El Caribe imaginado:
complejo hotelero sin cultura y con mucho “sol y playa”
Por Yusmidia Solano Suárez1
Fotos: Patricia Iriarte
En el No. 33 del periódico Saber2 , (año IV), del martes 13 de marzo de 2012, aparece como titular de
primera plana: “El mejor viaje de la vida universitaria” y debajo de una
gran foto de una maleta con un mar de fondo se anuncia… “El Caribe es el
destino más solicitado por los estudiantes [en el viaje]
que realizan en su último año de
carrera, seguido del crucero por el Mediterráneo que coge fuerza debido a los
grandes descuentos que se lanzan”. Ya
en la página 2, en desarrollo del artículo que tiene como titulo interno
“Análisis”, y que nos hace suponer que es el artículo central de la edición, se
lee otro titular: “Más sol y playa que visitas culturales”. Y debajo: “El
Caribe es la opción más solicitada por los estudiantes como destino para el
viaje de fin de carrera. Los alumnos se organizan y sondean las agencias en
busca de un destino que no supere los 1.000 euros. La elección de un crucero
coge fuerza cada año debido a los descuentos”.
Después de explicar la
importancia y la tradición de hacer un viaje de fin de carrera y de cómo, pese
a las dificultades económicas actuales, el viaje sigue teniendo acogida, se detiene
a presentar el problema: “El dilema surge a la hora de elegir el destino:
playa o cultura. Pero lo cierto, es que el binomio sol-playa se impone a las
visitas a monumentos y museos”. Más adelante se explica que el Caribe sigue
siendo el destino más elegido por la mayoría de los estudiantes, según informan
especialistas del sector turístico. “Punta Cana –cabo situado al este de la
República Dominicana -, y Riviera Maya, en México son los lugares preferidos.
La calidad de las playas, la bachata, las fiestas, diversión y el servicio
completo del complejo hotelero son los grandes atractivos. En el precio va
incluido la estancia completa”.
Entonces parece ser que la
calidad de las playas, la bachata y las fiestas en Punta Cana no son cultura,
mientras que los museos y monumentos sí lo son, como se colige de la anterior
descripción y de este otro párrafo: “la siguiente opción es un recorrido por
el centro de Europa que va perdiendo fuelle año tras año. Es una elección
cargada de cultura ya que su principal atractivo es el recorrido por los
principales museos del viejo continente y por los monumentos más destacados”.
Esta visión nos remite a los
estereotipos que se han tenido en Europa sobre el Caribe. Pasamos de ser las
islas plagadas de antropófagos, los “Caribes”, a los cuales había que
exterminar para poder poblar y civilizar las nuevas tierras con las culturas
europeas, mediante el uso de la espada y de la cruz que fue la manera como se
realizó la invasión al continente Abya Yala (luego denominado “América”), a ser
las islas donde todo se reduce a sol y playa, donde no hay culturas por
conocer, aunque sería más propicio hablar de “reconocer”. Pero para no
generalizar, digamos que en el artículo se están reflejando los prejuicios de
quien lo escribió, el periodista David Azuaga.
Pero
¿será una idea sólo de éste comunicador social considerar que las vacaciones,
la actividad que se realiza en una playa, los deportes, la música y las fiestas
no son cultura? Si entendemos por cultura esa totalidad compleja de
actividades, conocimientos, creencias, costumbres, artes, construcciones
materiales y espirituales de los seres humanos para vivir en sociedad, de
acuerdo a las condiciones ambientales e históricas, todo eso que hacen las
chicas y los chicos españoles en Punta Cana es parte de una cultura, aunque en
este caso es más su propia cultura la que ponen en evidencia que la de los
pueblos Caribes y lo que se estaría reflejando es que prefieren esas “prácticas
culturales” a los recorridos por monumentos que resumen los más de 5.000 años
de construcción de civilizaciones al ritmo de batallas, guerras, victorias y
derrotas de las diversas naciones europeas para constituirse como tales, así
como el proceso de esplendor, poderío y enriquecimiento que siguen manteniendo
las iglesias de estas culturas, representado en sus imponentes catedrales, que
quizá a la juventud no le diga mucho, pero que son aspectos trascendentes de
esas culturas al fin y al cabo.
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| Mujeres artesanas de Rincón del Mar (Sucre) |
Lo cierto es que el turismo
tipo “todo incluido” no permite ver las culturas de los pueblos que se visitan
sino mediante espectáculos organizados para turistas. No se promueve que las
chicas y chicos y los visitantes en general tengan una verdadera inmersión en
la cultura de esos lugares, que conozcan los elementos históricamente
reconocidos como representativos de la cultura local. Se puede ir y volver de
uno de estos viajes conociendo poco (quizá algo de la bachata y el merengue
dominicano y del reggaetón de las islas) de las tradiciones culturales de estos
países, que se conciben solo como balnearios y no como pueblos con complejas,
ricas y diversas culturas que son resultado de los procesos de mestizajes más
intensos de la humanidad.
Llama la atención que para
financiar estos viajes los estudiantes, según un recuadro del periódico, recurran a realizar rifas, fiestas y a editar calendarios “con fotos de
ellos ligeros de ropa o incluso desnudos. Esta medida, suele tener bastante
éxito de ventas” (pág.3). Esto es, lo decimos sin ninguna ironía, una
muestra de una nueva práctica cultural de las y los jóvenes andaluces.
1 Profesora Asociada Universidad Nacional de Colombia, Sede Caribe.
Realiza actualmente estancia doctoral en la Universidad de Granada, España. Correo electrónico: yussolano@yahoo.com.
2 Se autodefine como “El periódico de la Universidad Andaluza”. Es
editado por el Grupo Joly. Es una publicación de los periódicos: Diario de
Cádiz, diario de Jerez, Europa Sur, Diario de Sevilla, El Día de Córdoba,
Huelva Información, Granada Hoy, Málaga Hoy y Diario de Almería y en él se
recogen mensualmente las noticias más destacadas de las universidades de esta
comunidad autónoma.
Granada, 14
de Marzo de 2012
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Miami Beach Blues N° 5
El escritor y periodista colombiano residente en Miami, Jaime Cabrera, ha hecho llegar a un grupo de lectores amigos varios envíos de una especie de pseudo blog o blog privado, como él lo llama, que se titula Miami Beach Blues y que va por su quinta entrega. Lo hace para “mantenerme en forma como atleta de la palabra” y lo define como apuntes que hablan de su experiencia vital, intelectual, artística; de sus lecturas, de lo que le rodea, de lo que recuerda. En esta sección reproducimos el más reciente texto, que explora, en una prosa fresca y llena de datos interesantes, la experiencia de la maratón y de los escritores caminantes.
1.
Primeras luces del domingo. Los atletas han partido del AmericanAirlines Arena, cruzan las calles de Miami Beach, toman el Venetian Causeway hasta Biscayne Boulevard rumbo al Bayfront Park en donde está la meta del ING Marathon. Una vez me atreví a correr el maratón (¡Qué problema con el género!). A pesar de haber sido corredor de velocidad, el fondo no dejaba de atraerme. Era un reto. Pero como dice el escritor japonés Haruki Murakami al comparar la creación de un cuento con una novela, no es lo mismo “plantar un jardín que plantar un bosque”. Y hasta ahí llegó mi atrevimiento. Me quedé con las distancias cortas y los pies literarios en los cuentos. A propósito, Murakami ha escrito en De qué hablo cuando hablo de correr acerca de su experiencia como maratonista (aunque también es triatleta); sobre el impulso que lo llevó a desatender un bar para competir en más de 20 maratones, según él, para no ganarle a nadie, sino a su propio cronómetro porque aunque haya otros alrededor suyo, como la escritura o la lectura, es un acto solitario.
2.
3.
4.
Camino por el boardwalk, frente al mar, cada mañana (cada tarde en verano), una hora. Y en ese lapso pasan las mujeres judías con sus turbantes y sus coches dobles, un hombre que practica la marcha atlética, la muchacha que da saltos cosacos y, de repente, hello, aquel 20 de enero de 1992, “¿Lloverá?”, un peregrino del camino de Santiago extraviado; un tema de Art Pepper, “¿Hablar con Teresa?”, Emil Zatopek disecado, el término barzonear, “¿el corazón como un colibrí?”, un descendiente tarahumara y otro chasqui, el doble de Johnny Walker, “¿Es Lola?”, un cuento que le debo a… “¿nos bañamos?”.
Y hasta aquí alcanzó el papiro.
Jaime Cabrera González.
Mirador del mar desde Collins Avenue
Febrero 10 de 2012, Miami Beach
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Inmigración y orgullo
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| La poeta y periodista colombiana Eva Durán |
Soy una colombiana residente en Alemania. Vengo de un país en guerra, una larga, dolorosa y purulenta guerra, una conflagración ignorada por el mundo y sepultada por una hábil y astuta diplomacia y el silencio cómplice de los medios de comunicación masiva; una hecatombe que a nadie importa en realidad.
Vengo pues del otro lado del mundo, de un lugar hermoso, mágico y sangrante, un lugar donde el caos y la maravilla, la dolor y el talento, la más patológica crueldad y el heroísmo más sublime se funden incesantemente.
Soy una mulata cartagenera, mi abuelo Suta fue un negro descendiente de esclavos propiedad del infame marqués español de Herrera y Villalba.
Cuando nací mi madre guardó mi ombligo en una cajita de cristal, en la que luego se sumaron los ombligos de sus otros tres hijos. Esa costumbre tiene un origen especial. Desde tiempos inmemoriales en algunas regiones de África, cuando el niño nace, la madre siembra el ombligo de su hijo en la madre tierra para de esta manera darle pertenencia al mundo, a su país, a su familia.
La pregunta ahora es… ¿Que haré yo con los ombligos de los hijos que pariré en Europa?
II
Una de las cosas que más llama la atención y gusta cuando se vive en Alemania es su multiculturalismo y la gran cantidad de razas que aquí convergen: ir por la calle y escuchar dialectos de todos los paises del globo a cada instante. Es una delicia la posibilidad de comer en restaurantes de todos los paises y de sentir olores y tradiciones culturales tan diferentes.
Pero el hecho de que aquí vivan personas de diversos orígenes no quiere decir que exista realmente la posibilidad de vivir expansivamente la propia cultura, ni de que todas las ideas y formas de ver el mundo sean respetadas y apoyadas. Para empezar, partamos de lo básico. La filosofía occidental se ha impuesto arbitrariamente como la única forma válida de asumir el mundo. Occidente sometió al resto del planeta con el poder de las armas, y contradictoriamente consiguió, a punta de barbarie, sangre e invasiones, erigirse como paradigma máximo de todo lo contrario: cultura, religión y filosofía.
Occidente ganó por la fuerza, el chantaje y la barbarie. La grandeza de Europa se alimentó (se alimenta aún) de la increíble riqueza natural de América y de Africa, de la sangre y el dolor de los ancestros. Ganaron a la fuerza, luego se asumen erróneamente mejores.
Las conquistas del pensamiento europeo han sido impuestas como el summun de la creación, y nosotros, LOS OTROS, los que hemos construido nuestro universo personal con postulados diferentes somos considerados en el mejor de los casos "Pre modernos", y lo máximo a lo que podemos aspirar, cuando ya no al respeto, que no es posible para muchos de ellos, es a la sorna, la burla y la indiferencia.
III
El concepto que se tiene en Alemania de integración cultural es la de que nosotros, los extranjeros, los OTROS, tenemos que renunciar a lo que somos culturalmente, despojarnos de nuestros orÍgenes, desdibujarnos, invisibilizarnos por completo para adaptarnos a ellos, lo cual entraña una violencia sicológica profunda, ya que esta realidad no tiene en muchos casos nada que ver con nosotros, con nuestra esencia, con lo que amamos y esperamos del mundo, con nuestro acervo cultural y tradición. Y claro, está esa amenaza implícita de que “Si no te gusta, pues lárgate de mi país”.
La Alemania tradicional no es flexible ni generosa con las otras culturas ni con las OTRAS formas de ver el mundo.
Esta bien… aquí hay dinero y tecnología y una organizacion social que ya quisiera yo para Colombia, y no se pueden desconocer iniciativas loables muy puntuales que podrían considerarse ejemplo de respeto y apoyo a la igualdad y los derechos humanos. Alemania es campeón mundial en derechos de los animales, por ejemplo, y es tambien el único país del mundo que cumplió al 100% el Protocolo de Kyoto.
Pero el eurocentrismo, el racismo, la xenofobia, la intolerancia, son la regla en el día a día. Y lo grave del asunto es que es una política brutal que se lleva a cabo no por una ley estatal sino en el día a día, y sufrida por el ciudadano de a pie.
Y es esa, la discriminiacion sutil, la mas peligrosa de todas ya que no hay forma de combatirla si no es el propio Estado el que decide agarrar el toro por los cuernos, aceptar que existe y hacerlo. Una solucion sería, por ejemplo, un programa de discriminacion positiva con los turcos de Alemania, que son casi el 10% de la población, como la que se ha llevado a cabo en USA con los negros.
La segregacion racial estadounidence fue posible acabarla porque era plenamente reconocida. ¿Cómo cambiar la situación de los turcos, que están aqui solo para servir a los alemanes sin la mas minima posibilidad de ascender laboralmente o de ser aceptados en sociedad?, ¿si esto es algo que hiede en el ambiente pero que está prohibido aceptar?
Si pudiésemos volver atrás estoy segura de que en los años treinta, para la opinión pública alemana el principal problema eran los judíos. Y si hago la odiosa comparación es porque estoy convencida de que Hitler no inventó absolutamente nada, sencillamente canalizó hábilmente un odio que estaba allí, en el ambiente. Así que pienso que si llegase a aparecer en la Alemania actual un líder carismático, capaz de canalizar el desprecio y el odio que la opinión pública siente hacia los turcos, algo muy grave ocurriría en este país.
En el evento (imposible por demás) de que los turcos residentes aquí desaparecieran de la faz de la tierra o regresasen a Turquía, o emigraran en masa al Africa, siempre estaria EL OTRO, el que se viste diferente, el que no habla alemán perfecto... entonces el problema, la mirada soberbia, la discriminacion vendría sobre los hispanos, los asiáticos, y cómo no, sobre los negros.
Algo muy interesante pasará en Alemania, pues aquí se perdió el concepto de familia y gran parte de la población no desea tener hijos, asi que nos dejan esa labor a nosotros los inmigrantes (yo deseo tener tres, como mínimo). Esto quiere decir que en 100 años los alemanes serán una minoría étnica en su propio país.
IV
Nosotros, Los Otros, Los Diferentes, Los Inmigrantes, los que por encima de todo estamos felices de asomar nuestras narices a esta otra realidad, a este otro planeta, a esta otra forma de ver y de concebir el mundo porque hacerlo nos enriquece y nos abre la mirada, nos limpia y nos expande el espíritu y las alas, pero por ello no estamos dispuestos a ceder un ápice en nuestra propia identidad ni a bajar la cabeza ni a suplicar nada.
Nosotros, Los Otros, Los Diferentes, Los Inmigrantes, los que jamás nos inclinaremos ante alemán o europeo alguno. Los que respetamos esta cultura y valoramos lo valorable que hay en ella pero que no tenemos la menor intención de asumirla como propia ni a mirarla como superior a la nuestra.
Nosotros, Los Otros, Los Diferentes, los Inmigrantes, exigimos con todas las mayúsculas que se nos respete nuestro universal derecho a la intimidad personal y a la diferencia, a la conservación, uso y promoción permanente de nuestro propio idioma y cultura, y a la libre y soberana autodeterminación.
Nosotros, Los Otros, Los Diferentes, Los Inmigrantes, deseamos la posibilidad de sembrar en esta fria y extraña tierra el ombligo de nuestros hijos.
Porque muchos de nosotros fuimos arrancados sangrienta y dolorosamente de nuestro verdadero hogar, y nunca es demasiado tarde para encontrar otro.
Eva Durán
Colonia, Alemania
2011
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¡La muerte del caimán sentipensante!
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| Homenaje al hombre caimán, de Alex García |
Esa fue la frase que no pude evitar decirme a mí mismo en voz alta cuando Alex García desplegó frente a mí, en su estudio de Puerto Colombia, en una tarde de hace tres o cuatro años, aquella terrible y maravillosa pintura con la que él quiso rendir homenaje, como artista y como amigo, a uno de los seres humanos más valiosos que han dado las tierras, húmedas ahora de sangre y de ignominia, de este Caribe que Alfredo Correa D’Andreis tanto soñó de otra manera.
Y aunque el título que Alex ha dado a su obra es otro, el de Homenaje al hombre caimán, para mí ya no hay forma que pueda llamarle de otro modo que no sea este: La muerte del caimán sentipensante. E inevitablemente, cada vez que por alguna razón viene a mi mente la imagen o el nombre de Alfredo, se aparece también, como trágico telón de fondo, el lienzo enorme del cuadro de este artista que ha tenido el extraordinario acierto de ejecutar una de las obras alusivas a la violencia colombiana más importantes de los últimos tiempos en nuestra pintura, luego de la propia Violencia de Alejandro Obregón, pincel bastante cercano, por cierto, a la vida y oficio de Alex García. Sin que esta asociación pretenda salirse, desde luego, de las debidas proporciones. Pero la obra está ahí para corroborarlo.
Sentipensante era una de las palabras favoritas de Alfredo para referirse a la aspiración de llegar a ser hombres cabales que pudieran combinar en la vida, con la misma validez y trascendencia, las dimensiones de la razón y la emoción, y conjurar así esa escisión esquizoide que acusa a nuestra cultura desde siempre. Esa era sin más la meta de su programa. Y Alex García, poseído de esa portentosa fuerza expresiva que siempre lo ha caracterizado, supo lograr en sólo unos rápidos y precisos trazos la imagen terrible de un hombre-caimán debatiéndose en la agonía de la muerte, tendido en la inmensa soledad del blanco, levantando la cabeza herida hacia un cielo turbulento, y derramando, a la orilla de un mar y un río apenas sugeridos, una lágrima azul y un solo hilo de sangre de la mano inocente.
El resultado es al mismo tiempo varias cosas: desgarramiento, erotismo, exquisitez creativa, conmoción estética, reclamo, denuncia y documento. Por eso, ningún homenaje más profundo y más hermoso que este que Alex García propone a la posteridad para recordar el nombre y la significación de Alfredo, el caimán sentipensante.
Miguel Iriarte
Poeta
Director Biblioteca Piloto del Caribe
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Fiestas matronales en El Carmen de Bolívar
Por Ana Vicky Oeding
Kopfy es el apodo de un cibernauta colombiano, mi nuevo mejor amigo, residente en USA, que me manifestó recientemente "conflicto en el alma" frente a la alegría que observaba en los habitantes de nuestros míseros caseríos y poblados del sur de Bolívar, por donde trasegara como ingeniero hace más de veinticinco años, antes de emigrar. Lo comprendo sabiéndolo inventor de soluciones, creador de ingenios, mago de aparatos y aparatejos, constructor de organizaciones... en fin… ingeniero. Me acompañan sus palabras, en un "repeat" involuntario de la memoria, durante estos días, viendo y viviendo un momento crucial del probablemente exitoso "retorno" a El Carmen de Bolívar -y a los Montes de María en general- después de casi quince años de guerra.
Mis visitas se han dado cada vez con más frecuencia y en esta ocasión llego en plena celebración de las fiestas patronales de la Virgen del Carmen. Y me parece entender el secreto de esa alegría con todo y la pobreza material que atormentara el alma de mi amigo: es el mismo secreto de la proverbial hospitalidad llena de risas de mis coterráneos montemarianos, desdibujada por la guerra pero que ha retornado a los corazones. Proviene de la profunda, total, relación con la tierra, con “el monte” y sus olores y sobre todo, con su sonido: cuando el gran tambor de los montes suena, el corazón de cada montemariano late feliz en armonía perfecta. Es la misma armonía que se disfruta en el porro, es la misma felicidad nostálgica del vallenato sabanero, canto de la lírica vernácula.
Después de los recientes hechos bélicos, la resistencia carmera vuelve a reír y a hablar alto. “Imagínate niña lo que fue para uno, que es taaan bullero, aprender a hablar bajititico, porque no se sabía quién lo estaba escuchando y cómo lo iba a interpretar”… comenta una de las más férreas representantes de los que permanecieron allí, en sus casas, pasara lo que pasara, a la buena de Dios, y con grandes pérdidas encima: la muerte de un hermano y de una sobrina, y la pérdida del sagrado derecho a “la saludadera” que nos heredaron los abuelos, debidamente instalados en la mecedora o el taburete frente al andén vespertino de su casa.
Me voy a la procesión de la Virgen del Carmen el 16 de julio de este año de gracia de 2011. ¡Dios! caminar dos horas, de las casi diez que duró el evento, fue hermoso pero agotador. Una manifestación descomunal de caminantes, campesinos de todas las montañas de El Carmen, de todas las veredas, de las poblaciones aledañas donde también se escuchan los sigilosos pasos del retorno, vinieron a prenderle velas a la virgen; cargadores consuetudinarios de su imagen que se emborrachan al lento son del porro con el que la pasean y la bailan. Porque la Virgen del Carmen también es de la tierra feliz, le gusta bailar y está acostumbrada a que sus parejos estén ebrios de amor, de ron y de alegría. Por ello será, me digo, que también le gusta que la miren de frente en la procesión, aunque la fanaticada deba caminar de espaldas y que así la entren a su iglesia, para seguir sonriéndole a sus seguidores y a sus hijas, las mujeres montemarianas que han sostenido la tierra en las verdes y en las maduras.
La idea proviene del inconsciente colectivo, que comparto y que me permite percibir la sencilla ecuación: madre=tierra=virgen=montaña=maría. Todo apunta a un matriarcado. Eso es harina de otro costal, pero en todo caso también yo acurruco la imagen de mi hijo Alvaro Miguel bajo el manto protector de la Virgen del Carmen, la gran matrona.
Después… ¡a darse un delicioso baño de agua fría con totuma…! (ya no hay muchas totumas en el casco urbano, así que en su defecto, caldereticas). Acueducto, no. En El Carmen no hay. Todavía no. Y aún se respira en algunas esquinas el aire de un pueblo abandonado con premura. Pero también se nota la reconstrucción de casas, de negocios, el olor fresco de la pintura. La juventud estudia, juega fútbol, elige reinas; los coqueteos han vuelto a la plaza; la adrenalina de las bolas de candela se sigue pateando en los nueve días de la novena a la virgen. El Carmen de Bolívar respira vida y esperanza. No más miradas de reojo, no más estigmas de región belicosa. Se siente de nuevo, en el fríito que viene desde la montaña por las noches, la “tierra de placeres, de luz y alegría” a la que cantara el insigne carmero, don Lucho Bermúdez, el maestro.
Allí nomás, a cuarenta minutos del Carmen… en mi pueblo natal, Zambrano, denominaban hace más de cuarenta años como “los blancos”, a los personajes con algún pecunio, lo mismo que a las familias que habitaban el marco de la plaza. El decir no estaba exento de afecto y las relaciones eran entonces bastante ingenuas de parte y parte. (Así lo recuerdo yo, por lo menos). Pues bien, también asisto en El Carmen de Bolívar al retorno de “los blancos”. Una “vuelta a la tierra de uno”, no tan mediática como la de las primeros saladeños protegidos por la Ley de Justicia y Paz. De pronto tampoco tan ensangrentada ni triste. Pero una vuelta tremendamente odiseica, en su nivel de la humana añoranza por la tierra donde aprendieron a amar, a bailar y a gozar fandango con banda.
Este año se dio el más grande retorno y reencuentro de “los blancos” del Carmen después de la reciente guerra.
Incluso fue meteóricamente reconstruido el abandonado Club del Carmen, para realizar una espectacular fiesta del reencuentro el sábado 16 de julio en la noche. Muchos de ellos apenas si tuvieron tiempo, hace casi dos décadas, de trancar las casas y escapar sigilosamente a Cartagena o a Barranquilla, o a algún camino aún más largo y azaroso. Cada uno tiene su historia… muchas no tan felices seguramente.
“Ojalá”, pienso y comento a alguien que trata de escucharme al mismo tiempo que suenan los acordes de la Banda de Sahagún cerrando un día intenso a las doce de la noche con deliciosos whiskys en la mano, frente a la preciosa casa de una de las familias que siempre han creído en su pueblo y que hoy celebran el retorno. “Ojalá que quienes queremos retornar tengamos la amarga lección aprendida. Pensemos mañana mismo, mientras pasa el guayabo etílico, como arquitectos, abogados, profesores, comunicadores, ingenieros, hombres y mujeres de negocio etc., en que el bienestar material hay que procurarlo para todos.”
Son extraños estos tiempos en el mundo; algo susurra al oído de quien quiera escuchar, que todos y cada uno, somos uno solo. Es decir, somos el TODO humano, y que -para nuestro caso- si uno solo de los hijos de la tierra montemariana es maltratado, olvidado, estafado, TODOS sufrimos las consecuencias.
Sí, mi Kopfy…¡eeesss cantar!
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TIGRES Y POLLITOS
Ana Vicky Oeding
Vivimos en una ciudad infestada de tigres. “¡GO TIGERS…GO!”, es el eslogan que anima a los estudiantes del más glamuroso colegio bilingüe de la ciudad, situado en la vieja carretera a Puerto Colombia. En esta ciudad de tigres, Ángela, Sara y Mercedes organizaron un grupo de lectura.
Los aprendices de tigre se hallan en cualquier calle de barrio; habitan en la jungla de los estratos sociales: se pega al pito de una moto el tigre cuarentón que va arrancándole la moneda al día, al tiempo que corcovea, en el carril de al lado, un lindo y joven felino en una camionetona último modelo, polarizada y con una alarma que anuncia: “Este lindo felino está retrocediendo…este lindo felino está retrocediendo…este lindo…”.
Todo va bien… ¿Qué más podemos hacer las mujeres pensantes una noche de viernes en una ciudad de tigres despiadados, si no nos interesa andar de coqueteo por las destartaladas calles o en los bulliciosos centros comerciales? Además, a nosotras no hay quien nos engañe: no le jalamos a las religiosidades y sus escándalos mal entonados. “De pronto hasta un maestro hindú bien hermoso, rozagante de bondad con turbante y todo, para poner su estampita en la mesita de noche”, dice Ángela, graciosa y soñadora… “pero curas y pastores…nooo… ¡ni loca!”. Es ella quien me invita al club de lectura.
Hoy es viernes y hay grupo … qué rico…la cita es a las siete y media. Llegamos cinco mujeres. La anfitriona ha tendido colchas frescas y cojines grandes en el patio, sobre la hierba húmeda de hojas anchas y mullidas que trajeron los gringos a la ciudad hace años, cuando fundaron El Prado.
¡Todas las hermenéuticas son bienvenidas en nuestro grupo de lectura, qué maravilla! Disertaciones rápidas sobre magia y alguna que otra queja vedada sobre los maridos, las madres o los hijos. Pero todo cargado de buena voluntad, la verdad sea dicha. Cero chismes. Cero malas intenciones de palabra y obra. Confraternidad y sabiduría femeninas en estado de alta pureza. En serio, que le haríamos mucho bien a esta ciudad …si ella nos tuviera en cuenta para algo.
Esta noche de luna llena por ejemplo, nos sentimos lobas. Mujeres que corren con los lobos…el libro de este mes; nos ayuda. Hermoso texto de respuestas y esperanzas que nos prodiga un segundo aire. Hora y media de lectura en voz alta con agradables entonación y comentario.
Es viernes y después de la lectura tenemos fiesta. Quedamos desde la última reunión en permanecer más tiempo hoy en el grupo, festejando cumpleaños y luna llena, con vino, torta y demás. Marialejandra, veintiañera, morena vivaz y rolliza, saca sin preámbulos un cigarrito de marihuana. Todas aceptamos con el silencio: bienvenidos los juguetes de la imaginación.
En nuestra ciudad nadie aprueba públicamente la marihuana. Pasaron más de 60 años desde el boom de Daniel Santos, inquieto “anacobero coletísimo”, y las primeras mamás que alertaron a sus hijos asustándolos con los mariguaneros del parque Almendra y del barrio Olaya yacen ha rato en sus tumbas. Sin embargo, en todo este tiempo “la bareta” no ha logrado, por lo menos nominalmente, trascender en el imaginario colectivo los límites de parques, bailaderos de salsa, reuniones de los herederos de la bohemia sesentera…Ah claro, y los linderos de Bellas Artes.
Son las 11 pm y ya somos nueve las chicas en el grupo. En los seis meses que tiene este club de lectura, la fiesta de hoy y la socialización de la “bareta” son novedad, pero todas hemos reaccionado bien. Aunque varias lobas prefieren no fumar, no se pierde la conexión espiritual del grupo y en este punto de la conversación dejamos a un lado la crítica, por más tintes antropológicos que tenga. Es que las críticas sobre esta mediana ciudad en la que vivimos y sudamos, tarde o temprano derivan en chisme y eso está bien para los costureros, otro tipo de terapia de grupo de naturaleza femenina, más antigua y tradicional en nuestra ciudad. No para nosotras, ilustradas y progresistas.
Las más jóvenes van desapareciendo sin despedirse, para sacarle el jugo a la virgen noche de viernes. Las cincuentonas hemos preferido ver el video de una cantante de fados. Como suele suceder cuando se integra una múltiple experiencia a través de comentarios, sale el humor al ruedo, a ganarse la partida. Y como no hay profesores ni coordinadores ni autoridad alguna que controle, estalla una carcajada colectiva que irrumpe en el silencio de la medianoche en esta casa mediana y dormida.
La anfitriona se levanta afanada presintiendo los desastres de la algarabía, Ángela hace shshshsh…., conteniendo la risa. De pronto sale del fondo del corredor el bramido soñoliento del tigre de la casa. Su voz bronca y en tono mayor no admite dudas. Está furioso con la bulla: “¡NOJODA, CALLÉNSE VIEJAS H.P., DEJEN DORMIR!”
Lo que sucedió después tendría que mostrarse en cámara lenta para poderlo narrar. En menos de tres minutos se desarrollan unos hechos que en circunstancias normales tomarían por lo menos media hora: en medio de absoluto silencio y semioscuridad se apaga el video, se reorganiza el espacio, se echan platos y cubiertos desechables a la basura, se recogen tendidos y cojines del patio, se apagan las pocas luces prendidas, cinco mujeres se ponen zapatos o sandalias, se ajustan brasieres que se habían desabrochado para descansar, se buscan y encuentran, sin prender la luz, bolsos y otros jotos traídos a la velada, se llaman dos taxis a domicilio, se dan besos de despedida y se escucha la única voz: la de la anfitriona tratando de guardar un tono normal mientras dice realmente compungida: “¿Por qué se van? Frescas, frescas, en serio que no pasa nada”… Se montan tres mujeres como un solo hombre dentro de un taxi, se dan las direcciones a mil…¡y arrancamos!!
Después de otros dos minutos de silencio, con las caras frescas por la brisa que entra por la ventanilla, y respirando profundamente, las tres mujeres volteamos, y por primera vez después de la maratón, nos miramos las caras:
“Ay, - se lamenta tiernamente Ángela- “me estoy orinando…”
- Yo también, anota Mercedes, la despistada…pero ustedes no me dieron tiempo de ir al baño.
- Qué baño ni qué nada, con ese energúmeno gritando había que salir en fuga, reprende Sara en broma.
- A propósito…¿a qué hora se fueron las lobas y nos convertimos en pollitos?





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