situación del Centro en aspectos como la habitabilidad, la seguridad y sobre todo, la calidad de vida para sus habitantes, no se le ve tratamiento de fondo.

No se conoce una política social para el Centro; no se habla de servicios para la población que circula diariamente por allí; no se habla de escuelas ni de guarderías ni de servicios de salud ni de soluciones dignas para los habitantes de la calle ni de programas de atención integral para niños y adolescentes que prevengan el consumo de drogas en los barrios aledaños y en el centro mismo. Ni siquiera de sanitarios públicos, que es lo mínimo que puede ofrecer una ciudad que se diga moderna y competitiva. Ni qué decir de campañas educativas que promuevan la apropiación real de las obras y proyectos que allí se ejecutan por parte de los ciudadanos, o que se preocupen por recoger la memoria de este importante sector a través de sus relatos urbanos e historias de vida.

Qué pena encontrar tantas carencias en el manejo de un asunto que atraviesa el corazón mismo de la ciudad y revela el talante de sus administraciones, pero así es, y estas debilidades están conectadas con los otros temas a los que me refiero al comienzo de este artículo: el Transmetro y el Museo del Caribe.

El 12 de diciembre El Heraldo publicó en primera página los resultados de una tertulia promovida por el periódico sobre el proyecto de transporte masivo de Barranquilla, noticia que se tituló con la frase de Alvaro Osorio, gerente de la empresa: “Transmetro traerá un cambio cultural a Barranquilla”. Leyendo la nota, sin embargo, no se encuentra por ninguna parte una mención a las actividades de educación o “cambio cultural” realizadas o promovidas por el proyecto. La tertulia se había desarrollado en torno a temas como el sistema electrónico de control, las rutas, el combustible, el programa de chatarrización, el sistema de localización satelital y otros detalles técnicos de la operación del sistema, todos muy importantes para el funcionamiento del mismo; es decir, nada que no deba tener un sistema de este tipo en cualquier lugar del mundo. Solo que en otras ciudades –ni siquiera del mundo sino del país, verbigracia Medellín—la implantación de los sistemas de transporte masivo conllevan un programa de información y educación a los futuros usuarios, aspecto que aquí brilla por su ausencia.

La ciudad no ha visto una campaña masiva que involucre a colegios, universidades, empresas y público general sobre las condiciones del servicio, horarios, funcionamiento de las estaciones, normas de comportamiento dentro de ellas, el cuidado de los buses y otras cositas que son de interés apenas obvio para quienes lo van a utilizar día tras día. Quizás me haya vuelto lenta para captar ciertas cosas, pero no entiendo cómo es que el Transmetro le va a “traer un cambio cultural a Barranquilla”. ¿Es capaz la sola infraestructura de producir tales milagros?

En cuanto al Museo del Caribe, el asunto es de otro orden: el que se anunció y se inauguró como el proyecto cultural más importante del Caribe colombiano y uno de los más interesantes del país, ha tenido un tibio recibimiento por parte de la región y de la ciudad misma. Lo primero no es de extrañar si se tiene en cuenta que hasta ahora el museo no ha podido lanzar (seguramente por falta de presupuesto) una campaña de divulgación y promoción en todas las ciudades caribeñas, y no ha sacado tampoco la exposición itinerante que se anunció al principio, pero que la ciudad que lo hospeda no se muestre interesada en la nueva institución es sencillamente lamentable. Y no me refiero únicamente a la cifra de visitantes que recibe sino al impacto de la exposición sobre la opinión pública, sobre el sector educativo y sobre el mundo cultural de la ciudad.

Se reconoce, sí, como un nuevo y atractivo sitio para visitar en la ciudad, y lo mostramos con orgullo a los foráneos, pero como institución cultural el el museo no ha tenido impacto. No es falso afirmar que en la prensa local, en revistas y otros medios de comunicación como la radio, la web y la televisión, son muy escasos los comentarios, notas críticas o referencias a los contenidos y formas narrativas que propone el Museo para mostrar la historia, la naturaleza y la cultura de la región Caribe. ¿Qué concepto les merece a los músicos de la ciudad la pieza de Einer Escaf y la puesta en escena de la Sala de la Expresión? ¿Qué opinan los académicos y los investigadores sociales sobre las exposiciones de las salas Acción y Gente? ¿Cómo lo han recibido los estudiantes que a diario acuden al museo? ¿Qué feedback ha recibido éste de sus visitantes?

Son preguntas que me surgen luego de ocho meses en los que la ciudad ha tenido tiempo de conocerlo y de hacerse, al menos, a una primera impresión que sirva para generar, al menos, un intercambio de ideas en torno a la narración del Caribe que allí se propone. La apatía que hasta ahora la ciudad demuestra hacia el museo no es consecuente con el trabajo realizado por los estudiosos más importantes del Caribe, e induce a pensar que esta ciudad es refractaria a los cambios y a los debates culturales.

Los medios, como dije antes, tampoco ayudan, pues se limitan a reproducir la información que el museo les entrega sin ampliar nada ni profundizar en ningún tema, ni de forma ni de fondo. Los periódicos y revistas nacionales también toman el camino fácil; ninguno ha producido un informe propio que le muestre al público alguna de las muchas joyas temáticas que contiene el museo.

Por eso causa tanta extrañeza la afirmación del gerente del Transmetro, porque si ni siquiera el Museo del Caribe, que es una institución pensada para producir cambios culturales, parece lograrlo, qué se deja para un proyecto cuya única función es llevar gente de un lado a otro.

Digo que la ciudad debe pensar en todo esto seriamente porque no puede ser que a estas alturas sigamos concibiendo el desarrollo como un asunto de obras y no de procesos. Al centro podrán recuperarlo mil veces y mil veces se perderán las inversiones si no se trabaja también con la gente, con sus realidades y sus expectativas, con su historia y sus visiones de futuro. No se requiere nada del otro mundo ni sería necesario contratar expertos de afuera porque la ciudad tiene mentes y manos para hacerlo. En las universidades abundan los equipos de trabajo y los insumos para ponerle contenido a los moldes de cemento.

El Centro quiere decir algo, hace rato, y no lo escuchan. Al Museo del Caribe, que está allí, diciendo todo, no lo leen, y el Transmetro, que debería decir algo si en verdad quiere poner su grano de arena para un cambio cultural en la ciudad, no piensa decirlo.

jueves, diciembre 03, 2009

Alianzas que esperanzan

Cantaclaro se suma desde Barranquilla a la iniciativa de la Alianza Ciudadana por la Democracia, que radicó ante la Honorable Corte Constitucional una respetuosa solicitud en defensa de nuestra Constitución y en contra del referendo reeleccionista. La Alianza Ciudadana por la Democracia solicita a la Corte que declare la inconstitucionalidad de la Ley 1354 de 2009, que convoca al pueblo a un referendo para la segunda reelección.


La petición se basa en que la Ley 1354 tiene innumerables
vicios insubsanables en el proceso de recolección de firmas, en el trámite ante las Cámaras, y de competencia, al desbordar las funciones que la Constitución le asigna al Congreso de la República. Por ello, en virtud de lo dispuesto en los artículos 40 y 95 de la Carta política, solicitamos respetuosamente a la H. Corte Constitucional que se convoque una AUDIENCIA PÚBLICA en la cual se invite a participar a distintos voceros de la sociedad civil y de la ciudadanía.

Para promover la petición ciudadana se realizó hoy e

n el Centro Cívico de Barranquilla un plantón y "firmatón" en el que además se suministraron vacunas simbólicas para evitar el contagio de la "reformitis aguda" con un Re-Constituyente primario.

En las fotos, Fabio Monroy aplicando la vacuna y varios ciudadanos estampando su firma en la solicitud.

martes, octubre 13, 2009

Plumas invitadas: Sara Harb

Atendiendo la invitación de Cantaclaro a compartir textos y pretextos, la cineasta barranquillera Sara Harb nos ha enviado esta pieza que interpreta, estamos seguros, el sentir de muchos habitantes de esta ciudad donde el silencio es, cada día más, una rara avis.


Vigilia estridente


El ruido es insoportable. No hablo solamente de los decibeles a los que sus habitantes escuchan la música o hablan, no. Hablo de un rugido permanente con el que se convive.

Si en esta ciudad se hiciera un registro de los sonidos durante veinticuatro horas, se podría grabar un verdadero caos que empieza a la medianoche con el estruendo de motocicletas que a esa hora pasan conducidas por jóvenes de estrato seis cuyos padres se las regalaron en navidad y no han tenido oportunidad de correr. Se trata de motocicletas de un

a cilindrada que permite rodar a una velocidad tal que no se explica uno como no se matan en el intrincado y estrecho laberinto que son las calles de Barranquilla, que tiene trampas y huecos tan conocidos que para andar a pie o en carro es necesario conocerlos de memoria, como jugando la misma partida del viejo Mario Bros.

Cuando se aleja la moto queda flotando su ruido sobre un lastimero y ominoso vallenato que sale, si no de una cuatro puertas, de un karaoke de algún frustrado cantante que ha decidido organizar una fiesta en el patio de su casa para mostrar a sus conocidos su talento y toda la noche, hasta el amanecer, prueba sus dotes.

A las tres de la mañana, intentando entonces recuperar las horas de sueño perdidas, y ya casi a punto de lograrlo, el camión que recoge las basuras entra a la cuadra dando corcoveos. Las palancas que hacen que se trague la carga hedionda producen sonidos metálicos secos como de piñones que chocan cuando se pone en movimiento.

Habiendo recuperado el sueño, cuando apenas empiezo a adentrarme en mi subconsciente, hace su aparición por la calle trasera del edificio un bus de servicio público que grazna como un viejo fumador acabado de levantarse; se detiene dando un frenazo cuyas bandas emiten un sonido que ha logrado espabilarme completamente.

A tres casas del edificio donde vivo se alza la construcción de otro donde sin ningún permiso ni consideración, ni intención de respetar el silencio del entorno, un trabajador y sólo uno, se pone a romper un bordillo con un cincel, a las cinco y media de la mañana. El martillazo sobre la piedra retumba no sólo en toda la manzana sino que ha logrado estremecer mi masa encefálica como para ponerme en la punta de los nervios.

Ya a las seis, entrados en confianza, los buses que mientras amanecía hacían un esfuerzo por no sonar tanto, a esta hora son una algarabía de pitos que confirma sin recato su permanente abuso no sólo del espacio público sino su negligencia por respetar el silencio que es un derecho de todos.

A las siete y media se alza una mezcla de bocinas de carros, buses y motos, cascos de caballos, gritos, pregones, frenazos, que llega hasta el medio día.

Los poquísimos minutos de silencio entre la una y las dos de la tarde los atraviesa un abuso encarnado por un tipo en una carreta que clama por aparatos usados, especialmente baterías de carros y electrodomésticos viejos que dice comprar pero que todos saben que es un parapeto para robarse lo que queda mal puesto en las aceras, especialmente de los edificios y casas en construcción. Este auriga impertinente de megáfono y voz obscena termina con el estado plácido y corazón contento que produce la barriga llena.

Cuando se intenta restablecer la calma de la siesta, que efectivamente todavía es costumbre en esta ciudad, un melancólico trabajador de algún local comercial de los que hay regados por todas partes en esta ciudad sin distinción de barrio residencial o sector comercial, o a algún lavador en cualquier garaje, se le da por abrir las puertas del carro que limpia y pone a todo volumen un ripioso vallenato para que el mundo entero sepa que está enamorado o que tiene una pena de amor.

Ya a esta hora, pitos de buses y carros, rugir de motos, carreteros con megáfonos, martillazos sobre cemento, taladros mecánicos, negras vendiendo bollos y alegrías, hombres que gritan aguacates, todos, hacen que el ruido en la ciudad llegue a su clímax.

Al final de la tarde esto se convierte en un zumbido gigantesco y largo como el volar de un animal prehistórico enorme que lo llena y lo cubre todo.

Ese zumbido que pareciera no tener espacio para nada más, recibe el aporte de los perros vecinos que en la tarde ladran y aúllan para que les den de comer. La banda de cotorras, que vienen a pasar la noche en el palo de mamón que hay frente al edificio, también hace su aporte.

Pareciera que todo ese estropicio sucediera en una ciudad que no tiene espacio para oír el sonido de la naturaleza. No se sabe como es el silencio aquí.

Los pájaros se las ingenian en la mañana y en la tarde para apoderarse de los segundos que quedan de silencio en este escenario atiborrado de ruidos que es la ciudad.

Finalmente, las únicas horas plácidas que quedan en un día, si no es fin de semana, están entre las diez y las doce de la noche, antes de que aparezca el aburrido adolescente, que en contradicción con la vida, desafía con su moto al azar y juega a no quedar estampillado en cualquier esquina.

martes, octubre 06, 2009

A esto le faltaba pueblo



Por Patricia Iriarte

La agenda de la integración del Caribe colombiano nunca había estado más movida: El 8 y 9 de octubre próximos el Observatorio del Caribe realizará en Santa Marta un acto que ha denominado “Compromiso Caribe; de la Liga Costeña al Fondo de Compensación Regional”, en el cual presentará la propuesta técnica de un instrumento que se considera el primer eslabón para alcanzar el objetivo de superar las hondas inequidades existentes entre el centro del país y las regiones.

Para el 10 de octubre la Asociación de Gobernadores está organizando un foro y una Fiesta de la Integración para celebrar desde Barranquilla el Día de la Región Caribe; y entre el 30 de octubre y el 1 de noviembre se realizará en Riohacha el IV Congreso por la Autonomía Regional con perspectiva de género, derechos humanos y etnias, evento que tuvo esta semana un antecedente local con la realización de la reunión Consultiva de Barranquilla.

¿Qué relación tiene el Fondo de Compensación con la Liga Costeña, por qué se escogió el 10 de octubre como el día de la Región Caribe y por quién y cuándo se realizaron ya tres Congresos por la autonomía regional?

Todas las preguntas tienen su respuesta en la historia de la región: el 10 de octubre de 1821 los realistas se rinden y le entregan Cartagena a los patriotas tras un prolongado sitio de las tropas libertadoras, poniendo fin a tres siglos de dominación española. Consideran los historiadores que en el fragor de esa campaña militar fue surgiendo entre los habitantes de esta región un espíritu de solidaridad que pronto comenzó a tener expresiones políticas. La Liga Costeña, con una declaración fechada en 1919, fue un frente común entre sectores políticos y la prensa de ese entonces para protestar ante poder central de Bogotá por la adopción de medidas que lesionaban los intereses de la Costa. Por último, los congresos del movimiento social por la autonomía tienen que ver con una importante pero no siempre reconocida participación de los sectores populares en la causa regional, participación que en los últimos años ha sido jalonada por las mujeres.

Cada década, y casi cada lustro de la historia, trae una lista de mujeres que formaron organizaciones feministas y grupos de trabajo para hacer activismo, fundar periódicos e incursionar en lo que hoy se llama incidencia política. Investigadoras como Yusmidia Solano se han encargado de escudriñar esa nómina de pioneras desde la época de la Independencia hasta hoy, rescatando nombres como el de Juana Julia Guzmán, las Mujeres de Perrenque y muchas otras que a partir de los años 70 lucharon a la par de los hombres para conquistar derechos y levantar las banderas de la región.

La Red de Mujeres del Caribe, RMC, que organiza el Congreso de Riohacha, es una organización de origen comunitario que desde el 2005 viene trabajando el tema de la regionalización entre las organizaciones sociales no sólo de mujeres sino también mixtas, pero que no había tenido la visibilidad que comienza a tener ahora, cuando sus promotoras han comenzado a mostrar el trabajo y a invitar a más y más sectores a participar del proceso.

Hace cuatro años, cuando comenzó la masiva capacitación de promotoras y promotores en materia de regionalización me invitaron a participar en la Red como comunicadora y periodista independiente, y como tal colaboré en las labores de divulgación de los congresos regionales que organizó la Red en Tolú y Santa Marta en el 2006 y 2007 respectivamente. Para el Tercer Congreso, que se realizó en Barranquilla el año pasado con la participación de organizaciones afrocolombianas, indígenas, campesinas, juveniles, educativas e iglesias, entre otras, no fue fácil convocar el interés de las instituciones de la ciudad ni de los medios de comunicación, que le dieron una escasa cobertura al tema.

Caso distinto, por fortuna, a la atención que mereció la suscripción del Compromiso Caribe a finales del 2007 en Barranquilla por parte de los tres alcaldes distritales y casi un centenar de personas de la academia, la política, los gremios y medios de comunicación, principalmente.

Una visión inmediatista y limitada nos impedía ver que al mismo tiempo que el Observatorio del Caribe y el Banco de la República hacían talleres regionales que arrojarían como resultado el Compromiso Caribe, y que el Gobernador del Atlántico desplegaba esfuerzos para convencer a su colegas de hacer un frente común, la RMC realizaba talleres en barrios y centros comunitarios de Sincelejo, Santa Marta, Montería, Valledupar y Riohacha. Es decir, que a lo largo de estos años han corrido paralelos tres procesos que apuntan hacia el mismo objetivo pero que no dialogan entre sí. Por eso se ha señalado en diferentes ocasiones, como factor de fracaso o de lentitud en la realización de este sueño, que al proyecto de región le ha faltado pueblo.

Es cierto que existen resquemores y prejuicios mutuos que han impedido y que todavía dificultan el acercamiento de estos importantes sectores de la sociedad caribeña. Pero tan influyente y preparada fue la dirigencia que surgió en los 80 y que libró batallas ya históricas por la construcción de la región, como luchadoras y electoralmente decisivas han sido las capas de población que hoy se movilizan por el tema de la autonomía regional porque han visto en su realidad inmediata los resultados del centralismo o de la mala descentralización.

Los primeros creían que a los segundos el tema les era ajeno, y que, ocupados en resolver las necesidades fundamentales, la gente del pueblo no se cuestionaba ni se planteaba como una preocupación si la región Caribe debía ser o no un ente territorial con autonomía para gobernarse y administrar sus recursos. Los segundos veían siempre en los primeros el interés mezquino de quienes buscan usufructo o simplemente utilizan esta bandera para propósitos electorales.

Se trata de dos lenguajes diferentes, de dos mundos que históricamente han estado enfrentados, pero hoy las mujeres nos están llamando a superar ese fraccionamiento para reconocernos y presentarnos finalmente ante el país como una región integrada, clara en sus propósitos y decidida a remover los obstáculos que nos han mantenido en el atraso económico y social. Porque mucha tinta ha corrido ya sobre el tema y mucho amague le hemos visto hacer a los políticos sin que metan todavía el gol decisivo. Que muevan el balón, que lo entreguen y se atrevan a jugar en equipo con las mujeres y el resto de la selección.
Publicado en la revista Dominical de El Heraldo. Nº 1445. Octubre 4 de 2009, pág. 12

jueves, septiembre 10, 2009

La visita del año

Más que un visitante ilustre o un huesped de honor, Edgar Morin fue de Colombia -amén de Barranquilla- un visitante ilustrador e inspirador en estos tiempos de pragmatismo salvaje, embelecos intelectuales y exabruptos como el "Estado de opinión".

Con una interesante trayectoria política e intelectual, el filósofo francés de origen judeo-español (sefardí), estuvo en Colombia lanzando piedritas a las quietas aguas de la pedagogía nacional y a otras no menos estancadas, tanto de izquierdas como de derechas.

Al Teatro de la Universidad Simón Bolívar el viejo pensador llegó, la noche del lunes, en guayabera, pantalón de dril y sandalias sin medias, imagen de alto contraste con la rigidez de un acto que hubiera pasado por una sesión solemne de no haber sido por sus 40 minutos de charla sobre las preocupaciones del mundo y de la sociedad de hoy.

Un hombre de pensamiento complejo

(Adaptado de Wikipedia)

El pensamiento de Morin se basa en la idea de las Tres teorías, en la cual argumenta que todavía estamos en un nivel prehistórico con respecto al espíritu humano y solo la Complejidad puede civilizar el conocimiento. Ella –la complejidad- nos permite adentrarnos en el desarrollo de la naturaleza humana multidimensional.

Morin introduce en la ciencia conceptos como aleatoriedad, información en el ambiente y sujeto creativo, y ve los fenómenos integrados en el énfasis de las emergencias e interacciones y no en las sustancias.

Sus postulados abordan el conocimiento como un proceso que es a la vez biológico, cerebral, espiritual, lógico, lingüístico, cultural, social e histórico, mientras que la epistemología tradicional asume el conocimiento sólo desde el punto de vista cognitivo.

Sus obra más conocida en América Latina , Los 7 saberes necesarios para la educación del futuro (2000), realizada para la Unesco, se ha convertido en referente obligado para las ciencias de la educación.

De ella extraemos:

VII: La ética del género humano

"La ética no se podría enseñar con lecciones de moral. Ella debe formarse en las mentes a partir de la conciencia de que el humano es al mismo tiempo individuo, parte de una sociedad, parte de una especie.

Llevamos en cada uno de nosotros esta triple realidad. De igual manera, todo desarrollo verdaderamente humano debe comprender el desarrollo conjunto de las autonomías individuales, de las participaciones comunitarias y la conciencia de pertenecer a la especie humana.

De allí, se esbozan las dos grandes finalidades ético-políticas del nuevo milenio: establecer una relación de control mutuo entre la sociedad y los individuos por medio de la democracia y concebir la Humanidad como comunidad planetaria. La educación debe no sólo contribuir a una toma de conciencia de nuestra Tierra-Patria, sino también permitir que esta conciencia se traduzca en la voluntad de realizar la ciudadanía terrenal."

Ver este enlace:

http://unesdoc.unesco.org/images/0011/001177/117740so.pdf

sábado, agosto 01, 2009

Nihtho Cecilio o la memoria del color


Desde que se inauguró su exposición “Tributo al color rojo. II parte”, en el Centro Cultural Comfamiliar, Nihtho Cecilio fue casi cada día a la galería y pasaba allí muchas horas. Uno de esos días fui con mi hija para ver la muestra con la calma que no permite el coctel de la primera noche, y ante mi sorpresa de encontrarlo allí, me contó la anécdota del pintor francés Pierre Bonnard, quien siendo ya famoso sobornaba a los vigilantes del museo donde estaba su obra, y pincel en mano se dedicaba a retocar sus lienzos. Me confesaba, de esa manera, que era un inconforme permanente con su obra y que al igual que Bonnard, pensaba que las pinturas nunca estaban del todo terminadas. De hecho, si algo caracteriza a este pintor en nuestro medio artístico es que trabaja en sus cuadros hasta último momento y esto quiere decir incluso cuando ya están colgados.

Sentados en el piso de la galería Nihtho Cecilio me cuenta, a su manera, sus inicios en la pintura. Y a su manera es con la importancia de los colores en los primeros años de su vida, allí en el Barrio Abajo: “Un lugar terriblemente hermoso, cuando la Tierra giraba a menor velocidad y la felicidad era nuestra compañera de juegos y las casas permanecían libres de rejas y el canto de las sirenas se escuchaba reciente y no había sido reemplazado por el llanto de las sirenas metálicas”. En ese barrio que todavía no lo abandona, recibió a los cinco años su bautizo de luz cuando el amarillo brillante que un congo llevaba en su vestido lo encandiló mientras jugaba con sus hermanos. Ataviado con su capa y con una muñeca en las manos, el congo se detuvo un momento frente a la puerta de su casa y esa imagen se quedó en él para siempre. Como se quedó el azul indefinible que otro personaje de fantasía, la marimonda, llevaba en su chaqueta el día en que se detuvo ante él y escondido tras la máscara, le guiñó el ojo. Era el tiempo en que las primeras comparsas de carnaval recorrían la Calle de la Felicidad, la misma que desde entonces también le da nombre al arroyo.

Y a propósito de nombres, no puedo evitar preguntarle de dónde viene su original apelativo y me cuenta que su nombre de pila (bautismal) es Alberto Enrique Escobar Ospino, pero su abuela lo llamó desde niño con el curioso nombre de un torero muerto en el ruedo, al que luego se agregó el de Cecilio, por un amigo que renegaba del suyo.

¿Desde cuándo pintor?
Desde los 7 años, sin que aún le mudaran todos sus dientes (“porque fui retardado dental”, dice con su jocosidad habitual), cuando, solo y a escondidas, se propuso aprender a dibujar para emular a sus hermanos mayores, quienes al principio no creyeron que él fuera el autor de dibujos tan perfectos. Tuvieron que verlo pintar delante de ellos para admitir que el menor de sus hermanos ya les aventajaba en este arte.

Cuando tenía 10 años, la lectura de un artículo sobre Vincent van Gogh en una revista Selecciones le acentuó la obsesión por la pintura y fue tan clara su vocación que se ganó el derecho a comenzar sus estudios de pintura en Bogotá. Luego volvió a Barranquilla para ingresar a la Escuela de Bellas Artes, donde se hizo maestro en artes plásticas.

Pero volvamos al color. De esa explosión cromática que es el carnaval de Barranquilla viene su atracción por el tema, que está presente en su obra desde 1982. En ese entonces le dijeron que pintar congos y toritos era lo más ordinario y chabacano que se le había podido ocurrir, pero él no se dejó amilanar y lo que hizo, a lo largo de estos años, fue integrar el carnaval y sus personajes a los otros temas que la vida va dictando: el desplazamiento, la violencia, la corrupción. Es así como ese desfile de marimondas, toritos, congos y disfrazados termina siendo el retrato de la sociedad toda, que no quiere enterarse a veces de lo que ocurre más allá del carnaval.

Junto al azul y al amarillo está el rojo, arraigado también en su memoria como la bandera roja de una danza, el rojo de una falda, el fuego de un incendio en su barrio y la sangre, que gotea desde siempre en su historia de hombre del Caribe, afrocolombiano y consciente de los dramas de su época. Esa mañana, junto a su obra “Tributo a los expulsados de la película” que simula una mancha de sangre en el piso derramándose desde una lata de película tricolor, Nihtho cuenta por qué desde el año pasado viene rindiéndole tributo al rojo con obras de gran formato que muestran marimondas ahogándose en la ciénaga, aguas teñidas de sangre y noches de miedo en las que la luna se refugia en los ranchos de los pescadores para huir de los asesinos.

“Fue en el año 1978 o 1979, en un conversatorio con Alvaro Barrios y otros pintores de la Escuela sobre la función del arte, cuando llegué a la conclusión de que esa función no podía ser solo estética sino también social, comprometida con una causa, y en este caso, el tributo al rojo es mi voz que se levanta contra el acto de matar, venga del extremo que venga”.

Detrás de estos cuadros sobre la masacre de Nueva Venecia, en la que el 22 de noviembre del año 2000 un comando paramilitar asesinó a 37 personas, hay una investigación


personal del artista sobre la comunidad de pescadores de la Ciénaga Grande, donde, asegura, por cuenta de los llamados “fresqueros” la esclavitud ha tomado nueva forma, en pleno siglo XXI. Pero esta preocupación social viene de tiempo atrás. Conmovido por la tragedia del desplazamiento forzado, el pintor barranquillero realizó en el 2005 la exposición “Tiempos difíciles”, en la que introduce en su obra el barquito de papel como elemento poético que habla de la fragilidad y el desamparo del desplazado en el mar de dificultades que su condición le impone.

En su próxima exposición, que veremos a comienzos del 2010, volverán con fuerza estos y otros temas plasmados en lienzos, instalaciones y pequeñas esculturas cargadas de denuncia e ironía, pero también de humor y de esperanza.

Nihtho es un artista en búsqueda incesante, y en ese afán la palabra es su aliada secreta. En su conversación la palabra es ya una bandera que ondea juguetona, ya un pez que se sumerge en el lenguaje para extraer de él sus posibilidades creativas. Lo cierto es que Nihtho anda siempre con un texto entre manos y asiste a un taller literario para pulir su escritura, de donde, si se obsesiona tanto como lo hizo con la pintura, quizás salga también un escritor de gran alcance.


Fotografías de Patricia Iriarte

martes, mayo 26, 2009

"Lo mejor está por venir"*

















* Eslogan de campaña del alcalde de Barranquilla, Alejandro "Alex" Char

Está por verse.
Fotorreportaje de: patriciairiarte

Mujeres de palabra. Armemos la espantosa

#ColombiaTieneEscritoras.  Colombia tiene mujeres en el ecosistema del libro y la lectura  Pronunciamiento de mujeres colombianas frente al ...