El lugar de Totó en la música y en el alma de Colombia

En el mes de septiembre fue presentado en diferentes ciudades del país el libro Cantando el Caribe colombiano: tradición y creación en la música de Totó la Momposina, publicado por la Universidad Tecnológica de Bolívar, la Universidad de Antioquia y el Ministerio de Ciencias. En esta edición publicamos el prólogo realizado por Patricia Iriarte para este volumen. 


Por Patricia Iriarte Diazgranados


La decisión de reivindicar o reconocer el lugar que algo o alguien merece ocupar en la sociedad suele expresarse en un acto administrativo, en una ceremonia de honores, en una canción, en el nombre de una calle, e incluso, en un objeto cultural llamado libro.

Este es el caso de este trabajo que en buena hora publica la Universidad Tecnológica de Bolívar y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación: Cantando el Caribe colombiano: tradición y creación en la música de Totó la Momposina, de Federico Ochoa Escobar, Juan Sebastián Ochoa Escobar y Carolina Santamaría-Delgado: un libro que establece, de manera argumentada y sensible el lugar que Totó la Momposina debe ocupar en el universo de las músicas colombianas, y más allá de ellas, en esa construcción cultural que llamamos la identidad nacional.




Con la partida de la Maestra Sonia Bazanta Vides, ocurrida el 17 de mayo de 2026 en la ciudad de Celaya (México), desde todos los rincones de Colombia y desde muchos países del mundo llegaron cientos de miles de mensajes de cariño, de admiración y de agradecimiento por parte de admiradores, artistas, agrupaciones musicales, alcaldías, gobernaciones, medios de comunicación y personalidades de la música en el mundo. Semanas después de la despedida final que se le hiciera en Mompox, los homenajes y tributos han continuado y continuarán seguramente a lo largo del año, con frecuencia acompañados por la pregunta: ¿qué va a ocurrir con el legado de Totó?

Muy pocos artistas colombianos han sido llorados simultáneamente por una cantadora de San Basilio de Palenque, un investigador de La Sorbona, un productor musical en Inglaterra, una cantante mexicana o una comunidad de seguidores en Alemania. Totó pertenece a esa categoría excepcional. Por eso la pregunta, legítima y necesaria, sobre el futuro de su legado, refleja una preocupación por algo que ya sentimos como un patrimonio compartido.

Este libro hace una extensa composición de lugar de la obra de una de las artistas más queridas y más importantes del siglo XX en Colombia, y lo primero que hace para ello es establecer el estado del arte de los estudios sobre Totó la Momposina (hasta ahora inexistente). Una vez hecho esto acomete la tarea de describir y analizar la trayectoria interpretativa, compositiva e incluso pedagógica de Sonia Bazanta Vides, rastreable en los álbumes, conciertos, publicaciones y documentales producidos por y sobre la cantora, como es caracterizada por los autores en el capítulo cuatro del libro.

El estudio fue realizado por un grupo de músicos e investigadores con formación en etnomusicología, antropología y estudios culturales, que venía trabajando de años atrás desde la academia los géneros musicales del Caribe colombiano[1], y, como lo comentan en el capítulo inicial,  comenzaron a encontrarse con Totó la Momposina por donde quiera que estuvieran indagando: “Si escribíamos sobre un artista mainstream y popular como Carlos Vives, la figura de Totó aparecía como un referente; si investigábamos sobre las Nuevas Músicas Colombianas, su obra había sido una de las inspiraciones del movimiento…”. Si eran las gaitas, aparecía Totó; si eran los bailes cantados, ahí estaba Totó; si era la música de bandas, Totó. Por todas partes se les aparecía, dicen los autores, la figura de esta artista polivalente.

De manera que la pregunta —agregan— se les hacía cada vez más perentoria: ¿Cómo no conocer en profundidad a Totó la Momposina y su obra musical? El grupo se empeñó entonces en mirar a fondo ese trabajo colectivo liderado por la cantadora, y entre más profundizaban en él, más encontraban respuestas que tenían que ver con la ruptura de las convenciones, con el cambio de los libretos con los que estábamos habituados a explicar estas expresiones culturales.

¿Qué era exactamente lo que había hecho Totó la Momposina, que no encajaba con las prácticas que habían documentado antes en sus investigaciones y trabajos de campo? Esa fue su primera pregunta de investigación, y este trabajo contiene las respuestas que fueron encontrando.

“Sin embargo, sentíamos que no comprendíamos bien su obra, ya que esta no encajaba en los cánones de las músicas tradicionales del Caribe colombiano, a pesar de haber sido nombrada una y mil veces como representante de estas tradiciones.” Es así como comienzan a encontrar las evidencias de las rupturas —y también de las síntesis— que están presentes en el proyecto musical que Sonia Bazanta forjó con su grupo.

La amplitud de la investigación realizada por este equipo es tal que no puedo extenderme en ella dentro de los límites de este prólogo, por lo cual voy a concentrarme en destacar algunos de los aportes, a mi juicio más importantes que hace el libro, no sin antes felicitar la idea de incluir en él los códigos QR que permitirán escuchar grabaciones perdidas y cortes fundamentales para comprender mejor los alcances del estudio propuesto por los hermanos Ochoa Escobar y por Carolina Santamaría-Delgado.

Gracias al abordaje que hizo el grupo de investigación al material de estudio, tanto desde la etnografía tradicional centrada en las personas, como de una etnografía del material sonoro de la agrupación (sin que esta sea la única herramienta metodológica que emplean, ni mucho menos), asistimos a una disección de cada una de las grabaciones realizadas por Totó la Momposina y sus tambores a lo largo de seis décadas. Es así como encontramos información no revelada antes sobre los repertorios, composiciones, hallazgos, arreglos y apuestas musicales impulsadas por la cantadora con el apoyo de su grupo y de quien fuera su manager por muchos años, el británico John Hollis.

Esa aproximación etnográfica arrojó un primer nivel de información, en sí mismo valioso pero no suficiente para responder a la pregunta que se habían planteado. Por eso, y con el apoyo de teóricos como Clifford Geertz (1996) y Stuart Hall (2014), el grupo realizó una descripción más ‘densa’ que iba tras los significados profundos de la producción musical —y cultural—  de Totó la Momposina, superando las interpretaciones que habían explicado superficialmente el fenómeno desde las aproximaciones folcloristas. En este trabajo el marco teórico y conceptual no se limita a examinar el problema de la representación de unas tradiciones musicales sino que se expande para abordar temas como la inter y la multiculturalidad, la gestión de la diversidad cultural, el lugar de la mujer en la sociedad y dos aspectos que resultan particularmente relevantes en el caso de esta artista: la circulación y la recepción, los cuales permiten analizar la manera en que los diversos públicos acceden a la obra, cómo la valoran y qué implica esa respuesta de las audiencias en términos de interculturalidad.

La siguiente declaración revela los alcances del proyecto investigativo que los autores se trazaron:  “… proponemos leer el proyecto de Totó la Momposina no solo como un proyecto intercultural, sino también como una apuesta decolonial, para la cual habría que analizar en detalle cómo se desenvolvió, qué se ganó y qué no en ese proceso, y a qué negociaciones tuvo que llegar.”

Con esa perspectiva rastrearon y analizaron los diferentes tipos de relaciones interculturales presentes en la obra musical de Totó, “de suerte que (fuera) posible interpretar la obra de la agrupación desde una perspectiva amplia que permita una comprensión más profunda de su producción artística y su legado, una aproximación que facilite superar el eslogan trivial de que Totó es “la personificación misma de la cumbia” o “la esencia verdadera del folclor colombiano””.

Y es entonces cuando siento una alegría profunda. Una alegría motivada por el hecho de encontrarme ante un aporte crítico comprehensivo, humanista y visionario acerca del trabajo musical liderado por Sonia Bazanta Vides. Un aporte que ya en el 2004 y en 2022, en el prólogo de mi libro, había invocado como justo y necesario con la trayectoria artística de la cantadora. Mi esperanza, con esa biografía de Totó, era provocar el deseo de estudiar con mayor profundidad las numerosas aristas que se desprenden de larga trayectoria artística de Totó la Momposina. Pues bien, aquí podrán encontrar los lectores y lectoras una revisión juiciosa, hecha con gran amor y respeto, de esas facetas de la personalidad artística y el talante cultural de la Momposina.


Totó la Momposina. Foto: Patricia Iriarte

Me emocionó, así mismo, encontrar un capítulo centrado en el silenciamiento de las voces femeninas en la esfera pública del Caribe colombiano, el cual registra un problema ya presente en la Literatura pero extendido a todos los campos de expresión donde las mujeres han incursionado. El capítulo rastrea en la historicidad de la experiencia de Totó como una mujer que elige cantar y liderar un grupo musical integrado por hombres en un contexto histórico y cultural como el que le tocó vivir.

Es en esta parte del libro cuando los autores proponen una definición de la “persona musical” de Totó como una cantora cuya voz y corporalidad “son una síntesis de la manera como performativiza su identidad artística, son el lugar donde, al fin y al cabo, reside el aura: ella, la cantora Totó la Momposina, es la obra cumbre de Sonia Bazanta Vides.”

Antes de finalizar quiero destacar otro de los aspectos incluidos en el análisis y es el que los autores referencian como el problema de las músicas tradicionales y su “techo de cristal”, lo cual les permite indagar en el por qué Totó y su agrupación no lograron un mejor reconocimiento económico ni un escalamiento a los circuitos musicales masivos en el país: “El relato sugiere que a lo largo de los años Totó ha sido bastante consciente de la existencia de una barrera invisible que no cede a pesar de haber hecho todos los esfuerzos que han estado a su alcance. No haberlo logrado completamente, después de haber estado sesenta años haciendo su música sobre los escenarios, dice mucho más sobre las flaquezas autoimpuestas por la herencia colonial de las audiencias colombianas que sobre el ímpetu y la audacia de Totó.”

Y es que si bien en la hoja de vida de Sonia Bazanta figuran reconocimientos importantes y doctorados Honoris Causa, ese techo de cristal no termina de ceder cuando depende de las leyes del mercado y estas se amalgaman con las flaquezas de las audiencias colombianas, como bien las definen los autores de este trabajo.

Por último, pero no menos destacable, es el libro de partituras que acompaña esta publicación, realizado expresamente con el fin de dejar una documentación, en notación musical occidental, de 18 piezas del repertorio de Totó la Momposina y sus Tambores. Este aporte sin duda va a facilitar el montaje orquestal de estas canciones, que hasta ahora no podían ser interpretadas por otras agrupaciones o ensambles por ausencia de las partituras, y va a servir como herramienta para el análisis musicológico, con todo lo que ello implica en términos de divulgación, de formación y de apropiación social de este patrimonio musical.

“Musicología, danza, antropología, sociología, estudios culturales, gestión cultural, son algunas de las disciplinas que se necesitarán para ir desglosando y aprendiendo todo lo que nuestra diva, sus músicos y sus agentes han hecho por la música colombiana y la cultura del Caribe colombiano”, escribía esta servidora en el prólogo a la tercera edición de la biografía. Con este volumen constato que mis deseos comienzan a verse cumplidos, y lo más importante: que con él hemos comenzado a hacerle justicia a nuestra diva descalza, a nuestra cantora mayor. En este momento de la historia, cuando ya su vida se ha apagado y su obra se hace inmortal, la aparición de este libro es un acontecimiento feliz que recibimos con enorme gratitud y para el que deseamos el más bello de los augurios porque se constituirá, sin duda, en una pieza clave para comprender y dimensionar la importancia de su legado.

 

Barranquilla, junio de 2026



[1] Carolina Santamaría es Maestra en Música de la Pontificia Universidad Javeriana, MA y PhD en Etnomusicología de la Universidad de Pittsburgh, con certificados en Estudios Culturales y Estudios Latinoamericanos. Federico Ochoa es P h.D. en Artes de la Universidad de Antioquia, magíster en Antropología y Maestro en Música con énfasis en Saxofón, y Juan Sebastián Ochoa es Maestro en Música con énfasis en Ingeniería de Sonido, magíster en Estudios Culturales y doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Pontificia Universidad Javeriana.




FILSAI, la feria insular del libro abre sus puertas

Con Barbados como país invitado, arranca este 15 de septiembre la octava edición de la Feria Internacional del Libro de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, que se extenderá hasta 20 de septiembre. 




Bajo el lema Sii iina wi, “Mar adentro, mirar dentro”, la FILSAI  reafirma su vocación caribeña y abre un diálogo entre las islas y otras orillas de la región, con el archipiélago colombiano como punto de partida para hablar de literatura, periodismo, medio ambiente, memoria, inteligencia artificial, identidad, lenguas, música, migraciones y los desafíos que atraviesan hoy al Gran Caribe.

Patricia Lara, Ana Bejarano, Karol Solís Menco, Fanny Howard, Cristina Bendek, Patricia Nieto, Jaime Abello Banfi, Mayra Santos-Febres, Amelia Archbold, Eduardo Lunazzi, Edson Velandia, Cyndi Celeste, Rómulo Bustos, María Matilde Rodríguez, Estercilia Simanca, Gina Borré, Harold Trompetero, Ethel Bent y Fadir Delgado, entre más de 60 invitados, hacen parte de la programación de la feria en 2026.

¿Dónde habita la verdad en un mundo atravesado por la inteligencia artificial? ¿Cómo cambia la conversación pública cuando avanzan la radicalización de los discursos y la desinformación? ¿Qué historias de la guerra colombiana siguen sin ser contadas? ¿Qué nos dicen el huracán Iota, la crisis climática y las transformaciones del territorio sobre la vulnerabilidad de las islas? ¿Cómo pensar el futuro del Caribe desde las propias islas? Estas son algunas de las preguntas que recorrerán FILSAI.

El lema Sii iina wi, “Mar adentro, mirar dentro”, pone las experiencias, memorias y saberes del Archipiélago en conversación con debates que atraviesan a Colombia, el Caribe y el mundo. Literatura y periodismo serán dos de sus ejes centrales, junto con una conversación cada vez más urgente sobre el territorio, el mar, el medio ambiente y las formas de habitar unas islas particularmente expuestas a los efectos de la crisis climática.


María Matilde Rodríguez: Creadora y líder de la Feria del Libro de San Andrés,
Providencia y Santa Catalina.


La verdad, la información y las nuevas disputas por la palabra estarán en el centro de encuentros como “¿Dónde habita la verdad? Discernimiento y conspiración en la era de la inteligencia artificial”, con Patricia Lara, Jaime Abello Banfi y Karol Solís Menco, y “Entre la manosfera y la vigilia permanente: activismo, periodismo y opinión”, con Ana Bejarano, Gina Borré Solano y Karol Solís Menco. A estas conversaciones se suma “Capítulos urgentes de una Colombia no contada”, que reunirá a Patricia Lara y Patricia Nieto para volver sobre historias del país que todavía necesitan ser narradas.

Desde las islas, “Heridas del mar: ese día supimos que en el mar se había desatado una guerra”, con Inge Valencia, Yoseth Ariza y Amelia Archbold, abordará las huellas que el narcotráfico y distintas formas de violencia han dejado en el Archipiélago y en el pueblo raizal. “Y todo voló: relatos del huracán Iota seis años después” regresará a la memoria de una catástrofe que transformó profundamente la vida de Providencia y Santa Catalina y pondrá sobre la mesa preguntas que siguen abiertas sobre reconstrucción, territorio, vulnerabilidad y cambio climático, de la mano de Harold Trompetero, Ethel Bent, Adriana Santos y Carolina Ethel.

El medio ambiente atravesará también otras conversaciones de FILSAI como una realidad inseparable de la vida insular. El mar como territorio, sustento, memoria y frontera; la relación entre desarrollo y conservación; la fragilidad de los ecosistemas; los efectos de la crisis climática y la necesidad de pensar el futuro de las islas desde quienes las habitan. En un Archipiélago Reserva de Biosfera, mirar hacia adentro implica también preguntarse qué estamos haciendo con el territorio que queremos legar a las próximas generaciones.

La literatura amplía ese mapa y pone al Caribe a contarse desde el Caribe. La puertorriqueña Mayra Santos-Febres conversará con Fadir Delgado Acosta en Mujeres salvajes del Caribe; Cristina Bendek participará en conversaciones sobre edición independiente y sobre la traducción de Un puente oscilante, de Ramabai Espinet; Rómulo Bustos, Estercilia Simanca, Camila Charry y otras voces de la poesía y la narrativa colombianas se encontrarán con escritores y lectores de las islas; y Cyndi Celeste, poeta y artista de spoken word de Barbados, país invitado de esta edición, llevará a FILSAI una obra atravesada por la identidad, la lengua, la pertenencia y la experiencia afrocaribeña.

Haití tendrá también un lugar central en “Haití, epicentro de la libertad”, con Karen Genschow, Yves Carlo Valéry y Cristina Bendek, una conversación que vuelve sobre la primera república negra independiente para interrogar su lugar en la historia política y cultural de la región y las maneras en que el Caribe ha sido narrado —y muchas veces silenciado— desde fuera de sus propias fronteras.

La música, la oralidad y las lenguas de las islas completan ese mapa. Edson Velandia y Adriana Lizcano compartirán una “Sabrosa conversación – Recetas para el aguante” junto a músicos del Archipiélago; Obie P., Félix Mitchell Gordon, Arkal Walters y otras voces locales harán parte de una programación que reconoce que el Caribe también se piensa, se cuenta y transmite a través de sus sonidos. La palabra escrita convivirá así con el creole, la narración oral, el spoken word, el gospel, el dancehall y otras expresiones que forman parte de la memoria viva de las islas.

Cindy Celeste, poeta y narradora barbadense
invitada a FILSAI 2026


El recorrido desembocará en “El Caribe mira hacia el futuro: What we sii iina wi? Cómo nos imaginamos el mañana, desde la antesala”, con Cyndi Celeste, Yves Carlo Valéry, Gina Borré Solano, Karol Solís Menco, María Matilde Rodríguez y Jaime Abello Banfi, moderados por Cristina Bendek.

La programación se desplegará en distintos espacios de San Andrés, entre ellos el Centro Cultural del Banco de la República, la Carpa Literaria del Cañón de Morgan, el Centro Cultural La Escalera, que alberga también a Hikiti Library, y colegios de las islas, llevando las conversaciones de FILSAI a públicos y escenarios diversos.



Al caer la noche, la literatura dará paso también a la música con las Night Seshans, programadas por Yehman Fest, una franja concebida para promover las músicas de las islas y ponerlas a dialogar con sonidos, artistas y expresiones de otras partes del Caribe y del mundo.

FILSAI 2026 es un proyecto de interés nacional del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y cuenta con un estímulo de circulación del libro de la Biblioteca Nacional de Colombia. La feria es organizada por Mamaroja Company, el Centro Cultural del Banco de la República y Hikiti, con el respaldo de la Gobernación del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Noche de cuatro lunas. Nueva antología de Lorca

Se cumplieron, este 19 de agosto, 90 años del asesinato de Federico García Lorca, el granadino que revolucionó la poesía en español gracias a una sensibilidad y un temperamento creativo que rebasó la literatura misma para incursionar también en el teatro y el dibujo.

Para conmemorar ese aniversario, la editorial colombiana Letra a Letra publicó una antología poética que viene prologada por el también poeta y académico español Jorge Urrutia (Madrid, 1945): Noche de cuatro lunas. Si bien en todo el mundo se han realizado numerosas publicaciones de la poesía de García Lorca, este volumen es especial por el cuidado puesto en la selección y en la factura, con una tipografía legible, en un formato cómodo y el detalle de la cinta marcadora. Se trata de un volumen 272 páginas, en el que la editora, Luz Eugenia Sierra, sigue el orden que Miguel García-Posada da a los poemas en el tomo 1 de las obras completas de Lorca en la edición de Galaxia Gutenberg (1996), al cuidado de Nicanor Vélez.

La antología fue presentada en Bogotá en el marco de la FilBo con la presencia de Jorge Urrutia y del poeta colombiano John Galán Casanova, profundo conocedor de la obra lorquiana. Urrutia es catedrático emérito de la Universidad Carlos III de Madrid; enseñó también en las universidades de Sevilla, Estrasburgo y París, entre otras, y ha impartido seminarios en México y Buenos Aires. Crítico literario y traductor, tiene varios ensayos y textos sobre literatura moderna y las antologías Poesía española del siglo XIX (1995) y Poesía de la guerra civil española 1936-1939 (Madrid, 20026). Además, tiene una vasta obra de creación poética traducida a varios idiomas.


De su prólogo a esta edición recogemos estas palabras sobre la obra del poeta y el legado que, a juicio de Urrutia, Lorca supo recoger de Juan Ramón Jiménez: "La obra de Federico García Lorca --en la que no hay que dejar de lado su importante labor dramática--  (...) se inscribe, por tanto, en el gran período de la literatura europea y americana del siglo XX, un movimiento imparable que se puso en marcha arrasando con todo lo considerado antiguo, donde nuestro poeta destaca por su personalidad y acendramiento en los grandes mitos universales que sabe revivir originalmente. Esto lo lleva a cabo a través de las dos tendencias que más se han destacado de su poesía: la reescritura de lo popular y la transformación surrealista de una escritura ligada, además de a su conocimiento de la literatura francesa coetánea, al viaje de nueve meses a Nueva York a partir de junio de 1929. De Juan Ramón Jiménez aprendió que es posible integrarse en la modernidad internacional sin abandonar las raíces propias. Juan Ramón demostró ser un "andaluz universal" y Lorca nunca abandonó ese espíritu."


Despedida


Me despediré

en la encrucijada

para entrar en el camino

de mi alma.


Despertando recuerdos

y horas malas

llegaré al huertecillo

de mi canción blanca

y me echaré a temblar como

la estrella de la mañana. 

 


Colombia, siete días después del sismo

El lunes 10 de agosto a las 7:30 de la mañana el occidente colombiano fue sacudido por un sismo de 7.4 en la escala de Richter, el más fuerte en la última década. En 1999 ocurrió uno en la zona cafetera que dejó más de mil muertos y destruyó el 75% de la infraestructura de la capital del Quindío. El epicentro de este movimiento telúrico de 2026 ocurrió en el departamento del Chocó, municipio de San José del Palmar, y se irradió a las ciudades de Quibdó, Cali, Buenaventura, Pereira, Manizales y otras localidades del eje cafetero. 


A 15 de agosto de 2026 se registra 294 personas fallecidas, 3.935 heridas y 320 desaparecidas
https://www.dw.com/es/sube-a-169-el-n%C3%BAmero-de-muertos-por-el-terremoto-en-colombia

El movimiento, con una profundidad cercana a los 100 km, golpeó a 15 departamentos y 448 municipios de esta región del país, con un impacto directo sobre 54.000 familias y 115.461 personas directamente afectadas. 

El reporte oficial emitido por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) el sábado 15 de agosto registra 294 personas fallecidas, 3.935 heridas y 320 desaparecidas. Hasta el  momento los equipos de rescate han logrado recuperar con vida de entre los escombros a 353 personas y 188 animales.

Viviendas averiadas: 81.506

Viviendas destruidas por completo: 14.493

Edificios colapsados: 66 edificaciones

Centros de salud e infraestructura médica afectada: 241 instalaciones

Instituciones educativas: 2.612 colegios y sedes escolares con daños estructurales

Centros comunitarios: 3.621 inmuebles afectados

Infraestructura vial y de transporte: 298 vías terrestres afectadas, 44 puentes vehiculares, 5 puentes peatonales y 5 aeropuertos con fallas operativas o afectaciones en pista e infraestructura

En cuanto a los servicios básicos, se reportaron 59 acueductos averiados.

La semana después

Al cumplirse una semana de la catástrofe lo primero por decir es que la ciudadanía de todo el occidente colombiano, ese costado tan querido de nuestra geografía, ha dado ejemplo de empatía y solidaridad con sus vecinos, y que de no ser por esa movilización espontánea y a la vez auto organizada, el impacto del terremoto en vidas  hubiese sido más devastador.

Este desastre natural está poniendo a prueba la capacidad de coordinación del gobierno de Abelardo De la Espriella, que había asumido el mando el viernes 7 de agosto en la ciudad de Cali, y no había alcanzado aun a posesionar al gabinete ministerial. En el momento de la tragedia el presidente y sus principales colaboradores se encontraban en la ciudad de Barranquilla, por lo que debieron volar precipitadamente a Bogotá para establecer el primer puesto de mando unificado con las instituciones nacionales de emergencia, fuerzas militares y autoridades de vivienda, salud, hacienda y otros sectores del gobierno. La falta de empalme con el gobierno saliente fue un factor que dificultó la reacción del nuevo gobierno en las primeras horas, pero poco a poco se articularon las acciones necesarias para dar una respuesta adecuada en todas las poblaciones que sufrieron estragos. Entre tanto, la ciudadanía y grupos de voluntarios de todo el país acudieron a las ciudades afectadas y prestaron su tiempo para apoyar la remoción de escombros, salvar vidas y ayudar a las familias que quedaron sin techo. En todo el país y entre los colombianos residentes en el exterior, se activaron cientos de cmpañas par recolección de alimentos, medicinas y equipos necesarios para el rescate y la reconstrucción.

El gobierno del Presidente De la Espriella ha sido objeto de cuestionamientos por el manejo dado a los ofrecimientos internacionales de brigadas de rescate, de los cuales únicamente aceptó los de los Estados Unidos, Israel, El Salvador y el Ecuador. El jueves, el semanario inglés The Economist publicó un informe titulado "Un gran terremoto revela dos Colombias muy diferentes", en el que criticó duramente al presidente de la Espriella por la deficiente gestión inicial de la emergencia. El medio británico se centró en exponer las profundas desigualdades regionales del país, donde, mientras ciudades capitales como  Cali recibieron pronta asistencia y acciones de rescate, otras zonas vulnerables como el Chocó (cuya capital Quibdó sufrió daños severos) sufren mayores estragos debido a la pobreza y la falta de servicios y vías de acceso.


La tragedia en el Chocó.
https://www.diariolibre.com/mundo/america-latina/2026/08/13/sismo-en-choco-colombia-afecta-a-comunidades-vulnerables/

Para hacer frente a la grave crisis fiscal que presenta Colombia, el gobierno decretó la emergencia económica, en un intento por movilizar recursos hacia la reconstrucción y las ayudas de emergencia para las familias damnificadas. Por otra parte, la admistración de De la Espriella cuenta ya con importantes ofrecimientos financieros de la banca multilateral, gobiernos amigos y la empresa privada. El Congreso de Colombia anunció la creación de una comisión de seguimiento de las ayudas económicas recibidas de la comunidad nacional e internacional.


En cada ciudad colombiana funcionan puestos de acopio para la recepcción
de la ayuda humanitaria. Foto: France 24

La semana que termina deja para Colombia un sabor amargo de dolor por la pérdida de cientos de vidas y de bienes, pero además por las decisiones de política internacional anunciadas por el gobierno de Abelardo De la Espriella, como fueron el reconocimiento de la soberanía de Israel sobre los Altos de Golán, y el acuerdo, al parecer cerrado, con la administración Trump para desembarcar tropas y adelantar operaciones militares en el territorio nacional. 

Voces críticas y analistas de política consideran que el reconocimiento de derechos a Israel sobre ese territorio aisla internacionalmente a Colombia, y que el acuerdo militar con los Estados Unidos debe pasar por la aprobación del Congreso o violaría la Constitución de 1991.


La cuna de Totó

Al conmemorarse este 1 de agosto el natalicio de Totó La Momposina, la gran cantadora fallecida en mayo pasado en Celaya, México, Cantaclaro trae a sus lectorxs este apartado del primer capítulo del libro Totó. Nuestra diva descalza, en el cual se recrean las diferentes versiones sobre el lugar de nacimiento de la mujer que redefinió la música tradicional colombiana a la vez que proyectó al mundo la música y la identidad caribe del país. 


Totó al centro con sus hermanas: Consuelo a la izquierda, Aminta a la derecha
y su prima Rosario en Talaigua Nuevo, hacia 1943
En Memoria del tambor. Ministerio de Cultura.


En cierta ocasión, revisando los archivos del Centro de Documentación Musical del Ministerio de Cultura, un funcionario asumió un tono confidencial para preguntarme si yo sabía que Totó en realidad había nacido en Barrancabermeja. «Algo he escuchado», le dije, al recordar un comentario gaseoso que en efecto había oído en Barranquilla. Meses después, el profesor Carlos Mancera (nieto de don Pedro Marcelino Mancera, tío abuelo de Totó) me habló sobre una entrevista que la cantadora le concedió alguna vez a la emisora local de Mompox, en la que le preguntaron de dónde era realmente y ella respondió: «Soy de Barranquilla, de Barranca, de Mompox, de Talaigua, de Cartagena, de toda Colombia soy yo». Carlos buscó infructuosamente entre sus cosas el casete con la grabación de aquella entrevista, pero al no encontrarlo me dijo que la había realizado el periodista Joaquín Castro, admirador confeso de Totó. En efecto, Castro me refirió la anécdota días después en Talaigua, en presencia de Fernel Matute y del alcalde Clemente Ortiz, no sin advertirme que cualquier versión sobre Barranca como cuna de Totó carecía de fundamento.

Entre los recuerdos de Totó hay una imagen que ella no pudo precisar del todo, pero que corresponde, probablemente, a uno de los viajes entre Mompox y Barranca, y en cierta forma resume los nexos territoriales que dieron origen a su nacimiento en esa gran comarca anfibia que forma el Magdalena antes de aproximarse al mar.

—Era un barco pintado de blanco con puertas azules, la rueda era color café y la mampostería de la proa era blanca. Nosotros no dormimos en camarotes sino en hamacas. ¿A dónde llegamos? Yo no sé. Lo único que sé es que nosotros, y no solamente los Bazanta, sino todo talaigüero y toda persona de la ribera del Magdalena, tenemos una relación estrecha con Barrancabermeja. Nuestra partida de bautismo es de Barranca y nosotros vivimos allí parte de nuestra infancia, inclusive hay fotos, que creo que es la primera de nosotros, tirados una estera en la casa de Barranca.

Con el testimonio que el señor Juan Matute me dio un día de diciembre de 2002, sentado en un taburete de cuero en la cocina de su casa de Talaigua, di por hecho que la primogénita de Livia y Daniel había nacido, en efecto, en la naciente y ardiente ciudad petrolera. Al fin y al cabo, Matute era un amigo de los Bazanta Vides que se había ido para Barrancabermeja y frecuentaba por aquel entonces a la pareja.

—Yo me había ido en el año 1939 a trabajar en la finca del señor Daniel Benítez. De ahí, un amigo de Talaigua me consiguió trabajo en la compañía petrolera y fue entonces cuando me encontré con ellos en Barranca. Daniel Bazanta trabajaba con el señor Alfonso Altahona, hijo natal de Santa Ana, Magdalena, que tenía allí su zapatería. Sonia nació en esa casa, que estaba frente a la del señor Plutarco Vargas, quien tenía el almacén más grande de Barrancabermeja en ese momento. Recuerdo que Totó nació con la cabeza rambaíta, sin un solo pelito.

Esta versión me fue confirmada luego por doña Livia, pero años más tarde el escritor Álvaro Miranda (2014) recogería una versión distinta que nuevamente deja en el lugar de la leyenda el sitio geográfico exacto donde Totó La Momposina respiró por primera vez.

El texto fue encargado por el Ministerio de Cultura al poeta y narrador samario con motivo de la entrega a Totó del Premio Nacional Vida y Obra 2011, y Miranda, como buen apasionado por la historia, investigó a fondo y entregó una crónica excepcional y bellamente ilustrada sobre la vida de la cantadora homenajeada (Totó la Momposina. Memoria del tambor), y en ella Totó reafirma su natalicio en Talaigua, aunque admite que su partida de bautismo, así como las de sus hermanas, fueron de Barrancabermeja.

De esa publicación quiero citar precisamente el pasaje que se refiere al nacimiento de Totó, bellamente reconstruido por el escritor:

Livia Vides Mancera oía sonar los silbidos de las brisas que movían las altas palmeras del patio de su casa. Sudaba en medio del calor de aquel jueves 1 de agosto de 1940. A su lado estaba la tía Pudelcina, que cargaba una palangana de agua caliente con toallas para ayudar a atender el parto de su sobrina. Livia, a sus 20 años, estaba dando a luz a su primera hija, a quien llamaría Sonia María. Las mujeres de la casa, hermanas de la joven en trabajo de parto, habían abandonado sus oficios del día. Todas estaban como vírgenes necias en su trajín de parteras para que nada saliera mal. La tía recordaba cómo dos décadas atrás, la madre de la que ahora iba a dar a luz, había muerto en el momento de nacer su hija.

El llanto de un recién nacido se escuchó: era una niña. Después de bañarla la envolvieron en una sábana blanca y la colocaron al lado de la parturienta que sonreía. La niña, de cara redonda iluminada por un par de ojos rasgados, dejaba ver unos débiles cabellos. Sonia Bazanta, tranquila bajo el seno de su madre, no percibía el paso del tiempo. Un olor a tierra caliente se esparcía por el aire.

Crecía en la pobreza, en medio de las limitaciones que no eran impedimento para que se desplazara con sus padres de Talaigua a Mompox en planchones o piraguas del río Magdalena. Ahí escuchaba el sonar de los tambores. «Quien sabe por qué mi mamá insiste en que yo nací en Barranca, pues yo recuerdo que muy pequeñita, con mi hermana vivíamos en Talaigua donde yo nací, en una casa de techo de paja, con cama de horqueta. Nos metíamos todos bajo un toldillo amarillo y mi mamá nos echaba fresco y nos cantaba». (Miranda, 2014, p. 8)

 

La pertenencia a Talaigua es reivindicada no solo por la artista sino por la misma población, que se enorgullece de tenerla como una de sus hijas. Sin embargo, el apelativo de La Momposina ha sido la causa de una situación paradójica: durante muchos años provocó los celos de Talaigua y el orgullo de Mompox, pero cuando Talaigua se erigió en municipio y Totó comenzó a reconocerla como su patria chica, los momposinos se sintieron traicionados y los talaigüeros que se había hecho justicia. De todas maneras, Totó ya no podía dejar de llamarse La Momposina y ello impide, por ejemplo, que la Casa de la Cultura de Talaigua lleve su nombre. Uno de los comentarios que me hicieron cuando fui a la alcaldía a buscar algunos datos, fue que a esta casa, inaugurada en 1999, quisieron ponerle Totó La Momposina, «pero como esto no es Mompox, no se pudo…». Lo que unos y otros no terminan de comprender es que Totó, en últimas, ya no representa solo a la depresión Momposina y a la región Caribe sino también a todo el país.



Y Talaigua es, finalmente, la verdadera matriz familiar y cultural de su linaje. De la misma manera que el poeta Raúl Gómez Jattin, nacido en Cartagena, decía que era de Cereté porque de allí eran su patio y sus raíces. De casos similares está llena la historia de muchas figuras del arte, el deporte o la política, porque a veces el lugar de nacimiento resulta ser producto de un hecho fortuito que no genera sentido de pertenencia.

Cuando Livia y Daniel llevaban cinco años «comprometidos» decidieron casarse por la iglesia y las tres niñas, Sonia, Consuelo y Aminta, fueron las damas de honor. Toda la familia asistió a la ceremonia y les ayudó a comprar los muebles.

Totó. Nuestra diva descalza. Cap.1. La memoria de Livia Vides. Patricia Iriarte




Yo soy yo. La asombrosa transicion de Yasmín a Martín.

Un libro que nos reconcilia con el periodismo colombiano



Por Patricia Iriarte


Cuando, a sus 10 años de edad una niña ya ha vivido la experiencia de ser raptada por su agresor, violada reiteradamente y encerrada durante meses en una choza sin luz, esa niña difícilmente puede construirse como una mujer normal, llevar una vida normal y responder a las expectativas que la familia y la sociedad le exigen.

Ese drama, junto al modelo de una madre violenta, en una tierra violenta, dentro de un país dedicado a reproducir la violencia, conformaron el mapa de vida de Yasmín, una chica que, desde su infancia, no se identificaba con el sexo biológico que le correspondió al nacer. Imagine el lector un escenario más adverso para el desarrollo de una persona, y agregue a todo ello la ausencia de apoyo familiar, el rechazo de la sociedad y la falta de acceso a oportunidades de estudio y de trabajo. Y aun así, como señala la sinopsis con la que fue presentado este libro de Ana María Echeverri, en medio de la dificultad de crecer con esa dualidad en una zona rural, conservadora y machista, Yasmín no solo sobrevive sino que se sobrepone a sus circunstancias y emprende su transformación en Martín Castillo, pedagogo comunitario y activista por la defensa de los derechos de la comunidad LGBTIQ+

No son muchos los registros de prensa o entrevistas que se encuentran sobre este libro excepcional. En la reseña de El Espectador, firmada por Guillermo González Uribe, se lee: “Mediante un lenguaje claro, sencillo, directo, cautivador y una narración cuyas partes encajan como en un mecanismo de precisión, el libro permite que emerja una voz sincera, que nos va contando episodios que a veces parecen poco creíbles, por lo abruptos o por lo mágicos, pero que gracias al tono y a la forma se sienten sinceros y se hacen creíbles.”

Me atrevo a decir que Yo soy yo, o el asombroso relato de Martín, es un hito que nos reconcilia con el periodismo colombiano. Una investigación académica no hubiera podido interpretar tan honda y tan sutilmente la psicología de Yasmín en el tránsito de su vida; sus lágrimas de terror, de rabia, de impotencia y también de alegría frente a sus conquistas.



Leí este libro casi de un tirón, fascinada por la honestidad de este ser humano real cuyos episodios a lo largo del libro me tuvieron entre el desgarramiento y la admiración.

“¿Cuáles eran los referentes de masculinidad y feminidad en un lugar como Muzo, Boyacá? Yo no tenía un referente de feminidad que me pareciera liberador, creo que opté por ser una niña que rompía las reglas porque no encontraba en el ser mujer una posibilidad.”, dice Martín al mirar en retrospectiva los eventos que marcaron su vida.

Las reflexiones, las ensoñaciones, las confesiones, los desahogos, los hallazgos; todo lo que surgió, lo que murió y lo que se transformó en la vida de Martín a lo largo de ocho años de conversación y de amistad con la periodista aparece aquí con una voz auténtica, viva, que se siente crecer a medida que avanza el relato. En cierto momento, cuando Martín nos habla de su búsqueda espiritual y de la profunda y sanadora conexión que encontró en la naturaleza, no podemos más que maravillarnos ante ese testimonio excepcional y desear conocer personalmente a ese ser humano que habla allí.

Ana María Echeverri

Es admirable el trabajo realizado por Ana María Echeverri para lograr que Yasmín y Martín lograran expresar el drama y el heroísmo que significó gestionar el conflicto con  esos aspectos de su existencia en una sociedad como esta en que vivimos. Se requiere una cualidad interlocutora tal que una persona que estuvo tan rota, como él mismo lo dice, haya abierto su vida en la forma como lo hizo en este libro. No quiero incurrir en spoilers pero otra de las aristas de este diamante -o más exactamente, de esta esmeralda- que no puedo dejar de mencionar es la delicada pero poderosa relación que se establece entre periodista y entrevistado (por decirlo en términos convencionales) a partir del vínculo humano que nace entre Martín y la anciana madre de la autora.

El resultado que logra entregarnos Ana María Echeverri en Yo soy yo, es una pieza que debe ser consultada para entender mejor la situación de miles de personas homosexuales, bisexuales y transexuales de nuestro país; para revisarnos en nuestra actitud hacia ellas y para que el Estado revise sus propias políticas frente al flagelo de la violencia intrafamiliar, de la violencia basada en género, del embarazo adolescente, y frente al respeto a los derechos de la población diversa.

No agrego más. Vayan por el libro.


Tutela por el Museo del Caribe

Actualización a 25 de junio

https://www.facebook.com/patricia.iriarte

Estimadxs seguidorxs y público interesado en la suerte de nuestro querido Museo del Caribe, les comparto algunas de las respuestas de la Corporación Parque Cultural del Caribe a las preguntas que le formulé en el derecho de petición respecto de la situación del museo:

1. Sobre el cronograma de recuperación y reapertura:
 "...actualmente no existe un cronograma definitivo, aprobado y financiado que permita establecer una fecha cierta para la reapertura integral del Museo del Caribe, toda vez que ello depende de la consolidación efectiva de fuentes de financiación, estudios técnicos y compromisos interinstitucionales actualmente en proceso de estructuración.."

2. Sobre los recursos necesarios para la recuperación y estudios técnicos:
"Actualmente se estima preliminarmente que el proceso de recuperación del museo requiere recursos aproximados por valor de DOCE MIL MILLONES DE PESOS ($12.000.000.000) destinados a atender pasivos acumulados y aproximadamente VEINTE MIL MILLONES DE PESOS ($20.000.000.000) adicionales para adelantar procesos de recuperación física, fortalecimiento museográfico y reactivación operativa. En virtud de lo anterior, me permito informarle que, a la fecha los recursos citados anteriormente no han sido transferidos a la Corporación Parque Cultural del Caribe para ser destinados a su recuperación."

3. Sobre la existencia de un diagnóstico técnico sobre el estado físico de la infraestructura, el estado de los bienes museográficos, las condiciones de seguridad, conservación, humedad, climatización, riesgo estructural o cualquier otro factor que pueda comprometer la integridad del museo:
"La Corporación Parque Cultural del Caribe  a la fecha, no ha contratado diagnóstico técnico actualizado sobre el estado físico de la infraestructura, el estado de los bienes museográficos, las condiciones de seguridad, conservación, humedad, climatización, riesgo estructural o cualquier otro factor que pueda comprometer la integridad del museo."

La entidad informa que actualmente el principal marco institucional de articulación interadministrativa para avanzar en el proceso de recuperación del Museo del Caribe es el Memorando de entendimiento suscrito por las entidades que conforman la corporación y por la Gobernación del Atlántico. Dicho memorando les dio un plazo de 12 meses a estas entidades para articular y presentar el plan de recuperación y sostenibilidad del Museo, plazo que se cumple dentro de 4 meses, y no hay avances en materia de financiación ni de estudios ni de planes... ni de nada.

Las entidades que conforman el Consejo Directivo del Parque Cultural del Caribe actualmente son las siguientes:

• Fundación Santo Domingo.
• Cámara de Comercio de Barranquilla.
• Fundación Grupo Argos.
• Fundación Museo de Arte Moderno.
• Fundación Promigas.
• Departamento del Atlántico.
• Distrito Especial, Industrial y Portuario de Barranquilla.

Ahí les cuento. 





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Exteriores del Museo del Caribe en 2009, poco después de su inauguración el 24 de abril de ese año.

Por Patricia Iriarte

El 23 de abril de este año dirigí a cinco entidades del orden nacional, departamental y municipal, un derecho de petición que buscaba obtener información oficial sobre el estado actual y planes previstos para la recuperación y reapertura del Museo del Caribe, cerrado desde 2020. El derecho de petición iba dirigido a la Alcaldía Distrital de Barranquilla, la Gobernación del Atlántico, la Corporación Parque Cultural del Caribe, la Contraloría General de la República y el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.

La primera entidad en responder fue la Alcaldía de Barranquilla, que alegó no tener ninguna competencia en el caso y remitió copia del documento titulado "Memorando de entendimiento Museo del Caribe (PCC)". Este documento, suscrito en septiembre de 2025 por los representantes de la Gobernación del Atlántico, la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta (Clena), la Corporación Parque Cultural del Caribe, la Fundación Santodomingo, la Fundación Grupo Argos y la Cámara de Comercio de Barranquilla, tiene como objeto "aunar esfuerzos orientados a la recuperación, puesta en funcionamiento, reapertura al público y sostenibilidad del Parque Cultural del Caribe y del Museo del Caribe". Para ello establece una hoja de ruta a 12 meses, en los cuales se debían realizar, entre otras acciones, la conformación de una mesa técnica y un cronograma de trabajo; unas gestiones de financiación y unos estudios técnicos para la llegar a la formulación de un plan de recuperación y sostenibilidad del Museo del Caribe.

La Gobernación del Atlántico respondió que tampoco tenía competencia en el tema y remitió la petición a la gerencia de la Corporación Parque Cultural del Caribe. La Contraloría General ordenó al Grupo de Participación Ciudadana de la Gerencia Departamental Colegiada,  "realizar una caracterización inicial del caso y valorar (...)  su eventual incorporación dentro de alguna de las estrategias de participación ciudadana y control fiscal participativo desarrolladas por la Contraloría General de la República... ". El Ministerio de las Culturas, por su parte, hizo tralado de competencias a la Secretaría Distrial de Cultura de Barranquilla, que ya había contestado. Finalmente, el 22 de mayo, luego de que la suscrita interpusiera la acción de tutela contra el Parque Cultural del Caribe por no haber atendido el Derecho de Petición, la gerencia de esa entidad envió una respuesta muy general que en modo alguno satisfacía la obligación legal de dar una respuesta clara, integral, congruente y de fondo. Esta respuesta incompleta, no obstante, dio origen a que el juzgado declarara improcedente la tutela en primera instancia por considerar que ya se habia restablecido el derecho de información, lo cual no era cierto y por esa razón impugné dicho fallo, logrando que el Juzgado Tercero Penal del Circuito fallara a mi favor la tutela en segunda instancia y ordenara al Parque Cultural del Caribe responder en 48 horas (a partir del 23 de junio) al derecho de petición que interpuse en abril. 

Entre las informaciones solicitadas allí y que están a la espera de una respuesta clara y de fondo, se encuentra: Informar de manera detallada qué acciones concretas, verificables y documentadas se han adelantado desde enero de 2020 hasta la fecha para garantizar: a) la conservación de la infraestructura, b) la protección de los bienes museográficos y contenidos culturales, c) la recuperación física del museo, d) su reapertura al público. La gerente de la Corporación PCC, Beatriz Posada, indicó en su oficio de respuesta que "actualmente no existe un cronograma definitivo, aprobado y financiado que permita establecer fechas ciertas, exactas e inmodificables respecto del inicio de las intervenciones físicas y de la reapertura integral del Museo del Caribe." Es decir, que ocho meses después de suscrito el Memorando de entendimiento, las entidades responsables del tema no tienen nada que mostrarle a la opinión. 

El papel de la Gobernación del Atlántico

Uno de los compromisos más importantes contraidos por las partes que suscribieron el Memorando de entendimiento era la contratación de estudios técnicos especializados para determinar el estado actual de la infraestructura interna y externa del museo, y el presupuesto de inversión requerido, una vez el edificio y las áreas adyacentes fueran entregadas en donación a la Gobernación del Atlántico. 

En efecto, entre las curiosidades que se encuentran en dicho memorando está el hecho de que el lote en el cual fue construido el museo es de propiedad de la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta -la entidad que administra el complejo cultural de La Aduana- que a su vez lo recibió en donación de la Fundación Santodomingo. Por lo anterior, la Corporación Parque Cultural del Caribe actúa como mera tenedora del inmueble cuya propiedad se le reconoce a la Clena. Tal vez por esta razón, y debido a la dificultad que comporta para los entes públicos hacer inversiones en propiedad privada, es por lo que el memorando incluye entre las gestiones a realizar, la transferencia del museo a la Gobernación del Atlántico a título de donación mediante escritura pública, "una vez se haya realizado el saneamiento contable y/o financiero del Museo del Caribe o del PCC." 

Recordemos que en el caso del nuevo edificio del Museo de Arte Moderno de Barranquilla, cuyas obras también estuvieron paralizadas varios años debido a los problemas financieros que dejó la anterior administración del Parque Cultural, fue la Alcaldía de Barranquilla la que salió al rescate del proyecto. Al finalizar la fase contratada entre Findeter y el Parque Cultural del Caribe, y siendo el Distrito el dueño del terreno, se tomó la decisión de entregarle la edificación en donación a la Alcaldía de Barranquilla para que continuara las obras con recursos del Sistema General de Regalías.

En esa ocasión, en diciembre de 2023, el entonces Gerente de Ciudad, Juan Manuel Alvarado, anunció que la tercera fase del proyecto de regalías contemplaba la renovación del Museo del Caribe, mediante una operación conjunta entre el sector público y privado. “Este proyecto ya se encuentra estructurado y revisado por el Ministerio de Cultura, por lo que estamos a la espera de que se licite y ejecute”, dijo Alvarado en ese momento, asegurando que esto se daría durante el primer semestre del 2024. (Ver https://www.eltiempo.com/colombia/barranquilla/barranquilla-museo-de-arte-moderno-es-del-distrito-839416)

¿Por qué no pasó nada en estos dos años? ¿Por qué la gerencia del Parque Cultural del Caribe no se refirió a esto en la respuesta inicial que dió al derecho de petición? ¿Cuál es en realidad la situación del Museo del Caribe? Eso es lo que esperamos dilucidar con esta acción de tutela.

Unas elecciones históricas para Colombia

A una semana de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, Colombia se enfrenta al dilema que acosa a otros países de Europa y América Latina: mantiene el rumbo progresista o cae en la tentación autocrática de la derecha.






Por Patricia Iriarte

Publicado en https://www.facebook.com/patricia.iriarte

El próximo domingo a esta hora de la tarde sabremos qué decisión tomó Colombia. Si la del doloroso viraje a la derecha y su ideología “libertaria” dictada desde el eje Whashington-Sillicon Valley, o la propuesta de corte socialdemócrata que se puso en marcha en el primer gobierno del Pacto Histórico y que busca consolidar un modelo de país que le apuesta a la paz, que propone una visión más avanzada del desarrollo y de la seguridad, y que está basada en el cuidado de la vida y de todos los sistemas que la sostienen.

Creí que pensaba con el deseo si me atrevía a afirmar que sucederá lo segundo. Quería prevenirme del triunfalismo que nos afectó en la primera vuelta. Sin embargo, en las últimas semanas estamos asistiendo a un resurgir de la opinión y a un movimiento espontáneo de apoyo a la candidatura de Iván Cepeda y Aída Quicué como no lo había visto en todos mis años de votante por otros candidatos. Estoy viendo cómo se moviliza una corriente joven, renovadora, crítica pero incluyente; y puedo verla, en un futuro cercano, conviviendo y compartiendo los espacios con la contracorriente de los jóvenes afectos a la derecha mundial y a los movimientos ultraconservadores.

Tenemos muy claro, ahora, el entramado de ilegalidad y manipulación mediática que ha fabricado la candidatura de De la Espriella. Sabemos que el adversario recibe protección externa, y que se empeñarán en torpedear al gobierno legítimamente elegido. Ya que no lograrán ganar las elecciones, harán lo indecible por sabotear al nuevo gobierno hasta, eventualmente, reemplazarlo por la fuerza. Ese es el panorama al que nos aboca una posible victoria de ese candidato. Esa es la Venezuela hacia la cual nos llevará la propuesta de Defensores de la patria.

Pero no, no vamos a equivocarnos de esa manera. Yo estoy cierta en que más de diez millones de ciudadanos y ciudadanas vamos a votar el domingo por Iván Cepeda, no sólo para conjurar la amenaza neofascista sino con la convicción de que el mejor camino para Colombia es el camino de la democracia -imperfecta, si, pero perfectible como lo muestran muchas otras sociedades en el mundo- de la democracia y del respeto por nuestra riqueza natural y cultural. Del respeto hacia nuestras complejidades como sociedad y por supuesto, de respeto hacia lo que ya representamos en el contexto de la región.


Imagen oficial del movimiento Defensores de la Patria, 
de Abelardo De la Espriella



HOMENAJE A TOTÓ

Despedida a una cantadora inmortal (II)

El adiós final en Mompox


El viernes 29 de mayo la familia completa de Sonia Bazanta Vides, portando una pequeña urna de cerámica, viajó a Mompox a bordo de un avión de la Policía Nacional, gracias a las gestiones de su manager en Colombia, Carolina Trujillo, y al Ministerio de las Culturas. Los actos oficiales convocados por la Gobernación de Bolívar, Icultur y la Alcaldía de Santa Cruz de Mompox, comenzarían a las cuatro de la tarde con una misa en la icónica iglesia de Santa Bárbara, la que ostenta la torre con un balcón que mira al río.

Pero antes, en la Casa de la Cultura del municipio, la familia de Totó recibió la visita del presidente Gustavo Petro y de la Ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes, Yannai Kadamani, quienes se unieron así a los actos de homenaje final a la cantadora. El Presidente se refirió a ella como "faro para la cultura de América Latina y el Caribe" y en el cierre de su discurso, el jefe de Estado comparó a Totó la Momposina con un árbol ancestral de raíces profundas, catalogándola como un "tótem de la cultura".

https://www.mincultura.gov.co/noticias/Paginas/colombia-despide-a-toto-la-momposina-con-homenajes-en-bogota-y-mompox.aspx



El Presidente Gustavo Petro cuando ayudaba a sembrar un árbol en honor a Totó
en el patio de la Casa de la Cultura de Mompox


Luego de la ceremonia religiosa, las gentes de Mompox le hicieron una calle de honor con alfombra conmemorativa hasta el embarcadero, al grupo familiar encabezado por dos de sus nietos. Ellos portaban la urna color tierra que llevaba las briznas del cuerpo de una abuela que fue la más grande cantadora de todos los tiempos.

En los días anteriores se había realizado en la misma plaza de Santa Bárbara un emotivo homenaje con rueda de cumbia, donde los tambores y las voces se unieron para despedir a una de las más grandes exponentes de la música ancestral del Caribe colombiano. Grupos como Ritmo y Tambó, Herencia Viva, Abundio y sus Traviesos, Huacahayo, Cumbalé, Tierra Dorada, Talaigua Canta, el chandé Nuestra Identidad y otros artistas locales, le rindieron tributo a su maestra través de la música, el baile, la palabra y la pintura.     

Varias chalupas zarparon ese 29 de mayo de la isla de Mompox para escoltar hasta la salida al río, a la chalupa más grande del puerto, la chalupa roja que llevaba a los miembros de la familia Bazanta Vides, y a los hijos, nietos y nietas de Totó, además de algunas sobrinas. Una vez llegaron al punto acordado, las otras embarcaciones se desviaron para respetar la intimidad de la familia en su momento final con el espítitu de la que se convertiría, así, en su ancestra sabia, tesoro de memoria e inspiración para el porvenir.

Grupo familiar de Totó La Momposina presente en los actos de despedida.


La trayectoria de Totó la Momposina y sus tambores la ubicó en escenarios de más de 150 países y en momentos decisivos de la cultura colombiana, como la ceremonia del Premio Nobel de Literatura de Gabriel García Márquez, en Estocolmo, en 1982. También recibió reconocimientos como el Premio WOMEX a la Trayectoria Artística, el Grammy Latino a la Excelencia Musical, el Premio Nacional Vida y Obra del Ministerio de Cultura y la Orden de la Democracia Simón Bolívar en el grado de Gran Cruz.  

Barranquilla, 9 de junio de 2026

Despedida a una cantadora inmortal (I)


Por Patricia Iriarte

El miocardio falló para siempre en la tarde del diecisiete de mayo del dos mil veintiséis. Totó estaba en su cuarto, en la casa de Celaya, México, con su hija Angélica María, quien fue su cuidadora desde finales del 2022 cuando los síntomas de una afección neurológica irreversible la obligaron a abandonar los escenarios.

Había desayunado y pasado bien esa mañana. Al llegar la tarde, una sombra voló lentamente cerca de su aura, opacando el brillo de vida que aún rutilaba en sus ojos. El golpe de tambor se hizo lento en su pecho... hasta que el Gran Tambolero detuvo su mano sobre la piel de la tambora y su corazón se silenció.

Al confirmarse su deceso, comenzó la preparación de su cuerpo para la travesía que la esperaba, desde el centro de México hasta la orilla misma del río Magdalena, que la vio nacer. La franja de mar y continente que separaba Celaya de Mompox era de tres mil quinientos kilómetros, y había una escala obligatoria en Bogotá, la ciudad donde creció al amparo de una familia numerosa, amorosa y sonora como pocas.

Las siguientes veinticuatro horas fueron las primeras de un duelo que se extendería varios días, hasta que los restos del cuerpo de Totó llegaran a su destino final sobre el lomo de agua del Magdalena. La familia, tanto en México como en Colombia y Francia, prefirió vivirlas en intimidad.

Cuarenta y ocho horas después la noticia se filtró en Celaya, y sus hijos, que habían pensado tomarse unas horas más para asimilar la muerte de su madre, decidieron emitir un comunicado a través de la página oficial de Totó La Momposina. La noticia trascendió a los medios de México y Colombia, y a continuación, a todo el mundo:

Hasta siempre querida madre Totó la Momposina

Con profundo dolor, nosotros sus hijos Marco Vinicio, Angelica María y Eurídice Salomé Oyaga Bazanta, anunciamos el fallecimiento de nuestra madre Sonia Bazanta Vides, más conocida como Totó la Momposina, rodeada de su familia en Celaya, México, el domingo 17 de mayo. Causa, infarto al miocardio.

Totó fue una mujer que con su voz y entrega extraordinaria, llevó la cultura y la memoria del pueblo Colombiano a los rincones del mundo. Su alegría, luz, sabiduría, talento, generosidad y muchas otras virtudes marcaron la vida de innumerables personas.

A lo largo de su vida, Totó nos dejó un legado inestimable, dejando su huella no solo a través de su carrera artística, sino también gracias a su calidez, su fortaleza, su alegría de vivir y el amor que transmitía en todo lo que hacía. Ella compartió con el mundo la música, la cultura, los bailes y la esencia de la costa caribeña de Colombia. Su nombre permanecerá para siempre en la memoria de quienes la admiraron, la acompañaron y la quisieron.

Con inmensa tristeza, pero también con profundo orgullo y gratitud, nosotros sus hijos y toda la familia la despedimos con la dignidad y el amor que merece. Gracias, Totico, por todo lo que nos regalaste, por tu ejemplo, tu entrega y tu inmenso legado.

Se hará el traslado desde México a Bogotá el día 27 de Mayo y se realizará un homenaje póstumo en cuerpo presente para celebrar su vida y obra. Hora y lugar a confirmar.

Acompáñala acompáñala

Brilla en la noche acompáñala

Allá está la luna hermosa

Y el lucero la acompaña

Las estrellas la rodean

Para verse más hermosa

 

Ese 19 de mayo el periódico local El Sol del Bajío tituló: “Muere Totó la Momposina en Celaya; se apaga una de las voces más grandes del folclor latino. / La icónica cantante colombiana falleció a los 85 años tras sufrir un infarto; desde 2022 permanecía retirada de los escenarios debido al alzhéimer y la afasia.”

Por su parte, el portal noticioso de Guanajuato, La silla rota, encabezó: “Falleció en Celaya una leyenda de la música colombiana: Totó La Momposina. / La ganadora en 2015 de un Grammy Latino murió de un infarto al corazón a los 85 años: el presidente de Colombia, Gustavo Petro, lamentó la partida de la cantante y resaltó su legado artístico.”

A su vez, el rector de la Universidad de Guajanuato, Juan Miguel Ramírez, publicó en su cuenta oficial de Instagram un mensaje de condolencias para la familia y de reconocimiento a la cantadora:

Hoy despedimos a una voz eterna de América Latina.

Totó la Momposina deja un legado que trascendió fronteras, llevando la riqueza de las raíces afrocolombianas y la fuerza de nuestras tradiciones a los escenarios más importantes del mundo. Su música fue identidad, memoria y orgullo para generaciones enteras.

Desde Celaya, reconocemos y honramos la vida de una mujer que hizo de la cultura un puente entre los pueblos y que eligió esta tierra para escribir parte de su historia.

Su voz no se apaga… seguirá resonando en cada tambor, en cada danza y en el corazón de quienes creen en la grandeza de nuestras raíces.

En Colombia los medios de comunicación registraron la noticia el día 20 de mayo, tras la divulgación del comunicado del Ministerio de las Culturas, la Artes y los Saberes.

El 21, la Presidencia de la República expidió el Decreto 0525 para honrar “la vida, obra y memoria de la maestra Sonia Bazanta Vides “Toto la Momposina™, y ordenar tres días de duelo nacional en los que la bandera tricolor estuvo izada a media asta en todos los edificios públicos del país, en las embajadas y oficinas consulares de Colombia en el exterior. 

Entre tanto, en ciudad de México, el Consulado General de Colombia, la familia y admiradores de la cantadora, organizaban un homenaje de despedida en el Museo Nacional de México para el 26 de mayo, día en que el féretro llegaba a la capital mexicana. Desde ese momento la música fue la estrella, como ella siempre lo proclamó. La música y la danza ocuparon la nave central del museo, al que acudieron cientos de personas para despedirla en medio de las manifestaciones más sentidas y sinceras. Las redes sociales explotaron en mensajes de condolencias y de gratitud hacia la cantadora desde todos los rincones del país y del mundo.

El poeta Miguel Iriarte, quien se encontraba en la ciudad para la presentación de su novela, La ceja del tigre, vivió así el homenaje que México le rindió esa tarde a la artista colombiana:

Con Totó en el zócalo de México

Alguna vez Patricia Iriarte, cuando andaba ya con el malestar de su libro sobre Totó La Momposina, me invitó a que le hiciera la segunda en la realización de un programa de radio dedicado a la música de nuestra “diva descalza”, programa que se produjo y se emitió en dos entregas en el programa Concierto Caribe de Rafael Bassi en la emisora Uninorte FM Stereo. 

Para esa ocasión, y desde entonces, estuve atento a las producciones de Totó con la intención de gozarlas y glosarlas. En el libro de Patricia están consignados distintos comentarios míos producto de audiciones personales que ella me hizo el honor de insertar en el texto final de su libro.

Tiempo después, probablemente a mediados de 2022, cuando ya Totó había empezado a perder su memoria, un poco antes de que yo empezara a dirigir la Fundación La Cueva, fue invitado a ese centro cultural a participar, también con Patricia, en un conversatorio con Marco Vinicius, el hijo tamborero de Totó. Y allí estaba ella esa noche, en primera fila, acompañada de su hija. Y no habló en el conversatorio pero bailó, y muy bien que lo hizo, en un momento en el que nadie lo esperaba, cuando sonó la música que ilustraba la conversación. Olvidada de todo, menos del baile.

Y no la volví a ver más personalmente.

El pasado 17 de mayo, día de mi cumpleaños, fue el día en que Totó se puso de acuerdo con Dios para morirse, y solo dos días después, el 19, viajé a México con el propósito de cumplir en los días siguientes algunos compromisos literarios en la Feria Internacional de Libro de Acapulco y en la Fundación Cultural La Casa Grande, en Ciudad de México. Por un golpe del azar, y gracias al escritor colombo-mexicano Mario Rey, me hospedé en la casa de una dama colombiana en México, la señora Onadis Rico, quien ha sido funcionaria de la embajada de Colombia en México y del consulado de nuestro país en CDMX, quien me comentó que la familia de Totó y la comunidad de colombianos en la capital mexicana le habían solicitado que fuera ella quien los representara como vocera en un discurso en el marco del homenaje que se le rendiría a Totó en el Museo de la Ciudad en la mañana del 26 de mayo.

Le pedí que me permitiera acompañarla, que yo quería estar en el evento, sin la exacta consciencia de en qué consistía precisamente aquella ceremonia. Ese día viajamos temprano en el metro hacia el centro de la ciudad, hacia el zócalo, y cuando entré al recinto del museo, una alfombra roja iluminada de pequeñas velas, que atravesaba el espacio escénico de un lado a otro, remataba al fondo en un lustroso ataúd color madera. Y solo en ese momento caí en la cuenta de que Totó estaba allí, de cuerpo presente, que había fallecido en México, y que yo estaba frente a su ataúd, con muy pocas personas aún en derredor, cuando los organizadores apenas estaban preparando la escena, con más velas, y flores, y música que Totó cantaba en los parlantes, y músicos y cantantes e instrumentos y bailarinas y bailarines ataviados y dispuestos, bajo el liderazgo de las maestras Lucy Garzón, Norma Ortiz y Penélope Vargas, cercanas a la herencia musical y danzaría de Totó en México, que iban tomando su sitio en la escena para cantarle y bailarle a ella, y dolientes y amigos que se abrazaban sollozando y sonriendo, y dignatarios del gobierno mexicano y colombiano que llegaban, y periodistas que iban acomodando sus equipos… 

Poco a poco el sitió se fue llenando de gentes que tomaban sus lugares y la presentadora del evento empezó a saludar a las autoridades civiles y militares allí presentes. El embajador de Colombia en México, Carlos Fernando García Manosalva, agradeció a México el haber abierto su tierra y su corazón a Totó, y a muchos otros colombianos; Mariana Gómez Godoy, directora general de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, le siguió en uso de la palabra e  hizo un hermoso discurso, profundo, inteligente y sensible, en el que definía todo lo que Totó representaba para México y para el mundo como símbolo de la herencia africana en América a través de la música. Le siguió entonces la representante de la comunidad colombiana en México, Onadis, quien en palabras sencillas y sentidas puso en valor la importancia de Totó para los colombianos en México y para los mexicanos que disfrutaron su música y su voz.

Después de eso ya todo fue música y sentimiento y baile y temas como “Acompañala”, “Yo me llamo cumbia”, “La candela viva”, “El pescador”, “Adiós fulana”, temas que llenaron el espacio con el coro del público, hasta cuando el féretro estuvo listo para ir hacia el aeropuerto Benito Juárez y regresar a Colombia sus restos mortales llenos de música y memoria para seguir sonando en el recuerdo musical del mundo. Y todos le cantaron entonces “Cielito Lindo”.

La despidió, con graciosas palabras coloquiales, su hija Angélica María, quien luego de todos los agradecimientos, citó a Totó diciendo que “lo bueno de la muerte es que ya no había que pagar más servicios públicos”. 

 

Sus honores en Colombia 

El Ministerio de las Culturas avanzó en los preparativos del programa de despedida de Totó en Colombia. Con el decreto de honores vigente, su manager, Carolina Gotok, y la familia Oyaga Bazanta coordinaron lo necesario para la repatriación del cuerpo, el cual llegó al aeropuerto El Dorado de Bogotá en la mañana del 27 de mayo. De inmediato, un vehículo funerario trasladó el ataúd, cubierto por la bandera nacional, al Capitolio para el primero de los actos. El cuerpo fue dispuesto en el Salón Elíptico del Congreso, frente el enorme mural de cóndores y cordilleras de Alejandro Obregón que preside el recinto, y en medio de cinco grandes arreglos florales.  

Angélica María viajó con su esposo y sus hijos a Colombia, y Eurídice hizo lo propio con la suya desde Francia, de manera que en todas las horas que siguieron el cuerpo de la cantadora estuvo acompañado por todos sus hijos y sus nietos.  

Las notas de la Banda de la Policía Nacional, así como las intervenciones de la senadora Aida Avella, del Representante a la Cámara Juan Carlos Lozada, de la Directora del Centro Nacional de las Artes, Xiomara Suescún, y de la Vicepresidenta, Francia Márquez, marcaron el tono solemne de la ceremonia, que luego fue cerrando con una estremecedora interpretación de Acompáñala a cargo de sus hijos, nietos y Los tambores de Totó, que estuvieron en la galería acompañados por músicos amigos como Adriana Lucía, Toño Arnedo, Mónica Giraldo y los Tambores de Cabildo, entre otros.

Velación en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional

Una voz femenina, casi sobrenatural, inundó en un momento el salón con unas notas lentas y armoniosas. Se trataba de la voz de Yungchen Lamo, cantautora tibetana residente en Estados Unidos y amiga de Totó desde hace décadas, quien con sus mantras y melodías sagradas hizo más leve y luminoso el aire en ese momento de amor y gratitud por su amiga Sonia Bazanta.

Los actos de despedida y homenaje póstumo continuaron el jueves 28 de mayo a las nueve de la mañana con la eucaristía en la Catedral Primada de Bogotá, seguida por la ceremonia de cremación en la funeraria.

Ese día, a pocas cuadras de la Catedral, me encontré con la ex Ministra de Cultura Patricia Ariza, quien también acudía a la cita final con su amiga Totó. Llegamos juntas en el momento en que el féretro ingresaba a la Catedral en hombros de su yerno, nietos y músicos. La voz de la cantante de la Orquesta Filarmónica de Mujeres de Bogotá entonaba Mohana en un tempo tan lento y un tono tan sentido que la piel se nos erizó hasta el momento en que el cuerpo fue colocado frente al altar mayor. Francia Márquez ocupaba un lugar en la primera banca, acompañando a la familia.

La familia acompañando el féretro al final de la eucaristía.


Marco Vinicio Oyaga Bazanta, Francia Márquez y Patricia Ariza

El párroco de la Catedral Primada, sacerdote Sergio Pulido Gutiérrez, pronunció unas palabras muy sentidas y elocuentes sobre el profundo calado que alcanzó Sonia Bazanta Vides en el alma del país, exaltando su aporte a la memoria y al patrimonio cultural de Colombia.

A la salida del templo, la artista fue acompañada por un grupo de seguidores que al son de gaitas y tambores rindieron un último adiós momentos antes de que se realizara el traslado de sus restos al crematorio de Jardines del Recuerdo, al norte de la capital. 

Por petición expresa de Marco Vinicio, lo que sucedió en ese pequeño salón reservado para el círculo más cercano no quedó registrado en cámaras ni teléfonos celulares. Quienes tuvimos el privilegio de acompañar hasta allí a la familia, presenciamos un ritual de amor y dolor profundos. Con cantos y bailes alrededor del féretro, sus hermanas, hijas, nietas y sobrinas fueron tejiendo con sus manos y voces una preciosa filigrana de respeto y devoción por la mujer cuya existencia habían compartido de una u otra forma a lo largo de los años: la mamá, la abuela, la amiga. Una corriente de energía subía por sus pies y crecía con el golpe de las palmas y las voces que en medio de lágrimas y risas daban testimonio de amor y de anticipada nostalgia. Los tambores y las gaitas acentuaban el poder telúrico que parecía emanar de ese grupo de mujeres y se extendía sobre todos nosotros.






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El 17 de mayo de 2026, en la ciudad de Celaya (México), desencarnó la maestra Sonia Bazanta Vides. La cantora mayor, la mujer que construyó durante 60 años un movimiento musical que cambió para siempre el mapa de las músicas tradicionales del Caribe colombiano y parte del Pacífico. A la manera de una creciente del río, desde todos los rincones de Colombia y desde muchos puntos del planeta llegaron y llegan aún cientos de miles de mensajes que le devuelven en cariño, admiración y agradecimiento sus cientos de miles de admiradores, artistas, agrupaciones musicales, alcaldías, gobernaciones, países, medios de comunicación y personalidades de la música en el mundo. 

Este blog publicará durante todo el mes de junio una serie de textos sobre los actos de homenaje que se le ofrecieron en México y en Colombia, y otros textos, especialmente algunos pasajes escogidos de la tercera edición del libro Totó, Nuestra diva descalza, de Patricia Iriarte. El que sigue es un texto inédito de esta autora.


Encuentro con Totó, con los cerros al fondo

Si alguien toma en Bogotá un bus de Transmilenio en la ruta G12, sentido sur-norte a las diez de la mañana de un día entre semana, probablemente se encuentre con una señora morena, de cabello negro y largo, ataviada con unos leggis negros, una abrigo de lana virgen, bufanda y botas de media caña con suela de goma. Una señora que podría confundirse con otra señora cualquiera de Bogotá de no ser porque esta tiene en el barrio Santa Isabel una oficina repleta de diplomas y trofeos. 


Sólo a esa hora de la mañana ella puede prescindir del taxi para dirigirse al centro o al norte de la ciudad para hacer sus gestiones; si lo hace en horas de mayor afluencia de gente, muchas personas la reconocerán y querrán tomarse fotografías con ella o pedirle autógrafos y entonces llegará tarde a sus compromisos porque ella no podrá y no querrá negarse a complacer a su público.

Estatuillas y galardones por sus discos, decretos de honor de varias universidades, placas de agradecimiento por su labor a favor de la música, reconocimientos de la ciudad de Miami, de la Universidad de Antioquia, de la Universidad Pedagógica Nacional… y entre todo ello, un cuadrado de madera con un centro de vidrio que tiene su nombre tallado sobre una frase que dice: Premio a la vida y obra 2011. Fue otorgado por el Ministerio de Cultura y es quizás el trofeo más importante de esa colección porque representa el reconocimiento nacional a medio siglo de trabajo con la música tradicional del Caribe colombiano.

Gracias a ese premio la señora, que se llama Sonia Bazanta Vides pero la conocen más como Totó La Momposina, es ahora propietaria de una casa en ese mismo barrio, a pocas cuadras de la oficina, donde tiene todo a su alcance y se siente segura. Camino a su casa me muestra dónde encontró a un señor de Talaigua que vende queso costeño, me señala un supermercado costeño que le queda a poca  distancia, y también, dentro del alcance de su caminata, una tienda de productos naturales. No parece ser más lo que necesita para sentirse tranquila en esta ciudad.

(Bogotá, enero de 2020)






El lugar de Totó en la música y en el alma de Colombia

En el mes de septiembre fue presentado en diferentes ciudades del país el libro Cantando el Caribe colombiano: tradición y creación en la mú...