lunes, diciembre 29, 2014

Marga López, la poetisa de la lucidez y la alucinación


Cereté, 9 de noviembre de 2014. Son las diez y treinta de la mañana y tengo media hora para entrevistar a la poetisa antioqueña Marga López en su habitación del Hotel Cacique Te de Cereté (Córdoba). A las once vienen a buscarla para viajar a Montería.


Marga López lee su poema en la clausura del XXI
Encuentro de Mujeres Poetas en Cereté, 2014
Marga es, desde hace varios años, una de las invitadas al Encuentro Internacional de Mujeres Poetas que se celebra desde 1993 en ese municipio cordobés. Allí, Marga realiza talleres de escritura para niños y niñas y regala su poesía en casi todos los recitales, arrancando siempre una ovación del público por la performance que hace de cada uno de sus poemas. Su obra, compuesta por vibrantes e imaginativos relatos, sonetos y poemas de verso libre, está recogida en los libros Marumsamas, La nave de Nausicaa y Morada de Sibilas. Su poesía apela por igual a la celebración y a la devoción por la naturaleza como a la pasión por la historia o a la indignación por la injusticia.

En el Museo Rayo de Roldanillo fue honrada como Maestra de Poesía y en Cali, en una ceremonia creada por el escritor Leopoldo De Quevedo y Monroy y organizada por la Fundación Plenilunio, fue coronada como poeta con una diadema de laurel y mirto, como solía hacerse en los juegos florales de Grecia, hace 25 siglos.

En la entrevista que le concedió a De Quevedo en marzo de 2012, la poetisa habla con la mayor naturalidad de su presencia en una ceremonia del peplo sagrado para la diosa Atenea, en el año 438 antes de nuestra era, razón por la cual se tomó con mucha reverencia la coronación de Cali. “Es el símbolo lo que yo veo más allá de todo. Si alguien no lo vio, no entendió, como decía mi padre.”

Quienes saben de su talento -como Águeda Pizarro- dicen que ella “Conoce el duende, quien la habita y el ángel que la ilumina. Todo esto hace que el lector o la oyente se reconozcan en sus versos. Porque Marga no es sólo maga o transformadora de realidades sino saga, conocedora y guardiana de verdades arcanas que cuenta en su lengua antigua del futuro.”

Cuando le pregunta el entrevistador su opinión sobre la poesía colombiana, Marga sólo afirma: “Cómo no voy a creer yo en la poesía de mi país. Un solo verso haría temblar el mundo, escrito por un hombre o una mujer, en este país y en cualquier lugar del mundo, pero para mí la poesía de Colombia es una poesía universal”.

En otra entrevista dijo: “Soy lo que soy por la poesía; todo me lo ha dado (…) Esa maravillosa juglaría de decir poemas por los caminos. Esa dichura de decir el lenguaje transfigurado y desde ahí, entrar al umbral del misterio.”

Y en ese andar por los caminos su imagen va unida a sus mantas vaporosas, a su sonrisa dulce, a su cabellera suelta y a su voz portentosa. Cuando Marga López inicia uno de sus poemas el auditorio se sume en el silencio y la sigue, hechizado por la magia de su palabra.


Siluro

Soy un pez ciego.
Mi ojo sensible
alarga vibraciones hasta el sustento
que me abriga.
Habito en los profundos sedimentos.
Sobre mí todo el río.
La aguamadre
oscura.
Jamás sabré el estuario
ni el lugar esplendeante
sobre la isla de Marajó.
De mis ojos de limo
suben emanaciones
hacia llamadas de gorriones
que me alean
y beben
arriba.
Así me enhebro al lugar, a los
gorriones y a la isla.
Quieto.
Mi agalla me resguarda
entre la brevedad
y la angostura.
Amparado en mi halo.
Como vive la ulmaria
en su hoja.
Como los astros.


Ahora soy yo quien sigue a María Margarita López Díaz a su habitación, donde comienza a empacar, acuciosa, su maleta mientras me habla. Veo entonces a una mujer mayor que además de desplegar toda su energía en el escenario puede recordar detalles de su infancia, evocar vidas anteriores y envolver con ternura sus largos vestidos de colores hasta formar con ellos pequeños rollos de tela que va acomodando con destreza en la valija.

Dice que para mantener la salud y la sonrisa ve siempre el vaso medio lleno y la pequeña fiesta que puede haber alrededor. “Vivo en esa otra mitad de la realidad, en la posibilidad de la alucinación lúcida o de la lucidez alucinada.”

También cree firmemente en que es muy fácil mantener la salud y la sonrisa “cuando se vive otro tiempo, cuando uno se niega a ser mayor, en el sentido en el que la gente mayor vive ciertos asuntos. Sé que soy una mujer de edad pero no vivo en el tiempo de la gente mayor. He sido muy responsable en mis obligaciones con el hogar; esa es una responsabilidad que está más allá de cualquier fase de la locura. Cuando hay que trabajar siempre está la alegría de pensar que las soluciones llegan fáciles en cualquier instante, pero la gente mayor pierde la capacidad de ensoñación. La forma de vivir es muy sencilla y me envía siempre a celebrar el alimento, el caminar, el lugar en donde vivo, los viajes que se vayan presentando. Yo soy más Rilke en mi interior, a mí me encanta la celebración. Siempre habrá esa plenitud de inmortalidad y eternidad que vendría de un lenguaje que se halla en los tiempos.”

¿Qué estaba haciendo Marga López a los 20 años?

A los 20 años estaba haciendo algo de periodismo con la Universidad de Antioquia, y trabajos de maestra para la casa, es decir, para mamá, papá y once hermanos.

¿Entonces fuiste la maestra de toda tu familia?

Si, y siempre estaba pendiente de que ellos estuvieran mejor.

¿Y estabas estudiando periodismo o lo ejercías por interés propio?

Si, estaba estudiando, pero todo el tiempo hacía periodismo, sobre todo el radial, que siempre ha sido una pasión. En la Bolivariana de Medellín, en la Universidad de Antioquia, en la Católica del Oriente. Uno se llama “Charlas en el bosque de bambú”, en homenaje a la literatura china; otro es “La Casa Sosegada”, por San Juan de la Cruz; “Cosmos”, que es un programa de ciencia que sale al amanecer y “Aluna”, en la emisora de la Universidad de Antioquia.

¿Tantos?

Y en el pueblo hago “El mundo de la música” (risas) siempre son como ocho o diez horitas radiales a la semana.

¿Todos en torno al arte?

Si, pero hay muchas temáticas: los amigos viajeros, la astronomía… estamos revolviendo todo lo que podemos.

¿Dónde vives?

Vivo en un lugar que yo llamo Rincón del Cielo, una vereda del Oriente antioqueño, en una casa de 150 años, con “presencias”, cerca del cerro Capiro. Siempre allí, en la magia del campo.

Entonces te mueves entre el campo y la ciudad todo el tiempo…

No, a la ciudad trato de no ir mucho. Lo mejor que tiene Medellín es un bus que vaya pa´ la casa. Voy a la ciudad a veces y grabo varias horas para poder adelantar; además hay como 700 programas que vuelven a pasar cuando no puedo ir a grabar. Lo de la radio es una pasión total.

Y la otra es la poesía…

Antes de la radio está la poesía, y me dedico mucho a hacer talleres de escritura creativa por todo el país, talleres muy sui generis, muy propios. Vivo muy contenta con esto de los talleres y los recitales. Es una dicha grande todo lo que ha habido por el poema.

¿Desde cuándo está el poema en tu vida?

Yo decía anoche en el recital que tenía un padre loco (un mecánico que cantaba óperas) y en realidad la poesía estuvo siempre en la casa. Pero específicamente en la adolescencia, con una maestra que tuve y con quien entramos en la literatura por la imagen, por la metáfora y por la dicha. Entonces por allá como en sexto o séptimo grado comencé a inquietarme por la escritura, guiada por esta maestra.



La bienobranza

En los años 90 ¿qué estabas haciendo?

Todo el tiempo he estado “maestriando”, sobre todo en lugares sencillos, con niños, con madres comunitarias, con adultos mayores. Ha sido una comunicación permanente con la gente. Hace poco dejé de ir a colegios fijos y comencé a ir a donde quiero; como me dan esa libertad entonces me encanta ir a las veredas más apartadas, donde están los niños escribiendo la altísima poesía.

Ha sido una vida muy sencilla. Con la cotidianidad de las mujeres sencillas, sin sobresaltos extraños que no sea el maestriar, escribir, caminar por esas veredas. Yo pienso que es una bienobranza (palabra del siglo XII) en la sencillez. Yo soy hija de Rosa Emilia, una tejedora que disfrutaba su tejido. Es eso que llaman las mujeres arhuacas: tejo mi mochila, tejo mis pensamientos. Me parece que ese tejido con la palabra y con la bienobranza ha sido una dicha completa.

La otra son sus hijas: una arquitecta que vive en París y ya le dio su primera nieta, y otra ingeniera física, que vive en Alemania y busca la unión de la física con la danza. Se llama Melissa y tiene una tesis laureada sobre los mundos y constelaciones que pueden verse en las pompas de jabón. Más poético imposible.

Pero no debe extrañar, siendo hija de Marga, la maga que es capaz de vivir en épocas diferentes y en mundos distintos.

“A través de la poesía, usada como un viaje, vivo mucho en tiempos antiguos. En la Grecia del 438 A.C. soy discípula de Fidias; apenas van a inaugurar el Partenón y yo estoy tejiendo el manto de la Diosa. Pero vivo también en otros espacios para ser una mujer de las cavernas, 30 mil años atrás, y me encantaría una mujer de Roma del siglo primero o segundo. Tengo ciertas mujeres muy miradas para ir a habitarlas y tengo fijaciones muy fuertes con ciertos momentos de la historia, entonces los vivo mucho y los estudio, pero la mejor forma de entrar a ellos es el poema.”

¿Tiene la poesía ese sentido para ti?

Pienso que uno no está en la poesía para hacer el gran poema que jamás se logra, está en la poesía para lo que le ocurre a uno mientras hace el poema. Es ese estar, ese mirar un zaguán en Atenas a las nueve de la mañana… la palabra no alcanza a decir… pero aún así me siento humilde para resignarme a la palabra que me llegue y sobre todo, al placer tan infinito de ese viaje que me hago con el poema, ese viaje a lo sagrado que tiene que hacer quien esté en el poema, o en la filosofía. En los talleres estudiamos mucho la filosofía de la poesía, que sería una profundización en el hecho poético como una vía de acceso al tiempo puro o a los grandes misterios que son al fin tan sencillos y están tan próximos.

- Pásame esas cositas de allá, yo tengo que mirar debajo de la cama.

Un grupo de poetisas toca a la puerta. Quieren despedirse de Marga porque se han enterado de que pronto se va. Las recibe y después de abrazarlas amorosamente sigue hablando de ese placer infinito que la escritura le trae, y más allá, “del misterio que descubre, que solo el poema trae, no otras formas de escritura sino el poema en sí.”

Son las once y ya casi termina de empacar las cosas. Queda una flor que guardará en un libro y una bellísima sombrilla de madera y encaje que le regaló una de sus hijas.

“De pronto le critico mucho a mi trabajo poético estar tan en el mundo del conocimiento, de la lectura, de la intelectualidad y esos asuntos, pero también estoy en la simplicidad con el poema. Lo que pasa es que hay temas que uno, lee, piensa y siente a nivel de la geografía de la filosofía, de la música, tiene entrada a tantas cámaras...”

¿Has incursionado en la crítica literaria?

En el ensayo, me encanta el ensayo. Ahora quiero situarme en la disciplina de hacer un ensayo sobre las mujeres de La Ilíada porque estoy leyendo La Ilíada en el parque principal del pueblo. Todo el que pasa por allí a las diez de la mañana puede leer estentóreamente y la gente se lleva las imágenes de Homero. Es bueno pasarse a vivir a ese mundo de la literatura, allí es donde se encuentra el verdadero mundo. El de la literatura es el verdadero reino.

Hay mucho asuntico para escribir. Te invito a que pases por la plaza de mi pueblo y me ayudes a leer La Ilíada con entonación homérica.

Los amigos de Marga se demoran un poco más de lo previsto y yo disfruto el privilegio de tenerla para mí sola unos minutos más. Se recuesta un poco sobre la cabecera de la cama y sus ojos se van tras añoranzas, sus oídos capturan ecos de la mañana que termina y su mente recrea las imágenes de estos cuatro días de poesía reencontrada. Imágenes que cualquier día se convertirán en versos o en historias que irá sembrando por los caminos de Colombia esta sibila encantada.

Patricia Iriarte



Admiradora de Silva, de Barba Jacob, de Arturo y de Meira Delmar, la poeta antioqueña
piensa que la poesía colombiana es una poesía universal.





Apostilla sobre un tema trivial que no lo es tanto


¿Cuándo comenzaste a vestirte de esa forma?

Voy como para los 40 años que decidí vestirme así. Creo que tengo un ramalazo muy fuerte en la gitanería y en culturas ancestrales del país; entre las mujeres de la India y las hermanas mayores arhuacas y wayuu.

¿Tú misma escoges las telas y mandas a hacer tus batas?

Marga va al baño a recoger algunas cosas y comienza a responder desde allá:

No, no mando a hacer nunca nada porque la mayoría de los vestidos son regalos de las amigas a las que se los regalan pero ellas no pueden salir de la cultura universal del bluyín. A mí me parece terrible, pero para las amigas uniformadas ya mundialmente el bluyín es un placer. Yo me he parado en los centros comerciales de París, Berlín, Roma, Madrid, Bogotá, Cali, y de cada 70 personas que pasan, 65 tienen puesto un pantalón de esos.

A mí me interesa mucho que el traje vuele, que el viento tenga juego con la tela, y a pesar de que se me concedieron unas piernas hermosísimas, todo se quedó allí, en el vuelo del vestido.


Otros enlaces:

https://www.youtube.com/watch?v=ynh29C6aTUg
http://ntc-libros-de-poesia.blogspot.com/2009/07/morada-de-sibilas-marga-lopez-diaz-cali.html







domingo, setiembre 21, 2014

Llegaron los afiches literarios


La idea de crear y comercializar afiches literarios no es nueva en el mundo. Sus antecedentes seguramente se pueden rastrear en los carteles usados por las librerías y bibliotecas europeas para anunciar o promover las novedades entre sus clientes o lectores. Las tiendas de las casas-museos dedicadas a escritores, como la de Pablo Neruda en Isla Negra y Emily Dickinson en Amherst, Massachusetts, entre otras, también ofrecen a sus visitantes afiches y postales con citas o versos de estos autores, mientras que en los Estados Unidos este tipo de trabajos se ha convertido casi en un producto cultural, con ejemplos recientes como los de Evan Robertson y Ryan McArthur.

Teniendo Colombia un acervo literario tan importante, era hora ya de que pudiéramos disfrutar también de este arte que combina la creación literaria, el diseño y las artes gráficas para entregarle a los amantes de las letras un objeto de colección que refleje la poética de sus autores preferidos.




Este es el objetivo de la colección "Delicado, contiene poesía", creada por la poeta y gestora Patricia Iriarte Díaz Granados a través de su empresa cultural Prodim Asociados, con diseño gráfico de Guillermo Solano. Los primeros afiches están inspirados en versos de la propia Patricia y de los poetas nacionales Héctor Rojas Herazo, Meira Delmar y Aurelio Arturo, seleccionados por Iriarte con la colaboración del también poeta Hernán Vargascarreño. El resultado fueron estos cinco diseños, presentados en Barranquilla durante el Festival Internacional de Poesía en el Caribe, PoemaRío, donde tuvieron una gran aceptación por parte del público. 

Los pósteres están impresos en papel de 220 gramos y tienen 48x33 centímetros pero pueden elaborarse a pedido en tamaño 100x70 cms. (un pliego) o 50x35 (medio pliego).



Este poema de Raúl Gómez Jattin hace parte ya de
la memoria poética del Caribe colombiano.

Bello diseño de Guillermo Solano para esta frase del
gran poeta y narrador Héctor Rojas Herazo, nacido en
Tolú (Sucre) 

Ref. Elegía, inspirado en el poema del mismo título, de
la poetisa barranquillera Meira Delmar.




Un homenaje al poema Canción de la noche
callada, de Aurelio Arturo.



Ref. Náufrago, a partir de un poema de Patricia Iriarte
Caligrama con el poema Territorio de delirio, de Patricia Iriarte

La colección “Delicado, contiene poesía” se enriquecerá en los próximos meses con nuevos afiches, postales, camisetas y bolsos, los cuales serán “exportados” a otras ciudades colombianas. Inicialmente su distribución se está haciendo a través de las redes sociales, así como en la tienda del Museo del Caribe y Librería Nacional sede Prado, en Barranquilla, Librería Luvina en Bogotá,  Librería de la Casa de Poesía Silva, y Librería Casa Tomada, también en Bogotá.

Los pedidos pueden hacerse al correo electrónico prodimasociados@gmail.com, al móvil (57) 3103540130, desde la página de Facebook y en Instagram como @prodimasociados.

jueves, agosto 07, 2014

Mónica Lindo, la danza por encima de todo

Todos conocen el trabajo que la bailarina Mónica Lindo hace cada año para las grandes celebraciones del Carnaval de Barranquilla. Sus coreografías para la lectura del bando y la coronación de la reina se han hecho famosas y son motivo de orgullo para los barranquilleros, pero pocos conocen la historia de esta mujer que se ha formado para  hacer de la danza un arte mayor en nuestra ciudad y un medio de vida digno para miles de personas.



Por Patricia Iriarte

El 1 de mayo de este año la Corporación Cultural Barranquilla cumplió 20 años de creada. La flor de la juventud, se diría, en una persona, pero en una organización artística representa ya una interesante edad adulta. Para celebrar la ocasión, Mónica Lindo y Robinson Liñán con su troupe  de bailarines se inventaron una fiesta en el patio de la sede en ese jueves festivo. Artistas escénicos al fin y al cabo, los anfitriones colgaron telas de colores, sacaron los instrumentos y armaron una mesa en las que podían verse algunos de los 15 Congos de Oro ganados por la escuela y varios  álbumes con recortes y fotos que atesoran buena parte de la historia de la danza en Barranquilla.
Mónica Lindo de las Salas, coreógrafa y bailarina barranquillera.

Los pasabocas y el coctel habían comenzado a circular, por supuesto, desde el principio del convite, y tan pronto se fue la luz del sol comenzó la proyección de los saludos que habían enviado desde diferentes ciudades del mundo tres ex bailarines de la escuela. Un momento emocionante en el que no faltaron las lágrimas ante los sentimientos de gratitud y cariño que expresaban los compañeros desde otras tierras.

De pronto alguien anunció que había llegado el momento de las anécdotas. Fue la parte más divertida de la fiesta porque, ya habiéndose saludado todos y todas, comido alguna cosita y compartido un vaso de jugo salpicado con ron, varios invitados se lanzaron al ruedo a recordar en voz alta, con toda la gracia del caribe, algunas de las más disparatadas situaciones vividas tanto en sus giras como en el brete cotidiano. Una bailarina contó, por ejemplo, lo que pasó delante y detrás de bambalinas en una presentación del grupo en Nueva York, cuando a una compañera se le comenzó a caer el corpiño de su vestido. O el tan temido susto del primíparo que olvida los pasos de la coreografía en su primera salida a escenario. Las risas se elevaron esa noche sobre la música de los locales vecinos y los niños, que los había muchos, gozaron de lo lindo viendo a sus padres pasar al frente para echar sus cuentos y ganarse unos aplausos.

Todos allí eran gente sencilla; trabajadores, padres y madres de familia, amas de casa, habitantes de una Barranquilla popular y descomplicada que tienen en la danza un patrimonio común al que no cambian por nada y que los hace sentirse tan orgullosos que tampoco se cambiarían por nadie en el mundo.

La directora de la Corporación y de la Escuela de Danzas estaba vestida de negro, con el peinado clásico de las bailarinas, que recogen y atan su cabello en un moño perfecto sobre la nuca. Con su voz firme y de timbre alto, como el de toda maestra, Mónica leyó esa tarde un mensaje y les entregó a 12 miembros y exintegrantes destacados de la compañía un diploma de reconocimiento y gratitud.

Mónica, el centro de gravedad
El nombre de Mónica Lindo es un nombre atado a la danza; de una manera honrosa y apasionada, como en las grandes historias de amor; pero también como en ellas, no exenta de dolor y sacrificios. Su historia de amor con este arte comenzó cuando aún usaba el uniforme del colegio. No porque la danza hiciera parte desde el principio del pénsum educativo sino porque siempre que había un acto cívico cada curso tenía que organizar algo para el programa, y como ella era tan “cambambera”, que es otra forma de decir entusiasta y participativa, era la primera en ofrecerse para montar la coreografía, el musidrama o la fonomímica de turno.

Cuando estaba en 11° en la Enseñanza Rápida Comercial, el colegio decidió contratar a una profesora de danza y ella fue María Primo, una de las mejores bailarinas de la Escuela de Danzas Folclóricas de Barranquilla, la academia del folclorista y coreógrafo barranquillero Carlos Franco. María se dio enseguida a la tarea de identificar a las mejores para formar el grupo del colegio y escogió a 17 muchachas, algunas de ellas con suficientes cualidades como para participar en una audición que la Escuela iba a hacer por esos días, así que las llamó aparte y les pidió que se inscribieran.

“En esa época yo no tenía la más remota idea de quién era quién en la danza en Barranquilla. Solo sabía que mi profesora asistía a una escuela y quería que estudiáramos en ella. Por supuesto, nosotras tampoco sabíamos qué era una audición y nunca habíamos ido a una escuela de danza”. El entusiasmo y la emoción ante el nuevo reto se apoderó de todo el grupo, sin embargo, para Mónica no iba a ser nada sencillo asistir a esa audición.

Hoy, como en una película que pone en los subtítulos: “Veinte años después…”, vemos en la pantalla cómo esa niña asustada se convirtió en una excelente intérprete de ritmos folclóricos universales, en una dedicada maestra y en una gestora cultural de primer orden. Para escuchar el relato de labios de su protagonista hagamos entonces un flashback en este relato.




El primer obstáculo
Mónica Patricia estaba aún muy pequeña cuando Julia, su madre, tuvo que irse a trabajar a Curazao, y la dejó al cuidado de sus abuelos, Germán  y Josefa, quienes tenían una casa y un taller en la zona de Barranquillita. “Toda mi vida: mi educación, mis referentes, mis imaginarios, mi mundo fantástico, vino de mis abuelos”, dice Mónica con un brillo en sus ojos. Su abuela era una hermosa afrodescendiente de ojos azules nacida en Usiacurí y su abuelo, German de las Salas, un descendiente de españoles que mostraba orgulloso el escudo de armas de su familia. Él fue uno de los primeros mecánicos automotrices que tuvo la ciudad y fue muy reconocido por las empresas de vapores y los dueños de los primeros carros que llegaron a Barranquilla. Con él, que además de una cultura universal tenía unos valores sólidos, Mónica tuvo una relación muy estrecha de la que aprendió muchas cosas, complementando la formación que recibía en el colegio. Con su abuela, en cambio, la relación se volvió difícil desde su conversión a la religión evangélica, cuando todo lo que tuviera relación con fiestas, música o danzas comenzó a parecerle ‘cosa del demonio’.

“Recuerdo que fue un domingo de septiembre y tenía que decirle a mi abuela que iba a dar una audición para entrar a un grupo de danza. Eso fue un trauma porque ella me había dicho que me educaba hasta el bachillerato y de ahí en adelante no me iba a dar para los buses ni para ninguna de esas cosas mundanas. Sin embargo, como éramos un combo de amigas nos las arreglamos y fuimos a la audición.”

Mónica fue una de las primeras en llegar, así que al entrar le preguntó a un muchacho que estaba en la puerta quién era Carlos Franco, porque ella iba a la audición. El muchacho se llamaba Robinson Liñán y antes de que pudiera responderle el director de la academia comenzó a bajar las escaleras y con un gesto muy serio se presentó: Yo soy Carlos Franco. Mónica recuerda que llevaba puesta una trusa negra que resaltaba su cuerpo perfecto.

Momentos después, cuando ya había completado un formato que Carlos les entregó a las aspirantes, Mónica miraba embelesada a las bailarinas profesionales haciendo calentamiento en la barra.

Y comenzó la audición
El director hizo pasar a cada novel bailarín al centro del salón; solos y en pareja, y fue poniendo en cada caso los discos con los diferentes ritmos que quería examinar. Al final preguntó si alguien quería hacer alguna otra cosa.

“Yo enseguida dije que quería bailar un joropo, pero ese joropo mío de entonces parecía más un baile texano. Cuando pregunté quién me podía prestar unos tacones Carlos me preguntó si en verdad yo iba a bailar joropo y yo le dije que sí, que claro. Entonces me preguntó si quería uno rápido o uno lento y yo le dije que el rápido. Cuando empiezo a bailar veo cómo él comienza a respirar profundo y viniendo hacia mí me dice: quítate los zapatos y me sigues. Fui la única persona en la audición con la que él bailó, para enseñarme cómo se ejecutaba el joropo.

A los pocos días María Primo llegó al colegio con las cartas en las que nos decían quiénes habíamos quedado y quiénes no. Cuando yo leo en la mía que había sido seleccionada le pregunto a la profe que eso qué implica y ella me responde que ahora empezaban unas jornadas de clase y ensayos casi todas las noches. Yo le dije, con mucha pena, que no iba a poder ir porque yo vivía en Barranquillita, donde los buses solo pasaban hasta las 6 de la tarde y yo no podía llegar más tarde a mi casa. De todas maneras comencé, pero solo iba los domingos, y también había clases los martes y los jueves.”

Un día, por supuesto, el director de la escuela le preguntó por qué no estaba yendo entre semana a los ensayos y ella le contó la razón. Entonces el profesor, en un tono que a Mónica le pareció muy duro, le dijo que no importaba donde viviera ella tenía que ir a los ensayos, de lo contrario para qué había ido a la audición. Con ese pensamiento se llenó de valor para hablar con su abuela, pero ésta se mantuvo firme en su posición de no patrocinarle por nada del mundo su deseo de bailar.

La solución, de todas maneras, estaba en su propia casa. El administrador del taller de la familia era el tío “Chule” que quería mucho a Mónica y a quien no fue difícil convencer de que la llevara a la academia en su carro y la esperara para volver a la casa. Así lo hizo el tío durante seis meses, hasta que comenzó a acercarse el Carnaval y los ensayos a prolongarse más allá de lo habitual. Varias veces tuvo Mónica que salir a decirle al tío que la esperara un poco más. Hasta que un día Carlos dio una orden terminante: “Hoy nadie se va hasta que esto no quede listo”. Esa noche el tío le dijo que se buscara a otra persona que la llevara porque él no iba más. Y se fue.

Mónica no se molestó; lo entendía perfectamente, pero tenía un problema que resolver y entró de nuevo al salón para pedirle a Carlos que la dejara quedarse allí por esa noche. Al principio –dice Mónica– no veía la magnitud del problema, pero ella todavía no había terminado el bachillerato y por tanto, seguía dependiendo de sus abuelos. En diciembre de ese año se graduó y se hizo urgente, entonces, conseguir un trabajo que le diera independencia. Gracias a una amiga suya, Viviana Pérez, consiguió un puesto como vendedora de mostrador en el almacén Zodiac.

“Allí me volví una experta en cuestiones esotéricas, porque tenía que leer los resúmenes de todos los libros que importaban desde España y de Argentina sobre esos temas para poderlos vender. Yo de sólo pensar que esas cajas habían viajado meses por el océano me emocionaba mucho, así que me quedaba toda una mañana abriendo las cajas y leyendo.”

Para entonces su abuela le dijo que no le gustaba verla llegar tan tarde a la casa, aunque lo hiciera en taxi, así que le sugirió quedarse a dormir en la academia, madrugar, llegar a la casa para cambiarse y estar en el trabajo a las ocho en punto. Eso le implicaba levantarse todos los días a las cinco de la mañana, pero logró hacerlo durante casi tres años. Luego decidió retirarse porque tenía que pedir tantos permisos para los ensayos y las giras que era caótico para el almacén.

Quizás en esas lecturas sobre astrología, espiritualidad y magia, la hoy directora de la Corporación Cultural Barranquilla y de la Fundación Centro Artístico Mónica Lindo encontró algunas claves para crecer interiormente y poder expresarse a través de una carrera artística que siempre ha tenido, por demás, una fuerte proyección hacia la comunidad.

Una historia de tesón y de lealtad
Pero en la renuncia de Mónica a su empleo también influyó la decisión de entrar a la universidad. La disyuntiva fue entre Comunicación Social y Educación Física, y terminó imponiéndose la segunda por razones económicas pero además porque era la única carrera que tenía danzas en su plan de estudio.

Inicios de los años 90: Robinson y Mónica con su maestro, Carlos Franco.
Lo que seguía era negociar con su maestro de danza los horarios para poder estudiar y trabajar al mismo tiempo. Lo que no se esperaba es que él, de inmediato, le ofreciera trabajo en la escuela. Lo primero que ella hizo fue llevarlo a comprar carpetas, máquina de escribir, recibos y todo lo necesario para ordenar la oficina y administrar la corporación. “Me organicé como toda una secretaria –recuerda Mónica– y él estaba emocionado porque finalmente podía sacar las cosas de la escuela del clóset donde las tenía guardadas. Me pidió que le organizara los discos y los casetes, y yo fui feliz conociendo y organizando todo aquello. Obviamente esto era sin sueldo, pero él ofreció ayudarme con la universidad y el transporte; esa era mi paga.”

Con el tiempo Mónica se convirtió en su mano derecha, asistente artística y representante ante las instituciones cuando él no podía atender sus compromisos por problemas de salud.

Los amores furtivos 
“Carlos Franco no aceptaba que entre los miembros del grupo hubiera relaciones sentimentales, y yo tenía muy claro que no iba a sacrificar mi vida artística por tener un novio. Robinson estuvo tres años enamorándome, pero yo siempre lo veía como un pelaíto y seguía concentrada en mis cosas.”

A pesar de esa indiferencia Robinson no se desanimó. La acompañaba siempre a la casa y aceptó cambiar la pantaloneta por los pantalones largos para que don Germán de las Salas, que era un hombre de saco y corbata, lo recibiera en su casa. Y así, entre largas visitas en las que hablaba durante horas con los abuelos, Robinson fue ganándose la confianza de la familia y el corazón de Mónica.

“Cuando Carlos muere, en enero de 1994, nosotros ya teníamos ocho años de noviazgo clandestino. Absolutamente nadie lo sabía, porque además nosotros peleábamos mucho, y yo no dejaba ni que me mirara en los ensayos. Él sufrió mucho pero yo tenía claro que a mí no me iban a echar del grupo por eso. Ya en los últimos años, especialmente en el último, yo creo que Carlos se había dado cuenta porque nos dijo que nosotros éramos sus hijos y que teníamos que continuar con su escuela, que él nos había preparado para eso.”

Algunos meses más tarde Mónica y Robinson reunieron a la compañía y le contaron que se iban a casar en diciembre. Desde entonces, con todo y sus altibajos, los dos construyeron también un hogar que luego creció con su hijo Moisés.

Una nueva corporación
 Mónica Lindo y Robinson Liñán en su matrimonio.
Carlos Franco, quien también fue director del grupo de danzas de la Escuela de Bellas Artes, había hecho una labor fundamental de investigación, de enseñanza y de proyección de los bailes tradicionales del Caribe colombiano, y llegó a ser un maestro querido y respetado por sus discípulos. Por eso no era de extrañar que después de su deceso los bailarines quisieran continuar el trabajo iniciado por Franco. Ya un año antes de morir él había dado los pasos legales para que Mónica Lindo quedara al frente de su Escuela. Sin embargo, desavenencias de la familia del coreógrafo con Mónica y Robinson obligaron a los miembros a crear otra razón social: la Corporación Cultural Barranquilla.

La decisión vino después de una difícil asamblea con la familia Franco en la que quedó planteada la imposibilidad de continuar trabajando juntos desde la Escuela de Danza Folklórica de Barranquilla,  creada por Carlos. Fue tal su decepción, que Mónica Lindo le dijo ese día al grupo que no quería saber más de danza ni de escuelas. Los bailarines, por supuesto, la persuadieron de lo contrario y le dieron su respaldo para seguir adelante.

“Cuando vi que los pelaos tenían ganas de seguir entonces dije listo, vamos a empezar. Ahí mismo cogimos un bus para mi casa en Barranquillita para planear las cosas. Andrés, uno de los bailarines de entonces, se encargó de elaborar los estatutos e impulsó los trámites junto con Robinson, quien sería a partir de ese momento el representante legal.

Al día siguiente sacaron un comunicado de prensa anunciando la conformación de la Corporación Artística y Cultural Carlos Franco, nombre que finalmente no pudieron llevar  porque la familia había establecido legalmente la prohibición de usar el nombre de Carlos.

Fue el maestro Antonio Grass gran amigo de Carlos y autor del logo de la Escuela, quien convenció a Mónica de que ellos podían construir su propio camino, que le hicieran un homenaje a Barranquilla como lo había hecho Carlos. Por eso la llamaron Corporación Cultural Barranquilla, la identificaron con la imagen del hombre caimán donado por Grass y dejaron en los estatutos el compromiso de ser continuadores de la filosofía de Carlos Franco.

“Enseguida armamos un evento para el lanzamiento en el teatro de Bellas Artes. Al principio fuimos muy afortunados de contar con mucha gente que nos ayudó, pues sin recursos para comenzar de nuevo teníamos que conseguir todo con cartas: los sombreros, la tela de los vestidos, la utilería, todo.”

Con el tiempo se limaron las asperezas con la familia Franco y para los 10 años de fallecimiento fue invitada la mamá de Carlos y se le hizo un reconocimiento.

Proyectando el Carnaval de Barranquilla y la cultura caribe
La primera función paga de la nueva etapa de la escuela fue para la Fiscalía General, donde les pagaron 700 mil pesos. De ahí en adelante vino un itinerario nacional e internacional en el que cada presentación era cerrada con una salva de aplausos del público.

“Nosotros tuvimos la suerte, en los primeros años, de ganar el premio Alé Kumá como uno de los cinco mejores grupos de Colombia.  Algo estaba pasando en ese momento en el Ministerio de Cultura y en el de Relaciones Exteriores, pues ya no querían mandar sólo al grupo de Sonia Osorio como estandarte de Colombia ante el mundo y organizaron este concurso para escoger los grupos que iban a representar al país en el exterior.

Allí comenzaron los viajes, primero a Venezuela y luego a los Estados Unidos para la celebración del Día de la Hispanidad con una función en la embajada en Washington. Tanto gustó el trabajo de la Corporación que siempre la recomendaban y su fama fue creciendo hasta el punto de  ser invitados, en 1998, como parte de la delegación cultural que acompañaría a la selección nacional de fútbol al Mundial de Francia. Cuando Colombia fue eliminada del campeonato todos pensaron que los devolverían a Colombia, pero la gira siguió durante dos meses por otras ciudades de Europa, incluyendo una función en la Expo Mundial de Lisboa, de donde salió la invitación a la Expo de Hannover.

Pero la gira más significativa e inolvidable para Mónica y el grupo sería la de 1999 al Japón, para los primeros 100 años de la llegada de los inmigrantes japoneses a Colombia. Se trataba de una función especial en Tokio ante la familia imperial, razón por la cual les anunciaron desde el principio que aquella iba a ser una gira diferente, comenzando por que iban a recibir la visita de los productores de la famosa compañía Min-on de Tokio.

“Los tipos nos contactan por el rústico internet de la época y nos anunciaron su llegada para una Semana Santa, cuando teníamos que hacerles una función completa. De nuevo prestamos el teatro de Bellas Artes e hicimos una función de dos horas con todo el repertorio del Caribe. Ellos instalaron sus cámaras y sus equipos de sonido y cuando terminamos felicitaron a los muchachos y nos felicitaron a Robinson y a mí pero nos dijeron: ‘Es muy bonito, pero tiene que ser perfecto´. Una frase que a mí me quedó grabada y he aplicado desde entonces en todo el trabajo de la escuela. Fuimos aprobados, pero teníamos que mejorar los detalles y sobre todo, aprendernos una canción en japonés. Era una canción insignia de Tokio que todos los grupos que habían pasado por el teatro Min-on habían presentado, así que nos mostraron las versiones de todos y nos pidieron una que contrastara con ellas. Teníamos tres meses para prepararnos y trabajar por esa perfección. Mandamos a hacer vestuario nuevo y preparamos una versión de la canción japonesa “La madre”  basada en los tambores y cantada a capela.  El resultado fue apoteósico.”

Llegada a Tokio con visa diplomática
La llegada al país nipón fue un preludio del éxito que les esperaba: alfombra roja, flores, limosina, bus de lujo y dos motos delante de la caravana abriendo paso hacia la sede de la compañía Min-on. Un complejo enorme que incluye un teatro de primera línea, museo de instrumentos musicales y hotel para los artistas. El grupo barranquillero nunca había visto algo así. Era, ni más ni menos, como estar en una película. Cuando el bus se detuvo en la puerta había dos hileras de secretarias y empleados recibiéndolos. El presidente de la compañía les dio la bienvenida y mientras les hacía el tour por el lugar le dijo a Mónica que escogiera a 10 personas del grupo para la cena de esa noche.

Al día siguiente la agenda comenzó a las ocho de la mañana con las pruebas de sonido; luego ensayos de coreografía y un descanso para seguir a las seis de la tarde con una función completa para la prensa. A las ocho en punto era la gala para el público y la familia imperial.

“Fue la primera vez que trabajamos con las condiciones ideales, como nunca las hemos  visto aquí: una señora con la mesa de planchar para planchar los vestidos, camerinos con circuito cerrado de televisión y todos los técnicos de iluminación y sonido disponibles, y como no podíamos encender velas en el escenario, en menos de cinco horas nos armaron unas velas eléctricas que parecían naturales. A Robinson le dijeron que la guitarra que él llevaba no servía y que le iba a prestar una, que resultó ser la que Paco de Lucía le había donado al museo. Faltando diez minutos para la función pidieron que los directores y una pareja estuvieran afuera de la sala para el recibimiento. La doctora Nora Trujillo, funcionaria de la Cancillería me dice: Mónica, no tengo que recordarles la importancia de esta presentación, es la primera vez que los príncipes aceptan una invitación y la primera vez que un grupo de Colombia se presentan para ellos. No se preocupe, le dije, que todo va a salir bien.”

Y todo salió a pedir de boca. Bailaron para cinco mil personas y antes de terminar la guía e intérprete japonesa les dijo que los emperadores querían entrevistarse con ellos, que fueran los directores y dos o tres músicos. El anuncio venía acompañado por las recomendaciones de rigor: Por favor no pasarse de siete minutos, no tocarlos,  inclinarse para saludar, etc. Al bajarse el telón y sudorosos, seis miembros del grupo subieron las escaleras llevando en sus manos una máscara precolombina que entregarían como regalo a los monarcas. El gaitero, el maraquero, Robinson, Mónica y una pareja de baile recibieron entonces unos pañitos calientes para secarse el sudor antes de entrar al salón.

Registro de la prensa  japonesa de la función en el Teatro Min-On
“Apenas entramos, la esposa del príncipe nos dijo que estaban muy emocionados, y cuando yo le pregunté cuál era el baile que más les había gustado hicieron la mímica del mapalé, entonces yo le dije que los íbamos a invitar al Carnaval de Barranquilla. Mientras, Isadora de Norden ya me hacía señas con los ojos de que se había acabado el tiempo, pero a Robinson se le ocurrió decir que quería regalarles la gaita, mostrándole al príncipe cómo se tocaba. El príncipe se la recibió y enseguida la tocó y pensé yo: tanta vaina con el protocolo y se pasaron el pito de la gaita de la boca de uno al otro…”

El sueño parecía haber terminado cuando al día siguiente hicieron las maletas para partir con rumbo a China, pero camino al aeropuerto el guía recibe una llamada y, nervioso, le dice a Mónica que tienen que cambiarse porque va a haber una recepción en la sala VIP del aeropuerto. El motivo: siguiendo una vieja costumbre del teatro en la que el público deposita en una urna su voto por el mejor grupo de la temporada, les iban a entregar el Premio al Arte Min-on. Y la entrega la hacía el presidente de la compañía, así que sacaron de las maletas la chaqueta del blazer y se la pusieron con los bluyines que llevaban puestos.

“Cuando llegamos a esa sala había tremenda recepción. Nos tomaron las fotos, nos pusieron las medallas y supimos que solo dos grupos latinoamericanos se habían ganado ese premio: uno de Argentina y nosotros. Después fue que digerimos todo eso, porque la gira por China fue tan intensa que tomamos 36 aviones en un mes.”

Profesionales para un nuevo siglo
No podían haber tenido una mejor entrada al siglo 21 que regresar al país repletos de triunfos. A partir de allí se desplegaron nuevas velas: intercambio artístico con una escuela del Japón, consolidación del trabajo local y creación de la Fundación Centro Artístico Mónica Lindo como centro educativo para la formación intermedia en danza y música. La iniciativa de organizar una escuela aprobada por la Secretaría de Educación obedecía a una preocupación que el sector de la danza en la ciudad había expresado por décadas. La fuerza que ganó el Carnaval de Barranquilla con la declaratoria como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2003 y la focalización en 10 danzas tradicionales amenazadas hacían cada vez más urgente contar con un cuerpo de profesionales capaces de formar a las nuevas generaciones pero también de producir, de gestionar y de interpretar cualquier género de la danza.

Entre tanto, Mónica atendía su cátedra en el programa de Educación Física de la Universidad del Atlántico, y desde allí tendió puentes con la Facultad de Bellas Artes para que, apoyados en el Plan Nacional de Danza, se creara el primer Programa Profesional de Danza de la región y el primero con esa denominación en el país. Guillermo Carbó, Decano de Bellas Artes, apoyó la propuesta y en 2011 se realizó el primer taller institucional para la creación del programa, en el que Mónica actuó como coordinadora académica. El siguiente paso fue solicitar al Ministerio de Cultura un asesor externo y con este acompañamiento se logró, en diciembre  13 de 2012, el registro calificado de la carrera.

La primera promoción inició clases con 30 estudiantes en el segundo semestre de 2013, y a la fecha ofrece también el programa de profesionalización para bailarines, gestores y coreógrafos adultos o que residen en otras ciudades del Caribe. Un logro que no hubiera sido posible sin la experiencia y la dedicación de Mónica Lindo, como lo reconocen personas del medio danzístico y cultural de Barranquilla.

La bailarina Claribel Cera, arquitecta y ex alumna de Mónica Lindo, la define como “un proceso de evolución constante, como un libro que se abre para compartir su conocimiento y hacer que otros también crezcan.”
Mónica Lindo dirigiendo a los alumnos del Programa de Danza de la Universidad del Atlántico
durante la clausura de semestre en julio pasado.

“Yo soy arquitecta, pero me haló tanto la pasión por el baile que ella cultivó en mí, que terminé dedicándome a la danza.  Una pasión que es de fuentes reales y fieles, porque Mónica nos enseñó a investigar, a no quedarnos con lo primero. Creo que otras de sus virtudes son la responsabilidad y la disciplina, y le admiro esa capacidad de entrega total, de respirar danza las 24 horas del día.”

Claribel, quien actualmente trabaja con la Escuela de July Donado y el Country Club, pertenece a la primera promoción de la carrera técnica de la Fundación Centro Artístico Mónica Lindo y es miembro permanente de la corporación. Estuvo en todas las giras de la compañía hasta el 2006, por eso conoce a fondo a su maestra y considera que uno de sus logros más importantes ha sido el de instalar la idea de respeto por la danza y los bailarines y cambiar los códigos de rivalidad que existían entre los grupos de la ciudad.

Otra persona que ha sido testigo de esta historia es el profesor Julio Adán Hernández; pedagogo, sociólogo y comunicador social, creador del programa radial Voz infantil-Hola Juventud y del Carnaval de los Niños. Él conoce a Mónica Lindo desde que estudiaba en la escuela de Carlos Franco y piensa que ella encarna el ideal de la educadora que quiere dejar una huella acorde con los tiempos: “Hablar con ella es llegar a la fuente misma de la danza en Barranquilla, porque es una autoridad, pero al mismo tiempo es humilde y sencilla, dispuesta a darle participación a todo el mundo. Es un orgullo nuestro.”

Por su parte el escritor e investigador Alvaro Suescún, autor del libro biográfico sobre Carlos Franco “Danza en el recuerdo”, afirma que entre las asistentes que Franco tuvo en diferentes épocas, entre ellas Maribel Egea, Chechi de la Rosa y Angélica Herrera, quien logró proyectarse más y de mejor manera fue Mónica Lindo. “Es una coreógrafa que se surte con la creatividad y la observación para asumir un serio compromiso con los valores auténticos de las expresiones de nuestro carnaval. Junto con su esposo, Robinson Liñán, ha conformado una institución en la que mantiene, como columna vertical, una forma de hacer y de reproducir nuestros bailes típicos y nuestra música a partir de la observación cotidiana y el respeto por la legitimidad de las tradiciones estéticas."

La considera seria, estudiosa y disciplinada. “Las fuentes artísticas la han conducido por el camino de la interpretación –agrega Suescún- observando y proponiendo nuevas alternativas para el desarrollo de sus planteamientos estéticos, sin que ello implique el interés sin medida por la innovación ni el menoscabo del patrimonio cultural. Su compromiso con nuestra cultura, y su fidelidad a nuestras tradiciones, la hacen la mejor exponente de los procesos formativos a nivel de la danza en nuestra región.”



Ahora estamos de nuevo en el presente. La película se sigue rodando desde la Escuela de Danzas Mónica Lindo, desde el grupo musical Los Chamanes y su semillero, desde la comparsa El Torito en Carnaval y a través de las múltiples actividades que esta hiperactiva mujer, quince veces reconocida y condecorada, despliega incesantemente para hacer que la danza en esta ciudad sea un arte mayor y una forma digna de vida para miles de personas. Si su abuela la viera…

martes, agosto 05, 2014

Por Palestina

Estremecen con sus puños el abandono


Foto tomada de http://santiagoactual.com.ar/tregua-en-gaza-rescatan-mas-de-40-cadaveres/

Fundado en mi corazón

un antiguo dolor.

Ignoro entre qué lluvias nació,

sólo sé que en mí

se fue forjando un amor puro.

No conozco de tu tierra

más que el perfume que insinúa la luna,

aunque sé frágilmente

que navegan tus palabras en mis venas.

Dime,

          pequeña,

qué pájaro sangrado  ha volado en mí

para quererte tanto,

qué dulce luz se prendió a mi pupila

para sufrir tus días

y levantarme con la lluvia de tus hijos,

con el alma en la mano

implorando un poco de esperanza.

Cómo vivir tan lejos de ti

y presentir tus luces y tus sombras

mientras solo devoro el almuerzo

o cansado llego a casa

y mi pequeño me recuerda a otros

que también amo

y que estremecen con sus puños el abandono.

Cómo no amarte,

                         Palestina.

¡Duele tanto la sangre

de la que nace tu libertad!


Poema de Roberto Carlo Núñez


Tomada de http://www.lanueva.com/sociedad-impresa/223728/
el-drama-de-gaza-en-conmovedoras-im-225-genes.html

sábado, junio 14, 2014

En la fuerza no está la solución

Entrevista con Magda Correa


Por Patricia Iriarte

Desde el asesinato de Alfredo Correa De Andreis por parte del Bloque Norte de las AUC, su hermana Magda se volvió la cabeza visible de la familia Correa en la búsqueda de la verdad por el crimen del académico, ocurrido en septiembre de 2004.  “El día que mataron a Alfredo yo perdí el miedo”, dice Magda cuando le pregunto si a lo largo de estos diez años de lucha no ha sentido alguna vez temor por su vida. Ella ya no tiene miedo, por eso en todo este tiempo, a pesar de los riesgos y de las voces que le han llamado loca, no ha dejado de denunciar a los culpables y de exigir justicia.

Alfredo Correa
En el caso de Alfredo Correa, gracias a la experticia del abogado José Humberto Torres y de la solidaridad e indignación de la comunidad barranquillera, los órganos de justicia actuaron con relativa celeridad y capturaron a tres personas vinculadas al crimen: un sicario llamado Juan Carlos Rodríguez De León, alias “El gato”, que siguió órdenes del jefe paramilitar Edgar Ignacio Fierro, alias “Don Antonio”, quien a su vez habría obedecido instrucciones de Rodrigo Tovar Pupo o “Jorge 40”. Todo con la complicidad y colaboración del entonces director del DAS, Jorge Noguera, quien le entregó a los asesinos la información recopilada por ese organismo sobre los movimientos cotidianos del profesor universitario. Todos ellos están condenados, sin embargo, Magda Correa sabe que falta una ficha clave que hasta ahora ha logrado burlar a la justicia; se trata del ex subdirector del DAS en el Magdalena, Javier Valle Anaya, quien al parecer se encuentra asilado –quizás protegido, dice ella– en los Estados Unidos.

La tragedia que abre sus ojos
Magda, quien trabaja como secretaria en una entidad pública, era una mujer como cualquier otra de la clase media de Barranquilla hasta esa tarde de septiembre de 2004 cuando la historia de su familia fue quebrada de un tajo; cuando arrancaron una de las cuatro patas de la sólida mesa familiar, como dice siempre su padre, don Alfredo Correa Galindo.

“Con el asesinato de Alfredo yo abrí los ojos y conocí la verdadera Colombia, porque antes de eso yo vivía en un jardín de rosas. Yo escuchaba a Alfredo hablar de estas cosas, pero veía aquello tan lejano… era algo que no entendía y en lo que no quería involucrarme. Cuando nos pasó esto fue cuando empecé a ver la realidad y a relacionarme con personas que estaban en la misma situación.” Desde entonces cambió su visión de las cosas y, si antes era apática y cómoda, a partir de la tragedia ha tenido que enfrentar situaciones que nunca había imaginado.
Magda Correa


“Ha sido una experiencia que me llevó a descubrir a la Colombia real. Mi Colombia era mis hermanos, mi papá, mis amigos, los cumpleaños, los showers, las reuniones familiares… cuando un día descubro que no es así, que ese no es el mundo donde vivimos. Para la familia ha sido devastador, ninguno ha vuelto a ser el mismo, cada uno ha hecho su duelo a su manera y todavía no salimos de él.”



La situación que Magda describe es la misma que han vivido cientos de miles de familias colombianas que han visto cómo la espiral de violencia se ha llevado a sus seres queridos y en la mayoría de los casos asisten con impotencia a la inoperancia de la justicia.

La prensa, que en opinión de Magda ha jugado un papel fundamental de acompañamiento a la familia, siempre recuerda que su hermano adelantaba investigaciones académicas sobre los derechos de los desplazados en diferentes lugares del Atlántico y el Magdalena; que había hecho denuncias sobre los daños ambientales que causaría el puerto carbonífero de Palermo  y que estas actividades, según los testimonios del proceso, fueron el pretexto para acusarlo de rebelión y detenerlo ilegalmente durante 27 días. Como se sabe, al recuperar su libertad Alfredo Correa había dirigido dos cartas al entonces Presidente de la República, Alvaro Uribe Vélez, suplicando su intervención ante la injusticia de que estaba siendo víctima, pero nunca obtuvo respuesta. Meses después cayó abaleado a pocos metros de su casa junto con su escolta.

A partir de allí se fracturó la vida de esta familia que antes de la tragedia vivía unida y feliz. Alfredo, a pesar del ser el mayor, era el más apegado a sus padres, a quienes llamaba varias veces al día tanto para contarles lo que hacía como para preguntarles si todo estaba bien en casa. “A mis padres los ha mantenido vivos la esperanza, no solo de que haya justicia sino también que haya paz en Colombia, porque eso fue lo que Alfredo Rafael siempre predicó”, recuerda Magda con una mezcla de orgullo y de nostalgia.

La experiencia ha sido dura, pero le ha permitido crecer como persona y tener una visión distinta de la realidad colombiana. En los foros en los que ha participado ha aprendido que los procesos de negociación para resolver largos conflictos exigen un tiempo generoso para entregar resultados, y porque sabe que este gobierno está haciendo su mejor esfuerzo confía en que la salida negociada será posible.

Considera que el acuerdo sobre víctimas alcanzado en La Habana es un aliciente para los familiares y sobrevivientes pues, “aunque parezca absurdo, el hecho de que los responsables reconozcan su error y lleguen a decir que esto no va a volver a suceder es un gran paso.. Por eso es tan importante que la gente entienda que por la vía de la fuerza no se va a llegar a nada. El camino de la fuerza no es la solución, la solución es sentarse a hablar.”

-          Magda, finalmente, si en aras de la paz fuera necesario perdonar a los victimarios y concederles una amnistía o algo similar, ¿usted qué sentiría?

“Es duro aceptar que los culpables sean objeto de algún beneficio, pero estoy segura de que si Alfredo Rafael estuviese vivo también diría que hay que negociar. Ese era su pensamiento, siempre por el diálogo y la reconciliación.”


domingo, junio 01, 2014

EL VOTO CARIBE POR LA PAZ

Nota editorial
Colombia está pasando por un momento absolutamente decisivo en su historia. Un momento en el que se define la transición presidencial y con ella, la suerte de unos Diálogos de Paz que por primera vez en cinco décadas representan una posibilidad real de solución al conflicto armado que tanto nos ha desangrado social, económica, política y psicológicamente. Quienes suscribimos la siguiente declaración -más de 200 personas hasta la fecha de hoy- creemos en la seriedad de las negociaciones que el gobierno de Juan Manuel Santos está llevando a cabo en La Habana con los voceros de las Farc; no queremos que se levanten de la mesa hasta que se hayan firmado los acuerdos para todos los puntos de la agenda y Colombia pueda pasar, finalmente a una etapa de postconflicto y aclimatación de la paz. Tenemos, igualmente, sobradas razones para pensar que un eventual gobierno de Oscar Iván Zuluaga, representante del proyecto Uribista llamado Centro Democrático (que no es de centro ni democrático) va a dar al traste con lo avanzado hasta ahora en ese proceso de negociación, y nos va conducir a una situación de más y más odio, de más y más guerra, de más y más vergüenza para todos los colombianos y colombianas. Por ello, y sin que consideremos que Juan Manuel Santos nos representa  política ni ideológicamente, ponemos el interés supremo de la paz por encima de nuestras diferencias con su gobierno neoliberal y hacemos un llamado a respaldar su nombre en los próximos comicios electorales. 



NUESTRAS RAZONES


1. La Región Caribe colombiana fue rasgada por la guerra desde la llegada de los españoles. Este territorio, tanto o más que cualquier otro, fue testigo mudo del genocidio de los pueblos indígenas a manos de los conquistadores.

2. Luego, golpeada y diezmada por las interminables batallas que llevarían a la Independencia, esta región puso una gran cuota de sangre, distinguiéndose en esa gesta los cartageneros y las tropas del Almirante José Padilla.

3. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la Región Caribe siguió defendiendo la paz conquistada, convirtiendo su territorio en sitio de llegada y acogida de miles de ciudadanos que venían huyendo de la guerra; migrantes de Europa, de los países árabes, del mundo judío y del continente asiático llegaron a establecerse en este Caribe de oportunidades. A todos ellos se les dio cobijo para que pudieran construir familias, empresas y vidas nuevas bajo vientos de paz y hospitalidad. Es en esta región donde judíos, árabes, alemanes, polacos e italianos, solo para citar algunos de nuestros migrantes más numerosos y queridos, pudieron encontrarse para hacer amistad y negocios dejando atrás los odios de raza, religión y territorio.

4. Desde mediados del siglo XX la Región Caribe fue la tierra prometida para los que huían de la violencia intestina de los partidos y las guerrillas en el interior del país, llegando de los santanderes, de los departamentos andinos, del Tolima, del Valle  y de la zona cafetera. Ellos han poblado nuestra región y hoy son tan caribes como cualquier otro caribeño de nacimiento y herencia. También aquí esta primera y segunda generación de desplazados encontraron acogida y solidaridad, en medio de una región empobrecida por las decisiones de inversión tomadas desde el centro, no obstante haber servido para el encuentro con la economía mundial y contar con la riqueza ambiental, turística y cultural más importante de la nación.

5. Para los años 70s esta región fue la primera damnificada del naciente negocio del narcotráfico, poniendo muchos muertos bajo la mirada indiferente del nivel nacional. Para ese momento seguíamos recibiendo, en forma cada vez más numerosa, a los desplazados de la violencia  guerrillera  y del Frente Nacional.

6. La Región Caribe, desde los años 80s hasta el inicio del nuevo siglo, recibió además la embestida atroz de las guerrillas. Muchos costeños fueron secuestrados, asesinados y obligados a salir de sus tierras, destinando a los más pobres a la miseria de las periferias urbanas, así como a otros a dejar el país. Esta violencia, dada la debilidad institucional, fue repelida por otros grupos armados que terminaron, so pretexto de la defensa de unos, causándole aún más daño a toda la gente del Caribe.

7. Hemos sido víctimas, entonces, de todo tipo de grupos armados ilegales y de sus métodos más inhumanos; aquí se asentaron los hermanos Castaño, Mancuso, “Don Berna” y “Jorge 40”, junto con los frentes más criminales de la guerrilla. Nuestra tierra ha sido testigo y víctima indefensa de algunas de las más terribles masacres nacionales. Siguen recordándose entre las páginas más sangrientas del país las masacres de El Salao, la Mejor Esquina, Nueva Venecia, Chengue, así como la larga y sostenida masacre de la población étnica de San Onofre, donde se ensañaron con la muerte y se diezmó una población buena y hospitalaria por naturaleza. Siete de los ocho departamentos del Caribe colombiano vivieron en carne propia la guerra, y aún el archipiélago de San Andrés ha padecido los efectos de la guerra económica y la violencia del narcotráfico, que bastante daño le han hecho a su población.

8. Ante toda esta violencia la gente del común ha respondido con factores naturales de resiliencia, queriendo dejar la guerra atrás; ha enterrado a sus muertos y quiere una nueva oportunidad. Solo hay que mirar el renacer de los Montes de María y la dinámica económica en la que toda la región viene participando, para entender lo que se desea. No somos un pueblo de odios y venganzas, somos la región que mejor representa la paz en este país, y como tal hoy, cuando se blanden nuevamente las banderas de la violencia y “el todo por la fuerza”, como Región unida debemos responder con Paz.



PROCLAMA

Entendemos que la guerra y sus efectos han sido generados por diversos tipos de grupos armados, pero entendemos que la paz exige la capacidad de superar  creencias como la Ley del Talión y cualquier otra forma de venganza.
Entendemos que no solo la guerrilla sino los demás grupos armados ilegales, así como las guerras de partidos, la debilidad institucional y la corrupción de muchos años han contribuido también a esta situación.
Entendemos la urgente necesidad de proteger a las víctimas y proceder el Estado a indemnizarlas y apoyarles para un nuevo futuro.
Entendemos que las negociaciones de paz demandan calma y un proceso sostenido y continuo de dos partes con voluntad de diálogo y de concordia.
Entendemos que la Paz, con mayúscula, demandará una convocatoria ciudadana posterior para refrendar los acuerdos que se logren en La Habana.
Queremos superar el pasado lleno de odios y tragedias para pensar un futuro de progreso y estabilidad.
Queremos, con orgullo, seguir representando a Colombia ante el mundo a partir de la cultura, la alegría y la riqueza natural y no desde las horribles caras de la guerra.
Queremos que la reconciliación permita recuperar a las víctimas y victimarios de los conflictos, para que no sigan afectando la seguridad ciudadana, se reduzca la violencia familiar y urbana y se mejore su calidad de vida, de forma que los miembros de las llamadas Bandas Criminales y otros grupos creados por la violencia social puedan caber también en el proceso de paz.
Queremos fortalecernos y ser autónomos como Región en Paz, y aportarles nuestras lecciones  de reconciliación y perdón a toda Colombia.
Queremos apoyar a nuestra gente y a los hermanos venezolanos de la mejor manera, por lo que además de recibirlos con afecto solidario, es nuestro deber evitar un potencial conflicto con el gobierno de Venezuela ya que así no podríamos apoyarlos ni proteger al tiempo a nuestra Región Caribe.

Es hora de que la Región recuerde sus gestas, recoja las enseñanzas de nuestro querido Gabo, honre la valentía de sus mujeres frente a la guerra, escuche la lección espiritual de nuestros hermanos de la Sierra Nevada de Santa Marta, comparta las alegrías de nuestros futbolistas y conserve la bella costumbre de acoger a todos en nuestro territorio.

Por todo lo anterior, convocamos a todas las personas que nacieron en nuestra tierra o que llegaron aquí desde cualquier parte del mundo, del interior o del sur de nuestro país y que hoy se sienten orgullosamente costeños; a las y los costeños en tierras andinas; a los santandereano-caribes que lideran nuestro comercio y a todos los Caribes regados por el mundo, a VOTAR POR LA PAZ el próximo 15 de junio, eligiendo a Juan Manuel Santos como Presidente de Colombia.

Queremos al Caribe unido en una sola causa, la Paz, para que no vivamos otros 50 años de guerra y para que los egos y la venganza no sean los que definan nuestra suerte.


¡TODOS SOMOS EL VOTO CARIBE POR LA PAZ!

viernes, febrero 14, 2014

El Arte en Carnaval

Hoy comenzó en Barranquilla el VIII Carnaval Internacional de las Artes, que organiza la  Fundación La Cueva bajo la batuta de Heriberto Fiorillo y su compañero de fórmula, Efraim Medina Reyes.




Este año, como siempre, el evento tiene  invitados muy especiales, entre ellos los músicos Larry Harlow, Adalberto Alvarez, Kevin Johansen y la agrupación colombiana Ondatrópica. La cuota literaria viene con la destacada escritora cubana Wendy Guerra y el autor mexicano Paco Ignacio Taibo II. También estarán la actriz de cine Marisa Tomei, el grupo  Zanguango Teatro y las marionetas de los italianos Agostino Cacciabue y Rita Xaxa, de Tages Teatro.

Aqui, nuestros recomendados de la programación:




Teatro Amira de la Rosa, 13 al 16 de febrero: 
Exposición del caricaturista e ilustrador argentino Alberto Montt y de los artistas colombianos Nithto Cecilio y Gustavo Tatis 

Viernes 14
Fundación La Cueva
10:00 am El editor como autor. El editor español Manuel Borrás, de editorial pretextos, en conversación con el poeta y novelista colombiano Darío Jaramillo Agudelo.

11:30 am La realidad que es puro teatro. Ángel Beccassino, creador argentino y Marc Caellas, catalán, dialogan sobre la verdad y las falsedades, las ficciones y la realidad.

3:00 pm: ¿Cómo escribir una novela negra? El autor mexicano, Paco Ignacio Taibo II, conversará frente al público con Ángela María Pérez acerca de los distintos matices de la literatura policíaca.


Teatro Amira de la Rosa
Wendy Guerra

3:00 pm: Amor, música y poesía. Presentación del pianista cubano Ernán López-Nussa y de su esposa, la escritora Wendy Guerra, en charla con Miguel Iriarte.

8:30 pm: trópico adentro. El grupo Ondatrópica y su forma de revisitar la música colombiana con rock y jazz. Mario Galeano Y Will Holland “Quantic”, sus directores, conversan con Jaime Monsalve.

Ondatrópica estará presentando su inigualable
combinación musical

Sábado 15
Cinemateca del Caribe
10:00 am al cine con Marisa Tomei. La actriz presentará Mi Primo Vinny, película que le dio el Oscar.

Fundación La Cueva
10:00 am el legado de Tomás Eloy Martínez. Ezequiel Martínez, periodista argentino, habla de su padre, el gran escritor y uno de los más grandes cronistas de la américa latina. Entrevista Graciela Gliemmo.

3:00 pm: La Habana de Wendy. La escritora cubana Wendy Guerra habla de sus últimos libros con la cineasta Sara Harb.

4:30 pm: En cuento con Marcelino. Un encuentro del poeta y periodista John Better con el respetado escritor brasileño, Marcelino Freire.

Teatro Amira de la Rosa
2:30 pm: Aquí va a pasar algo. Obra de Zanguango Teatro, con introducción de su director, Miguel Muñoz, en charla con Octavio Arbeláez, director del festival de teatro de Manizales.

4:30 pm: Kantan y Enkantan las K-Narias. Gara y Loida, hermanas gemelas y cantantes de Tenerife, Islas Canarias, se presentan y hablan con Roberto Camargo.

6:30 pm: Al son de Adalberto. El extraordinario músico cubano, Adalberto Álvarez, conocido como “El caballero del son”  entrega su música y sus reflexiones, en charla con el musicólogo Rafael Bassi y la periodista Érika Fontalvo.

Alianza Francesa
8:30 pm: Las marionetas de Agostino. El artista italiano, Agostino Cacciabue, de Tages Teatro, junto con su esposa, Rita Xaxa, hará gozar con sus muñecos y revelará su magia en conversación con el escritor Efraím Medina Reyes.

Domingo 16
Fundación La Cueva
11:30 am: ¿Qué pasa con la cumbia? Héctor Fernández, profesor de la Universidad de Atlanta, habla de sus estudios sobre la cumbia colombiana… y la de otros países. Presenta David Lara.

Teatro Amira de la Rosa
Kevin Johansen
2:30 pm: Guitarra y pluma. El músico Kevin Johansen responde a Juan Carlos Garay y Karen Chamíe. Con la participación especial del caricaturista Alberto Montt.

4:30 pm: A golpes de humor. La comicidad demencial de los italianos Donati & Olesen, tras su conversación con Rita Bendek.

6:30 pm: Sesión de clausura. La música del maravilloso pianista Larry Harlow, que conversa con Marco Schwartz, director de el heraldo. Y los 60 años de ¡te olvidé! Con Alberto Fernández y el animador del Carnaval de las Artes, Roberto Camargo.

Larry Harlow, "El judío maravilloso"