domingo, junio 07, 2009

Fotos y joyas en exposición colectiva Con amor al arte



El 11 de junio se inaugura en la sala de exposiciones del Centro Cultural Comfamiliar, la muestra Con amor al arte, una colectiva en la que tres mujeres muestran al público sus creaciones artísticas: María Emilia Fadul (Moriam), sus originales joyas, y Cristina Duncan y Patricia Iriarte sus facetas de fotógrafas aficionadas. Cada una tiene en el espacio de Comfamiliar su propia sala pero juntas ofrecerán a los invitados una copa de vino y música en vivo para celebrar el atrevimiento.





"Vuelta al Centro"


Cristina Duncan, psicóloga de profesión, comenzó a tomar fotografías hace más de una década, primero con la cámara convencional y más recientemente con las digitales. En esta ocasión exhibe una serie de fotos tomadas en el Centro de Barranquilla, al que, como ella misma dice, regresó después de 14 años y encontró convertido en un panal de colmenas diminutas que ocupaban el espacio público, pero también: "Encontré vegetación que se descuelga de las azoteas de los viejos edificios, ventanas coloridas a las que se asoman palomas; cornisas, alféizares en algún grado de conservación. También me tropecé con drogas y matones baratos pero a esos no les tomé fotos. Encontré el sentido del humor, la risa fácil, la amabilidad más allá del instinto de supervivencia de mujeres y hombres cálidos a los que van mis agradecimientos y el testimonio de su trabajo diario."





"Cosas de la vida"


Patricia Iriarte ha denominado su exposición Cosas de la vida, expresión que puede leerse en muchos sentidos para nombrar aquellas cosas en las que Iriarte puso su mirada y el lente de au cámara. Sobre la fotografía de esta poeta y periodista, para quien la imagen siempre ha sido, más que una compañera de sus textos, un lenguaje en sí mismo, ha escrito la directora de cine Sara Harb:

"En ella es una manera de captar la vida, de aprehenderla, de relacionarse con el mundo, con lo que sucede. Entonces, dejándose llevar por el impacto, se le desliza en esa mirada lo que realmente ella es, una poeta que quiere adentrarse en el alma de las cosas. Al principio parece muy casual y como si no tuviera un propósito deliberado pero cuando pasa de lo romántico a lo periodístico, de lo figurativo a lo abstracto, entonces se devela un ser complejo, lleno de lugares interiores, de preocupaciones,

angustias, tristezas, soledades y risa y gracia y amor por la luz, por la belleza. Fascinación por la imagen, bien representada, compuesta, inteligente y nostálgica.

Es en ese sentido refinado de la composición, en esas texturas y colores, donde se encuentra un universo complejo que salta a la vida sin perder su sentido poético aunque sea la más dura de las visiones. Entonces, este grupo de fotografías es como el ser humano, a veces profundamente racional y otras veces soñador, donde no hay una preocupación importante por la técnica sino por la búsqueda de una imagen poética."



"Arte en joya"


Por su parte la arquitecta, cheff y pintora María Emilia Fadul traslada su bagaje pictórico a la orfebrería, creando piezas únicas con piedras, conchas marinas, vidrio y objetos de nácar engarzados en plata, "enseñándonos, como dice su maeatro Marcel lombana, toda la libertad de su espíritu".

lunes, junio 01, 2009

Invitaciones e incitaciones


Tiene toda la razón nuestra amiga Lauline, pues omitimos la mención al magnífico Festival de Arte Urbano, TREWA, que organiza uno de los colectivos culturales más juiciosos de la ciudad. Este año con 7 talleres de producción audiovisual a cargo del Laboratorio Experimental Audiovisual, LEV, más conciertos, pintadas, exposiciones, charlas y un bellísimo diseño de afiche que nos quedamos con ganas de reproducir en este blog. Los socios de Trewa: el Ministerio de Cultura, la Alianza Francesa y el Parque Cultural.

También se nos iba quedando entre el tintero el comentario sobre Los viajes del viento, la reciente y celebrada película del director caribeño Ciro Guerra que fue invitada a Cannes. La verdad es que la peli tiene una producción excelente, una regia fotografía y por supuesto, buena musicalización... sin embargo, el guión nos abandona a nuestra suerte a la mitad del recorrido y de allí en adelante sólo nos queda esperar a que Ignacio Carrillo llegue a la alta Guajira y mientras tanto, alimentar los ojos con los paisajes de esta región, que no se cansa de ser bella. Buena por Ciro, por hacerle este homenaje al Caribe y lograr impresionar a los cinéfilos, pero buenos escenarios y bonita música no garantizan una gran película.






Marina, la esposa del pescador. Cortometraje colombiano de Carlos Hernández.

Mayo estuvo lleno de invitaciones, regalos y provocaciones culturales, y se fue dejando un reguero de libros a medio leer, de discos por escuchar, de películas por ver, eventos, talleres, encuentros, y una sensación de que por todas partes se están haciendo muchas y muy buenas cosas en materia de arte, literatura, cine, teatro, música y gestión cultural.

En mayo retomé y leí de una sentada el libro de la barranquillera Katho Gómez, cuya excelente poesía espera por una reseña más larga y una nueva lectura; también leí casi todo, viajando de Barranquilla a Cartagena, el último número de Labrapalabra, que por fortuna se consolida como la revista de la joven y promisoria literatura caribeña (lo cual no impide que cada número traiga algún texto de plumas más veteranas). Esta nueva entrega apuesta duro y gana con textos como Tripas, un escalofriante relato del gringo Chuck Palanhniuk, segùn Wikipedia "uno de los novelistas más populares de la Generación X". Junto a él se destacan varios narradores de nuestra plaza con historias hábilmente contadas que hacen de la lectura una jugosa experiencia: Better, Quintero y 15 más, entre manes y viejas, como dirían sus editores.

También degusté y repetí una pequeña joya del cine colombiano que se proyectó en la noche final de Cine a la Calle: Marina, la esposa del pescador, un cortometraje de Carlos Hernández que rebosa preciosismo y poesía.

Esta vez el festival mejoró en la selección y en la logistica, con buena imagen y sonido para el público que acudió a las funciones.
Ahora es junio, y el segundo semestre comienza caliente y prometedor.


martes, mayo 26, 2009

"Lo mejor está por venir"*

















* Eslogan de campaña del alcalde de Barranquilla, Alejandro "Alex" Char

Está por verse.
Fotorreportaje de: patriciairiarte

lunes, mayo 18, 2009

Arte Urbano, sin tregua, del 16 al 23



TREWA Encuentro de Arte Urbano 2009 

Desde el  sábado 16 hasta el sábado 23 de mayo se darán cita en la Alianza Francesa y el Parque Cultural del Caribe los jóvenes cuyo arte se esparce por toda Barranquilla en forma de sonidos, imágenes y movimientos.

Se trata de la 7ª versión de TREWA, Encuentro de Arte Urbano, que a través de la formación, entre-aprendizaje, experimentación y exhibición al público se toma la ciudad durante ocho días continuos.

 Este año el propósito de TREWA es dar a conocer a su público todas las herramientas disponibles con las que pueden producir sus iniciativas y mejorar la calidad de los productos finales, sean estos visuales o sonoros, contando con materiales reciclables, artefactos de casa e incluso softwares libres que están al alcance de todos y todas.  

Artistas como Iván Benavides, Juan Carlos Pellegrino, Mickey Nielsen, Mauricio Solano, entre otros, pondrán todos sus saberes al servicio de la creación colectiva y las estéticas citadinas de este Caribe que se construye a diario con una propuesta lúdica y cargada de identidades. 

Al finalizar la semana artistas como Amefrika Sound System, Ephniko, La Guardia, KüZ*KÁZ, Golden Death Music, entre otros, ofrecerán dos conciertos de músicas experimentales y de Hip Hop, donde el sonido y las letras se fusionarán para transmitir toda la energía y la emoción del ser joven Caribe hoy.  

TREWA es organizado por la Fundación Cultural Cazadores de Auroras y cuenta con el apoyo de la Alianza Francesa, el Parque Cultural del Caribe, siendo un evento concertado con el Ministerio de Cultura.  Toda la programación es de acceso público y sin costo.  Algunas actividades requieren inscripción previa para garantizar su cupo. Para mayor información, comuníquese a cazadoresdeauroras@gmail.com o llame a los teléfonos 3012935756 – 3004907919.  Visita también http://trewa.blogspot.com 


domingo, mayo 10, 2009

Desde la hamaca

HABEMUS MUSEO



“Nadie dijo que sería fácil,
tan sólo que valdría la pena”






Finalmente, después de nueve años de trabajos y de espera, abrió sus puertas el Museo del Caribe. Finalmente la región tiene un espacio que intenta contenerla, reflejarla y reinterpretarla en la diversidad de sus dimensiones, en la amplitud de su diversidad: geográfica, humana, histórica, cultural. “El Caribe en todo sentido”, es, con acierto, el eslogan elegido para identificarlo, y esa es la aspiración de esta nueva institución cultural del Caribe colombiano.
El nacimiento del Museo del Caribe coincide, felizmente, con lo que parece ser una nueva etapa en el proceso de construcción de la Región: la de las iniciativas políticas, económicas y culturales dirigidas al conjunto del país. En ese proceso se inserta, o debería insertarse la institución, aprovechando su condición de activo cultural de la región y de su gente. El museo es un activo en la medida en que hoy se cuenta con un inmenso caudal de información plasmada en textos, imágenes y sonidos recogidos a todo lo ancho y largo de este territorio, y esto conforma, más allá de lo que aparece en la exposición permanente, un patrimonio de todos los caribeños y caribeñas.

Porque algo que debe saber la opinión es que la exposición permanente es tan sólo el resultado más visible de esa inmensa inversión de tiempo, recursos y talentos que se hizo durante tantos años. Es como un iceberg, lo que está sumergido es bastante más de lo que se expone y ha de servir para alimentar una programación cultural, u
nas actividades permanentes, unas
publicaciones y una labor educativa y recreativa de la que debe beneficiarse toda la región. Es, sin duda, un resultado notable y una obra museográfica de calidad internacional que puede llenar de orgullo al Caribe y a toda Colombia.

Antes de continuar debo aclarar, en este punto, que no hablo en forma objetiva; no sólo porque la objetividad no existe en periodismo y mucho menos en opinión, que es de lo que se trata este texto, sino porque estuve mucho tiempo vinculada personal, profesional y emocional
mente al proyecto del Museo del Caribe. A él llegué en el año 2000 como asistente de conceptualización del museólogo Alejandro Reig y la arquitecta Ana Babic, quienes habían diseñado en Caracas el Museo del Hombre y el Ambiente. Entre agosto de ese año y abril del 2001 se elaboraron los primeros guiones y bocetos del futuro museo, a partir de una serie de artículos previamente contratados por el proyecto y de un proceso de discusión y trabajo en equipo que fue validado por un comité científico de alto nivel.

Esa primera conceptualización se basaba en la idea del Caribe como un todo confo
rmado por un entorno natural, una sociedad, un sistema productivo y un sistema simbólico, en una propuesta muy afín a la que posteriormente formuló el museógrafo brasileño Marcelo Dantas. No obstante el buen camino señalado por ese equipo de diseño conceptual y museográfico, hubo desacuerdos contractuales entre el Parque Cultural del Caribe y los expertos venezolanos, y el equipo fue reemplazado después en dos ocasiones por museógrafos colombianos cuyas propuestas –tengo entendido- no llenaron las expectativas de los directivos del Parque.

Regresé al proyecto cinco años después para trabajar con Carmen Arévalo, quien estaba a la cabeza del proyecto desde hacía algunos años, para realizar la coordinación de contenidos a la luz de la propuesta narrativa ya trazada por el brasileño Dantas, tarea que llevé a cabo hasta agosto del año pasado, cuando comenzaba la fase de producción y montaje.

Es por ello que puedo dar fe de que los contenidos del Museo se construyeron con el apor
e de un gran número de personas de la región, entre investigadores de muchas disciplinas, intelectuales, artistas y músicos que realizaron para el proyecto una gran cantidad de ensayos, propuestas y diseños que hoy se ven reflejadas en las paredes, imágenes y dispositivos de la exposición. Otra cosa fue la producción audiovisual, soporte de la mayor parte de esos contenidos, que estuvo a cargo de una empresa bogota
na.

Me consta también que todo ello representó una escuela para una gran cantidad de personas que estuvieron involucradas en el proyecto desde su concepción hasta el diseño y la producción. Fue un aprendizaje muy valioso que la región no puede dejar perder al son de vaivenes políticos o de caprichos personales de funcionarios, sino, por el contrario, conservar, sistematizar y potenciar para el futuro del mismo proyecto y de otros museos regionales.
De manera que, con toda la subjetividad pero también con conocimiento de causa y después de visitarlo como cualquier espectadora el sábado siguiente a la inauguración, reitero que el museo en sí mismo es un todo un logro y son más los aciertos que presenta, pero también es necesario señalar las fallas para que en el camino se vayan corrigiendo.

No sé cómo transcurrió el proceso de montaje ni qué decisiones de última hora debieron tomarse, pero es lamentable la ausencia toda una pared de información que estaba prevista en la sala de Acción y que daba cuenta de aspectos cruciales en la conformación del Caribe como región económica a través de un gran panel que narraba la historia de las actividades productivas y su impacto sobre el medio natural. Sin este elemento, la historia económica de la región queda limitada a una sin duda bella y significativa colección de objetos (impecablemente instalada por el artista Cristo Hoyos), acompañada por una maqueta de piso que no logra su cometido de representar la ocupación del territorio caribeño. Salva esta sala el video que logra sortear con éxito la difícil prueba de contar en 25 minutos la historia social y política. Pero no vemos nada sobre el tabaco del Carmen de Bolívar, el río Magdalena, los medios y vías de comunicación, la economía bananera, la industria, la minería, los puertos o el turismo, por citar sólo algunas de las actividades que la sala de Acción debería haber mostrado. Ojalá se trate tan sólo de un retraso en la producción de este panel y pronto podamos tener una visión más completa de lo que ha sido la construcción de esta región.

En la sala de la Palabra se había logrado articular un discurso coherente con la importancia que la palabra oral y escrita tiene en la sociedad caribeña. Allí oralidad y literatura compartían los honores de un espacio en la identidad Caribe, pero de nuevo la curaduría presenta fisuras: los ejemplos de oralidad parecen provenir sólo del mundo rural, y la experiencia de escucha en los biombos no está felizmente resuelta ya que el nivel de volumen de algunos testimonios invade otros que en cambio son apenas audibles bajo la ducha de sonido. Por otra parte, la forma final de la cápsula de poesía hace que esta expresión pierda la preeminencia que se le quería dar (una experiencia individual de lectura y encuentro con la voz de los poetas a puerta cerrada), y contribuya a contaminar aún más el muy bullicioso ambiente de la sala. Y esto, más que un simple problema técnico, es una falla estructural en cuanto al compromiso educativo que tiene el museo con la comunidad: nos estamos esforzando por demostrar que ser costeño no es sinónimo de bullicio y la sala de la Palabra es exactamente el ejemplo contrario.

Se echan de menos los sonidos urbanos del voceador de periódico, del que se sube en un bus a pedir o a cantar, la voz de los obreros, de los viejos capitanes o de los jóvenes raperos. En la sala de literatura me sorprendió encontrar escritores que no estaban incluidos en el guión original, que fue encargado a un experto al que no se consultaron los cambios de última hora.
Las salas mejor logradas son, en mi opinión, la de Gente, que logra transmitir la idea de la diversidad étnica y cultural de la población caribeña, y la de la Expresión, por la espectacular producción audiovisual y musical que le regala a los espectadores. Sólo le faltaría un rincón donde se aprecie lo que hemos producido en música clásica y contemporánea, para equilibrar la poderosa fuerza del carnaval y el folclor popular, que terminan imponiéndose en la muestra.

En la de Naturaleza se logra un buen corredor informativo, con bellas e instructivas imágenes de nuestros ecosistemas acuáticos y terrestres, pero la pantalla panorámica, destinada a emocionar al visitante desde el primer momento con un despliegue espectacular de naturaleza virgen, lo que transmite es una sensación acartonada que privilegia el montaje y la animación computarizada al delicado, pulsante, acompasado o enérgico movimiento natural de los seres vivos.
En fin, es mucho lo que una institución nueva como esta tiene que aprender, tanto de su público como de la interacción de éste con la exhibición, para realizar los ajustes y cambios que se requieran. Hasta ahora el Museo del Caribe se ha llevado los aplausos de quienes lo h
an visto y habrá que seguir su evolución para ayudarlo a crecer y a madurar. Porque nadie dijo que sería fácil, pero sí que valdría la pena, como rezaba en estos días la pizarra de don Ciro, el vendedor de chance que se aposta frente a la Catedral de Cartagena y que tiene siempre, junto a los resultados del día, una frase que nos pone a pensar.

Ojalá todos los habitantes de Barranquilla y muchísimos más del Caribe y del país vayan al museo a conocerlo, a recorrerlo, a disfrutarlo, y se lleven la buena nueva de su creación. Ojalá sus gestores y directivos estén a la altura del reto de mantenerlo cada vez más vivo y más bello, y ojalá se lleve a cabo la exposición itinerante para que sea también el museo el que vaya a buscar a la región.



Patricia Iriarte

martes, abril 28, 2009

Patria son tantas cosas bellas....

Patria, por Rubén Blades y Robi Draco Rosa




Dice así:

Hace algún tiempo
me preguntaba un chiquillo
por el significado de la palabra patria.

Me sorprendió con su pregunta
y con el alma en la garganta le dije, así:

Flor de barrio, hermanito!
Patria son tantas cosas bellas!

Como aquel viejo árbol
de que nos habla aquel poema.

Como el cariño que aún guardas después
de muerta abuela.

Patria, son tantas cosas bellas!

Son las paredes de un barrio,
es su esperanza morena
es lo que lleva en el alma
todo aquel cuando se aleja.

Son los mártires que gritan:
bandera, bandera,bandera, bandera...!

No memorices lecciones
de dictaduras o encierros:
la patria es un sentimiento
como mirada de viejo,
sol de eterna primavera,
risa de hermanita nueva.

Te contesto, hermanito:
patria, son tantas cosas bellas!

miércoles, abril 22, 2009

ROBERTO RODRÌGUEZ, EL ARTE DE LA LIBERTAD


























Satírico, rabioso, hereje impacable, vuelve el artista Roberto Rodríguez, con una exposición titulada "SOSOBRA. Roberto Rodríguez. El arte de la libertad"
Se nota, al menos en su serie de caricaturas, el ánimo desesperanzado de un artista que se declara siempre en desacuerdo con esto que llaman "el estado actual de cosas". Pero al parecer esta muestra reúne también parte de la obra plástica reciente, que promete estar a la altura. Hay que visitarla.

Presentación del poeta Leo
 Castillo a la exposición de Roberto:

La caricatura, definida como una reducción, como un recurso agresivo, como una exageración, como un retrato (su etimología nos lleva a rittrati carichi, retrato recargado o exagerado), como degradación, está por excelencia al servicio del ataque, y alguien ha llegado a denunciar en este arte un poder superior a la oratoria de masas y al periodismo. Su fuerza corrosiva, asistida por la directa expresividad gráfica, la hace asequible a un amplísimo público, llegando al que no sabe leer ni escribir incluso, y esto hace de la caricatura un arma mortífera tan temida por los tiranos como perseguida (en Rusia, a finales del siglo XIX, fue sometida a tan encarnizada represión que virtualmente desapareció).

Satírica, aliada de la risa, arrastra al ridículo, desnudando  mediante la deformación, monstruosas intenciones disimuladas, con una eficacia envidiada por los otros medios.

Roberto Rodríguez pertenece a esta peligrosa especie, y se halla clasificado, al lado de Da Vinci, Goya, Bernini, Hogart, Grukshank o Max (Max Beerbohn), Edvard Munch entre los llamados artistas-caricaturistas por el dominio de la técnica y ejercicio profesional de las artes plásticas.

Pintor malévolo, para recoger la expresión de Aristóteles, nuestro artista-caricaturista se constituye en una feliz sorpresa en nuestro medio, escaso en antecedentes memorables (acaso Guillotín), y nos representa ante el país y el continente legitimado por el desempeño certero del trazo mordaz y la destreza conducida por la inteligencia de una ironía despiadada, en un alarde de excelenciia estética tal, que cada caricatura viene a ser la exhibición pública de algo grotesco solapado en las acciones y ademanes del circo político tercermundista o universal. Esto deviene para el espectador en la telúrica celebración de la carcajada ante el prodigio de una aguda mirada que desnuda la esencial farsa, el delito, el descaro, la deshonestidad de los figurones públicos pillados como en un  descuido o traspiés de la comedia. En ocasiones simpático o anecdótico, siempre la sonrisa nos resarce, nos desquitamos mediante la burla cruel, de las indecencias perpetradas por los "dueños del balón".

   El valor civil que demanda acometer sin tapujos ni temores esta labor de asepsia moral en el plano sociopolítico, en un medio donde la mordaza autoimpuesta por los artistas sometidos a la intimidación, hace  de Roberto Rodríguez (digno cofrade de El Bosco, Doré, Rendón, Fontanarrosa, Vladdo) , un notable exponete del arte de la libertad: la caricatura.

                                                                                                       Leo Castillo, Barranquilla


Centro Cultural Comfamiliar, mañana jueves 23 de abril a las 7:00 p.m.  

martes, abril 21, 2009

DIA DE LA TIERRA, UNA VEZ MÁS



El planeta está en serios aprietos. Los efectos de la sobrepoblación y la explotación irracional de los recursos en todos los países, la industrialización feroz, la contaminación de aguas, suelos, aires y mentes, la pérdida de biodiversidad y muchos otros males forman el rosario de daños que le infligimos a la Tierra.

Cientos de estadísticas han sido divulgadas por los medios durante años para tratar de darnos una idea del desastre: número de hectáreas deforestadas por segundo, número de especies en peligro de extinción, grados en que aumenta la temperatura terrestre... Números y más números, pero nada parece cambiar. Porque los cambios tienen que provenir de los ciudadanos y de los gobiernos. No de unos u otros, sino de todos y todas. Y sobre todo, serán el resultado de un cambio de conciencia, de un darse cuenta, de un despertar, de un abrir los ojos frente a las señales que Ella nos da. Si lo que estamos viendo no nos dice nada, estamos irremediable e imperdonablemente perdidos.

¿De dónde viene esta fecha?

La primera manifestación tuvo lugar el 22 de abril de 1970, promovida por el senador y activista ambiental Gaylord Nelson, para la creación de una agencia ambiental. En esta convocatoria participaron dos mil universidades, diez mil escuelas primarias y secundarias y centenares de comunidades.  La presión social tuvo sus logros y el gobierno de los Estados Unidos creó la Environmental Protection Agency (Agencia de Protección Ambiental) y una serie de leyes destinada a la protección del medio ambiente. (Wikipedia)

La fecha comenzó a celebrarse desde entonces en casi todo el mundo, pero la preocupación ambiental empezó a expandirse especialmente a partir de 1972, cuando se realizó en Estocolmo la Primera Conferencia de las Naciones Unidas por el Medio Ambiente. Dos décadas después, los gobiernos del mundo volvieron a reunirse en Rio de Janeiro en la Cumbre de la Tierra. De allí salieron la Carta de la Tierra, la Declaración de Rio y una docena de convenciones más que han intentado detener el desastre ambiental.  Una de las más importantes, la de Biodiversidad, sigue esperando la firma de los Estados Unidos.


 Tres poemas de Patricia Iriarte para la Pacha Mama

 

 

Carreteras

Manglares muertos hieren mis ojos

durante horas.

 

Siglos llevados a ceniza. 

Escombros de lo que tuvo vida.

 

¿Adónde se fueron la savia y el cangrejo?

¿Adónde el refugio de raíces,

el brindis de salobre bebida,

la posada del pájaro viajero?

 

¿Adónde dicen que conduce

esta larga y rugiente carretera?

 

 

 

Sierra y selva 

(O poema para un epígrafe)

 

“Éstos son los reinos de Paititi

donde se tiene el poder de hacer y deshacer,

donde el burgués sólo encontrará comida

y el poeta tal vez pueda abrir

la puerta cerrada desde antiguo,

del más purísimo amor...

Aquí puede verse sin atajos

el color del canto

de los pájaros invisibles”

(Hallado en la

Sierra Nevada de Santa Marta)

 

Ahora lo recuerdo: El universo nos mira desde los Andes. Sabias y antiguas voces nos hablan desde las blancas cumbres.

  Y desde las malocas, sentadas desde siempre en el corazón de la Amazonia, nos llega el recuerdo de lo que alguna vez fuimos.

 

No son otros los lugares por mirar cuando querramos encontrar pasos perdidos. No son otros los autores por leer. Todo está escrito en estas tierras, en estos árboles, en estos caminos. Sólo tenemos que prestar oídos a los mamas y chamanes. Abrir el corazón a las razones del bosque y de la selva; descifrar en los surcos abiertos por el agua las leyes del respeto.

 

Las raíces, ávidas, nos llaman con fuerza hacia el adentro. Guatavita, Duriameina, Araracuara, Macuira, Urubamba, Machu Pichu. La savia toma un nuevo aliento para emprender el viaje de partida. Y de regreso.

 

 

 

Golfo del Darién

 

Con rumbo norte

la selva estará siempre a mi derecha

La mar, junto a mi corazón.

 

A ella la he visto, apacible,

lamer la arena y besar el arrecife.

La he visto teñirse el pelo con el color del río

y ponerse el traje negro para sortear la noche.

 

He visto el bosque nocturno cerrarse sobre mí

y rodearme con sus cantos de todo origen.

Me he sentido una hoja más, un soplo

entre sus manos.

 

He temblado ante su grandeza y sus criaturas.

Me he asombrado con su esplendor diurno.

 

He transitado ese mapa bajo un aguacero,

temiendo a la roca lisa, al lodo, a la serpiente.

 

Pero he visto más: he visto la triste huella

del hombre sobre la playa.

Su rastro de desperdicios, su voracidad, su indiferencia.

He oído, al atardecer, el ronquido de la motosierra,

y sentido escalofrío al imaginar su tarea.

He escuchado el testimonio de su gente

sobre lo que había, y lo que era.

Y yo, que no puedo comparar, lloro con ellos.


jueves, abril 16, 2009

Reseñas



Cantaclaro reseña algunas de las muchas noticias culturales que se han producido recientemente en la ciudad de Barranquilla, Colombia, por cuenta de fotógrafos, poetas, escritores, artistas plásticos y de quienes, a veces, además de creadores, son gestores culturales.


Destacamos, en estas últimas semanas, los dos libros presentados por la editorial independiente Labrapalabra: Días de silencio, poemario de la escritora barranquillera radicada en España Katho Gómez, el cual se presentó en sociedad el pasado 2 de abril.

El otro título es Héroes decadentes, del periodista y narrador Francesco Vitola, "quien se inicia en la escena con esta ópera prima ágil, arriesgada, entretenida y dotada con mordaz sentido del humor", al decir de los editores. Este volumen trae ilustraciones del maestro Roberto Rodríguez, y como todos los productos editoriales de Labrapalabra, se distingue por el buen diseño y cuidada factura. Hay que leerlo para catar la pluma de Vitola y saber si es tan arriesgada y entretenida como promete, además, el título. El lanzamiento es el miércoles 22 de abril a partir de las 6:30 p.m. en La Cueva.


Continúa colgada en Caza de Poesía la exposición fotográfica de Carlos Londoño Caribe indígena, una atrayente serie de imágenes que retratan, documentan y revelan con sensibilidad e impecable técnica aspectos cotidianos del entorno natural y humano de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta y la península de La Guajira. Los rostros, lugares, momentos, oficios y detalles de la cultura material que muestran estas fotografías sólo pueden haber sido captados con paciencia y respeto por estos pueblos.
ABCDario cultural
Caza de Poesía ha tomado la iniciativa de crear un ABCDario Artístico y Cultural, que es una suerte de directorio cultural de la ciudad, donde aspira a incluir a todos aquellos y aquellas que escriben, pintan, esculpen, danzan, hacen teatro, títeres, música, fotografía, vídeos, narrativa oral o cualquier otra forma de expresión cultural. Para ello está invitando a todo el gremio de creadores a que les envíen sus datos, o los del grupo a que pertenecen vía e-mail a atobon@etb.net.co o llevarlo personalmente a Caza d’ Poesía.
Temporada de teatro en AY MACONDO
Todos los domingos de abril, a las 6:00 p.m., el colectivo teatral Ay Macondo estará presentado en el espacio al aire libre frente a su sede, sus obras "Cambalache ó el Juego de los Excesos", "Noche de Baile", "La muerte alegre" y otras creaciones que han hecho de este grupo uno de los más prolíficos y activos en la creación teatral de la ciudad.

viernes, abril 03, 2009

De Mara para Eva

Eva Durán, la poeta cartagenera que se fue y ha hecho su vida en Alemania, me pide en un mail que la recuerde cuando me encuentre en Cartagena frente a una fritanga o comiéndome un enyucado, ya que ella nada eso puede hacer desde la lejana ciudad donde se encuentra.


Yo le digo:

Me acordaré de ti por eso y por muchas cosas más. Tu ciudad, la del corralito para adentro, está cada día más bella. Toda una “ciudad boutique”, llena de hoteles “boutique”. Ya casi no quedan casonas en ruinas, todo lo están comprando y restaurando para montar negocios y apartamentos para gente chic, de estrato 20.
Los gringos de los cruceros, rojos como camarones, llegan cada tanto en manada a mirar todo con la boca abierta, toman fotos y se van, y todo lo que se les atraviesa, incluyendo los parroquianos que vamos por ahí, quedamos como en una vitrina, mirados por esos ojos rubios detrás de lentes ahumados que luego no se acordarán donde vieron qué, si en Aruba, en Cartagena, en Panamá o en Bora Bora.
Si vieras el muelle de los Pegasos no lo reconoces, ya no hay quioscos que vendan jugos y patacones mosqueados sino una amplia tarima de madera pulida, pulcra y moderna, que deja ver el soberbio Centro de Convenciones.
Afuera, más allá de las avenidas uno sabe que está la otra Cartagena, donde viven los estudiantes que estudian o que hacen que estudian en la ciudad amurallada; las secretarias, las vendedoras de los almacenes, las de fruta, los cocheros, los loteros, los emboladores, las pre-pago y los pre-pago, las y los simples prostis, los funcionarios de la alcaldía y la gobernación y en fin, toda esa gente que soporta la “boutique”, la que limpia su mierda, la que trabaja y la que roba, la que llega a las siete de la mañana a poblar ese sueño de ciudad y la desocupa a las siete de la noche, la que canta, la que baila, la que nos hace sonreír. Porque lágrimas no, esas están afuera, aquí solo respira la belleza.

Me acordaré de ti con el sabor del anís en el frito y en el enyucado, con la cocada que venden en la puerta de la Universidad, con la cerveza en la terraza, y con el apunte diario en la pizarra del vendedor de bolita frente a la Catedral, que dice cosas casi cabalísticas, casi poéticas.

Esta ciudad no lo sabe a ciencia cierta, pero le haces falta. ¿Cuándo vienes?

jueves, abril 02, 2009

La flota aérea de Bocas de Ceniza



Por Patricia Iriarte
Foto de Juan Carlos Martínez


¿Peces rumiantes? ¿Anzuelos voladores? ¿Pescadores que no se hacen a la mar? En los tajamares de Bocas de Ceniza, la única obra de ingeniería colombiana que –según dicen-- se ve desde la luna, todo es posible. Es lo que se siente al llegar a esta angosta franja de piedra donde viven los únicos pescadores de Colombia que usan cometa en lugar de redes. La ventaja de estos sobre sus colegas de otros lugares es que no necesitan bote, barco ni canoa para sacar la pesca. No precisan de velas, remos, ni ruidosos motores porque ellos conocen la ingeniosa forma de traer los peces desde el mar a la tierra a través del aire.

Carlos Monroy y Mario Mendoza, dos de los miembros de este particular grupo, nos cuentan que el invento lo trajo un paisa que llegó aquí hace 34 años. Sin embargo, se sabe que la técnica es antigua y proviene de Asia y Oceanía. Aquí la adoptaron los pescadores de Bocas de Ceniza y desde entonces la han perfeccionado agregando varios anzuelos a cada cometa –a diferencia de lo que se hace en otros países— aprovechándolas al máximo; unos para vivir de esto, otros como un deporte que no cambian por nada en el mundo.

Lo primero que hay que hacer, después de conseguir un buen carrete de nailon y una cometa adecuada (hecha necesariamente en plástico), es conocer el viento. Saber que aquí sopla desde el norte durante casi todo el año, excepto en septiembre y octubre; recordar que hay meses para la pesca de río y otros para la de mar. Que octubre, por ejemplo, es época de róbalo (el más caro del mercado), mientras que en noviembre y diciembre la captura es de chivo. Que una pesca promedio puede ser de 40 o 50 kilos de pescado, pero que cuando pica el sábalo la cordada puede traer hasta 60 kilos en varios vuelos.

Luego hay que estar dispuesto a levantarse a las cuatro de la mañana a preparar los aparejos para comenzar a las cinco y trabajar hasta las diez, o hacer la jornada de seis a seis, batallando con el viento en una franja de piedra de siete metros de ancho y bajo un sol canicular que azota sin posibilidad de escapatoria. A mano izquierda golpean, a veces con verdadera furia, las olas del mar; y unos pasos a la izquierda se explaya, entero, el caudal del Magdalena, con sus siete mil metros cúbicos por segundo. Allí no hay árboles, no hay carpas, no hay nada donde refugiarse del sol o la lluvia, pero debe ser muy placentero sentarse en un paraje como este en las horas frescas de la mañana o al atardecer a elevar una cometa y pastorear su viaje hasta las nubes, hasta ver la cosecha de peces colgando de la cuerda.

Monroy, que antes de escoger este oficio trabajó varios años como conductor en Barranquilla, es de los pescadores que fabrica sus propios anzuelos y señuelos, fundiendo el plomo en latas de sardina que calienta sobre un pequeño fogón. Luego vierte el metal líquido en los moldes, que a veces también son de su propia factura. En un recipiente con agua que tiene frente a su rancho nos muestra una serie de señuelos hechos con plumas de gallo fino, que son las mejores para engañar a los peces. Al colgar y desplazarse suavemente sobre el agua, las largas plumas semejan pequeños peces nadando cerca de la superficie, aunque también usan, por supuesto, carnadas reales como la lisa.

Es fundamental saber qué le gusta comer a cada especie: a los peces de mar les gustan los de río, que son blancos casi todos, por eso es codiciada la pluma blanca, que atrae buenas presas de agua salada. Algunos de agua dulce, como la dorada, son rumiantes, es decir que tienen dientes, y son capaces de picar hasta un pedazo de bollo limpio.

Un barrio de nadie, sólo del mar

A unos 500 metros del conjunto de casas, sobre una enorme laja de mármol pulido que debió llegar por error a este lugar, don Jairo Díaz se prepara para enviar a su cometa por peces a mil metros del tajamar. Tiene entre sus pies un carrete de 800 metros y otro de 200, y mientras hace los arreglos con ayuda de su socio, un paisa socarrón que se llama Aníbal, nos cuenta que de sus 59 años de vida le ha dedicado 20 a este oficio, alternándolo a ratos con una venta de “drogas blancas” que tiene en el mercado: así le llama él a su negocio de canela, clavito, boldo y otras hierbas medicinales que conoce tanto como los peces del Magdalena y del Caribe. Después de prestar el servicio militar don Jairo trabajó como guachimán y como albañil, pero se convenció de que eso no le iba a servir de mucho para levantar a los once hijos que ha tenido con cuatro mujeres. Además, no hay nada mejor que ser dueño de su propio tiempo.

Muchos llegaron hace varias décadas y literalmente, contra viento y marea, se convirtieron en una comuna donde se vive, se trabaja, se sufre y se goza como en cualquier otro barrio de Barranquilla. La calle es una sola, la de la vieja carrilera del tren que alguna vez sirvió para llevar los materiales y los trabajadores que construían los tajamares. Al culminarse la obra muchos se quedaron y otros fueron llegando después.

Falta de trabajo en otros frentes y deseos de libertad son dos motivos que abundan entre los hombres y mujeres que decidieron vivir aquí. Hoy los pescadores suman más de un centenar y están organizados en una cooperativa. Las mujeres atienden negocios de comida en dos estaderos que le venden a los vecinos y a los turistas que todavía se aventuran a llegar hasta aquí en los rudimentarios vagones que quedaron del “trencito turístico”.

Algunos tienen una casa en otro barrio de Barranquilla pero mantienen un rancho en Bocas como base para sus faenas de pesca, de manera que van y vienen periódicamente y a veces hasta traen a su mujer y a sus hijos para acompañarse y trasmitirles la técnica. Otros levantaron aquí una casucha de madera y plástico, porque de qué otra cosa se puede construir en un espolón que no les pertenece y que por obvias razones no ha tenido nunca acueducto, alcantarillado ni energía legal.

Bocachico contra carbón

En efecto, este barrio de dos kilómetros de largo por siete metros de ancho sobrevive sin servicios públicos desde hace más de 40 años, pero ya no lo hará por mucho tiempo. Donde hoy sólo parece haber “tugurios”, pronto habrá un superpuerto cuya primera etapa costaba (hace un año), 180 millones de dólares. Patios de acopio de carbón, zonas de descarge de barcazas, bandas transportadoras y terminales de embarque comenzarán a levantarse allí mismo donde hoy zumban las cometas.

En realidad, el macro proyecto debía haber comenzado hace años, pero a pesar de que todo está listo (con la gerencia adjudicada a una firma norteamericana), siempre ocurre algo que retrasa el inicio de las obras y el consecuente desalojo de los pescadores. Como si algo los protegiera.

Todo es posible, pero la globalización seguirá su curso inexorable y tarde o temprano abrirán ese puerto para que el progreso tenga una puerta grande por donde entrar. Por algo las acciones valen quince mil pesos y sólo puede adquirirse un mínimo de mil millones que debe pagarse en un solo contado.

El contraste no puede ser mayor. El pescado cuesta entre cinco y diez mil pesos el kilo; la tonelada de carbón, cien dólares. Pero mientras que el Ministerio de Comunicaciones remueve el último obstáculo que queda, el cable submarino que pasa por allí, esta comunidad seguirá pescando con cometa hasta el último minuto y recibiendo a los curiosos que llegan a ver de cerca la desembocadura del famoso Magdalena, a contemplar el encuentro sempiterno del río con el mar y a sorprenderse con esa flota área de pesca que, como cosa de magia, trae con la brisa una cosecha de peces agitados.

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