martes, junio 02, 2026

HOMENAJE A TOTÓ

 Barranquilla, 9 de junio de 2026


Despedida a una cantadora inmortal (I)


Por Patricia Iriarte

El miocardio falló para siempre en la tarde del diecisiete de mayo del dos mil veintiséis. Totó estaba en su cuarto, en la casa de Celaya, México, con su hija Angélica María, quien fue su cuidadora desde finales del 2022 cuando los síntomas de una afección neurológica irreversible la obligaron a abandonar los escenarios.

Había desayunado y pasado bien esa mañana. Al llegar la tarde, una sombra voló lentamente cerca de su aura, opacando el brillo de vida que aún rutilaba en sus ojos. El golpe de tambor se hizo lento en su pecho... hasta que el Gran Tambolero detuvo su mano sobre la piel de la tambora y su corazón se silenció.

Al confirmarse su deceso, comenzó la preparación de su cuerpo para la travesía que la esperaba, desde el centro de México hasta la orilla del mismo río que la vio nacer. La franja de mar y continente que separaba Celaya de Mompox era de tres mil quinientos kilómetros, y había una escala obligatoria en Bogotá, la ciudad donde creció al amparo de una familia numerosa, amorosa y sonora como pocas.

Las siguientes veinticuatro horas fueron las primeras de un duelo que se extendería varios días, hasta que los restos del cuerpo de Totó llegaran a su destino final sobre el lomo de agua del río Magdalena. La familia, tanto en México como en Colombia y Francia, prefirió vivirlas en intimidad.

Cuarenta y ocho horas después la noticia se filtró en Celaya, y sus hijos, que habían pensado tomarse unas horas más para asimilar la muerte de su madre, decidieron emitir un comunicado a través de la página oficial de Totó La Momposina. La noticia trascendió a los medios de México y Colombia, y a continuación, a todo el mundo:

Hasta siempre querida madre Totó la Momposina

Con profundo dolor, nosotros sus hijos Marco Vinicio, Angelica María y Eurídice Salomé Oyaga Bazanta, anunciamos el fallecimiento de nuestra madre Sonia Bazanta Vides, más conocida como Totó la Momposina, rodeada de su familia en Celaya, México, el domingo 17 de mayo. Causa, infarto al miocardio.

Totó fue una mujer que con su voz y entrega extraordinaria, llevó la cultura y la memoria del pueblo Colombiano a los rincones del mundo. Su alegría, luz, sabiduría, talento, generosidad y muchas otras virtudes marcaron la vida de innumerables personas.

A lo largo de su vida, Totó nos dejó un legado inestimable, dejando su huella no solo a través de su carrera artística, sino también gracias a su calidez, su fortaleza, su alegría de vivir y el amor que transmitía en todo lo que hacía. Ella compartió con el mundo la música, la cultura, los bailes y la esencia de la costa caribeña de Colombia. Su nombre permanecerá para siempre en la memoria de quienes la admiraron, la acompañaron y la quisieron.

Con inmensa tristeza, pero también con profundo orgullo y gratitud, nosotros sus hijos y toda la familia la despedimos con la dignidad y el amor que merece. Gracias, Totico, por todo lo que nos regalaste, por tu ejemplo, tu entrega y tu inmenso legado.

Se hará el traslado desde México a Bogotá el día 27 de Mayo y se realizará un homenaje póstumo en cuerpo presente para celebrar su vida y obra. Hora y lugar a confirmar.

Acompáñala acompáñala

Brilla en la noche acompáñala

Allá está la luna hermosa

Y el lucero la acompaña

Las estrellaslarodean

Para verse máshermosa

 

Ese 19 de mayo el periódico local El Sol del Bajío tituló: “Muere Totó la Momposina en Celaya; se apaga una de las voces más grandes del folclor latino. / La icónica cantante colombiana falleció a los 85 años tras sufrir un infarto; desde 2022 permanecía retirada de los escenarios debido al alzhéimer y la afasia.”

Por su parte, el portal noticioso de Guanajuato, La silla rota, encabezó: Falleció en Celaya una leyenda de la música colombiana: Totó La Momposina. / La ganadora en 2015 de un Grammy Latino murió de un infarto al corazón a los 85 años: el presidente de Colombia, Gustavo Petro, lamentó la partida de la cantante y resaltó su legado artístico.”

A su vez, el rector de la Universidad de Guajanuato, Juan Miguel Ramírez, publicó en su cuenta oficial de Instagram un mensaje de condolencias para la familia y de reconocimiento a la cantadora:

Hoy despedimos a una voz eterna de América Latina.

Totó la Momposina deja un legado que trascendió fronteras, llevando la riqueza de las raíces afrocolombianas y la fuerza de nuestras tradiciones a los escenarios más importantes del mundo. Su música fue identidad, memoria y orgullo para generaciones enteras.

Desde Celaya, reconocemos y honramos la vida de una mujer que hizo de la cultura un puente entre los pueblos y que eligió esta tierra para escribir parte de su historia.

Su voz no se apaga… seguirá resonando en cada tambor, en cada danza y en el corazón de quienes creen en la grandeza de nuestras raíces.

En Colombia los medios de comunicación registraron la noticia el día 20 de mayo, tras la divulgación del comunicado del Ministerio de las Culturas, la Artes y los Saberes.

El 21, la Presidencia de la República expidió el Decreto 0525 para honrar “la vida, obra y memoria de la maestra Sonia Bazanta Vides “Toto la Momposina™, y ordenar tres días de duelo nacional en los que la bandera tricolor estuvo izada a media asta en todos los edificios públicos del país, en las embajadas y oficinas consulares de Colombia en el exterior.

Entre tanto, en ciudad de México, el Consulado General de Colombia, la familia y admiradores de la cantadora, organizaban un homenaje de despedida en el Museo Nacional de México para el 26 de mayo, día en que el féretro llegaba a la capital mexicana. Desde ese momento la música fue la estrella, como ella siempre lo proclamó. La música y la danza ocuparon la nave central del museo, al que acudieron cientos de personas para despedirla en medio de las manifestaciones más sentidas y sinceras. Las redes sociales explotaron en mensajes de condolencias y de gratitud hacia la cantadora desde todos los rincones del país y del mundo.

El poeta Miguel Iriarte, quien se encontraba en la ciudad para la presentación de su novela, La ceja del tigre, vivió así el homenaje que México le rindió esa tarde a la artista colombiana.

 Con Totó en el zócalo de México

Alguna vez Patricia Iriarte, cuando andaba ya con el malestar de su libro sobre Totó La Momposina, me invitó a que le hiciera la segunda en la realización de un programa de radio dedicado a la música de nuestra “diva descalza”, programa que se produjo y se emitió en dos entregas en el programa Concierto Caribe de Rafael Bassi en la emisora Uninorte FM Stereo. 

Para esa ocasión, y desde entonces, estuve atento a las producciones de Totó con la intención de gozarlas y glosarlas. En el libro de Patricia están consignados distintos comentarios míos producto de audiciones personales que ella me hizo el honor de insertar en el texto final de su libro.

Tiempo después, probablemente a mediados de 2022, cuando ya Totó había empezado a perder su memoria, un poco antes de que yo empezara a dirigir la Fundación La Cueva, fue invitado a ese centro cultural a participar, también con Patricia, en un conversatorio con Marco Vinicius, el hijo tamborero de Totó. Y allí estaba ella esa noche, en primera fila, acompañada de su hija. Y no habló en el conversatorio pero bailó, y muy bien que lo hizo, en un momento en el que nadie lo esperaba, cuando sonó la música que ilustraba la conversación. Olvidada de todo, menos del baile.

Y no la volví a ver más personalmente.

El pasado 17 de mayo, día de mi cumpleaños, fue el día en que Totó se puso de acuerdo con Dios para morirse, y solo dos días después, el 19, viajé a México con el propósito de cumplir en los días siguientes algunos compromisos literarios en la Feria Internacional de Libro de Acapulco y en la Fundación Cultural La Casa Grande, en Ciudad de México. Por un golpe del azar, y gracias al escritor colombo-mexicano Mario Rey, me hospedé en la casa de una dama colombiana en México, la señora Onadis Rico, quien ha sido funcionaria de la embajada de Colombia en México y del consulado de nuestro país en CDMX, quien me comentó que la familia de Totó y la comunidad de colombianos en la capital mexicana le habían solicitado que fuera ella quien los representara como vocera en un discurso en el marco del homenaje que se le rendiría a Totó en el Museo de la Ciudad en la mañana del 26 de mayo.

Le pedí que me permitiera acompañarla, que yo quería estar en el evento, sin la exacta consciencia de en qué consistía precisamente aquella ceremonia. Ese día viajamos temprano en el metro hacia el centro de la ciudad, hacia el zócalo, y cuando entré al recinto del museo, una alfombra roja iluminada de pequeñas velas, que atravesaba el espacio escénico de un lado a otro, remataba al fondo en un lustroso ataúd color madera. Y solo en ese momento caí en la cuenta de que Totó estaba allí, de cuerpo presente, que había fallecido en México, y que yo estaba frente a su ataúd, con muy pocas personas aún en derredor, cuando los organizadores apenas estaban preparando la escena, con más velas, y flores, y música que Totó cantaba en los parlantes, y músicos y cantantes e instrumentos y bailarinas y bailarines ataviados y dispuestos, bajo el liderazgo de las maestras Lucy Garzón, Norma Ortiz y Penélope Vargas, cercanas a la herencia musical y danzaría de Totó en México, que iban tomando su sitio en la escena para cantarle y bailarle a ella, y dolientes y amigos que se abrazaban sollozando y sonriendo, y dignatarios del gobierno mexicano y colombiano que llegaban, y periodistas que iban acomodando sus equipos… 

Poco a poco el sitió se fue llenando de gentes que tomaban sus lugares y la presentadora del evento empezó a saludar a las autoridades civiles y militares allí presentes. El embajador de Colombia en México, Carlos Fernando García Manosalva, agradeció a México el haber abierto su tierra y su corazón a Totó, y a muchos otros colombianos; Mariana Gómez Godoy, directora general de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, le siguió en uso de la palabra e  hizo un hermoso discurso, profundo, inteligente y sensible, en el que definía todo lo que Totó representaba para México y para el mundo como símbolo de la herencia africana en América a través de la música. Le siguió entonces la representante de la comunidad colombiana en México, Onadis, quien en palabras sencillas y sentidas puso en valor la importancia de Totó para los colombianos en México y para los mexicanos que disfrutaron su música y su voz.

Después de eso ya todo fue música y sentimiento y baile y temas como “Acompañala”, “Yo me llamo cumbia”, “La candela viva”, “El pescador”, “Adiós fulana”, temas que llenaron el espacio con el coro del público, hasta cuando el féretro estuvo listo para ir hacia el aeropuerto Benito Juárez y regresar a Colombia sus restos mortales llenos de música y memoria para seguir sonando en el recuerdo musical del mundo. Y todos le cantaron entonces “Cielito Lindo”.

La despidió su hija Angelica con graciosas palabras coloquiales quien, luego de todos los agradecimientos, citó a Totó diciendo que “lo bueno de la muerte es que ya no había que pagar más servicios públicos”. 

 

Sus honores en Colombia 

El Ministerio de las Culturas avanzó en los preparativos del programa de despedida de Totó en Colombia. Con el decreto de honores vigente, su manager, Carolina Gotok, y la familia Oyaga Bazanta coordinaron lo necesario para la repatriación del cuerpo, el cual llegó al aeropuerto El Dorado de Bogotá en la mañana del 27 de mayo. De inmediato, un vehículo funerario trasladó el ataúd, cubierto por la bandera nacional, al Capitolio para el primero de los actos. El cuerpo fue dispuesto en el Salón Elíptico del Congreso, frente el enorme mural de cóndores y cordilleras de Alejandro Obregón que preside el recinto, y en medio de cinco grandes arreglos florales.  

Angélica María viajó con su esposo y sus hijos a Colombia, y Eurídice hizo lo propio con la suya desde Francia, de manera que en todas las horas que siguieron el cuerpo de la cantadora estuvo acompañado por todos sus hijos y sus nietos.  

Las notas de la Banda de la Policía Nacional, así como las intervenciones de la senadora Aida Avella, del Representante a la Cámara Juan Carlos Lozada, de la Directora del Centro Nacional de las Artes, Xiomara Suescún, y de la Vicepresidenta, Francia Márquez, marcaron el tono solemne de la ceremonia, que luego fue cerrando con una estremecedora interpretación de Acompáñala a cargo de sus hijos, nietos y Los tambores de Totó, que estuvieron en la galería acompañados por músicos amigos como Adriana Lucía, Toño Arnedo, Mónica Giraldo y los Tambores de Cabildo, entre otros.

Velación en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional

Una voz femenina, casi sobrenatural, inundó en un momento el salón con unas notas lentas y armoniosas. Se trataba de la voz de Yungchen Lamo, cantautora tibetana residente en Estados Unidos y amiga de Totó desde hace décadas, quien con sus mantras y melodías sagradas hizo más leve y luminoso el aire en ese momento de amor y gratitud por su amiga Sonia Bazanta.

Los actos de despedida y homenaje póstumo continuaron el jueves 28 de mayo a las nueve de la mañana con la eucaristía en la Catedral Primada de Bogotá, seguida por la ceremonia de cremación en la funeraria.

Ese día, a pocas cuadras de la Catedral, me encontré con la ex Ministra de Cultura Patricia Ariza, quien también acudía a la cita final con su amiga Totó. Llegamos juntas en el momento en que el féretro ingresaba a la Catedral en hombros de su yerno, nietos y músicos. La voz de la cantante de la Orquesta Filarmónica de Mujeres de Bogotá entonaba Mohana en un tempo tan lento y un tono tan sentido que la piel se nos erizó hasta el momento en que el cuerpo fue colocado frente al altar mayor. Francia Márquez ocupaba un lugar en la primera banca, acompañando a la familia.

La familia acompañando el féretro al final de la eucaristía.


Marco Vinicio Oyaga Bazanta, Francia Márquez y Patricia Ariza

El párroco de la Catedral Primada, sacerdote Sergio Pulido Gutiérrez, pronunció unas palabras muy sentidas y elocuentes sobre el profundo calado que alcanzó Sonia Bazanta Vides en el alma del país, exaltando su aporte a la memoria y al patrimonio cultural de Colombia.

A la salida del templo, la artista fue acompañada por un grupo de seguidores que al son de gaitas y tambores rindieron un último adiós momentos antes de que se realizara el traslado de sus restos al crematorio de Jardines del Recuerdo, al norte de la capital. 

Por petición expresa de Marco Vinicio, lo que sucedió en ese pequeño salón reservado para el círculo más cercano no quedó registrado en cámaras ni teléfonos celulares. Quienes tuvimos el privilegio de acompañar hasta allí a la familia, presenciamos un ritual de amor y dolor profundos. Con cantos y bailes alrededor del féretro, sus hermanas, hijas, nietas y sobrinas fueron tejiendo con sus manos y voces una preciosa filigrana de respeto y devoción por la mujer cuya existencia habían compartido de una u otra forma a lo largo de los años: la mamá, la abuela, la amiga. Una corriente de energía subía por sus pies y crecía con el golpe de las palmas y las voces que en medio de lágrimas y risas daban testimonio de amor y de anticipada nostalgia. Los tambores y las gaitas acentuaban el poder telúrico que parecía emanar de ese grupo de mujeres y se extendía sobre todos nosotros.




Próxima entrega: El adiós final en Mompox


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El 17 de mayo de 2026, en la ciudad de Celaya (México), desencarnó la maestra Sonia Bazanta Vides. La cantora mayor, la mujer que construyó durante 60 años un movimiento musical que cambió para siempre el mapa de las músicas tradicionales del Caribe colombiano y parte del Pacífico. A la manera de una creciente del río, desde todos los rincones de Colombia y desde muchos puntos del planeta llegaron y llegan aún cientos de miles de mensajes que le devuelven en cariño, admiración y agradecimiento sus cientos de miles de admiradores, artistas, agrupaciones musicales, alcaldías, gobernaciones, países, medios de comunicación y personalidades de la música en el mundo. 

Este blog publicará durante todo el mes de junio una serie de textos sobre los actos de homenaje que se le ofrecieron en México y en Colombia, y otros textos, especialmente algunos pasajes escogidos de la tercera edición del libro Totó, Nuestra diva descalza, de Patricia Iriarte. El que sigue es un texto inédito de esta autora.


Encuentro con Totó, con los cerros al fondo

Si alguien toma en Bogotá un bus de Transmilenio en la ruta G12, sentido sur-norte a las diez de la mañana de un día entre semana, probablemente se encuentre con una señora morena, de cabello negro y largo, ataviada con unos leggis negros, una abrigo de lana virgen, bufanda y botas de media caña con suela de goma. Una señora que podría confundirse con otra señora cualquiera de Bogotá de no ser porque esta tiene en el barrio Santa Isabel una oficina repleta de diplomas y trofeos. 

Sólo a esa hora de la mañana ella puede prescindir del taxi para dirigirse al centro o al norte de la ciudad para hacer sus gestiones; si lo hace en horas de mayor afluencia de gente, muchas personas la reconocerán y querrán tomarse fotografías con ella o pedirle autógrafos y entonces llegará tarde a sus compromisos porque ella no podrá y no querrá negarse a complacer a su público.

Estatuillas y galardones por sus discos, decretos de honor de varias universidades, placas de agradecimiento por su labor a favor de la música, reconocimientos de la ciudad de Miami, de la Universidad de Antioquia, de la Universidad Pedagógica Nacional… y entre todo ello, un cuadrado de madera con un centro de vidrio que tiene su nombre tallado sobre una frase que dice: Premio a la vida y obra 2011. Fue otorgado por el Ministerio de Cultura y es quizás el trofeo más importante de esa colección porque representa el reconocimiento nacional a medio siglo de trabajo con la música tradicional del Caribe colombiano.

Gracias a ese premio la señora, que se llama Sonia Bazanta Vides pero la conocen más como Totó La Momposina, es ahora propietaria de una casa en ese mismo barrio, a pocas cuadras de la oficina, donde tiene todo a su alcance y se siente segura. Camino a su casa me muestra dónde encontró a un señor de Talaigua que vende queso costeño, me señala un supermercado costeño que le queda a poca  distancia, y también, dentro del alcance de su caminata, una tienda de productos naturales. No parece ser más lo que necesita para sentirse tranquila en esta ciudad.

(Enero de 2020)





sábado, mayo 09, 2026

Mujeres de palabra. Armemos la espantosa

#ColombiaTieneEscritoras. Colombia tiene mujeres en el ecosistema del libro y la lectura 

Pronunciamiento de mujeres colombianas frente al evento inaugural de la FilBo 2026 (Divulgado el 25 de abril de 2026 y firmado por 231 mujeres y varios colectivos)



Una mesa compuesta casi exclusivamente por hombres en un país donde las mujeres escribimos, editamos, ilustramos, diagramamos, investigamos, mediamos la lectura y sostenemos día a día el mundo literario: así fue la mesa inaugural de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, 2026, organizada por la Cámara Colombiana del Libro y Corferias Bogotá.  

No es una imagen nueva. Es un bodegón del patriarcado que persiste de múltiples maneras en los procesos, prácticas, escenarios y relaciones del mundo cultural, y especialmente en el ámbito literario. Dicho patriarcado también recorre la FilBo en Colombia, a través de quienes dirigen entidades públicas y privadas que, aunque apoyan la Feria con recursos económicos,  buscan destacarse por encima del equipo FILBo que trabaja y cuida cada detalle. 

No se trata de un descuido. No es una coincidencia. Es una escena que se parece demasiado a muchas otras imágenes de la historia cultural colombiana, y del mundo: listas de autores sin mujeres, delegaciones nacionales e internacionales sin escritoras, paneles donde la voz de las mujeres en toda su diversidad, de la comunidad afro, indígena, de la población LGBTIQ+, están ausentes  o son la  excepción.  

Año tras año, día tras día, vemos espacios del mundo literario donde desfilan delegaciones de escritores colombianos sin una sola mujer o con muy pocas. Ello ha motivado pronunciamientos colectivos bajo una consigna que hoy vuelve a cobrar fuerza: Colombia tiene mujeres en el ecosistema del libro y la lectura. 

#Colombiatieneescritoras fue el hashtag y el lema de la campaña que, en 2017, 36 escritoras colombianas llevaron adelante para alzar su voz frente a la decisión del Ministerio de Cultura de no incluir mujeres en la delegación de escritores que representaría al país en las actividades del año Colombia-Francia. La campaña tuvo eco a nivel distrital, no nacional, y un año después, la Alcaldía Mayor de Bogotá y el Instituto Distrital de las Artes crearon el Premio Elisa Mújica, para obras de escritoras colombianas. En otros muchos espacios ha aumentado la presencia de mujeres en eventos literarios.  Cinco años después, el mismo ministerio desarrolló el proyecto Biblioteca de Escritoras Colombianas, que ha logrado visibilizar el aporte de mujeres que han escrito desde  siglos atrás, mujeres que habían sido silenciadas.  

El año pasado la escritora Yolanda Reyes escribió un artículo  cuestionando que en la inauguración de la Feria del Libro de Bogotá 2025 solo estuviera incluida una mujer escritora, Piedad Bonnett, entre un grupo muy nutrido de hombres. Era un llamado a que pensáramos bien nuestros eventos y comprendiéramos por fin que la diversidad de nuestro campo literario no puede estar por fuera de eventos tan importantes. Inaugurar una feria debería ser un acto de comunión entre diversos, no solo la pantalla de quienes dirigen una organización. 

Lamentablemente, este año la escena se  repite: figura en la inauguración una sola mujer, la ministra de cultura, y los demás  son representantes del poder organizado por una feria y un escritor. ¿Es posible invitar más escritores y escritoras, así como gente de diferentes lugares del país e identidades diversas?  

Hace cuatro años —y antes también— muchas de nosotras advertimos que este no es un problema anecdótico. No es el chiste, el chisme, el comentario en los cocteles del lobby literario. Se trata de algo estructural. La literatura colombiana se sigue contando en masculino. Y las mujeres no  buscamos “favorcitos” sino el derecho a ser leídas, reconocidas y consideradas en igualdad y con equidad en los espacios donde se define qué literatura representa al país. 

Hoy, esa premisa sigue viva. Porque mientras las mujeres escribimos, divulgamos, editamos, mediamos, y lo hemos hecho durante siglos, muchas veces en silencio, muchas veces desde los márgenes, seguimos enfrentando la misma exclusión material y simbólica en los espacios de mayor visibilidad.  

La historia lo demuestra: desde Soledad Acosta de Samper, quien debiera justificar su escritura en un mundo que no la concebía como autora, hasta las más de cien escritoras que han sido  rescatadas recientemente del olvido, ya que la historia literaria había decidido no nombrarlas. 

No es que no estemos. Es que insisten en  no reconocernos ni escucharnos. ¿Por qué no quieren admitir nuestra presencia? 

Nosotras hemos construido tradición, pensamiento y lenguaje. Hemos escrito sobre todos los temas cruciales para nuestros territorios: la desigualdad, la guerra, la paz,  la justicia, el cuerpo, la memoria, las infancias y las juventudes, la política, el deseo. Hemos fundado revistas, editoriales, librerías, encuentros, redes y procesos culturales. Hemos formado lectores y generaciones enteras de escritores y escritoras con pensamiento y palabra propia. Hemos sostenido la literatura incluso cuando no había y no hay espacio para nosotras. Y, sin embargo, cuando llega el momento de representar al país, seguimos siendo marginalizadas en la escena pública: servimos para que digan que hay un “nuevo boom de literatura femenina”, pero no para incidir y representar. 

Nos dicen que no es intencional. Nos dicen que son decisiones curatoriales.  Nos dicen que es coincidencia. 

Pero cuando la exclusión se repite, deja de ser casualidad y se convierte en estructura; y si para cambiar esa estructura, tenemos que armar “la espantosa”, lo haremos. 

No basta con que las editoriales publiquen a mujeres, si no se nos reconoce en los escenarios centrales. No basta con que nuestros libros circulen, si nuestras voces no están en la conversación pública. No basta con ser leídas si no somos legitimadas como interlocutoras de la cultura. 

La representación no es simbólica: es política, porque define quién habla y quién es escuchada. No vamos a permitir que hagan lo que han hecho con las guerras: que la historia es la de los ¿vencedores? 

¿Por qué, si la FILBo tiene una gran directora, como lo es Adriana Ángel Forero, ella no tiene voz ni presencia notable en la inauguración de un proyecto que lidera hace 4 años?  

Esa foto del evento inaugural de la FilBo 2026 no nos representa; este modelo ya no lo aceptamos. 

No es suficiente tener presente una colección de autoras colombianas —sin duda una labor que celebramos, aplaudimos y difundimos. Necesitamos espacios de representatividad, de toma de decisiones y visibilidad real. Porque nadie puede hablar por nosotras sin nosotras. 

Hablamos como escritoras, como editoras, ilustradoras, traductoras, libreras, promotoras y mediadoras de lectura, investigadoras, diagramadoras, gestoras culturales, bibliotecarias y, sobre todo, lectoras. Hablamos como parte de un ecosistema que ha sido históricamente sostenido por mujeres y que, sin embargo, sigue siendo reglamentado y narrado sin nosotras. No pedimos inclusión. Exigimos reconocimiento. 

No pedimos espacio. Exigimos participación real. 

No pedimos ser invitadas. Exigimos ser parte de la conversación desde el inicio. 

Y aparecer en la foto, no como mera veleidad, o como un símbolo vacío, sino como muestra de un compromiso real con la paridad y la igualdad de oportunidades, con la presencia de nuestras múltiples voces. 

Porque Colombia no sólo tiene mujeres en el mundo literario. Colombia se escribe con nosotras y no existe sin nosotras. 

No vamos a seguir aceptando que se nos nombre sin que se nos vea, que se nos publique sin que se nos escuche, que se nos celebre sin que se nos incluya. Los equipos de operación, comunicación y difusión, así como los equipos logísticos, deben ser capacitados y sensibilizados para comprender y transversalizar el enfoque de género y de diversidad en las ferias de la cultura del país, como ya viene sucediendo en algunas ferias regionales.  

Este comunicado no es solo una reacción, es una posición política colectiva. Es memoria, es denuncia; es también una apuesta por transformar el campo cultural. 

Exigimos que la Junta Directiva de la Cámara Colombiana del Libro evalúe hojas de vida de mujeres en la elección de la presidencia ejecutiva y que se amplíe la participación de la comunidad literaria en su junta directiva. Exigimos estar paritariamente donde se decide, donde se nombra y donde se representa la literatura de Colombia y del mundo. 

#ColombiaTieneEscritoras, editoras, ilustradoras, diagramadoras, traductoras, bibliotecarias, investigadoras, libreras, correctoras de estilo, agentes literarias, críticas, periodistas culturales, mediadoras de lectura, talleristas, gestoras culturales, docentes, poetas y promotoras de lectura. 

Firman: 

Ivonne Alonso-Mondragón María Antonia León Alejandra Jaramillo Morales Luz Mary Giraldo Pilar Quintana Liza Ariza Tarazona Lina Alonso  Mónica Lucía Suárez Beltrán Lina Munar Guevara Yulieth Mora Garzón  Constanza Martínez Camacho Lina maría Parra Laura Ruíz Córdoba Claudia Sterling Olga Amparo Sánchez Gomez Lauren Mendinueta Mónica Acebedo Paula Alejandra Rojas Paula Andrea Pérez Reyes Diana Ospina Pineda Fadir Delgado Acosta Yirama Castaño Güiza Tatiana Howard Rengifo Laura Acero Polanía  Claudia Valero Natalia Soriano Moreno Diana Carol Forero Colectiva La Cuarta Raya del Tigre  Catalina Gamba Chitiva Natalia Montejo Vélez Alejandra Ovalle Peñuela Yessica Chiquillo Vilardi  Lilia Gutiérrez Riveros Vanessa Torres Mayorga  Luisa García Meriño (Luisa Villa) Amalfi Cerpa Jiménez Angélica Pineda Silva Estefanía Pardo Martínez Compañía de artes verbales Mora Celeste  Libia A. Talero C. Mónica Lucía Suárez Beltrán Paloma Pérez Sastre  Encuentro Nacional e Internacional de Mujeres Poetas de Cereté, Córdoba María Camila Cabrera Celis María Elena Jaramillo Yesenia Escobar Espitia  Liliana Moreno Martínez  Lina Casallas Politte María Camila Velásquez  Rodríguez Catherine Rendón  Astrid Yaneth Tabares Valencia  María Teresa Agudelo Agudelo  Claudia Ivonne Giraldo Gómez  Editorial Lavanda Editoras Editorial y librería Ecos de Tinta Andrea Velandia Patricia Iriarte Diazgranados Lina María Pérez Gaviria  Gincy Zárate Mendivelso  Claudia Carvajal Silva Luisa Gáfaro  Yolanda Reyes Lorena Salazar Masso Adriana Villegas Botero Jannet Weeber Brunal Margarita Posada Catalina Navas  Laurandrea Torres Martínez María Paz Guerrero Catalina Holguín Ángela Acero Rodríguez Camila Charry Noriega Laura Camila Martínez Jiménez María Tabares Adelaida Vega Rocha Carolina Dávila Díaz Luisa Fernanda Varón Romero Alexandra Castrillón Gómez Adriana Paola Forero Ospina María Gómez Lara  María Teresa Ramírez Uribe  Niña Tigre Nicolle Tatiana Monsalve Rincón  Claudia Yolanda Cote Aldana  Marilyn Ardila Alvarado - Mar Paola Sierra  Diana Carolina Daza Astudillo  Martha Cecilia Ortiz Quijano  Patricia Escobar Botero Laura Ortiz Gómez  Karonlains Alarcón Forero  Multiverso Escuela de Escritura  Martha Lucia Uribe de los Rios María Mercedes Andrade María Carolina Acosta Dueñas Nidia Garrido Garcia  Lilian Silva G. Juliana Almiray Jaramillo Colectivo Palabreras Lucía Donadío  Colectivo Las Desobedientes Claudia Patricia Silgado Villadiego Corporacion Casa Tomada  Magda Pinilla Catalina Gallo Rojas Mariela Zuluaga  Carolina Cárdenas Jiménez Miriam Alicia Sendoya Guzmán  Nora Carbonell Muñoz Alexandra Lenis Glemz Daniela Sandoval Peña  Carolina Bustos Beltrán Luzmila Bermúdez Ramos María Ignacia Schulz Adriana Acosta Álvarez  Dennis Acevedo María Garzón Diana Ospina Obando Lynda Bula Barbosa Francy Liliana Díaz Rozo  Selen Arango Rodríguez Liz Rátiva Andrea Juliana Enciso Glenys Giomar Arevalo Fontalvo  Sabinas de las Estrellas  La Mishi Librería  Gina Marcela Hernandez Orozco Inés López Ramírez Rosalba Valencia Córdoba Natalia Gómez Machado Paola Caucali Guerrero Liney Portacio Puello (Lynn Puello) Carmen Rosa Franco De La Rosa  Nacha Newball Jiménez  Judith Cartagena Ospina  Cecilia Cuesta Morales Fennys Tovar  Angie Reyes Melo Jenny Sofía Valbuena Arango  Adriana González Navarro  Diana Marcela Gómez Correal Katherine Villalobos Díaz  María Eugenia Marínez Garcés  Ana Gilma Ayala Santos  Dina Luz Pardo Olaya  Nazly Mulford Romanos Andrea Salgado Luna María Calderón Gómez  Jacqueline Gómez Castellanos Yorledys Pabon Aguilar  Adriana Camila Cortés Palencia  Paula Cristina Pérez González Inés Sofía Morales Salcedo Juana Carolina Villa Cortés Giobanna Buenahora Molina  Johana Carvajal Arboleda Rosaura Mestizo Mayorga Nabia Molina Rodríguez  Nikol Cala Tania Ganitsky Amparo Gómez Castellanos María Ximena Hoyos Mazuera Daylin Patricia Palacio  Martha Amor Olaya  Carmiña Navia Colectivo Poético Hierbabuena de Cali Angélica Bernal Olarte Tatik Carrión Ramos  Jaylenne Patricia Gutiérrez Fernández de castro Yesica Cortés  Jhoana Patiño López  Sonia Ramón Red de Escritoras de Caldas  Claudia Amador Patricia Aguirre  Eugenia SánchezNieto  Ángela Briceño Dayana De La Rosa Carbonell Ana María Gómez Vélez de Cali Patricia Aguirre Gutiérrez Ana María Jaramillo Sara Martínez Vega Mayora Helena Hinestrosa Venté Cristina Isabel de la Hoz Márquez  María Victoria Arce Montoya (Manizales) Dora Luz Muñoz de Cobo Jennifer Barco Burgos  Lauren Mendinueta Maya Chález 

martes, abril 21, 2026

Cartografía de Patricia Iriarte

"Mapa de luz y sombra es, ante todo, un libro de tránsito por el amor, la pérdida, el viaje, la guerra, la naturaleza y el espíritu. Patricia Iriarte construye una poética íntima e histórica entrelazada en una misma respiración; el cuerpo es territorio, el paisaje es emoción, y la memoria, brújula."

 


Por Omar Fabián Rivera. 

Poeta y editor oaxaqueño. Director de FR Editor, que ha publicado en 2026 la obra reunida de Patricia Iriarte, con prólogo del poeta mexicano Ibán De León.


I. Los poemas como geografía interior y exterior

Mapa de luz y sombra (1992–2017) constituye la reunión de la obra poética de Patricia Iriarte, un proyecto estético que se despliega durante veinticinco años y que permite apreciar la consolidación de una voz sensorial, ética y femenina. Su universo se organiza en territorios y geografías afectivas que ordenan la intimidad, la historia, el paisaje y la memoria, la espiritualidad y el cuerpo.

Este volumen es una cartografía poética, un atlas humano del Caribe, la selva, la ciudad, la guerra y el amor. La poeta opera como viajera, cronista y visionaria que se abre hacia la exploración de la experiencia humana.

El amor como génesis

Mal de amores, su primer libro, revela a una joven que se acerca a la poesía desde el asombro corporal, la intensidad erótica y el desgarro emocional. El amor como un dispositivo de revelación, construcción identitaria y conocimiento. En poemas como “Equipaje”, la poeta expresa la ligereza y el peso de la experiencia amorosa:

 

Equipaje

Cómo pesa, amor

este equipaje de regreso.

Todo esto de mí

que había en ti.

Cómo pesa.

 

Desde temprano, Iriarte recurre a metáforas culinarias, alquímicas y sensoriales para plasmar el encuentro amoroso. En “Poción de amor”, el deseo se convierte en receta y rito:

 

Poción de amor

Agua

Sal

Besos

Almíbar

Otros besos

Cerrar los ojos

Abrir el cuarto de los vinos

Hundir los dedos

en el cajón de las especias

Aspirar

Tragarse el aroma

Apretar la mora entre los dientes

Encontrar la hierba precisa

entre tanta espesura.

 

Esta manera de inscribir el amor en la materialidad cotidiana marca un sello de su estilo: la poeta une lo doméstico y lo sagrado, lo corporal y lo mítico.

A la vez, lo amoroso se vuelve un modo de leer el mundo, el amor organiza la orilla de las preguntas y las respuestas, mientras el río marca el ritmo del silencio ajeno:

 

Travesía

En esta orilla

se agolpan todas mis preguntas.

En la otra

aguardan las respuestas.

Mientras tanto, discurre

lento

el río de tu silencio.

 

Este primer territorio configura la tensión del libro: el amor.

 

II. Territorio de delirio: el cuerpo como geografía simbólica

En esta segunda etapa,  su poesía se adentra en la experiencia erótica y sensual desde un lenguaje metafórico y expandido. El cuerpo del otro aparece como paisaje, como reino, como materia espiritual. La poeta afirma:


Territorio de delirio

Madera y cristal

que te guarda

que te contiene

que te anuncia.

Que me revela

dulces caminos

que me salva.

Tu cuerpo

curso de agua

sobre la piel del mundo.

Hoja en blanco

para mis labios.

Libro abierto

región alada

territorio de delirio

vestido azul

para mi sed.

Tu cuerpo,

mi secreto.

 

La enumeración dota al cuerpo amado de una cualidad sagrada, revelada, total. Esta configuración corporal -asumida-como-territorio inscribe la poesía de Iriarte en una tradición latinoamericana que encuentra en la naturaleza y en la geografía un espejo del deseo:

 

El camino de Cienaguas

Hoy quiero escribir sobre tu piel de agua, ciénaga morena.

Sobre la proa de una barca te recorro, y me siento penetrar en el cielo que reflejan tus aguas.

Aguas que vuelven arriba, porque tu cuerpo líquido se amansa y se vuelve uno solo con el azul de esta tarde que te baña. Quien diga que no eres profunda no sabe nada de grandezas.

Tú eres del color de los hombres que te sueñan. Del color de sus ojos. Eres el cabello de las mujeres que te habitan.

Tienes esperanza, aunque las garzas hoy caminen sobre la desembocadura de tus ríos. Aunque las redes regresen vacías, la magia no se va con tus cardúmenes. La leyenda anda en canoa y en boca de poetas.

 

La poeta funde el cuerpo y el paisaje en una misma materia simbólica. El erotismo, sin embargo, mantiene siempre un tono espiritual, casi místico: la unión sensual encarna un encuentro cósmico.

 

Presagio

Presiento un fulgor

un instante abrasador

como un disparo

un destello atravesando mi vida.

Jamás una mirada había

anunciado tanto peligro

y jamás ese peligro

había prometido ser tan dulce.

Danza de llama y mariposa

juego de madera y fuego

reunión de tierra y agua.

Eso eres

en el umbral de esta aventura.

 

Esto diferencia a Iriarte de una poesía puramente corporal: para ella, el erotismo es un lenguaje sagrado que enseña a ver y a sentir.

 

III. El viaje: poesía etnográfica

En Libro de viaje, su tercer poemario, Iriarte desplaza el foco hacia el espacio exterior. El viaje se transforma en un ejercicio de reflexión antropológica: describe modos de habitar el mundo, subrayando que viajar es cuestionarse antes de moverse.

 

Del viajar

El viaje comienza en el insomnio de la víspera, cuando la mente repasa los motivos de la errancia. Sus aperos. Sus peligros.

Luego hay que vérselas con el acre sabor del abandono, percibido en el gesto de entregar ese reducto del mundo que habíamos hecho nuestro.

Pero aún nos aguarda comprobar lo que tiene el recuerdo de despojo: el alma plasmada en las imágenes nos dice que nada nos perteneció jamás.

Y cuando al fin sobreviene la partida, allá vamos, viajantes solitarios: un atado de objetos ―casi siempre inútiles― y en los huesos, la fatiga.

 

También percibe la dualidad cultural: La fascinación por un territorio donde conviven tradición, honor, supervivencia y modernidad.

 

Guajira

I.

Península solar.

Un día desperté entre los tuyos.

Sobre tu tierra dorada.

Y con los tuyos bebí

de tu luz y de tu agua.

 

II.

Camino a Nazareth me tragó el horizonte.

Llegué con el primer lucero

y al amanecer oriné en la arena

con las demás mujeres.

 

III.

Pastores en tierra y agua.

Me intrigan estos hombres de mar y de desierto

con sus Ray Bans y sus atuendos ancestrales.

Admiro a los jóvenes que cuidan los rebaños,

tan capaces de morir por una de sus cabras

como de matar por ellas.

 

IV.

Descansé bajo su luna y me encontró la noche

tendida en un chinchorro

en una orilla del Cabo

pensando en el romance de la tierra con Juyá.

 

V.

Guajira, tu nombre me huele a tierra.

y tu manta me protege

lo sé

de todo mal.

 

Mas el viaje no es romántico: también denuncia la devastación ambiental:


Golfo de Darién

Con rumbo norte

la selva estará siempre a mi derecha

La mar, junto a mi corazón.

A ella la he visto, apacible,

lamer la arena y besar el arrecife.

La he visto teñirse el pelo con el color del río

y ponerse el traje negro para sortear la noche.

He visto el bosque nocturno cerrarse sobre mí

y rodearme con sus cantos de todo origen.

Me he sentido una hoja más, un soplo

entre sus manos.

He temblado ante su grandeza y sus criaturas.

Me he asombrado con su esplendor diurno.

He transitado ese mapa bajo un aguacero,

temiendo a la roca lisa, al lodo, a la serpiente.

Pero he visto más: he visto la triste huella

del hombre sobre la playa.

Su rastro de desperdicios, su voracidad, su indiferencia.

He oído, al atardecer, el ronquido de la motosierra,

y sentido escalofrío al imaginar su tarea.

He escuchado el testimonio de su gente

sobre lo que había, y lo que era.

Y yo, que no puedo comparar, lloro con ellos.

 

Esta sensibilidad ecológica convierte su poesía en testimonio de una conciencia ambiental en el siglo XXI.

 

El desamor como cartografía de sombras

La sección Mapa del desamor de Libro de viaje, es uno de los puntos más altos de ese libro. Ahora la voz abandona la inocencia del primer amor y asume la dureza de la pérdida.

 

Ceremonia

Tú no lo sabes

Nadie lo sabe

Pero cada día

al despertar

beso la llama de tu ausencia.

 

Estos poemas muestran una evolución hacia lo introspectivo y reflexivo. La pérdida se narra como sufrimiento y aprendizaje.

 

Objetos perdidos

Todo estaba allí, en la palma de mi mano.

Un coche tirado por caballos

que llegaría puntual, cada mañana,

para llevarte a recorrer el mundo.

Había en mi pecho un lugar para tu infancia

y para mis recuerdos, un sitio en tu memoria.

Días de sol había para mi triste alma.

Días de fiesta, días de frutas mordidas en tu boca.

Había una casa iluminada y silenciosa.

Lo bastante grande para escribir historias

y para hacer el amor en cualquier sitio.

Todo estaba allí, en la palma de mi mano.

 

La poeta revisita las promesas fallidas como ruinas afectivas, como si recorriera un museo de su propia historia.

 

La poesía en tiempos de guerra

Una de las secciones más conmovedoras de ese tercer libro es Geografía del desarraigo, donde la poeta enfrenta la guerra, donde combina lo lírico y lo testimonial. La imagen del agua contaminada de sangre simboliza, tal vez, la imposibilidad de separar la vida de la violencia en el contexto colombiano.

 

El mismo río

Aguas arriba

la vida profanada se descuaja en sangre.

Vegetal y humana sangre

de las tierras arrasadas.

El plasma se ha mezclado con el río

y los niños se bañan en ese flujo atroz.

Las mujeres bajan con la ropa sucia

para lavarla en la corriente

sin imaginar

cuánta culpa pondrá ella

sobre la piel de los suyos.

Las niñas llevan a casa el agua cruda

para cocinar el alimento

y es así como el pescado

acaba hirviendo en sangre,

sedimento y vergüenza.

La lluvia cree limpiarlo todo

pero en realidad, todo lo ignora,

en su infinita inocencia.

 

La voz poética abandona la contemplación y adopta una postura ética. Denuncia la violencia desde la sensibilidad, mostrando el impacto cotidiano en los cuerpos y en la memoria.

Quizá el poema más desgarrador sea “Balada del destierro”:

 

Balada del destierro

Dejé mi tierra para burlar el miedo

pero el miedo se pega a mis zapatos. Como la sangre a la memoria.

Tierra y terror resultan ahora palabras hermanas.

Sangre que el sol ha secado. Ira que amarga los amaneceres.

Rabia que enturbia los ojos de mi hijo.

 

No fue rojo el amanecer sino la noche entera.

A gritos dijeron: marcha o muerte. Hoy en silencio marcha y muere.

Otro lugar comienza a llegar bajo mis pasos.

Otro aire, sucio, y otra tierra, gris. Sin flores ni animales que alimenten la vida.

La vida, que se compra y se pierde en las esquinas.

De repente, el sueño de ciudad se convierte en pesadilla...

Porque nada soy en la tierra de otros. Sólo una intrusa bajo un sucio vestido.

 

El desplazamiento forzado se convierte en una condición ontológica: la tierra se pierde, pero la violencia se conserva en el cuerpo.

Estos textos consolidan a Iriarte como una poeta que testimonia sin sacrificar la belleza, escriben desde la herida histórica.

 

IV. La naturaleza como maestra

A partir de Los cuartos de la casa, la poesía vira hacia una profunda contemplación de la naturaleza como fuente de sabiduría y de revelación espiritual.

 

Yo, árbol

Tú y yo estamos hechos

de los mismos materiales:

luz y agua

tierra en las uñas de los pies

y aire para la música

que escapa entre mis hojas.

Somos parte de los mismos

pájaros que vienen

a alimentarse de los frutos.

hijos de la misma madre

hermanos de sangre vegetal.

Te duelo y me dueles cuando te apuñalan

como si fuera yo mismo quien recibe

el hacha en su costado.

 

Esta visión panteísta establece una relación de hermandad entre los seres humanos y el mundo vegetal.

Los poemas de esta etapa revelan una búsqueda espiritual evidente, que mezcla prácticas de meditación, imágenes de ascenso interior y la noción del silencio como conquista. La poesía aparece como puente hacia esa interioridad esquiva.

 

Meditación

Cómo acallar, me pregunto

estas voces que cubren

por igual mis horas de sueño y de vigilia.

Cómo calmar el agobio

por tantos pensamientos.

Cómo olvidar el dolor

cómo ignorar la alegría

cómo burlar los deberes

la vanidad, el miedo

la soledad, el deseo

las emociones que somos

desde el primer soplo de existencia.

He perseguido ese instante

una y otra y otra vez

ese tesoro de silencio

que aún se escapa.

Pero a veces, entre un intento

y otro, ocurre la poesía.

 

La casa, microcosmos social y emocional

El libro Los cuartos de la casa amplía la mirada hacia lo doméstico y revela la casa como territorio simbólico. Pero no como un espacio idílico: es permeado por el entorno social. En un pasaje notable, la poeta señala cómo los vigilantes de los edificios frente a su casa observan permanentemente su vida. El hogar es refugio, pero también escenario de vigilancia y de lecturas sociales sobre el cuerpo femenino.

En este sentido, Iriarte aporta una reflexión antropológica sobre la vida cotidiana en ciudades latinoamericanas donde lo privado y lo público están en perpetuo roce. La casa, más que un techo, es un organismo vivo, un espejo emocional.

 

Poema de la casa (Fragmento)

Llueven mangos. Todo el día caen en mi patio hermosos mangos olorosos, sensibles, amables, tiernos... como el corazón de Gómez Jattin.

Ese patio en el que caen es de la casa en la que habito, que no es mía pero parece hecha por mí en mis pensamientos. Ahora espero hacerla por dentro con mis manos, con más plantas que cosas, una hamaca azul y tres asientos. (…)

La casa no está en una cuadra, es propiedad de la cuadra. Largo tiempo deshabitada y repentinamente recuperada, todos estaban pendientes de cómo quedaría y de quién llegaría a vivir allí.

Mujer sola. Un detalle propicio para jugosos argumentos relacionados con quién llega y quien sale, cuanto se demora y otros detalles como los pedidos que se hacen a la tienda o el tipo de carro en que llegan mis visitas. Todo esto lo ven las veinticuatro horas del día los cuatro ojos de los dos vigilantes de los edificios que quedan justo enfrente. No puedo escapar a su presencia permanente –la de sus ojos- sobre la acera de mi casa.

Mi casa, la que se cuida a sí misma, la que disfruta estando a solas cuando no estoy y ella puede espiar todas mis cosas. Mi casa, la de ligeras cortinas, la ajena, la de todos, la que me recibe. La que bien sabe atesorar mi soledad.

Hacia una estética de la luz: madurez espiritual

Cuarto creciente y Sala de visitas, dos de las secciones de este cuarto poemario, revelan la etapa más contemplativa y madura de Iriarte. Evidencian una exploración del inconsciente, del miedo y de la memoria más profunda. La poeta funda una ética de la vida, donde el amor se convierte en fuerza de preservación y donde la Tierra aparece como madre espiritual:

 

Son asombrosos los días que trancurren

El orgullo y la vanidad claudican.

La entrega y el sacrificio recuperan estatus.

Lo entienden por igual depredadores naturales y especies pacíficas.

Son asombrosos los días que transcurren.

Aumentan los devotos de la vida y el amor toma el lado de las causas que lo preservan.

Resuenan más fuertes que nunca las voces de la Tierra. Mi planeta de origen, mi nave estelar en este largo viaje del espíritu sobre los horizontes.

Asombrosa la estación en este caserón en donde habitan los dioses. Hombres de turbante que me miran por doquier. Ajaib a mi izquierda, y Sadhu a mi derecha, atentos a servirme.

Y aprendo, en estos días asombrosos, que soy yo la sirviente y me levanto en la madrugada a esperar su darshan. Es un amante nocturno este dios encarnado que usa turbante y largas barbas de patriarca.

Son asombrosos los días que transcurren.

 

V. Un mapa para atravesar la vida

Mapa de luz y sombra es, ante todo, un libro de tránsito por el amor, la pérdida, el viaje, la guerra, la naturaleza y el espíritu. Patricia Iriarte construye una poética íntima e histórica entrelazada en una misma respiración; el cuerpo es territorio, el paisaje es emoción, y la memoria, brújula.

Mapa de luz y sombra ofrece una visión profundamente humana del mundo, atravesada por la lucidez ética y la belleza sensorial. Este libro es, en definitiva, una de las contribuciones más significativas a la poesía latinoamericana contemporánea escrita por mujeres: un testimonio de cómo la sombra cohabita en toda vida, y cómo la poesía ilumina.


Presentación de la obra en la Biblioteca Andrés Henestrosa de Oaxaca, el 21 de enero de 2023. En la mesa: Liliant Alanís, ilustradora; Patricia Iriarte, la autora; Iban De León, autor del prólogo, y Omar Fabián Rivera, editor. 


 

lunes, abril 07, 2025

Gonawindúa o la persistencia de un mensaje


 

“Durante siglos el pueblo Kogui ha tratado

                                                                                    de transmitir el mensaje urgente de cuidar el planeta…”

Primera frase de la obra teatral "Gonawindúa. El corazón del mundo".[1]

 

 


Texto y fotos:  Patricia Iriarte

 




A finales de los años ochenta, siendo redactora del diario La Prensa, llegó a mis manos la transcripción de una entrevista en la que el mamo Ramón Gil Barros relataba el mito de origen de los cuatro pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta, ese que comienza con la declaración: "Primero estaba el mar..." El mamo Ramón Gil hablaba allí de los diversos planos de Aluna, el lugar donde habitan las almas de todos los humanos,  y del secreto acuerdo que tienen con la Madre Tierra para reparar los errores o compensar los favores recibidos de ella mediante el pagamento.

Le propuse al maestro Fernando Garavito, editor del periódico, que me diera un espacio en la sección de cultura para publicar las ideas centrales de ese discurso y de inmediato me reservó media página para publicarlo esa semana. Creo que conseguí con mi fuente, el Dr. Juan Ospina, la foto del mamo, y fue así como publicamos una síntesis del largo relato del líder kogui. Recuerdo haber quedado prendada de esta idea originaria, de esa riqueza simbólica y de la poética implícita en el mito de Serankua, el dios que habita en los picos nevados de la Sierra. Gracias a la edición que hice de ese material con la orientación de Fernando, logré entender lo que significaba el concepto de Gonawindúa, la gran montaña, la madre tierra.

Ya entrados los noventa, siendo parte del equipo de reporteros de la revista Cromos, tuve la misión de acompañar a la Sierra Nevada de Santa Marta a dos profesionales del Inderena que hacían parte de una misión científica de la Universidad Nacional. El objetivo era recolectar rocas y muestras de plantas en las tres vertientes del macizo costero.

En esa ocasión, el biólogo Mario Castañeda y un compañero geólogo de la misma institución,  tenían planeado recorrer la vertiente oriental de la Sierra recolectando muestras y datos que conformarían el levantamiento ecológico de toda la montaña. Para ese momento ya habían estado en la vertiente norte, que tiene como entrada el puerto de Santa Marta. 

La idea, después de dejar atrás Nabusímake, en el departamento del Cesar, era llegar lo más cerca posible a los nevados. Yo los acompañé durante la primera semana, hasta un sitio de poder llamado el valle de Duriameina, a 3.200 metros de las playas del Parque Tayrona.

A ellos les tomaría una semana más llegar al borde del nevado para explorar los ecosistemas de ese último piso térmico. En cada etapa del recorrido, en lo que me constaba, se reunían largas horas con la autoridad indígena y miembros de la comunidad. Toda la noche la transcurrían los hermanos mayores mambeando con la planta sagrada, mientras los científicos les explicaban en detalle el colosal proyecto de describir la flora, la fauna y los minerales de toda la sierra nevada. A medida que respondían las preguntas y preocupaciones de los arhuacos sobre los fines de ese proyecto y sobre el destino de la información que se iban a llevar, los gobernadores les iban autorizando avanzar al siguiente poblado.

Ese viaje, donde recibí la hospitalidad de dos mujeres arhuacas, madre e hija, y compartí con ellas el plátano verde y el calor de la fogata en la noche fría, donde recibí, a la mañana siguiente, a manera de regalo, un mazo de cebolla en rama cultivado y cosechado por ellas mismas en su parcela, ha sido una de las más bellas experiencias de mi vida, y desde entonces sentí que una parte de mí, de alguna forma, se arraigaba en ese territorio. El resultado periodístico fue una crónica de tres páginas titulada “Los guardianes del agua”, que contaba la ambiciosa aventura de los científicos, y de paso, transmitía el mensaje de urgencia de los lideres espirituales por el cuidado y el respeto con el planeta.

Desde entonces siempre estuve atenta a lo que publicara o produjera sobre la Sierra, y recuerdo haber visto el documental de 87 minutos Desde el Corazón del Mundo, realizado por la BBC en 1990, en el que los manos de los cuatro pueblos insistían en mostrarnos la conexión existente entre nosotros y la naturaleza, y en llamar la atención sobre los daños que  la modernidad le estaba produciendo a la Sierra Nevada, al Corazón del Mundo.




El empeño por hacernos entender

Ya entrado el tercer milenio, en 2010, mientras realizaba la investigación sobre los usos del audiovisual en el Caribe colombiano, tuve el privilegio de conocer de cerca la experiencia del Colectivo de Comunicaciones Zigoneshi dirigido por el líder arhuaco Amado Villafaña.

Este colectivo fue el primer proyecto de comunicación articulado por la Organización Gonawindúa Tayrona con diferentes actores del territorio, para llevar más allá de la Línea Negra el mensaje de los líderes espirituales de los cuatro pueblos, y hacerlo con la fotografía y el video, el lenguaje que a nosotros, los “hermanitos menores”, tanto parecía gustarnos. Así, con el apoyo del antropólogo Pablo Mora, el colectivo gestionó sus propios equipos de producción y preparó al grupo de jóvenes indígenas que haría en 2009 la serie Palabras Mayores, una producción de 10 capítulos de 7 minutos que le llevaría a la nueva generación de televidentes el mensaje que venían repitiendo desde hacía 30 años: la madre tierra está enfermando, hay que cuidarla.

Diez años después de haber hecho la serie Palabras Mayores, hacia el 2020, Zigoneshi se tranforma, y hay un relevo de los jóvenes camarógrafos y realizadores arhuacos, koguis y kankuamos que se formaron en el oficio de la fotografía gracias a proyectos como el documental “Nabusímake: Memorias de una independencia”, producido por Amado Villafañe en 2012. En él, Villafañe incursionó en la puesta en escena con actores naturales para narrar un episodio clave de la historia arhuaca, como fue la expulsión de los misioneros capuchinos de su territorio, y lo hizo con una propuesta dramática que aprovechó el material de archivo de la Fundación Patrimonio Fílmico y de la documentalista Marta Rodríguez.

La obra teatral "Gonawindúa: el corazón del Mundo", estrenada el 29 de marzo en el Teatro Mayor de Bogotá, viene a ser un nuevo y sorprendente eslabón en ese esfuerzo por hacerse oír; un recurso más al que apelan para que esta sociedad sorda y terca reciba el mensaje de los mamos y comprenda la urgencia de parar la destrucción de la naturaleza.

La crítica teatral no es mi área, pero como comunicadora no deja de maravillarme la forma como unos pueblos originarios asentados desde la prehistoria en el Caribe y golpeados por la experiencia colonial y por todas las violencias que estremecen a Colombia, logran realizar, gracias al principio de yuluka (acuerdo) una obra teatral cocreada y codirigida por un mamo del pueblo Kogui a quien se le encomendó la dirección espiritual del proyecto.

Así lo relató Nube Sandoval, codirectora de a obra, en la entrevista para el canal del Teatro Mayor, en la cual habló del trabajo del Centro de Investigación Teatral (Teatro Cenit) en Minca y cómo esta obra tiene antecedentes en la publicación del libro Shikwakala. El Crujido de la Madre Tierra (2018), un compendio de relatos de 26 mamos sobre la Ley de Origen y la misión de cuidado de la naturaleza que tienen los cuatro pueblos ancestrales de la Sierra: Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo.

No podemos ignorar lo significativo que resulta que uno de estos pueblos ancestrales haya tenido acceso a esta oportunidad y el resultado del trabajo sea, en efecto, un poema visual, además de una experiencia envolvente de sonido, luz y movimiento corporal que, por lo menos a mí, me “estalló” -en el mejor sentido-, la cabeza pero además el corazón, y ese otro lugar misterioso que se ubica en la memoria.

Por eso, mientras me dejaba traspasar por el mundo del pensamiento kágabba esa noche frente al escenario del Teatro Mayor, venían a mí las palabras de Ramón Gil Barros, la sonrisa de las dos mujeres que me despidieron en Duriameina con un regalo de la tierra, las películas y los documentales vistos en los últimos 20 años y la emoción que sentí 15 años atrás al ver los jóvenes indígenas capturando con sus equipos su propia visión de la Sierra.

Me vino a la mente el Gonawindúa de Jorge Mario Suárez y Giuliano Cavani, un sorprendente documental de 15 minutos que narra la misión que el anciano mamo Kankuémaku le encomienda a Cenkui, su joven aprendiz, de realizar un pagamento. El recorrido del joven Cenkui hasta el lugar del pagamento es también el curso seguido por el agua desde la pureza de los cerros más altos hasta el mar, y que ha sido manipulado por el hombre blanco a medida que va poblando de manera irresponsable a Gonawindúa.

El proceso creativo que tuvo lugar para llegar al estreno de la obra en el Teatro Mayor de Bogotá fue producto de la metodología del Teatro-puente, aquella que propone “una conversación entre dos mundos culturales. Por un lado, el pueblo Kogui y su misión cosmogónica de armonizar el planeta y, por otro lado, el teatro con su rol de puente, que integra los lenguajes contemporáneos de las artes escénicas para comunicar el llamado a la salvaguardia de la biodiversidad”, como lo expresó Nube Sandoval.

El resultado artístico me pareció admirable. La forma en que se conjugan y despliegan en escena los recursos técnicos para transmitir la idea de la trama y la interdependencia de todo lo existente, en contraste con el desafuero desarrollista de la sociedad occidental, es sorprendente. El hecho de llevar por primera vez a escena a once jóvenes indígenas y dos autoridades ancestrales creo que subvierte los conceptos de actuación y de representación propios del oficio teatral. Por estas y otras razones “Gonawindúa. El corazón del mundo” constituye un hito que da mucho material para la crítica. Pero me atrevo a decir que para ellos, para el pueblo kogui, lo más importante de todo este esfuerzo no serán los comentarios que se publiquen sobre la obra sino el atisbo de conciencia ambiental que ella logre sembrar en los espectadores.

 

Videografía:

1.      Ficha técnica de la obra

https://www.teatromayor.org/es/evento/teatro/teatro-cenit-colombia-gonawindua-el-corazon-del-mundo-direccion-nube-sandoval-y-bernardo-rey-14693?function=3247

2.      Documental Desde el Corazón del Mundo. Un mensaje de los Hermanos Mayores a la humanidad, 1990

(471) Desde el Corazón del Mundo - 1 de 7 - YouTube

3.      Cómo hicimos Palabras mayores, 2009

https://www.youtube.com/watch?v=MzLom5ODlq0

4.      Documental Gonawindúa, de Murillo Films, 2013

https://www.youtube.com/watch?v=HtcbiKquqss

5.      Conversatorio con Nube Sandoval sobre el proceso de creación de la obra Gonawindúa. El corazón del mundo. 2025

https://www.youtube.com/watch?v=B1vPdfZTOjM



[1] Producción teatral con dirección escénica de Nube Sandoval y Bernardo Rey, y dirección espiritual del Mamo Aluntana Vacuna y la Jaba Francisca Jandigua.

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