El lugar de Totó en la música y en el alma de Colombia
En el mes de septiembre fue presentado en diferentes ciudades del país el libro Cantando el Caribe colombiano: tradición y creación en la música de Totó la Momposina, publicado por la Universidad Tecnológica de Bolívar, la Universidad de Antioquia y el Ministerio de Ciencias. En esta edición publicamos el prólogo realizado por Patricia Iriarte para este volumen.
Por Patricia Iriarte Diazgranados
La
decisión de reivindicar o reconocer el lugar que algo o alguien merece ocupar en
la sociedad suele expresarse en un acto administrativo, en una ceremonia de honores,
en una canción, en el nombre de una calle, e incluso, en un objeto cultural
llamado libro.
Este
es el caso de este trabajo que en buena hora publica la Universidad Tecnológica
de Bolívar y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación: Cantando el
Caribe colombiano: tradición y creación en la música de Totó la Momposina,
de Federico Ochoa Escobar, Juan Sebastián Ochoa Escobar y Carolina
Santamaría-Delgado: un libro que establece, de manera argumentada y sensible el
lugar que Totó la Momposina debe ocupar en el universo de las músicas
colombianas, y más allá de ellas, en esa construcción cultural que llamamos la
identidad nacional.
Con la partida de la Maestra Sonia Bazanta Vides, ocurrida el 17 de mayo de 2026 en la ciudad de Celaya (México), desde todos los rincones de Colombia y desde muchos países del mundo llegaron cientos de miles de mensajes de cariño, de admiración y de agradecimiento por parte de admiradores, artistas, agrupaciones musicales, alcaldías, gobernaciones, medios de comunicación y personalidades de la música en el mundo. Semanas después de la despedida final que se le hiciera en Mompox, los homenajes y tributos han continuado y continuarán seguramente a lo largo del año, con frecuencia acompañados por la pregunta: ¿qué va a ocurrir con el legado de Totó?
Muy
pocos artistas colombianos han sido llorados simultáneamente por una cantadora
de San Basilio de Palenque, un investigador de La Sorbona, un productor musical
en Inglaterra, una cantante mexicana o una comunidad de seguidores en Alemania.
Totó pertenece a esa categoría excepcional. Por eso la pregunta, legítima y
necesaria, sobre el futuro de su legado, refleja una preocupación por algo que ya
sentimos como un patrimonio compartido.
Este
libro hace una extensa composición de lugar de la obra de una de las artistas
más queridas y más importantes del siglo XX en Colombia, y lo primero que hace para
ello es establecer el estado del arte de los estudios sobre Totó la Momposina (hasta
ahora inexistente). Una vez hecho esto acomete la tarea de describir y analizar
la trayectoria interpretativa, compositiva e incluso pedagógica de Sonia
Bazanta Vides, rastreable en los álbumes, conciertos, publicaciones y documentales
producidos por y sobre la cantora, como es caracterizada por los autores en el
capítulo cuatro del libro.
El
estudio fue realizado por un grupo de músicos e investigadores con formación en
etnomusicología, antropología y estudios culturales, que venía trabajando de
años atrás desde la academia los géneros musicales del Caribe colombiano[1], y, como lo comentan en el
capítulo inicial, comenzaron a
encontrarse con Totó la Momposina por donde quiera que estuvieran indagando: “Si
escribíamos sobre un artista mainstream y popular como Carlos Vives, la figura
de Totó aparecía como un referente; si investigábamos sobre las Nuevas Músicas
Colombianas, su obra había sido una de las inspiraciones del movimiento…”.
Si eran las gaitas, aparecía Totó; si eran los bailes cantados, ahí estaba Totó;
si era la música de bandas, Totó. Por todas partes se les aparecía, dicen los
autores, la figura de esta artista polivalente.
De
manera que la pregunta —agregan—
se les hacía cada vez más perentoria: ¿Cómo no conocer en profundidad a Totó la
Momposina y su obra musical? El grupo se empeñó entonces en mirar a fondo ese
trabajo colectivo liderado por la cantadora, y entre más profundizaban en él,
más encontraban respuestas que tenían que ver con la ruptura de las
convenciones, con el cambio de los libretos con los que estábamos habituados a explicar
estas expresiones culturales.
¿Qué
era exactamente lo que había hecho Totó la Momposina, que no encajaba con las
prácticas que habían documentado antes en sus investigaciones y trabajos de
campo? Esa fue su primera pregunta de investigación, y este trabajo contiene
las respuestas que fueron encontrando.
“Sin
embargo, sentíamos que no comprendíamos bien su obra, ya que esta no encajaba
en los cánones de las músicas tradicionales del Caribe colombiano, a pesar de
haber sido nombrada una y mil veces como representante de estas tradiciones.” Es así como comienzan a encontrar las
evidencias de las rupturas —y también de las síntesis— que están presentes en el proyecto musical que Sonia
Bazanta forjó con su grupo.
La
amplitud de la investigación realizada por este equipo es tal que no puedo
extenderme en ella dentro de los límites de este prólogo, por lo cual voy a
concentrarme en destacar algunos de los aportes, a mi juicio más importantes
que hace el libro, no sin antes felicitar la idea de incluir en él los códigos
QR que permitirán escuchar grabaciones perdidas y cortes fundamentales para
comprender mejor los alcances del estudio propuesto por los hermanos Ochoa Escobar
y por Carolina Santamaría-Delgado.
Gracias
al abordaje que hizo el grupo de investigación al material de estudio, tanto
desde la etnografía tradicional centrada en las personas, como de una
etnografía del material sonoro de la agrupación (sin que esta sea la única
herramienta metodológica que emplean, ni mucho menos), asistimos a una
disección de cada una de las grabaciones realizadas por Totó la Momposina y sus
tambores a lo largo de seis décadas. Es así como encontramos información no
revelada antes sobre los repertorios, composiciones, hallazgos, arreglos y
apuestas musicales impulsadas por la cantadora con el apoyo de su grupo y de
quien fuera su manager por muchos años, el británico John Hollis.
Esa aproximación etnográfica
arrojó un primer nivel de información, en sí mismo valioso pero no suficiente
para responder a la pregunta que se habían planteado. Por eso, y con el apoyo
de teóricos como Clifford Geertz (1996) y Stuart Hall (2014), el grupo realizó una
descripción más ‘densa’ que iba tras los significados profundos de la
producción musical —y cultural— de Totó la
Momposina, superando las interpretaciones que habían explicado superficialmente
el fenómeno desde las aproximaciones folcloristas. En este trabajo el marco
teórico y conceptual no se limita a examinar el problema de la representación
de unas tradiciones musicales sino que se expande para abordar temas como la inter
y la multiculturalidad, la gestión de la diversidad cultural, el lugar de la
mujer en la sociedad y dos aspectos que resultan particularmente relevantes en
el caso de esta artista: la circulación y la recepción, los cuales permiten
analizar la manera en que los diversos públicos acceden a la obra, cómo la
valoran y qué implica esa respuesta de las audiencias en términos de
interculturalidad.
La siguiente declaración revela
los alcances del proyecto investigativo que los autores se trazaron: “… proponemos
leer el proyecto de Totó la Momposina no solo como un proyecto intercultural,
sino también como una apuesta decolonial, para la cual habría que analizar en
detalle cómo se desenvolvió, qué se ganó y qué no en ese proceso, y a qué
negociaciones tuvo que llegar.”
Con esa perspectiva
rastrearon y analizaron los diferentes tipos de relaciones interculturales presentes
en la obra musical de Totó, “de suerte que (fuera) posible interpretar la
obra de la agrupación desde una perspectiva amplia que permita una comprensión
más profunda de su producción artística y su legado, una aproximación que
facilite superar el eslogan trivial de que Totó es “la personificación misma de
la cumbia” o “la esencia verdadera del folclor colombiano””.
Y es entonces cuando
siento una alegría profunda. Una alegría motivada por el hecho de encontrarme
ante un aporte crítico comprehensivo, humanista y visionario acerca del trabajo
musical liderado por Sonia Bazanta Vides. Un aporte que ya en el 2004 y en 2022,
en el prólogo de mi libro, había invocado como justo y necesario con la
trayectoria artística de la cantadora. Mi esperanza, con esa biografía de Totó,
era provocar el deseo de estudiar con mayor profundidad las numerosas aristas
que se desprenden de larga trayectoria artística de Totó la Momposina. Pues
bien, aquí podrán encontrar los lectores y lectoras una revisión juiciosa,
hecha con gran amor y respeto, de esas facetas de la personalidad artística y
el talante cultural de la Momposina.
| Totó la Momposina. Foto: Patricia Iriarte |
Me emocionó, así mismo, encontrar un capítulo centrado en el silenciamiento de las voces femeninas en la esfera pública del Caribe colombiano, el cual registra un problema ya presente en la Literatura pero extendido a todos los campos de expresión donde las mujeres han incursionado. El capítulo rastrea en la historicidad de la experiencia de Totó como una mujer que elige cantar y liderar un grupo musical integrado por hombres en un contexto histórico y cultural como el que le tocó vivir.
Es en esta parte del libro
cuando los autores proponen una
definición de la “persona musical” de Totó como una cantora cuya voz y
corporalidad “son una síntesis de la manera como performativiza su identidad
artística, son el lugar donde, al fin y al cabo, reside el aura: ella, la
cantora Totó la Momposina, es la obra cumbre de Sonia Bazanta Vides.”
Antes de finalizar quiero
destacar otro de los aspectos incluidos en el análisis y es el que los autores
referencian como el problema de las
músicas tradicionales y su “techo de cristal”, lo cual les permite indagar en
el por qué Totó y su agrupación no lograron un mejor reconocimiento económico
ni un escalamiento a los circuitos musicales masivos en el país: “El relato
sugiere que a lo largo de los años Totó ha sido bastante consciente de la
existencia de una barrera invisible que no cede a pesar de haber hecho todos
los esfuerzos que han estado a su alcance. No haberlo logrado completamente,
después de haber estado sesenta años haciendo su música sobre los escenarios,
dice mucho más sobre las flaquezas autoimpuestas por la herencia colonial de
las audiencias colombianas que sobre el ímpetu y la audacia de Totó.”
Y es que si bien en la
hoja de vida de Sonia Bazanta figuran reconocimientos importantes y doctorados
Honoris Causa, ese techo de cristal no termina de ceder cuando depende de las
leyes del mercado y estas se amalgaman con las flaquezas de las audiencias
colombianas, como bien las definen los autores de este trabajo.
Por último, pero no menos destacable,
es el libro de partituras que acompaña esta publicación, realizado expresamente
con el fin de dejar una documentación, en notación musical occidental, de 18
piezas del repertorio de Totó la Momposina y sus Tambores. Este aporte sin duda
va a facilitar el montaje orquestal de estas canciones, que hasta ahora no
podían ser interpretadas por otras agrupaciones o ensambles por ausencia de las
partituras, y va a servir como herramienta para el análisis musicológico, con
todo lo que ello implica en términos de divulgación, de formación y de
apropiación social de este patrimonio musical.
“Musicología, danza,
antropología, sociología, estudios culturales, gestión cultural, son algunas de
las disciplinas que se necesitarán para ir desglosando y aprendiendo todo lo
que nuestra diva, sus músicos y sus agentes han hecho por la música colombiana
y la cultura del Caribe colombiano”,
escribía esta servidora en el prólogo a la tercera edición de la biografía. Con
este volumen constato que mis deseos comienzan a verse cumplidos, y lo más
importante: que con él hemos comenzado a hacerle justicia a nuestra diva
descalza, a nuestra cantora mayor. En este momento de la historia, cuando ya su
vida se ha apagado y su obra se hace inmortal, la aparición de este libro es un
acontecimiento feliz que recibimos con enorme gratitud y para el que deseamos el
más bello de los augurios porque se constituirá, sin duda, en una pieza clave
para comprender y dimensionar la importancia de su legado.
Barranquilla, junio de
2026
[1]
Carolina Santamaría es Maestra
en Música de la Pontificia Universidad Javeriana, MA y PhD en Etnomusicología
de la Universidad de Pittsburgh, con certificados en Estudios Culturales y
Estudios Latinoamericanos. Federico Ochoa es P h.D. en Artes de la Universidad
de Antioquia, magíster en Antropología y Maestro en Música con énfasis en
Saxofón, y Juan Sebastián Ochoa es Maestro en Música con énfasis en Ingeniería
de Sonido, magíster en Estudios Culturales y doctor en Ciencias Sociales y
Humanas de la Pontificia Universidad Javeriana.
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