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viernes, diciembre 09, 2011

Personajes que hacen región

Rafael Vergara, un revolucionario del Caribe


La celebración del Bicentenario de la Independencia de Cartagena en este 2011 dependió en buena parte del trabajo de este hombre. Es abogado especializado en derecho público, y en los inicios de su carrera trabajó en la Superintendencia Bancaria, donde descubrió desde Barranquilla las exportaciones ficticias. Llegó a ser Director General de Control del Banco de la República. Luego decidió apoyar al asesinado jurista Eduardo Umaña Mendoza en la defensa de presos políticos y ya como militante de la izquierda fue durante años claves, el embajador del M-19 en México y en donde se ofreciera. Al reintegrarse a la vida civil, tras los acuerdos de paz, regresó a su Cartagena natal y fue director de Medio Ambiente de la ciudad, Secretario General y alcalde encargado durante la administración de Guillermo Paniza.

 Esto me lo cuenta el propio Rafael Vergara en una de las bancas del comedor del buque ARC Cartagena de Indias, que nos llevaba de Cartagena a Barranquilla en la primera escala de la Expedición Padilla. Allí era uno de los tres comandantes de la expedición, junto con el capitán César Martínez, de la Armada Nacional y el economista Alberto Abello, de la Universidad Tecnológica de Bolívar. El más autorizado para hablar de la Independencia de Cartagena era él, que se había informado a fondo sobre los intríngulis de la empresa libertadora en la Cartagena de 1811. “Siempre sufrí por no haber sido historiador; hubiera preferido ser historiador que abogado”, dijo Rafa -como lo conoce todo el mundo- mientras seguía con atención las señales de su celular. La alcaldesa de Cartagena podía llamar en cualquier momento.

Y continuó hablando de su vida frente a una grabadora. Como tantas veces ante los micrófonos de la prensa. Como siempre, porque siempre ha sido un hombre público, entregado al mundo, abierto como un libro. Como el mar.

Su compromiso con la lucha de los indígenas por la tierra en el sur del Tolima y la persecución por haber develado las irregularidades cambiarias del Grupo Grancolombiano, lo llevó a refugiarse en México, donde se encontró con todo el exilio latinoamericano que las dictaduras habían producido. Era el año 79, estábamos bajo el mal gobierno de Turbay y su Estatuto de Seguridad, y alguien que defendiera indígenas y presos políticos sólo podía terminar en una embajada pidiendo asilo para salvar su vida.

En México conoció a los sandinistas y a los salvadoreños mientras escribía para los periódicos más importantes del país y dictaba clases en la UNAM. En esa época conoció a Gabo y en esa época se dio el encuentro con el Movimiento 19 de Abril. La empatía de este costeño con las ideas del “Eme” lo llevó a casarse con ese movimiento hasta convertirse en su representante ante gobiernos extranjeros; era la cara pública de un movimiento clandestino, inaugurando esa posición en la izquierda armada colombiana. Al inicio de la Constituyente del 91 Rafael Vergara regresó a Colombia.

Antes había acompañado todo el proceso de negociación y junto con Gustavo Petro y otros compañeros fue copresidente de la Conferencia del M-19 que decidió la dejación de las armas. Había pasado once años afuera, pero tan pronto se reintegró comenzó a hacer política como candidato de la Alianza AD M-19 al Senado, por el departamento de Bolívar. No ganó, por lo eligieron secretario de relaciones internacionales del Eme y le correspondió liderar el ingreso de esa organización a la Internacional Socialista. Después de muchos años de viajes por la seca y la meca, viviendo prácticamente en los aviones, Vergara regresó a Cartagena, donde se enamoró de Cecilia Herrera, una de las pintoras más importantes del Caribe colombiano.

Por todo esto, ¿qué mejor que invitar a un revolucionario caribeño a organizar una fiesta para otro revolucionario caribeño?

Una expedición “a Padilla” 
Estábamos en el buque de la Expedición Padilla para hablar también de esta singular empresa que recorrió casi todo el litoral Caribe en trece días.

¿De dónde surgió la idea de celebrar de esta forma los 200 años de la Independencia de Cartagena?

De la misma visión que nos llevó a conmemorar el Bicentenario de una ciudad que juega un papel tan crucial en la historia de la Nueva Granada y del Caribe, como lo es Cartagena de Indias. ¿Qué es el Bicentenario? Es reencontrarnos con un pasado que estaba allí, semi- ignorado, y sacarlo a flote: Pedro Romero, José Padilla, los hechos tan trascendentales que ocurrieron antes y después del 11 de noviembre de 1811… En todos ellos está Padilla, pero ignorado en su verdadera dimensión. Así fue como a quienes proyectaban el Plan de Acción del Bicentenario y a Alberto Abello, se les ocurrió esta genial idea de la Expedición Padilla. Yo, como asesor del Bicentenario, me los encontré en el camino y comencé a participar en el proyecto, que en el fondo es un proyecto para compartir saberes.

¿Cuando ustedes arrancan, ¿por dónde comienzan y cómo se da ese proceso? 

La alcaldesa [Judith Pinedo] la tenía pensada, y la orientación que dio era la de conmemorar no solamente una fecha sino trascender eso. Así, cada hito histórico se relaciona con un hecho de la administración. Por ejemplo, vamos a conmemorar la firma de la capitulación española en 1821. ¿Con qué? Con la declaratoria de Cartagena como territorio libre de analfabetismo. Lo malo es que todo ese esfuerzo de Cartagena por sacar a flote esa parte oculta de la historia se estaba quedando en Cartagena, y esta expedición ayuda a que todo el Caribe se involucre en el cuento…

Con la alcaldesa de Cartagena, Judith Pinedo, hablando con los vecinos
de la Laguna Salada, en Riohacha, sobre el deterioro ambiental
de ese cuerpo de agua.
Gracias a esa idea cartagenera la región que no conocía al verdadero José Prudencio Padilla comenzó a conocerlo, y la expedición Padilla pasó a ser una expedición a Padilla para muchos caribeños y caribeñas que visitaron el barco, que asistieron a las conferencias, que leyeron el cuaderno y que se acercaron a los eventos realizados en Cartagena, Barranquilla, Santa Marta y Riohacha. Su papel era coordinar la participación del Distrito y colaborar en todo, andar recordando, asesorando, acompañando. “Pero la directora de todo esto es Judith Pinedo”, aclara abriendo bien sus grandes y chispeantes ojos.

"Claro, entre otras cosas, estamos haciendo la ruta de atrás para adelante, porque Padilla y sus hombres salieron de Riohacha, llegaron a Sabanilla, Soledad y Barranquilla, y luego a Santa Marta y de allí, entrando por el rio Magdalena y el Canal del Dique, llegaron a Cartagena y eso permitió liberar la ciudad luego de la batalla naval de la Noche de San Juan, donde Padilla vence a la fuerza española que controlaba la bahía. Pero, fíjate, hasta la historia la han cachaquizado: el 20 de julio de 1810 el grito fue de autonomía, el de independencia se da en Cartagena el 11 de noviembre de 1811. Nos impusieron el 7 de agosto de 1819 como la fecha de la salida de los españoles de la Nueva Granada y de Cartagena el último reducto de su ejército sale el 10 de octubre de 1821."


Vergara es padre de cuatro hijos en dos uniones libres, pero ahora vive solo y feliz con su pareja de Hoskys siberianos con los que sale a caminar por la playa. Cuando todo esto termine, seguramente volverá a otra de sus andanzas quijotescas. Volverá a meterse en política, seguramente, para tratar de derrotar a la clase “podrítica”, como él le dice; seguirá luchando contra los depredadores y los intereses que están secando las ciénagas, y seguramente perderá muchas batallas pero ganará una que otra guerra, como cuando consiguió parar la tala del mangle para su uso en la construcción. Ahora está empeñado en lograr que las Fuerzas Armadas se comprometan en la labor de cuidar el patrimonio natural.


"No es de abrir procesos, es de proteger la casa, es un tema de soberanía, porque el futuro alimentario, el clima, la biodiversidad de todos están en esas ciénagas que estamos rellenando. Así se lo dije al presidente Uribe y a Santos. Y los efectos del calentamiento global en Cartagena se previenen con la protección de la capa vegetal. Creo que esa va a seguir siendo mi tarea junto a este trabajo en la cuestión histórica."

 Está en el “sexto piso”, lidia con la hipertensión y carga un enfisema severo.

"Pero también un corazón sano siempre dispuesto a seguir amando, y todos los días estoy en función de aprender cosas nuevas."

Patricia Iriarte

domingo, octubre 16, 2011

Entrevista con Aline Helg


"De pronto me quedo en el Caribe"


Cuando Aline Helg comenzaba sus estudios en la Universidad de Ginebra, comenzaba también en el Cono Sur la época de las dictaduras, y  Suiza fue uno de los países que recibió una gran cantidad de exiliados políticos de los países suramericanos. Muchos de ellos fueron sus compañeros de estudios pero uno en particular, un chileno-suizo que se había sido su gran amigo, fue desaparecido después en la Operación Cóndor del régimen de Pinochet.  “Eso me movilizó enormemente”, dice la historiadora en una entrevista que concedió a Cantaclaro en la recepción de un hotel en Riohacha, donde había sido invitada por la Expedición Padilla para dictar una conferencia y presentar su libro sobre el Caribe colombiano, publicado por primera vez en Colombia.[1]

En unos minutos el bus de la expedición nos llevaría a conocer la Laguna Salada y el sitio aproximado donde estuvo la Villa de Pedraza, la cuna del héroe de la Independencia José Padilla, la figura histórica a la cual esta mujer le ha dedicado años de investigación.

Pero ¿cómo se interesa esta investigadora por una figura hasta entonces ignorada de la historia de Colombia?

Después de haber estudiado Historia, Español y Ciencia Política, y tras su doloroso contacto con la realidad de América Latina, Aline se interesa en trabajar con la Unesco; pensando quizás en vivir un tiempo en París. Sin embargo, para ello necesitaba tener un doctorado y pensó que uno muy interesante podrían ser el de Historia de la Educación, pero ¿dónde? “Mirando el mapa de Suramérica  el único país que no estaba bajo una dictadura era Colombia. Estaba en estado de sitio pero no en dictadura.”  Así fue como en 1979 llegó a Colombia para hacer la investigación en terreno, y se vinculó nada menos que a la Universidad de los Andes, en Bogotá, como profesora visitante. De esa temporada cuenta, a manera de anécdota, que sus estudiantes –la mayoría de clase alta- se negaban a ir a las oficinas del DANE para buscar los documentos que ella les pedía consultar porque consideraban –al menos, eso les decían sus padres- que la Avenida El Dorado era un sitio peligroso. Lo chistoso era que la misma Aline vivía en ese sector, y el único peligro que encarnaba para un joven uniandino era, digo yo, la cercanía de la Universidad Nacional. Eran los años 80, con gobierno de Turbay, Estatuto de Seguridad y sonoros golpes del M-19.

Esa pesquisa sobre la educación la llevó al otro tema que le ha apasionado en los últimos 20 años: el de la raza. Durante su tesis doctoral sobre educación en Colombia Aline Helg encontró que ésta comenzó a desarrollarse cuando los primeros gobiernos de la República lanzaron programas para promover la inmigración europea y así “blanquear” la raza. Era lo que se hacía en ese entonces en otros países, dice la profesora Helg, pues se pensaba que de esa forma la raza iba a mejorar notablemente… sólo que no había una inmigración suficientemente importante en Colombia, y entonces decidieron tomar la vía de la educación y la salud para mejorar a los colombianos: 1930-40

Así fue emergiendo el papel decisivo que había jugado la cuestión racial en la educación. Por ejemplo, dice Helg: “Cuando se estableció la educación pública las clases medias y altas crearon los colegios privados para que sus hijos no se mezclaran con los pobres o los de piel más oscura.”

El asunto la intrigó tanto que luego realizó un estudio sobre teorías raciales en América Latina para ver cómo los pensadores e intelectuales latinoamericanos trataban de conciliar esas teorías europeas y norteamericanas con la realidad que vivían en países mestizos, encontrado escritos que confirmaban un pensamiento racista muy fuerte en esta parte del continente. Lo hizo comparando a Cuba y Argentina, que sí pudieron atraer una importante inmigración europea.

En Cuba encontró que existían organizaciones negras muy fuertes desde 1840, y que allí se había creado el único partido negro del continente después de las guerras de independencia. El resultado de este trabajo se publicó en inglés y español bajo el título Lo que nos corresponde. La lucha por la igualdad de los negros y mulatos en Cuba, estudio que le valió varios premios en Estados Unidos y el Caribe.

Después hizo planes para hacer una investigación sobre el oriente de Cuba pero la situación era tan difícil en ese momento en la isla que decidió volver con su hija a Colombia y ver lo que ocurría en el Caribe colombiano, región de condiciones similares al Caribe insular. Observando esto se planteó las siguientes preguntas: “¿Por qué no hubo una movilización basada en la raza en la Costa Caribe colombiana durante la guerra de Independencia, periodo en que se desbarató todo el sistema de control?” O “¿Por qué la nación colombiana se presenta como mestiza y andina y no como caribeña?”  

“Algunos amigos en Estados Unidos ni siquiera sabían que Colombia tiene la tercera población afrodescendiente más numerosa de América”, dice Aline Helg, quien revisó archivos de España, Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Colombia para responder esas preguntas, y poco a poco se dio cuenta de que el caso de Colombia era totalmente distinto al de Cuba, entre otras porque no había medios de comunicación, el sentido de pertenencia a Africa se había perdido y tampoco había una élite de hacendados fuerte, que utilizara la raza para dominar, como la hubo en Cuba, donde aún se utiliza el término “raza de color”.

Además, veía Aline en sus estudios, el Caribe colombiano había sido durante mucho tiempo parte de una gran periferia no conquistada, con poco control de Estado y de la iglesia, por eso no se explicaba cómo en esas sabanas y montes, a la sombra de las rochelas y sitios de libres, no había florecido una insurrección de los sectores mestizos y blancos pobres. Y fue por esos estudios sobre el tema racial como llegó al personaje llamado José Prudencio Padilla.

Personaje que, curiosamente, no apareció cuando investigaba los hechos de la Independencia sino cuando leía la correspondencia del Libertador Simón Bolívar, quien decía en algunas de sus cartas -palabras más, palabras menos -que había que hacer algo con ese militar costeño que amenaza con imponer en la Gran Colombia una “pardocracia” como la que habían impuesto los negros en Haití. Así llega también a las cartas que el mismo Padilla envía a Bolívar y a Santander.

“En ese momento digo: ¡Aquí tengo mi héroe!”, recuerda emocionada Aline, pues mientras que en Cuba había encontrado muchos héroes enaltecidos por la Revolución, en el Caribe colombiano no había encontrado ninguno. Finalmente entendió por qué  Padilla no había podido ejercer aquí un liderazgo como el que ejerció en Cuba un Antonio Maceo: “por la geografía, por las terribles maniobras políticas y por la debilidad de la Costa, a la cual nadie le paraba bolas”, dice la investigadora suiza en su español desparpajado.

“Era una región despreciada, y yo traté de entender por qué, pues toda esa gente también fue independentista, murió en las guerras. Uno de los pocos que sobrevivió fue Padilla; también Juan José Nieto, pero él era muy joven en la época de Independencia.”

Cuando recibía de manos del alcalde su diploma
como hija adoptiva de Riohacha.


Algunos historiadores dicen hoy que a pesar de todas las críticas que se hacen a los caudillos, estos sembraron las semillas de la nación con sus redes de clientelismo y arraigo en las masas. En la región Caribe no hubo ese caudillo. Padilla era un hombre honesto, sin deseos de riquezas; su riqueza era su honor, su figura y su única ambición el reconocimiento de su papel en la guerra de Independencia.

Sus estudios sobre el Caribe colombiano le tomaron casi diez años, hasta la publicación en 2004 de Libertad e igualdad en el Caribe Colombiano 1770-1835, obra que recibió el Premio John Edwin Faggde de la Asociación Americana de Historia en 2005. Su primer artículo sobre el Almirante guajiro[2] había salido en 2001, y fue antes de que descubriera el panfleto Al respetable público de Cartagena, que dio origen a otro artículo: Bolívar, Padilla y la pardocaracia. Un tema en el que Helg ve toda una veta de trabajo.

-        O sea que podría seguir trabajando sobre Padilla, le digo.
“Ah, si me dan documentos, sí, estoy lista”, responde sonriendo.

Ahora está terminando algo sobre el pensamiento social de Bolívar, tiene un “pequeño” proyecto sobre historias de mujeres esclavas que lucharon por su libertad, y finalmente, le da los últimos toques a su Historia general de la resistencia de los esclavos en las Américas.

Tenía también un proyecto sobre historia del Pacífico “pero con esta Expedición Padilla tengo tanto corazón aquí, que voy a tener que decidir. De pronto me quedo en el Caribe”.
Por ahora seguirá con sus cursos en Ginebra, pero tiene tantos amigos aquí que lo más seguro es que regrese. Además, ahora es hija adoptiva de Riohacha.  

Ver otra entrevista y artículos sobre Aline Helg en: 




[1] Libertad e igualdad en el Caribe Colombiano 1770-1835. Banco de la República/Fondo Editorial Universidad EAFIT, Bogotá/Medellín, 2011
[2] “El general José Padilla en su laberinto: Cartagena en el decenio de 1820”, en Haroldo Calvo Stevenson y Adolfo Meisel Roca, eds., Cartagena de Indias en el siglo XIX, (Cartagena: Universidad Jorge Tadeo Lozano/Banco de la República, 2002), pp. 3-29.

domingo, octubre 09, 2011

Epílogo de una expedición


Habíamos quedado en Riohacha,  donde dejé al grupo expedicionario el domingo 2 de octubre, a punto de salir hacia la plaza central para el homenaje al Almirante Padilla. Allí se celebraría un Te Deum en memoria de su muerte, un 2 de octubre de 1828. Había autoridades civiles, eclesiásticas y militares; sol picante, lluvia fina y banderas ondeando, pero también una colorida delegación de Cartagena que había llevado un pedacito de las Fiestas de Independencia para celebrar el hermanamiento de las dos ciudades que Padilla llevó en el corazón. A la alcadesa Judith Pinedo le regalaron una medalla y una pintura del almirante, y ésta le regaló a Riohacha una escultura alegórica a Getsemaní. Pero además se declaró a Aline Helg y a Adelaida Sourdis como hijas adoptivas de Riohacha por su conocimiento y aporte a la consolidación de Padilla como un héroe de la patria.



Todo eso ocurrió esa mañana frente a la Catedral después de una noche que había comenzado muy bien con las exposiciones, los libros presentados  y la actuación de dos sorprendentes orquestas: la de Fundarte, de repertorio clásico, y la Charanga Junior, conformada por jóvenes de 12 a 18 años pero que suena como las grandes. 


Digo que había comenzado muy bien porque al final de los actos, cuando nos retiramos al hotel a descansar, nos llevamos una ingrata sorpresa: a los decibeles ya muy altos de los negocios de afuera se sumaron los de una fiesta que se ofrecía en la piscina del hotel y que hacía sencillamente imposible el reposo de los expedicionarios. Uno de ellos decidió incluso irse a dormir a otro hotel y al día siguiente se presentaron quejas formales ante la gerencia. 

El incidente no merecería una mención si se hubiera tratado de un "hecho aislado", pero lo traigo a cuento porque representa uno de esos defectos de nuestras ciudades que nos hacen sentir vergüenza a los caribeños cuando tenemos invitados. No hay asomo de control sobre los niveles de ruido en el espacio público, y lo peor es que el problema no es solo de día -que vaya y venga- sino que a veces es más agudo en la noche, cuando no se puede ni dormir en paz ni conversar en las terrazas. Y a ello se agregan las basuras por todas partes, la mala calidad del servicio en hoteles y restaurantes, el incumplimiento y la informalidad con que se asumen los compromisos por parte de los proveedores o establecimientos contratados. Pero habiendo dejado constancia de estas incomodidades, sigamos con el epílogo de este viaje por el conocimiento sobre el Caribe y su historia.

Eduardo Polanco y Rafael Bassi fueron en busca
de la música.
Los expedicionarios realizaron visitas, entrevistas, fotografías y grabaciones que conforman un registro de la realidad regional a 200 años de la Independencia. Eduardo Polanco y Rafael Bassi realizaron en cada ciudad un inventario musical, en algunos casos con tintes de arqueología, encontrando viejas grabaciones y compilaciones de temas dedicados a Cartagena, Barranquilla, Santa Marta y Riohacha. El cheff Alex Quessep visitó las plazas de mercado en busca de productos,  ingredientes y preparaciones que, o bien están en plena mutación o bien se conservan intactos en la memoria de cocineras y cocineros populares. Rafael Vergara hizo un atento seguimiento al estado del medio ambiente, enseñándonos secretos de las bahías, los manglares y las lagunas costeras, y la expedición hizo enérgicas declaraciones sobre la contaminación de la bahía de Santa Marta y la Laguna Salada de Riohacha.

Desde Cartagena, la estrategia Negro tenía que sé visitó escuelas y con propuestas lúdicas estimuló la interculturalidad, la lucha contra la discriminación y las reivindicaciones étnicas de los colombianos. Se conocieron también los aportes del pueblo wayuu, que tiene ancestrales relaciones con el Caribe insular, que se hermana con Venezuela en lengua y territorio; que mantiene su singular economía basada en el intercambio y que ha ejercido históricamente diversas opciones de resistencia a la agresión colonial y a los intentos de colonización cultural de los nuevos tiempos.
Muy importantes fueron también en la expedición las nuevas tecnologías de información y comunicaciones. Con la participación del Ministerio de las TIC el buque ARC Cartagena de Indias se convirtió en un Punto Vive Digital y de Gobierno en línea con 35 computadores para la formación de los jóvenes a bordo y el uso por parte de los expedicionarios y la prensa. Más de 2.000 personas visitaron el buque y se entregaron 10 aulas digitales en Cartagena, Santa Marta, Barranquilla y Riohacha, en ésta última con tecnología especial para personas sordociegas.
Según el balance hecho por la Expedición y la experiencia misma de quienes la vivimos, el Padilla que conocimos no es un héroe petrificado en los pedestales sino una figura de carne y hueso que dio muestras de gran valor y capacidad intelectual. José Padilla es un caribeño al que la vida le jugó una mala pasada habiendo sido el más grande de los de su generación, Y no puede quedarse anclado en el pasado sino inspirarnos para el futuro.


Alberto Abello Vives, director de la Expedición.
Como señala Alberto Abello, el alma y nervio de la Expedición,  “la vida de Padilla nos obliga a reconocernos los unos a los otros, a hacer una construcción social colectiva desde la comprensión de la diversidad sin hegemonismos caprichosos ni fórmulas administrativas y políticas que no cuentan aún con suficiente viabilidad. Que nos obliga también a entendernos como un país de regiones donde no basta que se desarrolle una sola. Colombia progresará cuando exista una mayor integración nacional alrededor de los grandes propósitos de la superación de la pobreza, la marginalidad y la desigualdad social. Pero cuando comprenda, también, que tiene en el Caribe colombiano su inmenso potencial para la construcción de la sociedad pendiente”.


Terminó este primer trayecto marítimo y terrestre, con sus horas de viaje ocupadas por igual con el paisaje y la actividad de la expedición; sin un minuto para el aburrimiento. Extrañaremos la camaradería del combo y los nuevos amigos y amigas que dejamos en este Caribe que se queda pero también en el que va y viene con personas como Adelaida, como Aline, como Carlos y tantos otros que participan en esta aventura de conocernos. Pero la agenda de Padilla continúa con una amplia programación que se desarrollará en Cartagena, Montería, Coveñas y San Andrés hasta el mes de diciembre. En el 2012 se entregarán las memorias y resultados de las investigaciones logradas durante la travesía, a las cuales se podrá acceder en www.expedicionpadilla.com
Patricia Iriarte

viernes, septiembre 30, 2011

En aguas y tierras de Padilla

Dejando el puerto de Santa Marta en la madrugada de ayer.



Aquí en la Guajira no es necesario encuestar a la gente de la calle para saber cuántos conocen a Padilla, porque él aqui es un héroe cercano y un hombre -todos lo saben- que supo guerrear pero también amar y dudar, y bailar. Hay una biblioteca con su nombre, así como colegios, estatuas, canciones y leyendas que la Historia se esfuerza por alcanzar y traducir al lenguaje científico. Pero no es fácil; el mito escapa a los intentos de racionalización y no se preocupa si pasa o no la "prueba ácida" de los testimonios y los  documentos incontrovertibles.

Este segundo día en Riohacha fue un día emocionante, con las excelentes y sentidas palabras de Aline Helg, para quien la alcaldesa de Cartagena, Judith Pinedo, pidió la declaratoria de ciudadana honorífica de Riohacha por su pasión y conocimiento sobre la gesta del Almirante; de Adelaida Sourdis, quien dejó en claro que para ella la importancia de esta figura histórica está en habernos devuelto el mar, y de Weildler Guerra, que hizo una brillante y emotiva intervención "desde la emoción y la memoria". 
Estudiantes de uniforme blanco le hicieron calle de honor
a los expedicionarios, y a la entrada del Muelle Turístico
 un grupo de parroquianos y curiosos nos esperaba
con esta pancarta.



Todo esto sucedió en el panel sobre la importancia de Padilla en la historia nacional, que se llevó a cabo en el auditorio del Banco de la República. Y aunque ya se había realizado uno similar en Santa Marta este fue muy especial; esta vez el auditorio fue, mayoritariamente, de público local: estudiantes, maestros, gente del sector cultural, periodistas, jubilados y entre ellos, por supuesto, más de un pariente lejano del guajiro homenajeado: hijo del hermano del abuelo de Padilla, sobrina-nieta de su segunda esposa, tío imaginario del abuelo del comandante. Es un dato cierto que el almirante no tuvo descendientes, aunque sí muchas mujeres pero, ni falta que le hace. 


Adelaida Sourdis, historiadora experta en la Independencia,
Wieldler Guerra, antropólogo e historiador, Judith Pinedo, alcaldesa
de Cartagena, y Aline Helg, historiadora suiza especializada
en Padilla.
Llevar el apellido Padilla es tan honorífico que aún quienes no tienen ningún lazo de sangre ni político con José Prudencio (aquí sí se llama así) quisieran descubrir alguno entre sus antepasados.  Uno de esos parientes -por vía del hermano menor de José- nos cuenta durante el coctel que la infertilidad de Padilla se debió a una varicocele producida, probablemente, por unas paperas que "se le bajaron". Aquí la historia del héroe, me atrevería a decir, hace parte de los imaginarios de la identidad, y al parecer, no sólo para los adultos mayores. Dos jóvenes de menos de treinta años que estuvieron presentes en el panel -uno de ellos vistiendo a la manera tradicional de los indios, es decir, con guayuco y guaireñas- se acercaron a Aline Helg para entregarle un poema y un dibujo en señal de afecto y gratitud por su dedicación a la historia de Padilla y por ayudarlos a comprender aún más y mejor la trascendencia de su figura. Ella, que ya estaba profundamente conmovida por la sola posibilidad de pisar esa Guajira sobre la que tanto había leído, casi suelta una lágrima con el gesto de los jóvenes, con quienes se quedó largo rato "arreglando el mundo".











Importante la declaración de Adelaida Sourdis sobre la necesidad de que la historiografía nacional se modifique para abarcar la historia que se escribió en los mares. Porque ya es hora de que se cuente que la Independencia definitiva de España tuvo en el mar , y no en los andes, sus dos batallas culminantes: la Noche de San Juan, frente a Cartagena, y la batalla de Maracaibo, ese lago marino a donde Padilla entró con su flota en medio del fuego y los escollos para vencer y sellarle del todo las puertas de América a la flota española. Por eso -dijo Adelaida- para mí Padilla simboliza el mar, la recuperación de ese mar al que por tanto tiempo le hemos dado la espalda.


Y fascinante la versión de Wieldler Guerra, antropólogo, quien ratifica lo que veíamos: uno es el Padilla de la historia oficial  y otro es el de la memoria colectiva, y estos dos nacen, incluso, en sitios diferentes: el de la historia oficial nació en la Villa de Pedraza y el otro nació en Camarones. Uno fue un gran general, bastante ingenuo políticamente, y otro fue el hombre que amaba a las mujeres y armaba unas juergas descomunales.


Pero más allá de todo esto, a lo largo de la agenda académica de la expedición ha quedado clara otra cosa, y es que Padilla representa la supresión del pasado. Desde el siglo XIX la nación colombiana viene asistiendo y reforzando la exclusión de amplios sectores sociales de la narración de su historia. La negación del papel de los pardos en la Independencia nacional se sigue reflejando hoy en la discriminación racial que se aplica en Cartagena y en otros lugares del país, así como en las múltiples y frecuentes formas de exclusión de los llamados sectores "subalternos", en una sociedad a la que le cuesta dejar de ser clasista, racista y decimonónica.

miércoles, septiembre 28, 2011

La Samaria



Nuestras ciudades se re-nombran, se re-definen, se auto bautizan con nuevos nombres y apodos sacados del argot popular, del vacile, de esa voz interior que un día ordena trastocarlo todo para salir del tedio. Barranquilla tiene hoy por lo menos cuatro formas de nombrarse; Cartagena al menos tres y a Santa Marta comenzamos a llamarla también de otra forma: La Samaria. Un nombre menos santo y más prosaico que suena a personaje callejero. La Samaria es una mujer hermosísima pero demacrada. Con unas ojeras que no logra disimular el maquillaje; las ropas finas pero raídas y la voz ronca de las fumadoras o de las mujeres que se han cansado de llorar. Tiene el pelo y las uñas sucias de carbón pero a ella no le importa; sigue recorriendo las calles con su risa fácil, su desparpajo y su mirada inteligente.  


Si la identidad de Barranquilla es mestiza y la de Cartagena es afro la de Santa Marta parece ser indígena, pero no del todo, y no del todo blanca ni del todo negra, y su mestizaje es más con el cachaco que con los mismos pueblos del Caribe. Ahora le pone nombres indígenas a cuanto negocio abre, pero no conoce ni respeta la cosmogonía que esos nombres encarnan. Presiento que La Samaria ya no sabe quién es  realmente.

Los forasteros que llevaban tiempo sin venir  se sorprenden, agradados, con las obras que han hecho en el Centro: La remodelación del Parque Bolívar y el de los Novios, algunas zonas peatonales adoquinadas y la recuperación de algunos edificios. Qué bonita se ve, dicen, y así es, al menos en ese pedacito de ciudad. Sin embargo, una caminata nocturna por esas calles  en este mes de temporada baja nos revela un paisaje poco menos que desolado. Son pocos los negocios que abren entre semana, la basura se riega en las aceras y en éstas se refugian también los habitantes de la calle. 


No se puede decir que sea agradable ni seguro dar una vuelta a las diez de la noche por las calles aledañas a esos mismos parques, o a la Catedral, o por la Avenida Santa Rita. Sólo el Camellón se deja recorrer todavía pero el paisaje urbano se siente deprimido, sin energía. Ni siquiera la nueva Marina, rodeada de piedra de mármol, logra insuflarle vitalidad a esta fachada de la ciudad, y basta que llueva un poco y suba la marea para que las calles del centro se inunden de aguas negras. Más allá no me aventuré, pero no se requiere mucha imaginación para deducir cómo andan las barriadas. 


Ya se sabe que cuando se invierte en cemento pero no en la gente, las obras no cumplen su cometido. Embellecer por fuera pero no por dentro es un sofisma de distracción porque más temprano que tarde la pobreza terminará arruinando las costosas inversiones.


Las aceras de la Quinta siguen invadidas de pequeñas chazas, puestos y hasta neveras de helado de las grandes marcas que roban luz del alumbrado público. Un caos total del que sacan ventaja los extorsionistas que explotan hasta al más humilde de los vendedores ambulantes.


Entonces regreso a las charlas que escuché de las historiadoras Adelaida Sourdis y Aline Helg, en el marco de la Expedición Padilla, sobre el Caribe de la Colonia, ese que justo antes de la Independencia se dividía en una sociedad de clases y castas pero trataba de construirse y de estar a tono con los vientos republicanos.
En esa época, por ejemplo, el viaje de Santa Marta a Cartagena tomaba seis días por tierra y uno por mar. Hoy el trayecto por mar toma 16 horas y por tierra solo tres


El Caribe colonial estaba formado por pueblos de indios y sitios de blancos y lo gobernaban funcionarios de la corona. Los corregidores, contaba Adelaida Sourdis, no tenían sueldo pero estaban autorizados por la metrópoli para hacer negocios con los indios y criollos y obtener de allí los medios de subsistencia.  Hoy los funcionarios tienen sueldo pero igual siguen haciendo negocios desde sus cargos para aumentar sus medios de subsistencia.


Y mientras Cartagena florecía La Samaria de ese entonces se convertía en una de las poblaciones más pobres del Virreinato. Fue quedando como un sitio de paso porque a la gente no le provocaba quedarse. No había gente para trabajar la tierra sino indios belicosos y piratas al acecho. 


Hoy los campesinos están desplazados, los indios han decidido resistir de otras formas y los piratas tienen una nueva faz. Andan camuflados pero ahí están, saqueando la ciudad, robándole su alegría.


Patricia Iriarte

martes, septiembre 27, 2011

Pronunciamiento de la Expedición Padilla sobre el Archivo Histórico del Magdalena Grande

Con la declaración emitida ayer en Santa Marta sobre el deplorable estado del Archivo Histórico del Magdalena Grande, la Expedición Padilla comenzó a sentar posición frente a problemas concretos de la cultura regional. 


La fuerte declaración, firmada por todos los expedicionarios, investigadores y académicos que asistieron a la sede del archivo, expresa su preocupación por el estado de abandono y deterioro en que se encuentra este archivo, que es el más valioso del Caribe colombiano… “pero la desidia ha llevado a que el AHMG sea una entidad sin presupuesto y sin personal técnico-profesional que pueda darle un manejo adecuado”. El Secretario de Cultura del Magdalena, apenas se leyó en voz alta el documento, saltó para decir que ya no estaba abandonado, no, que por el contrario, la Gobernación está adelantando diferentes acciones….Etc.

Edgar Rey Sinning, Cap. César Martínez, Alberto Abello Vives, Adelaida
Sourdis, Margarita Serje, Aline Helg, el Secretario de Cultura del
Magdalena y Joaquin Viloria.


Si, parece que comenzó a hacerlo después del coloquio que organizaron en abril un grupo de personas e instituciones para tratar específicamente este problema, y cuyas recomendaciones fueron acogidas por los expedicionarios. Entre ellas, recuperar el archivo para la consulta, adelantar la reorganización de las colecciones y conformar un grupo de trabajo asesorado de cerca por el Archivo General de la Nación.

Pero la Expedición propuso además que sea la Universidad del Magdalena la que asuma el manejo del proyecto con la asesoría del Banco de la República, los recursos de la gobernación (que por ley debe hacerlo) y el apoyo de otras universidades, entes del Estado y la empresa privada.

Ya es hora de que se acaben las tristes “anécdotas” sobre los fajos de documentos echados al mar, sobre el trasteo de fólderes por oficinas públicas, sobre el infame abandono de importantes volúmenes en húmedas bodegas y cientos de abusos y delitos más cometidos contra este patrimonio, y que todos los samarios han escuchado desde siempre como otra más de las desgracias de la burocracia local.

La Declaración de la Expedición Padilla sobre el Archivo Histórico del Magdalena Grande fue entregada a los medios (¿alguno habrá publicado algo?), al gobernador,  al rector de la Universidad del Magdalena, a la Ministra de Cultura y al director del Archivo General de la Nación. La pelota está en sus canchas.

Los primeros firmantes: Judith Pinedo Florez, Alcaldesa de Cartagena de Indias; Joaquín Viloria, director Banco de la República, sede Santa Marta; Alberto Abello Vives, director de la Expedición Padilla, Aline Helg, Historiadora; Adelaida Sourdis, Historiadora, miembro de la Junta del Archivo General de la Nación; Margarita Serje, antropóloga; Capitán César Martinez, comandante del buque ARC Cartagena de Indias; Jaime Abello, director del FNPI; Irina Junieles, directora del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena.


Ver boletín oficial en: 
http://expedicionpadilla.com/docs/20110926193438_Bolet%C3%ADn%20de%20Prensa%20No%207.pdf

sábado, septiembre 24, 2011

En Santa Marta continúa la travesía

Sábado 24, aunque debería decir viernes 23. 

Esta bitácora tiene un día de retraso por cuenta de un día completo de apagón en el barrio Boston, y asuntos varios de la reportera. Pero abro la página web de la expedición y su página en facebook  y veo que tampoco estoy tan "colgada". 


La agenda ha sido intensa, y el movimiento y organización de 50 a 60 personas en promedio tres y cuatro veces al dia, de un lado para otro, es una tarea que exige al máximo al grupo organizador y el equipo de producción audiovisual está haciendo el registro de todo pero tampoco alcanza a subir enseguida toda la información que recoge. Se resalta la organización, pero sobre todo, el contenido. 


Spirit of Persistence, exposición itinerante
bilingüe sobre el archipiélago de San Andrés
y Providencia
La exposición Tiempos y Estrellas, de los mapas de la Expedición Fidalgo por el Caribe neogranadino es un lujito que pocas veces podemos darnos. Allí están los primeros planos que se hicieron de nuestras ciudades, comenzando por Riohacha, cuyo trazado parece el plano de un sistema estelar. Totalmente distinta en su presentación, y muy informativa, es la muestra de la Universidad Nacional Sede Caribe (curada por Hazel Robinson) sobre la historia del archipiélago de San Andrés y Providencia, y el papel que jugaron en ella las goletas de la Independencia. Algunas de los cuales, me imagino, habrá capitaneado el Almirante Padilla. Una exposición itinerante que está recorriendo las principales ciudades costeras gracias a la Expedición.


Orquesta de Cámara de Cuerdas de Bellas Artes, con la
mezzosoprano Zeidy Bornacelli.
Y como dicen en los Montes de María, aplauso y medio para la Escuela de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, en su concierto de homenaje a Cartagena, que fue no sólo con la estupenda Atlántico Big Band sino con la también destacable Orquesta de Cámara de Cuerdas y la actuación de la maestra pianista Yamira Rodríguez, la profesora  Jhany Lara y la mezzosoprano Zeidy Bornacelli. Todos y todas, bajo la batuta de su decano Guillermo Carbó, se lucieron con la concurrencia, que fue, casi toda, la de la Expedición, incluida la Alcaldesa Judith Pinedo y su equipo de cultura. Lástima que el público barranquillero no se haya  animado  a ir, dejando un cuarto de sala vacía.
Guillermo Carbó, dirigiendo la Atlántico Big Band en su
homenaje a Cartagena.



Después de la cena, y como ya es casi de rigor, el equipo se fue para La Troja, nuevamente con alcaldesa a bordo, y rumbeó hasta donde dieron. Eso no les impidió cumplir con la hora militar de salida a Santa Marta, hoy a las 8:00 en punto desde el puerto fluvial de Barranquilla.


Y aquí emparejo la bitácora. Pero antes hay que decir que para esta nueva etapa del viaje se nos unieron expedicionarios de alto turmequé. El profesor de Literatura de Uniatlántico Ariel Castillo, el exdirector de la FNPI Jaime Abello Banfi,  la investigadora Mirta Buelvas, el gerente del Banco de la República de Santa Marta, Joaquín Viloria; el historiador Luis Alarcón y la antropóloga de  la Universidad de los Andes Margarita Serje. También vienen a bordo dos expedicionarios de la hermana República Bolivariana de Venezuela.


El buque de la Expedición Padilla llegando al puerto de Santa Marta, hoy
a las 3:00 p.m.
Lluvia, mar picado y mareo fueron los signos del trayecto hacia Santa Marta, del que afortunadamente nos libramos las cuatro personas que hicimos el viaje por carretera. Igual nos mojamos en esta ciudad con la bahía que, a pesar de todo, sigue siendo una de las más hermosas de América (han hecho lo posible por acabarla, pero su belleza aún se resiste a todos los atentados).

Mientras llegaba el buque, y todavía bajo la lluvia intermitente, Eduardo Polanco, Luis Mestre y yo salimos al camellón a entrevistar parroquianos acerca de sus conocimientos sobre Padilla y sobre sus gustos musicales.  A esa hora, entre las  dos y las tres de la tarde,  el camellón de Santa Marta estaba ocupado casi exclusivamente por vendedores ambulantes y estacionarios y otros rebuscadores que aguardaban a uno que otro turista que apareciera por allí.



En respuesta a la primera pregunta: ¿Qué sabe o qué recuerda usted sobre el Almirante Padilla? escuchamos muchos “no sé nada” y “no recuerdo nada”, pero en la misma proporción hubo los que habían escuchado el vallenato de Escalona y entonces, de estos últimos, muchos pensaban que había sido un “narco de la guajira” o “un contrabandista”. Los que habían sido reservistas recordaban que fue un gran navegante y un general pero no lo ubicaban históricamente, y la más insólita de las respuestas fue la de un operario de la sociedad portuaria, quien dijo que José Padilla había sido un excelente navegante más o menos entre el 2006 y el 2009. Aunque pensándolo bien, quizás fue un capitán, homónimo del héroe, que estuvo con su barco en Santa Marta por esas fechas. 


En todo caso queda claro que nuestra gente no sabe quien fue el hombre por el cual le pusieron ese nombre al barco que llegó a Puerto López, allá en la Guajira arriba…

Texto y fotos: Patricia Iriarte

jueves, septiembre 22, 2011

Primer día en Quilla (¿o Killa?)

La salida del puerto  ayer en la tarde a una hora pico hizo sudar -aunque estuviera dentro de un bus "climatizado"- al director de la Expedición Padilla, Alberto Abello, quien no quería llegar tarde a la instalación de la Cátedra Julio Enrique Blanco de la Universidad del Atlántico, que se iniciaba a 18:30 en el teatro de Bellas Artes. De algún modo el conductor se las arregló para llegar pronto al Hotel Puerta del Sol, y toda la tropa de expedicionarios estuvo registrada y lista a tiempo.


Yo tuve que quedarme en casa trabajando y no pude asistir a la conferencia del historiador Jorge Conde, pero me cuentan que cuando este terminaba de hacer su conferencia sobre José Padilla, las armas y las letras, una señora notabla, de avanzada edad, pidió la palabra. 


Llevaba, me dicen, unos papeles en la mano que leyó con voz pausada pero enérgica, aunque el temblor de sus manos delataba su emoción. Se trataba de doña Margoth Pachón Padilla viuda de Delgado, biznieta legítima del general José Prudencio Padilla. 


Aunque la señora se mostraba molesta con el historiador por algunas afirmaciones que hacía y de repente el ambiente se sintió un poco tenso, la actitud de la alcaldesa de Cartagena Judith Pinedo transformó el momento en la  agradable sorpresa de dar con una descendiente directa del Almirante de la Independencia cartagenera. 


No importa que la señora diga que la madre de José Prudencio no fue una wayúu sino una blanca, o que su versión contradiga la que ha venido impulsando la Alcaldía de Cartagena y que propone llamar José a secas al héroe mestizo. "Sí se llamaba Prudencio, como su abuelo", la escuché decir esta mañana en el homenaje de la Armada. "Lo que pasaba es que firmaba José Padilla porque decía que el Prudencio no iba con su personalidad". Lo que importaba era escucharla, respetando la autoridad de quien porta una tradición oral.
Doña Margoth Pachón Padilla Vda de Delgado


Enseguida las cámaras y grabadoras se dirigieron a doña Margoth y
registraron sus preocupaciones, esta mañana fue invitada especial a la ofrenda floral que ofreció la Expedición ante su estatua.


(Confieso que yo no sabía, siendo que me precio de conocer esta ciudad, dónde quedaba esta escultura de cemento del general Padilla, inmerecidamente modesta en estética y en materiales. Está en la carrera 59B con calle 99).


Esta noche es la esperada apertura de dos exposiciones -Exposición Fidalgo y Goletas de Providencia, y el lanzamiento de dos libros, de José Polo y Joaquin Francisco Fidalgo.  

miércoles, septiembre 21, 2011

Zarpó la Expedición

Comenzamos esta bitácora a las 7:00 en punto de la mañana del miércoles 21 de septiembre. 

Antes del alba, cuando las luces artificiales todavía titilaban el horizonte, soltó amarras desde el muelle de Manga el buque ARC Cartagena de Indias. Lleva a bordo algo más de 60 tripulantes y 82 de los 100 expedicionarios que se suman a esta aventura que lleva por divisa "Armados de conocimiento por la libertad". 



El grupo recibe instrucciones de seguridad
para la estadía a bordo.
La primera escala de esta expedición es la ciudad de Barranquilla, donde habrá una nutrida programación cultural hasta el viernes, pero en realidad la agenda de la Expedición Padilla comenzó el 13 de mayo en la Feria del libro de Bogotá con un panel sobre el Caribe en la Independencia nacional. De allí en adelante se han realizado regatas, conferencias, tertulias y talleres sobre temas que van desde, por supuesto, el almirante Padilla, hasta proyectos de innovación social, pasando por las lenguas nativas del Caribe colombiano.



Con camisa clara, Alberto Abello, artífice de la expedición,
y Rafael Vergara, asesor de la Alcaldía de Cartagena
para el Bicentenario. 
De seguro el pardo José Padilla, cuando planeaba sus operaciones navales contra la flota española en esa década gloriosa de 1820, nunca imaginó que su gesta llegaría al siglo XXI en la forma de una travesía cultural y académica que irá diseminando conocimiento pero también registrando y recogiendo imágenes, músicas, historias y situaciones de la vida social, económica y política del Caribe colombiano.


1:00 p.m.  Nos acercamos a las costas del Atlántico. El litoral se dibuja ya y el profundo azul del agua comienza a clarear. Luego distinguimos a Puerto Colombia. Pronto atracaremos en Barranquilla.
1:30 p.m. El movimiento del oleaje es más fuerte y logra balancear el cuerpo enorme del Cartagena de Indias. La nave de los pilotos "prácticos" se acerca al barco y uno de ellos lo aborda en movimiento para conducirlo  por el difícil trance de entrar a las Bocas de Ceniza. Hay que asegurar sillas, computadores y todo lo que haya sobre las mesas, porque el embate del Magdalena se hará sentir pronto con toda su fuerza.

domingo, septiembre 18, 2011

La Expedición Padilla

Un nuevo hito en la celebración del Bicentenario de la Independencia de Cartagena




Cantaclaro cubrirá la expedición desde su inicio en Barranquilla como primer puerto, hasta Riohacha.


Terminando este año 2011 Cartagena nos recuerda que este fue el año del Bicentenario, aunque en realidad la ciudad comenzó a celebrarlo desde el año pasado con la definitiva revigorización de las Fiestas de la Independencia como manifestación con arraigo popular y raíces históricas. Y continuó rememorándolo a lo largo del año con una amplia agenda de actividades y programas, algunos de los cuales dejarán, sin duda, una huella en la ciudad. 


Nacido en Riohacha, el pardo José Padilla
entró en la Armada Real a los 16 años
y a los 41 fue senador de la naciente
República.
En esta ocasión se trata de la Expedición Padilla, una idea inspirada en el proceso de independencia nacional, en el que fueron fundamentales, y esto es parte de lo que se pretende mostrar, varias figuras nacidas en territorio caribeño. José Padilla (pues al parecer no hay pruebas que certifiquen el ‘Prudencio’ que siempre le atribuyó la historiografía oficial), es uno de esos héroes redescubiertos por la historia regional. 


La Expedición Padilla divulga nuevas
versiones sobre la vida y el papel
de este héroe en la historia de Colombia.
La investigación de los últimos años ha arrojado frutos, y ahora se cuenta con nuevos elementos e interpretaciones sobre este admirable hombre caribeño, de madre guajira y padre negro, cuya reivindicación demuestra la participación en la Independencia de todos los sectores sociales, y no solo de una élite ilustrada. 


Esa es la figura que mueve a esta expedición, o, como dijo Patricia Martínez Barrios, rectora de la UTB: “La vida de este navegante y guerrero guajiro servirá de faro a los expedicionarios y a las nuevas generaciones de colombianos que sabrán de los aportes y sacrificios de las regiones colombianas, especialmente de nuestro Caribe, a la Independencia nacional.” 


Padilla fue fusilado en Bogotá el 2 de octubre de 1828
Se trata, en esencia, de un proyecto académico e incluso educativo, que quiere revelar el nuevo conocimiento producido en la región, no solo sobre la historia sino sobre un amplio número de materias. Su primer producto es, de hecho, una publicación: Padilla, libertador del Caribe colombiano”, que reúne dos ensayos recientes de Aline Helg, de la Universidad de Ginebra, y Jorge Conde, de la Universidad del Atlántico, además de una completa cronología de la vida del almirante. 


 Así, armados de conocimiento, cien expedicionarios emprenderán esta aventura marítima y terrestre, intergeneracional y multidisciplinaria, en la que se hablará de héroes y heroínas de la historia pero también de la vida cotidiana en una amplia franja de puertos y poblaciones del Caribe colombiano adonde arribará la Expedición.  


Primer boletín de prensa (apartes): 


100 expedicionarios armados de conocimiento por la libertad vivirán más de 100 actividades científicas y culturales por mar y tierra, en conmemoración del segundo centenario de la Independencia de Cartagena de Indias. 


Se encuentra todo listo para el zarpe del buque ARC Cartagena de Indias de la Armada Nacional e iniciar su recorrido por el Caribe colombiano lleno de científicos, investigadores, artistas, técnicos, comunicadores, periodistas, gestores culturales y 48 estudiantes universitarios ganadores de la convocatoria pública realizada en septiembre por la Universidad Tecnológica de Bolívar, la Alcaldía de Cartagena, la Armada Nacional y los Ministerios de Cultura y de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Ministerio TIC. 

Los 48 jóvenes expedicionarios, representantes de los distintos departamentos del Caribe, viajarán para simbolizar ese futuro y transmitir en tiempo real los acontecimientos y registros del viaje gracias al Punto Vive Digital del Ministerio TIC instalado a bordo del buque. Exposición itinerante del Museo del Caribe y “Negro tenía que sé”, Adicionalmente, cerca de 3.000 niños y jóvenes de los colegios de la región tendrán la oportunidad de estar a bordo en cada puerto y acceder al Punto Vive Digital, además de visitar la exposición itinerante del Museo del Caribe y la campaña pedagógica “Negro Tenia que Sé”, ambas a bordo del ARC Cartagena de Indias. 

En tierra habrá seminarios, talleres, conferencias, exposiciones, conciertos, presentaciones de libros y estrategias pedagógicas, con lo cual se busca llevar a las comunidades conocimiento, arte y cultura. Con audiovisuales, fotografías, programas de radio, ensayos, crónicas, relatos, recetas, obras de arte, realizados por los expedicionarios y los más de 20 periodistas vinculados a nivel nacional, la expedición hará un registro completo del Caribe colombiano hoy, 200 años después de la independencia. El país podrá seguirla en www.expedicionpadilla.com radio, prensa, televisión nacional y local, blogs y en las redes sociales de Facebook y twitter @Exp_Padilla. 


El proyecto es posible gracias a la articulación de un grupo de entidades públicas, privadas y de cooperación internacional: Alcaldía Mayor de Cartagena de Indias a través de una oficina especial para el Bicentenario y del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, la Universidad Tecnológica de Bolívar, la Armada Nacional de Colombia, la Fuerza Naval del Caribe Escuela Naval Almirante Padilla y el Centro de Formación de la Cooperación Española.


La Expedición en datos: 
7 ciudades
7 departamentos 
8 exposiciones 
9 seminarios 
60 conferencias 
7 libros presentados 
5 ceremonias 
Paradas culturales, retretas, conciertos 
50 entidades cooperando

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