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martes, junio 02, 2026

HOMENAJE A TOTÓ

 Barranquilla, 9 de junio de 2026


Despedida a una cantadora inmortal (I)


Por Patricia Iriarte

El miocardio falló para siempre en la tarde del diecisiete de mayo del dos mil veintiséis. Totó estaba en su cuarto, en la casa de Celaya, México, con su hija Angélica María, quien fue su cuidadora desde finales del 2022 cuando los síntomas de una afección neurológica irreversible la obligaron a abandonar los escenarios.

Había desayunado y pasado bien esa mañana. Al llegar la tarde, una sombra voló lentamente cerca de su aura, opacando el brillo de vida que aún rutilaba en sus ojos. El golpe de tambor se hizo lento en su pecho... hasta que el Gran Tambolero detuvo su mano sobre la piel de la tambora y su corazón se silenció.

Al confirmarse su deceso, comenzó la preparación de su cuerpo para la travesía que la esperaba, desde el centro de México hasta la orilla del mismo río que la vio nacer. La franja de mar y continente que separaba Celaya de Mompox era de tres mil quinientos kilómetros, y había una escala obligatoria en Bogotá, la ciudad donde creció al amparo de una familia numerosa, amorosa y sonora como pocas.

Las siguientes veinticuatro horas fueron las primeras de un duelo que se extendería varios días, hasta que los restos del cuerpo de Totó llegaran a su destino final sobre el lomo de agua del río Magdalena. La familia, tanto en México como en Colombia y Francia, prefirió vivirlas en intimidad.

Cuarenta y ocho horas después la noticia se filtró en Celaya, y sus hijos, que habían pensado tomarse unas horas más para asimilar la muerte de su madre, decidieron emitir un comunicado a través de la página oficial de Totó La Momposina. La noticia trascendió a los medios de México y Colombia, y a continuación, a todo el mundo:

Hasta siempre querida madre Totó la Momposina

Con profundo dolor, nosotros sus hijos Marco Vinicio, Angelica María y Eurídice Salomé Oyaga Bazanta, anunciamos el fallecimiento de nuestra madre Sonia Bazanta Vides, más conocida como Totó la Momposina, rodeada de su familia en Celaya, México, el domingo 17 de mayo. Causa, infarto al miocardio.

Totó fue una mujer que con su voz y entrega extraordinaria, llevó la cultura y la memoria del pueblo Colombiano a los rincones del mundo. Su alegría, luz, sabiduría, talento, generosidad y muchas otras virtudes marcaron la vida de innumerables personas.

A lo largo de su vida, Totó nos dejó un legado inestimable, dejando su huella no solo a través de su carrera artística, sino también gracias a su calidez, su fortaleza, su alegría de vivir y el amor que transmitía en todo lo que hacía. Ella compartió con el mundo la música, la cultura, los bailes y la esencia de la costa caribeña de Colombia. Su nombre permanecerá para siempre en la memoria de quienes la admiraron, la acompañaron y la quisieron.

Con inmensa tristeza, pero también con profundo orgullo y gratitud, nosotros sus hijos y toda la familia la despedimos con la dignidad y el amor que merece. Gracias, Totico, por todo lo que nos regalaste, por tu ejemplo, tu entrega y tu inmenso legado.

Se hará el traslado desde México a Bogotá el día 27 de Mayo y se realizará un homenaje póstumo en cuerpo presente para celebrar su vida y obra. Hora y lugar a confirmar.

Acompáñala acompáñala

Brilla en la noche acompáñala

Allá está la luna hermosa

Y el lucero la acompaña

Las estrellaslarodean

Para verse máshermosa

 

Ese 19 de mayo el periódico local El Sol del Bajío tituló: “Muere Totó la Momposina en Celaya; se apaga una de las voces más grandes del folclor latino. / La icónica cantante colombiana falleció a los 85 años tras sufrir un infarto; desde 2022 permanecía retirada de los escenarios debido al alzhéimer y la afasia.”

Por su parte, el portal noticioso de Guanajuato, La silla rota, encabezó: Falleció en Celaya una leyenda de la música colombiana: Totó La Momposina. / La ganadora en 2015 de un Grammy Latino murió de un infarto al corazón a los 85 años: el presidente de Colombia, Gustavo Petro, lamentó la partida de la cantante y resaltó su legado artístico.”

A su vez, el rector de la Universidad de Guajanuato, Juan Miguel Ramírez, publicó en su cuenta oficial de Instagram un mensaje de condolencias para la familia y de reconocimiento a la cantadora:

Hoy despedimos a una voz eterna de América Latina.

Totó la Momposina deja un legado que trascendió fronteras, llevando la riqueza de las raíces afrocolombianas y la fuerza de nuestras tradiciones a los escenarios más importantes del mundo. Su música fue identidad, memoria y orgullo para generaciones enteras.

Desde Celaya, reconocemos y honramos la vida de una mujer que hizo de la cultura un puente entre los pueblos y que eligió esta tierra para escribir parte de su historia.

Su voz no se apaga… seguirá resonando en cada tambor, en cada danza y en el corazón de quienes creen en la grandeza de nuestras raíces.

En Colombia los medios de comunicación registraron la noticia el día 20 de mayo, tras la divulgación del comunicado del Ministerio de las Culturas, la Artes y los Saberes.

El 21, la Presidencia de la República expidió el Decreto 0525 para honrar “la vida, obra y memoria de la maestra Sonia Bazanta Vides “Toto la Momposina™, y ordenar tres días de duelo nacional en los que la bandera tricolor estuvo izada a media asta en todos los edificios públicos del país, en las embajadas y oficinas consulares de Colombia en el exterior.

Entre tanto, en ciudad de México, el Consulado General de Colombia, la familia y admiradores de la cantadora, organizaban un homenaje de despedida en el Museo Nacional de México para el 26 de mayo, día en que el féretro llegaba a la capital mexicana. Desde ese momento la música fue la estrella, como ella siempre lo proclamó. La música y la danza ocuparon la nave central del museo, al que acudieron cientos de personas para despedirla en medio de las manifestaciones más sentidas y sinceras. Las redes sociales explotaron en mensajes de condolencias y de gratitud hacia la cantadora desde todos los rincones del país y del mundo.

El poeta Miguel Iriarte, quien se encontraba en la ciudad para la presentación de su novela, La ceja del tigre, vivió así el homenaje que México le rindió esa tarde a la artista colombiana.

 Con Totó en el zócalo de México

Alguna vez Patricia Iriarte, cuando andaba ya con el malestar de su libro sobre Totó La Momposina, me invitó a que le hiciera la segunda en la realización de un programa de radio dedicado a la música de nuestra “diva descalza”, programa que se produjo y se emitió en dos entregas en el programa Concierto Caribe de Rafael Bassi en la emisora Uninorte FM Stereo. 

Para esa ocasión, y desde entonces, estuve atento a las producciones de Totó con la intención de gozarlas y glosarlas. En el libro de Patricia están consignados distintos comentarios míos producto de audiciones personales que ella me hizo el honor de insertar en el texto final de su libro.

Tiempo después, probablemente a mediados de 2022, cuando ya Totó había empezado a perder su memoria, un poco antes de que yo empezara a dirigir la Fundación La Cueva, fue invitado a ese centro cultural a participar, también con Patricia, en un conversatorio con Marco Vinicius, el hijo tamborero de Totó. Y allí estaba ella esa noche, en primera fila, acompañada de su hija. Y no habló en el conversatorio pero bailó, y muy bien que lo hizo, en un momento en el que nadie lo esperaba, cuando sonó la música que ilustraba la conversación. Olvidada de todo, menos del baile.

Y no la volví a ver más personalmente.

El pasado 17 de mayo, día de mi cumpleaños, fue el día en que Totó se puso de acuerdo con Dios para morirse, y solo dos días después, el 19, viajé a México con el propósito de cumplir en los días siguientes algunos compromisos literarios en la Feria Internacional de Libro de Acapulco y en la Fundación Cultural La Casa Grande, en Ciudad de México. Por un golpe del azar, y gracias al escritor colombo-mexicano Mario Rey, me hospedé en la casa de una dama colombiana en México, la señora Onadis Rico, quien ha sido funcionaria de la embajada de Colombia en México y del consulado de nuestro país en CDMX, quien me comentó que la familia de Totó y la comunidad de colombianos en la capital mexicana le habían solicitado que fuera ella quien los representara como vocera en un discurso en el marco del homenaje que se le rendiría a Totó en el Museo de la Ciudad en la mañana del 26 de mayo.

Le pedí que me permitiera acompañarla, que yo quería estar en el evento, sin la exacta consciencia de en qué consistía precisamente aquella ceremonia. Ese día viajamos temprano en el metro hacia el centro de la ciudad, hacia el zócalo, y cuando entré al recinto del museo, una alfombra roja iluminada de pequeñas velas, que atravesaba el espacio escénico de un lado a otro, remataba al fondo en un lustroso ataúd color madera. Y solo en ese momento caí en la cuenta de que Totó estaba allí, de cuerpo presente, que había fallecido en México, y que yo estaba frente a su ataúd, con muy pocas personas aún en derredor, cuando los organizadores apenas estaban preparando la escena, con más velas, y flores, y música que Totó cantaba en los parlantes, y músicos y cantantes e instrumentos y bailarinas y bailarines ataviados y dispuestos, bajo el liderazgo de las maestras Lucy Garzón, Norma Ortiz y Penélope Vargas, cercanas a la herencia musical y danzaría de Totó en México, que iban tomando su sitio en la escena para cantarle y bailarle a ella, y dolientes y amigos que se abrazaban sollozando y sonriendo, y dignatarios del gobierno mexicano y colombiano que llegaban, y periodistas que iban acomodando sus equipos… 

Poco a poco el sitió se fue llenando de gentes que tomaban sus lugares y la presentadora del evento empezó a saludar a las autoridades civiles y militares allí presentes. El embajador de Colombia en México, Carlos Fernando García Manosalva, agradeció a México el haber abierto su tierra y su corazón a Totó, y a muchos otros colombianos; Mariana Gómez Godoy, directora general de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, le siguió en uso de la palabra e  hizo un hermoso discurso, profundo, inteligente y sensible, en el que definía todo lo que Totó representaba para México y para el mundo como símbolo de la herencia africana en América a través de la música. Le siguió entonces la representante de la comunidad colombiana en México, Onadis, quien en palabras sencillas y sentidas puso en valor la importancia de Totó para los colombianos en México y para los mexicanos que disfrutaron su música y su voz.

Después de eso ya todo fue música y sentimiento y baile y temas como “Acompañala”, “Yo me llamo cumbia”, “La candela viva”, “El pescador”, “Adiós fulana”, temas que llenaron el espacio con el coro del público, hasta cuando el féretro estuvo listo para ir hacia el aeropuerto Benito Juárez y regresar a Colombia sus restos mortales llenos de música y memoria para seguir sonando en el recuerdo musical del mundo. Y todos le cantaron entonces “Cielito Lindo”.

La despidió su hija Angelica con graciosas palabras coloquiales quien, luego de todos los agradecimientos, citó a Totó diciendo que “lo bueno de la muerte es que ya no había que pagar más servicios públicos”. 

 

Sus honores en Colombia 

El Ministerio de las Culturas avanzó en los preparativos del programa de despedida de Totó en Colombia. Con el decreto de honores vigente, su manager, Carolina Gotok, y la familia Oyaga Bazanta coordinaron lo necesario para la repatriación del cuerpo, el cual llegó al aeropuerto El Dorado de Bogotá en la mañana del 27 de mayo. De inmediato, un vehículo funerario trasladó el ataúd, cubierto por la bandera nacional, al Capitolio para el primero de los actos. El cuerpo fue dispuesto en el Salón Elíptico del Congreso, frente el enorme mural de cóndores y cordilleras de Alejandro Obregón que preside el recinto, y en medio de cinco grandes arreglos florales.  

Angélica María viajó con su esposo y sus hijos a Colombia, y Eurídice hizo lo propio con la suya desde Francia, de manera que en todas las horas que siguieron el cuerpo de la cantadora estuvo acompañado por todos sus hijos y sus nietos.  

Las notas de la Banda de la Policía Nacional, así como las intervenciones de la senadora Aida Avella, del Representante a la Cámara Juan Carlos Lozada, de la Directora del Centro Nacional de las Artes, Xiomara Suescún, y de la Vicepresidenta, Francia Márquez, marcaron el tono solemne de la ceremonia, que luego fue cerrando con una estremecedora interpretación de Acompáñala a cargo de sus hijos, nietos y Los tambores de Totó, que estuvieron en la galería acompañados por músicos amigos como Adriana Lucía, Toño Arnedo, Mónica Giraldo y los Tambores de Cabildo, entre otros.

Velación en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional

Una voz femenina, casi sobrenatural, inundó en un momento el salón con unas notas lentas y armoniosas. Se trataba de la voz de Yungchen Lamo, cantautora tibetana residente en Estados Unidos y amiga de Totó desde hace décadas, quien con sus mantras y melodías sagradas hizo más leve y luminoso el aire en ese momento de amor y gratitud por su amiga Sonia Bazanta.

Los actos de despedida y homenaje póstumo continuaron el jueves 28 de mayo a las nueve de la mañana con la eucaristía en la Catedral Primada de Bogotá, seguida por la ceremonia de cremación en la funeraria.

Ese día, a pocas cuadras de la Catedral, me encontré con la ex Ministra de Cultura Patricia Ariza, quien también acudía a la cita final con su amiga Totó. Llegamos juntas en el momento en que el féretro ingresaba a la Catedral en hombros de su yerno, nietos y músicos. La voz de la cantante de la Orquesta Filarmónica de Mujeres de Bogotá entonaba Mohana en un tempo tan lento y un tono tan sentido que la piel se nos erizó hasta el momento en que el cuerpo fue colocado frente al altar mayor. Francia Márquez ocupaba un lugar en la primera banca, acompañando a la familia.

La familia acompañando el féretro al final de la eucaristía.


Marco Vinicio Oyaga Bazanta, Francia Márquez y Patricia Ariza

El párroco de la Catedral Primada, sacerdote Sergio Pulido Gutiérrez, pronunció unas palabras muy sentidas y elocuentes sobre el profundo calado que alcanzó Sonia Bazanta Vides en el alma del país, exaltando su aporte a la memoria y al patrimonio cultural de Colombia.

A la salida del templo, la artista fue acompañada por un grupo de seguidores que al son de gaitas y tambores rindieron un último adiós momentos antes de que se realizara el traslado de sus restos al crematorio de Jardines del Recuerdo, al norte de la capital. 

Por petición expresa de Marco Vinicio, lo que sucedió en ese pequeño salón reservado para el círculo más cercano no quedó registrado en cámaras ni teléfonos celulares. Quienes tuvimos el privilegio de acompañar hasta allí a la familia, presenciamos un ritual de amor y dolor profundos. Con cantos y bailes alrededor del féretro, sus hermanas, hijas, nietas y sobrinas fueron tejiendo con sus manos y voces una preciosa filigrana de respeto y devoción por la mujer cuya existencia habían compartido de una u otra forma a lo largo de los años: la mamá, la abuela, la amiga. Una corriente de energía subía por sus pies y crecía con el golpe de las palmas y las voces que en medio de lágrimas y risas daban testimonio de amor y de anticipada nostalgia. Los tambores y las gaitas acentuaban el poder telúrico que parecía emanar de ese grupo de mujeres y se extendía sobre todos nosotros.




Próxima entrega: El adiós final en Mompox


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El 17 de mayo de 2026, en la ciudad de Celaya (México), desencarnó la maestra Sonia Bazanta Vides. La cantora mayor, la mujer que construyó durante 60 años un movimiento musical que cambió para siempre el mapa de las músicas tradicionales del Caribe colombiano y parte del Pacífico. A la manera de una creciente del río, desde todos los rincones de Colombia y desde muchos puntos del planeta llegaron y llegan aún cientos de miles de mensajes que le devuelven en cariño, admiración y agradecimiento sus cientos de miles de admiradores, artistas, agrupaciones musicales, alcaldías, gobernaciones, países, medios de comunicación y personalidades de la música en el mundo. 

Este blog publicará durante todo el mes de junio una serie de textos sobre los actos de homenaje que se le ofrecieron en México y en Colombia, y otros textos, especialmente algunos pasajes escogidos de la tercera edición del libro Totó, Nuestra diva descalza, de Patricia Iriarte. El que sigue es un texto inédito de esta autora.


Encuentro con Totó, con los cerros al fondo

Si alguien toma en Bogotá un bus de Transmilenio en la ruta G12, sentido sur-norte a las diez de la mañana de un día entre semana, probablemente se encuentre con una señora morena, de cabello negro y largo, ataviada con unos leggis negros, una abrigo de lana virgen, bufanda y botas de media caña con suela de goma. Una señora que podría confundirse con otra señora cualquiera de Bogotá de no ser porque esta tiene en el barrio Santa Isabel una oficina repleta de diplomas y trofeos. 

Sólo a esa hora de la mañana ella puede prescindir del taxi para dirigirse al centro o al norte de la ciudad para hacer sus gestiones; si lo hace en horas de mayor afluencia de gente, muchas personas la reconocerán y querrán tomarse fotografías con ella o pedirle autógrafos y entonces llegará tarde a sus compromisos porque ella no podrá y no querrá negarse a complacer a su público.

Estatuillas y galardones por sus discos, decretos de honor de varias universidades, placas de agradecimiento por su labor a favor de la música, reconocimientos de la ciudad de Miami, de la Universidad de Antioquia, de la Universidad Pedagógica Nacional… y entre todo ello, un cuadrado de madera con un centro de vidrio que tiene su nombre tallado sobre una frase que dice: Premio a la vida y obra 2011. Fue otorgado por el Ministerio de Cultura y es quizás el trofeo más importante de esa colección porque representa el reconocimiento nacional a medio siglo de trabajo con la música tradicional del Caribe colombiano.

Gracias a ese premio la señora, que se llama Sonia Bazanta Vides pero la conocen más como Totó La Momposina, es ahora propietaria de una casa en ese mismo barrio, a pocas cuadras de la oficina, donde tiene todo a su alcance y se siente segura. Camino a su casa me muestra dónde encontró a un señor de Talaigua que vende queso costeño, me señala un supermercado costeño que le queda a poca  distancia, y también, dentro del alcance de su caminata, una tienda de productos naturales. No parece ser más lo que necesita para sentirse tranquila en esta ciudad.

(Enero de 2020)





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