domingo, marzo 03, 2013

200 de ciudad


Bajo este título se publicará en este blog una serie de notas de Mara del Río sobre la experiencia de vivir en este distrito comercial y portuario de Barranquilla, doscientos años después de que la Gobernación de Bolívar decidiera elevar a la categoría de Villa aquel pujante villorrio ubicado en las bocas del Magdalena.

Las entregas estarán acompañadas de fotografías que buscan reflejar diversos momentos y lugares de la ciudad y sus espacios públicos, ilustrando las impresiones de una ciudadana que ha tenido la suerte de conocer otras ciudades y tiene la posibilidad de establecer contrastes entre la forma de habitar (y de administrar esta ciudad) y la otra manera en que podríamos hacerlo –más madura, más responsable, más grata para todos y todas.

I. Las calles de Barranquilla

Por Mara del Río


En esta “aventura” que es ser barranquillera por adopción, como tantos otros habitantes del Distrito, no ceso de preguntarme por qué somos como somos en esta ciudad de locos. 



En la costumbre nostálgica de los barranquilleros, cada vez que se habla de las calles de la ciudad se mencionan los antiguos nombres con que  éstas se conocieron a finales del siglo 19 y principios del 20. Pero no es a eso a lo que quiero referirme, sino a las calles de ahora. Calles que amo recorrer y sobre todo, observar. Me gusta buscar esquinas gemelas, como la 45 con 45, la 44 con 44, la 33 con 33, la 22 con 22. Me gusta observar a sus  gentes; lo que hacen, lo que visten, lo que dicen, el volumen en que lo dicen, la forma como lo dicen, la manera como se comportan en la ciudad. Con la ciudad.



 Las calles son, en parte, la piel de la urbe. La superficie de contacto entre ciudad y ciudadanos, el espacio de intercambio de golpes o caricias. La de Barranquilla es una piel deteriorada, marcada por cicatrices, por acné, por eccemas, por erupciones y pústulas que afean su cuerpo y le hace crear, con sus habitantes, una difícil relación en la que todos salimos lastimados. 
Cra 54 con 70, a la entrada del Hotel El Prado.


Llevo casi una década (el cinco por ciento de esos 200 años) recorriendo la ciudad en motocicleta, el medio de transporte que permite, entre otras, un contacto más íntimo con esa piel. Desde la moto se siente directamente en los riñones cualquier irregularidad en la calzada, y hay que estar muy alertas para evadir ciertos obstáculos que solo en Barranquilla se encuentran. Por ejemplo, los trozos de cable eléctrico que cuelgan de las redes justo a la altura de la cabeza del conductor, o las zanjas atravesadas de acera a acera, traicioneras, ineludibles, dañinas para la moto, el carro, la bici y el genio de quien maneja.  Las zanjas son una verdadera pesadilla, una infección hasta ahora incurable en la piel de la ciudad, producto de la irresponsabilidad de las empresas de servicios que abren la brecha para hacer trabajos y no la cierran o la cierran tan mal que a los pocos días, a veces horas, la zanja queda abierta como una herida más, dificultando la movilidad y afeando la cara de la urbe.


Reparcheo en la intersección de la Cra 54 con calle 70: como marcas de viruela en la cara de esta importante esquina. 




Estado del bulevar de la Cra 54 con calle 64


Pero una de las más extrañas afecciones que sufren las calles de Barranquilla son los cráteres que se abren de un día para otro en el pavimento. He llegado a pensar que hay una raza extraterrestre que nos ataca en las noches, haciendo caer aquí y allá una enorme bola de acero que deja las calles inservibles. Cráteres que aparecen de manera indiscriminada pero que parecen tener preferencia por las calles donde se encuentran las clínicas, las universidades y el sector patrimonial de la ciudad. De unos días para acá han comenzado a pavimentar algunos tramos de la carrera 54, pues es inconcebible que la arteria que va desde la Vía 40, pasando por la Casa del Carnaval, el Teatro Amira de la Rosa, Teatro José Consuegra, Escuela de Bellas Artes, y todo el viejo Prado hasta la calle 76, se encuentre en un estado tal de abandono que da vergüenza con los visitantes que vienen a conocer el barrio el Prado y todo un sector que deberíamos mantener como una tacita de plata por su valor urbanístico. No es congruente, y uno no se explica por qué los dirigentes de la ciudad no se percatan de esto, con las grandes inversiones que están haciendo en hoteles cinco estrellas, centros comerciales y edificios suntuosos. ¿Qué clase de ciudad es esta?


Uno de los cráteres de la Cra 49C.


No, no es fácil transitar por estas vías. Movilizarse en forma fluida es un placer que en muy pocas calles se puede disfrutar, y no sólo por cuenta de estas llagas sino de otros obstáculos que ponen en aprietos a automovilistas, motociclistas, ciclistas, peatones, ‘carroemuleros’ y carretilleros. Todos nos movemos por las mismas rutas pero no todos transitamos en el mismo sentido. Los carros de mula y carretillas, por ejemplo, no tienen problema para meterse en contravía por avenidas, arterias o calles secundarias, como si fuéramos todavía la villa de 1813. Los buses no saben lo que es ceder el paso, y los dueños de camionetas se consideran superiores al resto de la humanidad y por tanto con derecho a pasar primero y por encima de todos. Pero de las camionetas y otras hierbas urbanas me ocuparé en una próxima ocasión.


Estado de la calzada en la zona patrimonial de Barranquilla.



viernes, marzo 01, 2013

Barranquilla estrenará Festival de Cine


La Fundación Cámara Oscura organiza este nuevo evento cultural, que busca insertar a Barranquilla en el circuito internacional de festivales de cine. Selección especial, largos de ficción, documentales y cortos, serán las categorías que trae el FICBAQ en esta primera versión, además de foros, talleres, cine al aire libre y video maping, entre otros atractivos. La ceremonia de apertura será el sábado 16 de marzo a las 7:00 p.m. en la Plaza de la Aduana con una proyección de La langosta azul, de Alvaro Cepeda Samudio, y se prolongará hasta el sábado 23.


lunes, febrero 11, 2013

Visajes de Carnaval

Vea la Galería de imágenes en Flickr.

jueves, febrero 07, 2013

Un Carnaval para aceitar la imaginación (II)



Angel Loochkartt.
Me decía el maestro Angel Loochkartt, quien este año fue homenajeado por el Carnaval de las Artes por su maestría y su aporte a las artes plásticas, que este evento “Le da peso intelectual al Carnaval de Barranquilla y hace sentir que el carnaval no es solo disfraz, no es solo rumba, no es solo danza, sino que hay unas bases de pensamiento crítico y analítico sobre problemáticas del arte en general. De allí que invite siempre a personajes prominentes de cada disciplina. Con el Carnaval de las Artes Barranquilla se deja sentir.”

El pintor barranquillero, que es un surtidor permanente de creatividad y producción, lo dice justo cuando la ciudad comienza a volver los ojos sobre el Carnaval como expresión cultural; 10 años después de su declaratoria como parte del patrimonio humano.  

Las discusiones continúan y continuarán entre los propietarios del negocio, los actores, los gestores, los dirigentes y los dolientes del Carnaval, pero entre tanto hay trabajadores consagrados a hacer realidad la fiesta año tras año. Miles de bailarines, artesanos, músicos, costureras, zapateros, utileros y de docenas de oficios más cumplen cada año la cita con su carnaval, ajenos a los avatares políticos y económicos de la organización responsable. Y así como ellos, muchos artistas y organizaciones independientes ponen también su grano de arena con eventos como la Carnavalada, la Noche de Tambó, la Noche del Río, los bailes de disfraces, los salones burreros, los festivales de música y tradición y toda una constelación de esfuerzos solitarios. 

El Carnaval de las Artes es una de esas empresas quijotescas que la gente se inventa para celebrar el carnaval. Quijostesca como pocas.

Para Alvaro Suescún, en esta oportunidad fue mayor la incidencia reflexiva. Dice el escritor: "En una suerte de invitación para formar intelectuales críticos, Armand Matelartt, Matt Dillon, Astrid Hadad, Henry Fiol, el profesor Raúl Cuero, Martín Caparrós, y el grupo de teatro Pé de Vento, nos mantuvieron a flote en ese pequeño mar de sorpresas en que estuvimos inmersos.  Capítulo aparte merece la exposición y el reconocimiento a ese gran cultor de las artes plásticas que Barranquilla le ha entregado al mundo, Ángel Loochkartt, bien secundado por Nani y Valerio Bindi, en una exhibición que recordaremos por mucho tiempo."

No faltan, por supuesto, los críticos del evento, especialmente por lo que consideran la poca presencia del talento local y regional en el programa, o la avanzada edad de ciertos artistas internacionales invitados, o detalles de la logística, o fallas en el protocolo. Lo cierto es que el Carnaval de las Artes no cuenta con un equipo permanente y una organización como la de que dispone el Hay Festival o el Festival Iberoamericano de Teatro o el de Música Clásica de Cartagena. En materia organizativa, y a sus siete años de edad, el Carnaval Internacional de las Artes es, en cierto modo, un embrión que debe desarrollarse en pocos meses para cumplirle al público y abrir el telón una semana antes de carnavales. Por eso algunos errores se vuelven a sentir y por eso se requeriría un fortalecimiento organizativo que le permita consolidar el equipo de trabajo y dedicarle más tiempo y más gente a la organización. Un tema para el que también se requieren recursos.

La entrevista con Heriberto Fiorillo y Efraim Medina prosigue mientras se acerca el mediodía y la oficina se va desocupando poco a poco.

- ¿Conseguir el apoyo para esto es más fácil ahora o sigue siendo tan difícil como al principio?

Efraim Medina y Heriberto Fiorillo - 
Foto de El Heraldo
H.F.:  No se puede meter a todo el mundo en el mismo saco. El Estado, que en este caso es el Ministerio de Cultura, la alcaldía y la gobernación, responde cada uno a su manera. En el caso de Mincultura hemos tenido más apoyo porque tenemos la suerte de que la actual ministra viene de una experiencia parecida en Cali y sabe lo que cuesta hacerlo, y ha venido a verlo. En la alcaldía depende quien esté de alcalde y la gobernación este año redujo su aporte. Entre un gobernador y otro puede haber una gran diferencia. Lo mismo en la empresa privada; en nuestros créditos hay un montón de gente: desde las grandes empresas que dan una suma importante, hasta las pequeñas, que dan entre 1 y 5 millones de pesos.

- ¿A qué se debió la reducción este año de un día de actividades?

H.F.:  Lo que pasó fue que en el evento anterior tiramos la casa por la ventana,  quisimos ser más generosos y trajimos más gente de la que podíamos traer, así que este año tuvimos que ajustarnos.

- Hablemos del diseño y  producción del espectáculo, ¿Cómo se hace?

H.F: Se va haciendo conforme Efraim y yo vayamos identificando a la gente. Por ejemplo, él me dice: hay dos o tres artistas que vale la pena llevar al evento y son fulano y zutano, y entonces comenzamos a contactarlos. Yo viajo también a buscar figuras que me parecen interesantes, o aprovecho mis viajes para hacer gestiones o contactos, y ahí vamos consiguiendo también los recursos. Pero en general esto se comienza a gestar en los primeros meses del año. Ahora descansamos un rato y comenzamos a armar el próximo. Ya tenemos por ahí algunas cosas pensadas.

- ¿No hay un comité o consejo editorial?

No, es una red. Yo recibo los inputs que me dan y decido como crear la revista. Todos somos periodistas y toda la vida hemos hecho revistas, así que lo que yo hago es una revista anual. 
Foto de ADN

- ¿Cómo se dio lo de Armand Mattelart?

Porque yo lo viví en los años 70, lo leí, lo estudié, y el año pasado encontré en El Tiempo la noticia de que iba a estar en Colombia junto con Humberto Eco, entonces me conseguí el mail de su universidad, le escribí y dijo que si, y no cobró un peso. 

Con Umberto Eco llevamos años tratando de convencerlo; Efraim ha ido tres veces a Milán y una vez le ofrecimos, por joder, 30 mil dólares, ¡y no se movió!

E.M.: Pero tampoco va a ninguna otra parte; es de los que se mueven muy poco, porque en general los escritores aceptan –quizás no un premio Nobel o una de las grandes estrellas– pero uno bien situado en el medio literario, en un 80 o 90 por ciento va a decir si. Un cantante, un actor o alguien que tiene un performance, lo primero quiere es cobrar, porque ese es su espectáculo; un escritor no es un espectáculo. Si está en Europa y le ofrecen venir, no a Cartagena sino a Barranquilla, que muchas veces no sabe ni dónde queda, entonces hay que hacer un proceso de seducción para convencerlo, pero se consigue. 

H.F.: La red la armo con mis amigos periodistas y escritores. Por ejemplo, Santiago Gamboa conocía a Laura Esquivel, entonces él hizo el contacto y la invitó y ella aceptó porque él la iba a entrevistar… Sin ellos yo no sería nadie, y les doy mucha libertad para que propongan, pero la amalgama final la hago yo.  

E.M.: El tiene clara su puesta en escena, eso se lo inventó él y nosotros le pasamos elementos. La ventaja que tiene Heriberto es que él escucha de todo y a todos. Yo no hago nada, yo vengo a ver esto, como un espectador más.

H.F.: Mentiras, él es muy humilde, pero se pone a tapar los huecos, trabaja en producción…hace de todo. 

- ¿Y les han dado ideas los artistas locales?

H.F.: No, me llegan ideas sobre todo de amigos periodistas (especialmente de Bogotá pero también de otras ciudades del mundo), a quienes yo les digo: si consigues que acepte, lo traemos. Esto es algo rico de hacer; representa mucho esfuerzo pero las cosas que uno quiere cuestan. Es parte del trabajo y me gusta ser útil; este es un arte con utilidad, a mi me gusta el arte inútil pero este arte útil me parece importante.

E.M.: El que quiera hacer esto tiene que estar dispuesto a pasarse el año pidiendo plata, imaginando la puesta en escena, buscando la gente con la que va a trabajar. Se necesita estar loco y tener una generosidad extraordinaria. Yo no sé por qué él lo hace, yo lo hago porque él lo hace y yo con mis amigos voy hasta donde sea. Y las cosas se parecen a su dueño. ¿Quiénes hacen el Hay Festival? Unos que son tan h.p. como el evento que hacen. En cambio aquí no. Nosotros en el Caribe somos de relaciones afectivas, si no existe eso uno no entra a la casa de nadie. Y este evento es eso, un grupo de amigos que se quiere y quiere lo que hace.

- ¿Otro personaje, aparte de Eco, a quien no hayan podido convencer?

H.F.: Yo siempre he querido traer a Oscar de León, pero quiero traerlo a él con su bajo, y si necesita la orquesta yo le monto aquí la de Hugo Molinares, pero siempre que me encuentro con él me dice: ¿y qué hago con el resto de la orquesta? Lastimosamente  no he tenido amistad con un hermano de Oscar o con un amigo suyo que me ayude a convencerlo.

- Hablemos de las pifiadas: el número sobre el Carnaval de Venecia antes del show de La Tequilera –que no estaba en el programa–  creo que no estuvo a la altura del espectáculo que precedía. 

E.M.: Es que no tenía que dar la talla, los entremeses en el teatro son divertimentos. Ese fue un regalo del italiano Valerio Bindi montado dos días antes con un grupo de actores, no de bailarines, porque en el Carnaval de Venecia no se baila. Era una cosa de tipo conceptual. Por ejemplo,  Matt Dillon estaba hablando ¿y qué dijo que significara algo? Nada, pero la gente se lo come porque son funcionales, porque todavía tienen mucho que recorrer. Pero no ellos como personas sino nosotros como cultura. Jango Edwards dijo una cosa que me quedó sonando: “La obcenidad es la enfermedad de aquellos que solo ven con los ojos”. 

- Ese fue otro que tampoco me gustó. Me pareció demasiado ordinario.

E.M.: "Jango Edwards fue uno de los tres artistas que abrió los Juegos Olímpicos del 94, cobrando un millón de dólares, y es uno de los pocos que ha actuado ante la Reina Isabel. Lo que hizo fue una clase sobre la risa, una cosa simple, porque si se pone a hacer las cosas que hace habitualmente en Europa la gente hubiera terminado aburrida; él lo que quería era hacerse amar del público y creo que lo logró." 


Sí, la gente parecía divertirse mucho, pero yo personalmente detesté su constante automanoseo y su gesticulación gratuitamente vulgar, pero eso no tiene importancia. Lo que si preocupa es que un artista baje el nivel de su espectáculo para el público barranquillero porque piense que éste no va a disfrutar de algo más elevado; es decir, porque no da para más. Si esta premisa fuera cierta la sala no se hubiera reído como lo hizo con el grupo Pé de Vento, de Brasil, de humor más refinado, o con la misma Astrid Hadad y sus misiles satíricos contra la política y el machismo, sin mencionar muchos otros shows inteligentes que hemos tenido en años anteriores. Pero en fin, a pesar de las pifiadas, o precisamente por la discusión que ellas originan, el Carnaval de las Artes le da peso intelectual al Carnaval de Barranquilla, como dijo el maestro Loochkartt.  Ojalá surjan otros que hagan lo mismo.

Patricia Iriarte

sábado, febrero 02, 2013

Un Carnaval para aceitar la imaginación (I)


Esto para mí es el Nirvana. Es viernes de Guacherna y escribo sobre el Carnaval desde mi hamaca, en mi propia buena compañía y la de la música que a esta hora programan algunas emisoras universitarias: la gaita de Paíto, las voces de Totó, Martina y Petrona, las nuevas fusiones andino-caribeñas.

Afuera la ciudad ya es Carnaval. Decir que Barranquilla está en carnavales no es ser del todo fiel a la verdad, porque todo lo que se respira, desde la Lectura del Bando el 19 de enero, es carnaval, y de manera frenética. Es como si la reina hubiera agitado una bandera en la cabecera de la pista, dando la largada a una carrera. La carrera por el disfraz, la carrera por montar a tiempo la comparsa, la carrera por entregar los zapatos que encargó Daniela, la carrera por la pollera que me voy a poner en la fiesta, la carrera por conseguir la plata para ir al baile, a la caseta, a la verbena, a la rumba del sábado. La carrera por divertirse, por emborracharse de corrido hasta el martes, por ganarse unos pesos con la venta de cerveza; la carrera por alcanzar la efímera felicidad de cuatro días. Pero qué carajo, quien lo vive es quien lo goza.


No todo el mundo, claro. La situación anterior describe la realidad de una parte de la gente en la ciudad. Pero la ciudad es muy diversa. Tanto que hay otra gente que en estas fechas prefiere refugiarse en su casa a descansar, irse para otra parte o tirarla toda en el Carnaval de las Artes, ese extraño festival de cuatro días donde se escucha hablar tanto a un señor francés sobre el problema de la comunicación, como a una cantante puertorriqueña, como a un poeta, como a un actor, como a una vedette del siglo XXI. Eso ocurre una semana antes del Carnaval oficial, del Patrimonio oral e intangible que se abre con la coronación de una Reina y un Rey Momo, ¿en una especie de añoranza por la época en que éramos súbditos?

Este año el evento des-organizado por Heriberto Fiorillo y Efraim Medina, trajo a figuras como Armand Mattelart, Raúl Cuero, Valerio Bindi, Astrid Hadad, Jango Edwards, y grupo actoral brasileño llamado Pé de Vento, que fue, para mi gusto, de lo mejor de este año, junto con La Tequilera. Pensamiento, arte, performance, caricatura, música, humor, hacen parte del menú habitual de este espectáculo que se realiza desde hace siete años en Barranquilla. Gracias a este programa, que es una verdadera alternativa al Hay Festival, hemos visto en Barranquilla, por muy módico o ningún precio, a personajes como Fontanarrosa, Chico César, Omara Portuondo y muchos otros artistas de diversas disciplinas compartiendo su talento y sus claves creativas.

El Carnaval de las Artes es un evento que se ha ido ganando el cariño, ante todo, de un amplio grupo de jóvenes universitarios que esperan con ansias el mes de febrero para disfrutar de algo distinto a la oferta habitual de la ciudad –que tampoco es que sea despreciable- . Se ha hecho querer también de la generación que está al otro extremo, pues no es raro ver en las funciones a maestros, a jubilados y a señoras que vuelven a su juventud con voces como las de Johnny Ventura o una diva cubana.  

La propuesta para el director del Carnaval de las Artes fue la de hacer un recorrido en clave de balance por esta singular forma de celebrar el carnaval. La entrevista con el dúo dinámico se realizó en el segundo piso de la Fundación La Cueva, un día después de que hubieran despedido al último de los invitados.


¿Diversión o reflexión? ¿Inclusión o elitismo?

En el prólogo de la entrevista decía Fiorillo, mientras le pedía a sus compañeros que bajaran un poco la voz para no entorpecer la grabación, que si el Estado –aquí representado por la Alcaldía Distrital-  le pudiera regalar a la ciudad los cuatro días de Carnaval, el Carnaval Internacional de las Artes no tendría razón de ser. 

Regalar, o devolver, porque el carnaval es de los barranquilleros y nadie debe cerrarles la entrada a los desfiles.

H.F.: Decir Carnaval de las Artes es una redundancia; el carnaval debería ser de las artes, pero como no es de las artes nosotros tuvimos que hacer uno, con una intención más formativa, y gratuito.

- ¿Esa fue desde el comienzo la intención?

H.F.: Uno tiene intenciones y tiene sueños, y algo se los provoca y los saca. Yo era moderador del Hay Festival y un día hablando en Cartagena con Antonio Celia, que es el presidente de la Fundación La Cueva, me dice: Te aseguro que ahora nos van a empezar a llegar las sobras del Hay Festival a Barranquilla. ¿Por qué Barranquilla no tiene un evento cultural como este? Entonces yo, no sé si de vivo o de pendejo, le dije: si quieres lo hacemos. Y aquí estamos.

Ya unos años antes Fiorillo y un grupo de investigadores y periodistas habían organizado un evento llamado “Pensar el Carnaval”, que se hizo con el apoyo del Ministerio de Cultura, durante la administración de Juan Luis Mejía. 

H.F.: Por ese entonces se comenzaba a hablar de la declaratoria de la Unesco, así que invitamos a personas de varios carnavales del Caribe para conocer su experiencia y ver cómo podíamos mejorar al Carnaval de Barranquilla.  Bueno, tres semanas después de esa conversación le presenté el proyecto a Celia teniendo en cuenta las dos experiencias: la del Hay y la de la reflexión sobre el carnaval.

La idea era hacer una especie de Hay pero más nuestro y más abierto. El Hay es muy elitista y muy literario, y no todos los literatos son divertidos. Además, la creación no sólo está en la literatura; lo que  propuse inicialmente fue como un “Pensar el Carnaval”, pero desde múltiples ángulos, no solo desde la literatura.

El segundo año, ya con la ayuda de amigos como mi compadre Efraim Medina, que estaba en Italia, vimos que podíamos hacer algo más internacional y comenzamos a formar una red de amigos y periodistas que es con quienes hacemos esto. Todo ha ido saliendo bien, y con el tiempo creo que cada vez mejor. 

- Recuerdo que las primeras versiones incluyeron algún evento en el que se analizaba el Carnaval de Barranquilla, particularmente. ¿Por qué se dejó de hacer esto?

H.F.: Si, una de las cosas que quisimos hacer desde el principio era una sesión especial para hablar sobre el carnaval de Barranquilla con los hacedores. 

- Monsiváis, de hecho, vino a uno de ellos, apunta Efraim. 

H.F.: Pero con el tiempo nos dimos cuenta de que lo importante, más que nada, era aceitar  la creatividad y la imaginación, porque si tu aceitas la creatividad y la imaginación,  ella se va a meter en todas partes: se va a meter en el carnaval, se va a meter en la ciudad, se va a meter en la vida pública, y de pronto vamos a tener mejores gobernantes dentro de 20 años, porque esos niños que fueron a Fantástico y fueron al Carnaval de las Artes, dicen:  Eche, yo no trago entero, yo  puedo leer entre líneas… Bueno, ese es el ideal de uno.

- O tienen unos referentes estéticos distintos, más ricos, más complejos.

H.F.:  Exactamente.

-  Algo que hemos visto a lo largo de estos siete años es que ha ido mejorando la producción del espectáculo.  ¿Ha sido necesario formar a la gente de aquí o traer gente de afuera, cómo ha sido este proceso?

H.F.:  Si, se han formado y hemos traído también gente de Bogotá,  Medellín y Cali, pero ese proceso de aprendizaje está siempre a riesgo, porque en un año pasan muchas cosas: se va un productor, se muere alguien, cambian al presidente de una compañía... Es muy jodido, hacerlo cada año es un logro, pero no hay nada que nos derrote.

- Pero hay una experiencia acumulada…

H.F.: Hay un acumulado en nosotros (y señala a Efraim y a sí mismo) pero esto va a ser como cuando se mueren los viejos de la tribu, que con ellos se muere tanta información como una biblioteca. A ver, yo no quiero que esto crezca, yo quiero es que cada año se den en Barranquilla cosas simultáneas o inspiradas en el asunto, eso sería lo más interesante. 

- ¿Y han  notado cambios en el público después de siete años? 

H.F.:  Solo te voy  a decir una cosa:  este año,  por primera vez, creo que hay un público que viene al Carnaval de las Artes sin importar lo que vea en el programa;  viene porque piensa que vale la pena, y eso me parece un logro. En todas las conferencias, en todos los eventos, estaban allí los 500, los 600, los 800 espectadores. Esa es la primera gran satisfacción.

E.M.: La sensación que yo tengo, y como yo lo vivo, es la de poder compaginar dos cosas que son la responsabilidad y la libertad; saber que no es una obligación sino que es algo anímico. Y lo que yo he notado que esto le ha dado a Barranquilla es que ha aumentado la autoestima de la gente y de la ciudad misma. Y eso es lo más importante y lo que más falta nos hace… La gente que está más llevada, mas jodida, piensa que esto no es para ellos. Eso me pasó a mí, yo fui como uno de esos niños en el barrio, sin nada, que pensaba que esas cosas que no eran para mí, que era la gente bonita y blanca la que podía tener eso. Por eso cuando desde el inicio Heriberto me dijo ayúdame con esto, yo de una.

Es esa posibilidad que le da a unos chicos de que el señor Edwards o cualquier otro artista le da la mano al salir de la función, ese contacto directo, eso es lo que  me parece más entrañable en esto, y yo creo que la ciudad lo va sintiendo.


Por Patricia Iriarte


El próximo lunes, en la segunda parte de la entrevista: ¿Cómo se hace el Carnaval de las Artes, cómo se financia, a quiénes podríamos ver en los próximos eventos? 



sábado, enero 26, 2013

4 días para "la reflexión como espectáculo"

Por séptimo año consecutivo, la Fundación La Cueva organiza para Barranquilla su Carnaval Internacional de las Artes, que en esta ocasión ha arrancado aplausos y ovaciones del público en espectáculos verdaderamente notables que de otra forma no se verían en Barranquilla.

El festival, que arrancó este jueves coincidiendo con el afamado Hay Festival de Cartagena,  le hace este año un homenaje al maestro Angel Loochkartt, pintor barranquillero que ha tenido en el Carnaval uno de sus temas más recurrentes. Como siempre, el Carnaval de las Artes trata de serle fiel en cada función a su lema de "la reflexión como espectáculo", y así lo consiguió en sus primeras dos fechas con eventos como la entrevista de Hugo Chaparro al escritor cubano Leonardo Padura; con la proyección del fabuloso trabajo de Ange Potier, Olga; con la conferencia del brillante científico Raúl Cuero, y con obras como la del grupo brasileño Pé de Vento, que es de lo mejor que hemos visto en la ciudad en este género. Aquí, algunos momentos del espectáculo captados por Patricia Iriarte.

La actriz argentina Paula Maneker en una escena de Olga.
El microbiólogo Raúl Cuero durante su charla sobre la importancia de la creatividad y la imaginación.


Ramiro Oviedo, poeta ecuatoriano radicado en Francia,  presentó su libro
Los poemas del coronel 
Conversatorio con el escritor colombiano Evelio Rosero.



Pé de Vento ofreció el viernes una extraordinaria presentación de su obra
Con las maletas hechas, dirigida por Pepe Núñez.




El actor estadounidense Matt Dillon entrevistado por Jerry Carlson y Tatiana Escárraga.

jueves, diciembre 27, 2012

Nelsa y los expulsados

Ernesto Macausland, in memorian

Crónica publicada por la revista cultural viacuarenta en su edición especial Nos. 13/14, que está dedicada a la crónica en el Caribe colombiano. Para ello su director reunió a una nómina conformada por Ramón Bacca, Anibal Tobón, Roberto Burgos Cantor, Sigifredo Eusse, Julio Olaciregui, Jaime Cabrera, Adlai Stevenson, Joaquín Mattos, Ernesto Macausland, Libardo Barros, Patricia Iriarte, Alfonso Hamburguer, Javier Franco Altamar, Alberto Salcedo Ramos, Fausto Pérez Villarreal, Robinson Quintero, Beatriz Vanegas, Paul Brito, Alfredo Baldovino, John Better y Catalina Ruiz-Navarro. 
Aquí, el texto de Patricia Iriarte sobre la visita a Barranquilla de una mujer que viaja por el mundo conjurando la violencia en los jóvenes pandilleros.


Nelsa y los expulsados


Es sábado en la tarde y la vida bulle en el barrio Rebolo de Barranquilla. A pesar de que no es quincena, el fin de semana se ve movido; la música sale de los parlantes a todo volumen, las calles principales son un hervidero de jóvenes preparando su plan para esa noche, cuadrando la cita, consiguiendo el billete para la rumba. Los hombres adultos se reúnen en torno al billar o a la mesa de dominó y se toman unas cervezas para aliviar el calor o para embolatar por un rato la mala situación. Una camioneta van de color blanco, nueva, de las que alquilan para turismo, ingresa al barrio en busca de una dirección: la de la peluquería donde trabaja Alfonso  uno de los líderes pandilleros de este sector de la ciudad.

Rebolo aparece en las estadísticas oficiales como uno de los diez barrios con mayor frecuencia de homicidios, aunque en el último año sus cifras han bajado. Aquí muchos jóvenes pertenecen al mismo tiempo a un “combo”, como les dicen a las pandillas, y a alguna de las barras de su glorioso equipo Junior. El escudo del club está por todas partes, incluso tatuado en pechos, brazos y pantorrillas. Rebolo se disputa con el Barrio Abajo el ser la cuna del carnaval de Barranquilla, pero nadie desconoce que es un bastión del juniorismo y veta de jugadores y boxeadores de quilates.

Alfonso, quien estaba pendiente de la visita, hace correr la voz de que la reunión va a comenzar. En pocos minutos sus amigos –todos hombres- llegan hasta el patio de una de estas viejas casas de Rebolo, donde están citados veinte muchachos que pertenecen a diferentes combos. La idea es que conozcan a Nelsa Curbelo, una señora con gafas, aire de monja y acento extranjero (es ecuatoriana pero algunos piensan que es argentina) que viene a escucharlos y a contarles algunas historias.

Casi todos los que están allí tienen el cuerpo y el rostro marcado por cicatrices de navaja, de cuchillo, de botella, de bala. Llevan en el cuello una cadena y un rosario; detalle que no impide que luzcan como el tipo de persona que uno no quisiera cruzarse en la calle, como esos que se llevan en una ráfaga tu celular, tu cartera, o tu vida.

Aquí, como en muchos otros barrios de Barranquilla, los pelaos se hacen deportistas, bailadores, cantantes, obreros, mecánicos pero también peleadores, malandros, rebuscadores. Y en especial, miembros de los Tabaquitos, de los Toma sopa, de los Casi flojos, de los Mondaquitos, de los Simpson o de cualquiera de las pandillas y grupos que existen en la ciudad. No se sabe con exactitud cuántas son y dónde están. El Consejero para la Seguridad y Convivencia Ciudadana tiene la esperanza de que no sean más de 2.000, pero hay razones para pensar que son más.


Nelsa Curbelo, pacifista ecuatoriana
Nelsa comienza a hablar, a contarles por qué están allí ella, Washington Guerrero y Pablo Castillo; a decirles que hay otros jóvenes como ellos, metidos incluso en problemas más grandes que los suyos, que lograron salir del círculo vicioso de la violencia, del microtráfico y de la adicción.  Enseguida le da la palabra a Pablo, un joven moreno y corpulento que fue líder de los Master of the Street, una de las pandillas más bravas de Guayaquil. Al dar su testimonio de vida Pablo cuenta que su cuerpo aún aloja tres balas de la época en que tanto la policía como las bandas enemigas  le pusieron precio a su cabeza. Hoy en día sigue en la pandilla, pero ejerciendo un liderazgo positivo, transformador.

Cuando es el turno de los pandilleros toma la palabra uno que lleva gafas oscuras porque perdió un ojo en una riña. Es uno de los más jóvenes del grupo, pero hace un análisis casi sociológico de la situación de los jóvenes como él y termina con una alusión al conflicto de Siria. Después intervienen tres o cuatro de sus compañeros, quienes hablan, a su manera, de su deseo de superación mediante un estudio técnico y un trabajo digno. Al escucharlos se tiene la impresión de que los atracos, los hurtos, las riñas y los riesgos que hoy hacen parte de su diario vivir, pueden quedar atrás. Al menos para aquellos que aún no han entrado en las ligas mayores: las mafias, las bandas criminales y el paramilitarismo. Los tres grandes empleadores de los jóvenes en el suroriente y el suroccidente de la ciudad.

Nelsa supo allí que algunos conocían un oficio y los que no, querían aprender alguno para ganarse la vida de otra forma, pero nadie les daría trabajo con esa pinta, con sus antecedentes y sin recomendaciones en su hoja de vida; por eso, y porque difícilmente un muchacho de estos admite un jefe, lo recomendable es ofrecerles la oportunidad de crear su propia empresa o negocio para que inicien su vida laboral.

Ellos, a su vez, sabían algo sobre Nelsa Curbelo. La Fundación Proceder Siglo XXI, que había contactado a Nelsa y organizaba su agenda en la ciudad, les había dicho, al invitarlos, que iban a hablar con una señora muy importante que venía del Ecuador, que había sido nominada al Premio Nobel de Paz y que tenía una experiencia interesante en el trabajo con pandillas.  Lo que no sabían era que el 24 de marzo de 2011 esa señora estaba recibiendo en Barcelona, en una ceremonia elegantísima, el grado Honoris Causa  de una universidad catalana que quiso exaltar su obra e integrarla a su profesorado. Pero ¿por qué recibía tal homenaje en su madurez aquella chica uruguaya que se había hecho monja en Francia y echado raíces en Ecuador después de colgar los hábitos?  ¿Quizás porque había sido nominada dos veces al Nobel de Paz? ¿O por su impactante trabajo con las pandillas de Guayaquil? En esencia, a Nelsa Curbelo se le reconoce en el mundo por su defensa de los derechos humanos y por su activismo en la no violencia. Es una persona que desborda humanidad, que habla muy pausado y con dulzura, que es capaz de sentarse a hablar con el más duro de los duros, pero también de bailarse un reguetón con los chicos de la calle.

Para quienes no saben lo que es el pandillismo en Guayaquil hay que decir que allí existen más de 60 mil pandilleros (la población de Baranoa y Galapa juntos). Algunas se hacen denominar naciones, y exportan miembros a Europa. La Latin King, por ejemplo, armó cuadrillas en Barcelona y en Madrid y puso en jaque a sus autoridades.  En estas ciudades sus miembros fueron capaces de tomarse parques enteros y obligar a los españoles a pagar derecho de entrada. Naciones, grupos, bandas, asociaciones juveniles. Son muchas las identidades que adopta este fenómeno social, al que Nelsa Curbelo analiza como parte de un problema de comunicación y sobre todo, de afecto.

Pero volvamos al sábado. La camioneta blanca sale de Rebolo con rumbo al corregimiento de La Playa, donde  existe un grupo de expandilleros  o pandilleros en transición. La cita es en una iglesia pentecostal, adonde llega un grupo mixto, muy numeroso,  en el que todos visten la camiseta amarilla de la Selección Colombia de fútbol, a manera de uniforme. Se trata de los miembros de la rifa La Playa, casi todos habitantes del sector de la Cangrejera, uno de los más deprimidos de la ciudad. Muchos portan, además, una libreta y un megáfono con el que anuncian diariamente la rifa de un millón de pesos o un electrodoméstico. Su líder  dice que esta es la alternativa que encontraron para no seguir delinquiendo, para sacarle el cuerpo al negocio de las armas, al tráfico, a la guerra.

Nelsa Curbelo  y sus compañeros de la Fundación Ser Paz habían llegado a Barranquilla el viernes a mediodía, y tras un breve descanso se habían trasladado a la Casa de Justicia del barrio Simón Bolívar para reunirse con pandilleros que solo admitieron ser miembros de una barra juniorista y como tales se quejaron de la mala imagen que les han creado los medios, acusándolos de todos los desmanes que se cometen en las afueras del estadio cuando hay partido del Junior.  De los ocho que estaban allí solo tres estaban estudiando; los otros habían sido expulsados de sus colegios o simplemente habían desertado.

De allí salieron para Carrizal, a otro encuentro con los tirapiedras más famosos de ese barrio, quienes dijeron frases tan duras como “nuestro mayor enemigo es la sociedad”. También aquí se destacó un líder que demostró “tenerla clara” a la hora de analizar el problema de su barrio. Quedó claro que, al menos allí, la historia viene de atrás, que hay varias generaciones de pandilleros en Carrizal, entre ellos los antiguos Alacranes, hoy con nietos en las nuevas bandas.

La siguiente escala de la ruta fue en el Bosque, donde esperaban conocer a los jefes de Gama Alta y El Taconazo, pero ante el retraso de la comitiva éstos se habían ido a jugar un partido. La reunión se realizó en un garaje con un pequeño grupo de niños y adolescentes ligados a las pandillas a quienes Pablo y Washington les contaron cómo funcionaba en Guayaquil el programa de fútbol callejero y Barrios de Paz.  Al límite del  cansancio, los tres ecuatorianos y el equipo de la Fundacion Proceder salieron de este barrio casi a las diez de la noche, agotados pero ilesos.

En la mañana del sábado Nelsa visitó a los niños y niñas del Colegio Cultural Las Malvinas, quienes presentaron los resultados de su investigación sobre las pandillas y los picós en Barranquilla. Allí Nelsa elogió el trabajo de prevención que la seño Enko y su grupo de profesoras realiza con estos estudiantes. Luego en Soledad, bajo la canícula del mediodía, se realizó otro encuentro al que asistió hasta el alcalde del municipio, Franco Castellanos. A todos ellos y ellas -pues en estas pandillas si hay mujeres-  Nelsa los escuchó con atención, y pudo ver que para ellos, como para los chicos guayaquileños,  la bronca es el pan de cada día. No conocen otro lenguaje; en la casa se maltrata, en la escuela se maltrata, en la calle se maltrata. Algo que ella y sus colaboradores han aprendido a lo largo de trece años de trabajo con pandillas es que los jóvenes usan la violencia como medio de comunicación, en un esquema que debemos ayudarles a des-aprender, desactivando la maquinaria de la violencia.

El domingo, antes de salir a conocer el Museo del Caribe y otras caras de la ciudad, Nelsa Curbelo se dio un tiempo para ordenar sus ideas y sus emociones, con miras a la reunión que sostendría el lunes a primera hora con la alcaldesa de Barranquilla, el mandatario de Soledad, el Comandante de la Policía y un grupo de funcionarios del Distrito. Revisó sus apuntes y encontró algunas frases de los muchachos: “Ya no somos adolescentes, muchos somos padres de familia”. “Nadie quiere jefes”. “Hemos dejado la prudencia a un lado”… “Crecimos sin ninguna orientación profesional”. “No es sólo decir hagamos la paz, sino comprometerse.” “Necesitamos capacitación para tener la mente ocupada en algo.”

“En el estiércol nacen flores..."
Una de las frases que más ha marcado el trabajo de Nelsa Curbelo es “En el estiércol nacen flores, en los diamantes no”,  y con ella trató de infundirles esperanza a los que hoy se sienten en el fondo del abismo y a los que piensan que no hay nada que se pueda hacer para ayudarlos. También ha aprendido, como lo dijo en su discurso al recibir el Doctorado Honoris Causa,  “que no hay una gran diferencia entre un pandillero, un congresista, un médico, un profesor, un periodista, un santo… Nuestros miedos y esperanzas más profundas son bastante similares. Por eso me puedo indignar, enojar profundamente, pero me resulta difícil condenar.”

En ese mismo discurso la activista ecuatoriana narra uno de los momentos más dramáticos del proceso de paz con las bandas de Guayaquil, cuando lograron pactar una entrega de armas: “De pronto uno de ellos, el jefe, dice: “Bueno muchachos, llegó la hora”. Tomó una caja de cartón que rellenó con papel de periódico y la pasó entre los preocupados jóvenes. Uno por uno fueron levantando sus camisetas y quitándose el arma que llevaban a la cintura. Algunos lo hacían con gesto firme. Otros titubeaban, me miraban, miraban el arma, dudaban y por último con resignación ponían el arma en la caja. ¿Qué haremos ahora? ¿Cómo nos vamos a proteger?”

Nelsa Curbelo confiesa que quedó paralizada ante la pregunta y balbuceó algo que le sonó hueco frente a lo que significaba para ellos ese salto en el vacío. “Reconozco que hubiera debido abrazarlos, dice, pero ni siquiera atiné ese gesto primario. Allí me encontraba ahora, parada contra la pared, con una caja de zapatos dentro de la cual había ocho revólveres calibre 38”. Aparte estaba una cartuchera doble cañón pintada de dorado que había pertenecido a un joven de ojos negros a quien ella siempre llamó Ángel y que había sido asesinado seis meses antes, a los 16 años.

Pero esta mujer menuda, que no abandona nunca la calidez y el buen humor, ha vivido muchos momentos difíciles. Al llegar a Ecuador, en 1970, trabajó y vivió con los campesinos indígenas y por denunciar la desaparición y el asesinato de varios de sus líderes estuvo dos años bajo vigilancia militar. Solicitó la nacionalidad ecuatoriana al primer gobierno elegido democráticamente después de las dictaduras, y ya en Guayaquil organizó a las mujeres y a las comunidades de un barrio popular. Para entonces se empezaba a crear, bajo el liderazgo del Premio Nobel de Paz Adolfo Pérez Esquivel, el Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) inspirado en los principios y la metodología de la no violencia. En 1985 Nelsa fue nombrada Coordinadora Nacional de SERPAJ-Ecuador y cinco años después fue elegida por unanimidad Coordinadora Continental de esa organización.

Desde ese cargo fue convocada para asistir a la entrega de armas de la Contra en Nicaragua y vivió momentos especialmente críticos cuando denunció la infiltración de miembros de Sendero Luminoso en los grupos de SERPAJ en Perú. El abogado que la había acompañado en el caso recibió una carta bomba que le destrozó un brazo. En 1999 SERPAJ se convierte en la Fundación Ser Paz y poco después, con Nelsa a la cabeza, comienza la transformación de las pandillas.

Con esa trayectoria y su especial manera de trasmitir su experiencia, Curbelo se sentó el lunes a dialogar con las autoridades de Barranquilla y Soledad, y al cabo de dos horas alcaldesa y alcalde anunciaban a la prensa el inicio de un proyecto piloto de Barrios de Paz y fútbol callejero en dos barrios conflictivos. Las dos estrategias creadas por Nelsa y su equipo son consideradas como ejemplo de un principio básico de toda intervención socioeducativa: un problema social requiere una solución social.

El martes, en el último día de su visita, la activista ecuatoriana participó en un panel sobre el abordaje de la violencia juvenil en el que también habló el Consejero Presidencial de Seguridad y Convivencia, la Secretaria de Gestión Social de la ciudad y una coronel de la Policía Nacional. El evento, al que se había invitado a varios jefes pandilleros, se realizaba en un exclusivo hotel de la ciudad. Más de 300 personas, entre maestros, líderes comunales, funcionarios públicos y profesionales de ciencias sociales acudieron para escuchar a los oradores, y en especial a Nelsa. Otras cien personas llegaron tarde y tuvieron que devolverse al no encontrar asientos en el salón, mientras que a otros los porteros del hotel les negaban la entrada “por razones de seguridad”: eran los jóvenes pandilleros de Rebolo, quienes sin saberlo encarnaron allí esa categoría social que Nelsa Curbelo llama los expulsados: “El marginado y el excluido -dice- pueden intentar incluirse pero el expulsado vive su realidad como una fatalidad que le impide ser él mismo. Esto produce un desaparecido de los escenarios públicos, un no-persona, sujetos que no importan y de quienes nada se espera, a los que hay que evitar, a veces eliminar. A partir de esa ausencia de reconocimiento, los jóvenes buscan a sus pares, a sus semejantes, a los otros expulsados como ellos”.

Los pelaos decidieron tomarlo con calma y esperar afuera hasta que terminara el panel. No llamaron a los organizadores ni intentaron sabotear el evento. Fue Pablo Castillo quien los descubrió casualmente cuando bajó al lobby. Entonces salió y compartió con ellos sus correos y las coordenadas en facebook para seguir en contacto.

Lo que sigue es tarea de la Alcaldía y de la sociedad barranquillera.

lunes, diciembre 17, 2012

Un caribeño, innovador de la medicina mundial

Alejando Jadad Bechara nació en Cereté (Córdoba, en el Caribe colombiano) y a sus 49 años es fundador y director del Centre for Global eHealth Innovation, de la Universidad de Toronto (Canadá), una red mundial que apoya proyectos de innovación y asesora a gobiernos que quieren cambiar sus sistemas de salud para buscar un mayor bienestar en sus habitantes.
En esta entrevista para el diario El Tiempo, de la que publicamos algunos apartes, expone sus lúcidas ideas sobre la salud, la enfermedad, los sistemas de salud y su particular visión sobre la felicidad personal.


Alejandro Jadad
Foto tomada de http://innovacionensalud.com/tag/alejandro-jadad/


¿Cuál es el papel del médico hoy?

Desde la antigüedad, se decía que es curar pocas veces, aliviar a menudo y consolar siempre. Pero, desde el descubrimiento de los antibióticos, creemos que podemos curarlo todo, y lo pusimos al revés: tratamos de curar siempre, aliviar de vez en cuando y consolar raras veces.

¿Y los sistemas de salud?

No funcionan porque continúan enfocados en eliminar enfermedades, y porque nos enferman. En Estados Unidos la principal causa de muerte es el sistema sanitario, por errores médicos, efectos secundarios de medicamentos y complicaciones de intervenciones, incluyendo infecciones. El 70 por ciento de lo que ocurre en los hospitales no debería pasar ahí. Ir a una consulta a que le chequeen la presión arterial es como ir a la tienda de la esquina a comprar leche en helicóptero. (...)

Usted habla de cambiar modelos, ¿por qué?


Porque todos los modelos que guiaron nuestras vidas en el siglo XX ya no funcionan, se han vuelto nuestros enemigos: el sistema sanitario nos enferma y nos mata, el educativo nos embrutece y el financiero nos empobrece. (...)

Creo en la Hipótesis Gaia (James Lovelock), que considera a la Tierra como un superorganismo que se autorregula, en el que nosotros nos hemos convertido en una infección. El calentamiento global es como la fiebre; los terremotos, como escalofríos y los tsunamis, como una gripa. La Tierra se está defendiendo y se va a deshacer de nosotros, si no nos portamos bien.

¿Qué podemos hacer?

Entender que está en juego nuestra supervivencia como especie y que los desafíos que enfrentamos necesitan respuestas que trasciendan los nacionalismos o regionalismos triviales. Las tecnologías de la información, en particular las móviles, nos están dando la oportunidad de unir esfuerzos a nivel global para promover altos niveles de bienestar para nosotros y el planeta. Y hay recursos para hacer esto posible. No hay justificación para que más de mil millones de personas en el mundo tengan hambre y no tengan techo, mientras que el consumismo de una minoría amenaza con acabar los recursos finitos que tenemos. Y no son felices.

(...)

¿Cómo podemos buscar la felicidad?

Preguntándonos qué es lo que más nos hace felices e identificando el verbo que mejor lo representa. En mi caso, lo que más feliz me hace es no saber. Por lo tanto, mi verbo es preguntar. Una vez hayamos definido esto, hay que buscar la mejor manera para conjugarlo tan frecuentemente como sea posible y ayudar a todas las personas a que conjuguen el suyo. 


La entrevista completa y más información sobre Alejandro Jadad en:


http://www.businessinnovationfactory.com/weblog/lessons-bif-7

miércoles, noviembre 14, 2012

La Poesía Visual de Mario José Cervantes

Mario José Cervantes nació en Barranquilla, Colombia, en 1971 e hizo estudios de Filosofía en la Universidad del Atlántico.Autodidacta en poesía visual, Cervantes ha logrado destacarse en este género con publicaciones de su trabajo tanto en revistas virtuales de Argentina, Brasil, México, España, Portugal y Estados Unidos, como  impresas (Tsé-Tsé, La Hoja M, y Big Ode). 

Participó en la antología GrammaVisual 2006 de España, así como en la muestra de Poesía Visual en el marco del Congreso La Universidad Desconocida (Agosto de 2009 en Santiago de Chile).  También cultiva la poesía textual. Aquí, una muestra de algunos de sus poemas más conocidos (Todos sin título)




















Algunos enlaces a medios en los que Mario José Cervantes ha publicado su trabajo son: 



¿Cómo se define la poesía visual?

La poesía visual es una forma de poesía experimental que pone el énfasis en la imagen y  opera a partir de la interpretación de varios lenguajes y códigos -cromático, geométrico, plástico, verbal, iconográfico, etc-. Así, se vale de una gran variedad de lenguajes y técnicas para crear nuevas textualidades que deben ser leídas con parámetros no lineales.


"La poesía visual no es dibujo, ni pintura, es un servicio a la comunicación."
Joan Brossa

"La poesía visual es algo más que poesía, debe predominar el componente visual pero no se puede limitar únicamente a lo visual, es algo que se entrecruza dando lugar a algo nuevo."
Santiago Aguaded

"El poema visual no es una facultad de la palabra sino de la retina."
Jesús Maestro

"Poesía visual  es la semejanza que existe entre una frase y la imagen que la expresa con un efecto poético o musical."
Guillermo Marín

"Poesía visual es el arte de ver poesía en las cosas y saberlo expresar plásticamente."
Isabel Jover



lunes, noviembre 05, 2012

Ana Sofía Mesa, la mujer que le puso el tatequieto a la politiquería


Nota de la editora: Por razones de espacio, que no de censura, la entrevista publicada en el portal lasillavacía.com con el título de Ana Sofía Mesa, rectora de Uniatlántico, se confiesa, fue sometida al proceso de edición que sufren todos los trabajos publicados por una revista, es decir, a recortes y correcciones en el texto. Para quienes tengan la paciencia de leer, aquí publicamos la versión completa de diez páginas de la entrevista original, de la cual la autora envió a las revistas Semana y La Silla Vacía una segunda versión de siete cuartillas aceptada por ésta última, que publicó la versión de cinco páginas que se encuentra en el portal.



Por Patricia Iriarte


Cuando Ana Sofia Mesa llegó a la rectoría de la Universidad del Atlántico, hace seis años y medio, ésta se encontraba bajo Ley 550, había tenido cinco rectores en menos de un año y estaba a punto de ser liquidada. Dos de los últimos rectores, Ubaldo Enrique Meza y Paola Amar tienen hoy procesos en su contra por parte de la Fiscalía General de la Nación por distintos tipos de peculado; uno de ellos había autorizado, según la Fiscalía, el pago irregular de 127 pensiones durante su mandato. Decisiones que,  acumuladas con 20 años de desgreño y malos manejos, daban como resultado una deuda de 187.000 millones de pesos y varios años de retraso en calidad académica.



La misión que Ana Sofía Mesa aceptó –y que sabía perfectamente posible pero en ningún momento fácil–  era pagar los pasivos, sanear las finanzas y encarrilar nuevamente a la universidad.  No era fácil para una mujer que venía de Bogotá enfrentarse a las castas políticas que se habían tomado la institución, y menos siendo paisa, y menos aún con el pecado de ser cercana al Presidente Uribe, cosa que ella no se cansa de desmentir pero que fue explotado por los sectores de izquierda de la universidad para desacreditarla.

Por eso, desde su primer día de trabajo hasta hoy, la rectora ha tenido que ponerse la armadura y mantenerse en guardia para defenderse de los sindicatos, para batirse con los barones políticos, para pagarle a los acreedores, para cobrarles a los deudores y para convencer a su Consejo Superior de continuar apoyándola.  

El último episodio de la batalla que los sindicatos libran contra la rectora de Uniatlántico es una huelga de hambre declarada esta semana por dos trabajadores despedidos en 2007. La protesta fue organizada por el Sindicato de Trabajadores y Empleados Universitarios de Colombia, Sintraunicol, para presionar tres puntos: que Ana Sofía Mesa se retire por haber alcanzado la edad de retiro forzoso; que no se aplique la sentencia de la Corte Constitucional que negó el reintegro por tutela de diez funcionarios, y que no se levante el fuero de los miembros de junta directiva del sindicato, como lo ordenó el Tribunal Superior del Distrito de Barranquilla en septiembre pasado.

A principios de los años cuarenta, cuando Barranquilla era una tacita de plata y la flamante puerta de oro de Colombia comenzaba a abrirse de par en par,  había un filósofo empeñado en promover la educación pública. Se llamaba Julio Enrique Blanco, y la puesta en marcha de la Universidad del Atlántico, en 1946, fue la cristalización de ese empeño. La  universidad comenzó con las facultades de Comercio y Finanzas, Química y Farmacia, Ingeniería Química y Bellas Artes. Además era dueña del Castillo de Salgar y llegó a tener cuatro sedes en la ciudad y en municipios aledaños.

Hoy tiene menos sedes pero cuenta con un campus amplio y bien dotado donde se construye un edificio de laboratorios  y un centro cultural con un auditorio de mil butacas.  Tiene más de 19.000 estudiantes matriculados, de los cuales el 91% viene de los estratos uno y dos; otro 7% está en estrato tres; 1.2% pertenece a estrato cuatro y hay 115 estudiantes de estratos cinco y seis. Para los estratos 1 a 4 el rango de matrículas va de 268 mil a 600 mil pesos el semestre. 

A pesar de las críticas, la rectora Mesa muestra resultados innegables en áreas neurálgicas para un centro de educación superior: en 2006 la universidad no tenía ningún programa académico en proceso de acreditación; hoy tiene varios acreditados y está en proceso de acreditación institucional. Tampoco había maestría ni doctorado con registro calificado en la Universidad del Atlántico. Actualmente ofrece 19 programas de postgrado, entre ellos tres doctorados. Si antes tenía 162 docentes con maestría y 18 con doctorado, en 2012 tiene 432 con título de maestría y 86 docentes con título de doctor. Y algo de lo cual no hablan los medios es que en junio de este año inauguró el sistema de Elecciones Virtuales Avanzadas (Elvira), con la elección por voto electrónico de los representantes  estudiantiles en los cuerpos colegiados de la universidad.

El reto más grande
Ana Sofía Mesa, una ingeniera administrativa experta en finanzas públicas, llegó al cargo en abril del 2006. Al mes siguiente, en una entrevista para la prensa local, se definió como una mujer de retos, y este de Uniatlántico lo enfrentaba consciente de todos los riesgos y del sacrificio personal que implicaba alejarse de su familia, residente en Cali y Medellín. 

En octubre de ese mismo año estalló en la universidad una bomba en la que murieron tres estudiantes y varias personas resultaron heridas. De inmediato sus opositores insinuaron que ella, con la complicidad del ejército, había ordenado colocar el explosivo. Pero ¿qué estaba haciendo Ana Sofia Mesa para despertar tan pronto el encono de un sector de los profesores y de los estudiantes?

La entrevista se realizó en medio de nuevas especulaciones sobre su posible salida de la universidad y de una supuesta agudización de la crisis financiera. Esa semana tuvo que ir a un noticiero radial de gran audiencia para salirle al paso a los rumores de cierre, y casi enseguida emitir un comunicado aclarando varios puntos de una carta difundida por el representante estudiantil al Consejo Superior. 

La rectora nos recibe en su despacho, que tiene una decoración sobria pero agradable  –y más alegre de lo que uno se imagina para una persona que tiene fama de seria, de dura y de reservada. A sus espaldas se destaca un cuadro enorme dedicado a ella por el pintor Nitho Cecilio, un egresado de la Escuela de Bellas Artes que hoy goza de gran reconocimiento en la escena artística de la ciudad. No faltan los papeles sobre el escritorio pero no se ve desordenado, por lo que es fácil distinguir, en medio de las resoluciones y documentos por firmar, dos objetos reveladores sobre la personalidad de esta mujer. Uno es un portarretrato con una fotografía en la que aparece jugando con sus dos nietas, y el otro es un cenicero que con frecuencia se llena de colillas.

¿Este ha sido el mayor reto de su vida?
"En lo laboral si, aunque la reestructuración de la gobernación del Valle fue difícil, este conlleva una responsabilidad mayor."

Cuando usted llegó, ¿la situación en la universidad estaba tan grave como se la habían pintado o peor?

“Voy a poner un ejemplo: la universidad debía 180 pesos, pero sólo le entraban cien y se gastaba 150. Esa era una situación. La otra, muy complicada, es que la universidad no era pública; estaba capturada por la clase política del Atlántico. Había un pedazo que era de Name, otro que era de Cepeda, otro que era de Ashton y así sucesivamente. Familias enteras trabajando en la universidad por cuenta del clientelismo. Entonces,  al momento de hacer la reestructuración, si sacaba a los de Name éste decía ¿por qué a los míos y no a los de Cepeda?, Si sacaba a los de Cepeda éste me decía que por qué los suyos y no los de Name, así es que dije: saco a todo el mundo y así nadie podrá decir que yo prefería a un político en vez de otro. Lo importante era restablecerle a la universidad la autonomía que la Constitución le fija y que estaba siendo violentada.”

Para restañar esa autonomía tan maltrecha, la rectora tuvo que hacer gala de toda su experiencia y de todo su coraje. Decidió quitar las primas extralegales que tenían los docentes, suprimir cargos, demandar pensiones irregulares y estratificar el sistema de matrícula, una medida que le mereció el desprecio del movimiento estudiantil.  

Es decir, que hice lo que uno nunca debe hacer: pelear con todo el mundo, pero no había de otra.” 

¿Y si peleó con todo el mundo cómo fue que pudo sacar adelante sus reformas?

“Hay que decir las cosas como son: yo he tenido siempre el apoyo del Consejo Superior, donde también están esos sectores políticos pero donde ha habido una mayoría que ha pensado en la universidad. Y también, por supuesto, tuve el respaldo del Presidente Uribe, de la entonces Ministra de Educación Cecilia María Vélez y de  la actual Ministra de Transporte Cecilia Alvarez Correa.” 

Además de la clase política, se dice que había otro sector que tenía capturada a la Universidad por esos días: el paramilitarismo

“Así es, recuerde que aquí hubo muertos, gente amenazada que tuvo que exiliarse, corrupción… una mezcla de todo lo que el país tiene.

¿Usted ha recibido amenazas?

“Si, claro, por eso tengo que andar con escoltas”.

 ¿Pero quién es Ana Sofia Mesa y cómo llegó a la Universidad del Atlántico? Mesa  es una ingeniera administrativa de la Universidad Nacional de Medellín, con una maestría en Investigación de Operaciones de la Universidad de Stanford. La primera vez que vino a Barranquilla fue para hacer la reestructuración de la gobernación del Atlántico, bajo la administración de Gustavo Bell, y se quedó a vivir año y medio en la ciudad. 

¿Quién le propuso a usted que viniera a hacerse cargo de la universidad?

“Yo era asesora de la Dirección de Apoyo Fiscal del Ministerio de Hacienda, entidad que le da soporte a las entidades territoriales,  cuando me llamó la Ministra de Educación Cecilia Maria Vélez (a quien yo conocía de tiempo atrás) y me dijo: ¿Usted por qué no se va de rectora de la Universidad del Atlántico? Yo le respondí  que estaba loca, y en efecto, cuando le conté a algunos amigos que me habían hecho esa oferta me dijeron que no se me fuera a ocurrir aceptar ese cargo porque acá había habido hasta muertos. Sin embargo, una noche hice esta reflexión: Yo toda la vida he defendido la universidad pública; creo en ella, y si se cierra esta universidad, por ahí derecho se cierran otras, así que por alguna razón a mi me llegó esto y me va a tocar asumirlo.”

En realidad, el promotor de Ley 550 que estaba a cargo del caso en ese momento estudiaba la posibilidad de contratar a una universidad privada - en este caso la del Norte - y transferirle una suma por cada estudiante atendido, bajo la figura que se aplicó a Telecom, solución a la que ella se opuso. Afortunadamente contaba con el respaldo del entonces Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, quien le dijo en privado: “Usted se va por las 12.500 familias de estrato 1 y 2 que necesitan tener una universidad para sus hijos. Ese es su compromiso, pero vaya en principio en calidad de asesora, no de rectora, mientras se busca un rector.”  Sin embargo, el Consejo Superior de la universidad  rápidamente la designó como rectora encargada hasta febrero de 2011, cuando la ratifica como rectora en propiedad.

Como directora de Presupuesto del Banco de la República y asesora del Ministerio de Hacienda Ana Sofía Mesa sabía de cuentas y de cruce de cuentas,  sabía de cálculos actuariales, de reestructuraciones, de acuerdos de pago,  es decir, tenía la experiencia necesaria para lograr que la Universidad del Atlántico recuperara varios miles de millones de pesos. Pero la mujer no sólo sabía de cirugía financiera. También tenía una trayectoria académica como profesora de las universidades del Valle, Nacional de Medellín y EAFIT, y además, como asesora de gobernaciones y alcaldías  conocía por dentro el manejo de la administración pública.  

A Uribe no lo conocía pero habló con él un par de veces. La primera para decirle que aceptaba el cargo con la condición de que el gobierno le inyectara 30 mil millones de pesos a la universidad (lo que en efecto logró) y la segunda, ya en ejercicio, cuando él la llamó a preguntarle en qué consistía la estratificación  de matrículas que ella acababa de adoptar.  

Tres gobernadores la han conocido

Al preguntarle cómo eran sus relaciones con los gobernadores del Atlántico, la funcionaria responde con el estilo franco y directo que la caracteriza:

“Carlos Rodado al principio fue muy colaborador porque sabía que de él dependía que a esta universidad no la cerraran, pero en un momento dado también se volteó y me quiso sacar. Yo supe que citó a dos miembros del Consejo Superior en Montería aprovechando una visita del Presidente Uribe para que le dijeran al Presidente que me sacara, pero esas personas no sólo no fueron a Montería sino que le dijeron a Rodado que no tenían cómo sustentarle esa petición al Presidente Uribe. Eduardo Verano fue un verdadero desastre; es una persona falsa, que proyecta una imagen de honestidad ante el país pero con la universidad se manejó muy mal. Una vez alguien le dijo, sin ningún fundamento, que yo le iba a vender la sede de 20 de Julio a los Char, e inmediatamente solicitó facultades a la Asamblea Departamental para transferir al Distrito de Barranquilla parte de esa sede a título gratuito. También disminuyó los recursos que la gobernación le daba a la entidad y por no aceptar nuestros argumentos  seguimos empantanados en el tema de la estampilla y de los gastos de funcionamiento de la Secretaría de la Ciudadela. Él decía que quería la universidad, pero la quería para mostrar los edificios nuevos. Además, como posa de ser muy liberal, se sentaba con el sindicato de profesores y con estudiantes de la MANE y armaba estrategias con ellos sin informarme a mí ni a los otros miembros del Consejo Superior, y para completar, le dio proyectos a la CUC y a la Universidad Simón Bolívar que habría podido darle a la universidad para mejorar sus ingresos.  El gobernador Segebre es un tipo bien intencionado; muy ocupado con la situación del sur, pero ya firmó un convenio con la universidad, le asignó recursos de regalías y quiere darle a esta la dimensión que le ha dado la gobernación de Antioquia  a la universidad pública de ese departamento.”

El 80 por ciento de los estudiantes de la universidad son de Barranquilla ¿cómo se han portado los alcaldes con la universidad? 

“El Distrito no le hace aportes a la universidad, salvo por unas becas que otorgaba a través del Instituto Idces –que ya no existe-  y que han venido disminuyendo sistemáticamente en los últimos años. Alex Char propuso darles un subsidio para el Transmetro a los cuatro mil mejores estudiantes y nosotros le hicimos el listado y toda la tarea pero eso nunca se concretó. Con Elsita es muy extraño porque cuando era Secretaria de Hacienda tuvimos muy buenas relaciones pero ahora que es alcaldesa no hemos podido trabajar con ella. Yo traté de rescatar un acuerdo del Concejo que destinaba un porcentaje de ciertos impuestos a la universidad, pero cuando comencé a mover el asunto resultó que un acuerdo posterior había derogado ese aporte. En términos generales la Universidad está muy desprotegida, y si no fuera por los recursos nacionales estaría peor.” 

La universidad y las fuerzas sociales

Cuando la universidad comenzó tenía entre sus miembros al Colegio de Barranquilla para Señoritas, a la Escuela Industrial y a la Escuela de Sabanalarga, entre otras instituciones. Hoy no tiene asiento en su junta ninguna organización social, cultural o académica de la ciudad ni del departamento. ¿Cómo ve usted esa relación entre la universidad y las fuerzas sociales?

“Durante la debacle financiera la universidad vivió una crisis muy grave de confianza, de la que apenas se está recuperando. A pesar de que en las calles la gente dice que por fortuna se recuperó la universidad, yo no veo a la gente defendiéndola como defienden en otras regiones del país a las universidades públicas. Y creo que en eso la falla es de lado y lado, pues nosotros no hemos logrado que la sociedad se comprometa con la universidad. Solo los padres de familia se pronuncian cuando hay rumores de cierre, pero no hay una fuerza social que la defienda; por eso han hecho de todo con ella. Los factores son diversos, por ejemplo: de acuerdo con el estatuto general de la universidad los decanos son los representantes del rector en cada facultad, sin embargo, a los decanos no los nombra el rector sino el Consejo Superior, y yo supe que a varios de ellos los nombraron a cambio de determinadas cosas.  Entonces tienen dos jefes: la rectora y su jefe político, y por más que he insistido en que haya más proyección social y más recursos de autogestión no pasa nada si ellos no lo generan.  

Por otro lado  -y eso no es solo un problema de la Universidad del Atlántico sino de todas-, los profesores universitarios no saben trabajar en equipo y no ven fácilmente la relación que puede haber entre sus investigaciones y las necesidades de la región. Ese es un problema cultural que hay que cambiar.”

¿Qué fortalezas le ha encontrado a la universidad?

“Que a pesar de la crisis la mayor parte del cuerpo docente fue capaz de mantener la universidad abierta y viva. Además es muy fuerte en Bellas Artes, en Ingeniería y en Educación, donde tiene una responsabilidad grande con la calidad de la educación en el departamento.”

Por las medidas que tomó con la facultad de educación los estudiantes le hicieron más de una manifestación el año pasado. En una de ellas bloquearon por más de tres horas la vía de acceso a la universidad. 

“La facultad de Educación era un reducto político que consumía la mitad de los recursos de la universidad. Tenía 17 licenciaturas, lo que implicaba tener 170 cursos de pedagogía, 170 de didáctica, 170 de investigación pedagógica, todo lo cual era altamente ineficiente. Era necesario buscar núcleos comunes  y abrir, por ejemplo,  cursos de matemáticas para estudiantes de todos los programas que necesitaban ver esta materia, en lugar de tener cursos de matemáticas para física, para ingeniería, para economía. Eso me ocasionó líos pero logramos disminuir muchos cursos y ofrecer una pedagogía y una didáctica para todas las licenciaturas.” 

A propósito del  TLC ¿la universidad ha hecho algún estudio sobre las necesidades de formación de Barranquilla y el Atlántico?

“Con los planes estratégicos y de competitividad hicimos una aproximación que dio como resultado los clusters que se plantean para el parque tecnológico.”

¿Por que llevamos tantos años hablando del parque tecnológico y aún no se concreta?

“Porque eso no lo puede hacer la universidad sola  sino que requiere el apoyo de la gobernación y del sector privado, y a pesar de que el gobernador Verano dijo que apoyaba el parque no se metió la mano al dril. Segebre se comprometió a darnos 7 mil millones de pesos de las regalías, pero  entre tanto vamos avanzando en los estudios financieros y jurídicos y en proyectos que deberán estar allí, como el de bioequivalencias que adelanta la facultad de Química y Farmacia.” 

Otro de los caballos de batalla de sus detractores ha sido el de los contratos de sus asesores. ¿Cómo justifica usted esos contratos?

“Uno de los que me critican es el de Gunar Avendaño, a quien traje para que me depurara las acreencias y depuró 27 mil millones de pesos. En términos de costo beneficio creo que se cae de su peso sus honorarios.  Otra es María Eugenia Córdoba, quien ha manejado el proceso de certificación de calidad; ya estamos certificados en ISO 9000 y estamos por certificarnos en lo ambiental. ¿Entonces? Lo que pasa es que no hemos podido tener una planta en carrera administrativa, a excepción de los que permanecieron después de la reestructuración administrativa, porque esa planta nos vale un 40% más y la universidad no tiene en este momento recursos para cubrirlo puesto que primero tiene la obligación de cumplirle a sus acreedores. Ante eso, optamos por hacer órdenes de prestación de servicios por el mismo número de cargos disponibles, que son 172. Para no configurar relación laboral se renuevan cada cuatro meses, por tanto ellos (los detractores) multiplican los 172 por cuatro al año y les da 688 por año, y esto multiplicado por el número de años que llevo en la rectoría pues un valor grande de contratos, pero no, son los mismos 172 cargos aprobados en la planta de personal.

Los otros asesores son los jurídicos, que según la ley no configuran planta paralela porque la defensa de las instituciones se puede contratar, y yo tengo muchas demandas que atender con lo de las pensiones, que en caso de ganarlas nos van a representar recursos importantes y un ahorro hacia el futuro que podrá utilizarse para las actividades misionales de la universidad. Y algo que es difícil decir pero hay que hacerlo: yo no soy de aquí y necesito tener gente de mi confianza, por lo menos en ciertos cargos, porque si no, ¡me meten todos los goles del mundo!”

¿Cómo es que a pesar de haber salvado a la Universidad del cierre, la acusan al mismo tiempo de causarle  detrimento patrimonial? 

“En el año 2000 el gobierno nacional le enviaba a la universidad 9 millones 115 mil  pesos por  estudiante año, que en ese momento eran 10.567. Hoy tenemos 19.080 y nos manda la misma plata a pesos de 2011, o sea que tenemos 5 millones  para cada estudiante, pero si le quitamos a eso lo que tenemos que destinar a las pensiones quedan 3 millones 352 pesos estudiante año. Mientras tanto los gastos,  a pesos de hoy, son los mismos que en el año 2000. Entonces ¿cuál detrimento patrimonial si los gastos se mantienen, aumentamos cobertura, creamos nuevos posgrados, acreditamos programas y aumentamos el número de docentes con títulos de doctorado y  de magister?”

Actualmente la rectora tiene un pliego de cargos en la Procuraduría, proceso que el Secretario General y fiel escudero de la rectora, Gaspar Caamaño, explica por la alianza de los sindicatos con los políticos de la ciudad: “La anterior gobernación fue muy política con la universidad y promovió muchos ataques contra la gestión de la rectora. Uno de sus nichos, la Contraloría departamental, generó unos hallazgos contra la universidad que fueron controvertidos por las conclusiones de la Contraloría General de la Republica, que con criterio un poco más independiente, hizo una auditoria en la misma época, sobre los mismos materiales, y hay que tener en cuenta que por los estatutos de la universidad, la Contraloría General tiene mayor competencia que la departamental para dar su dictamen.”

¿Qué circunstancias o condiciones le han dificultado su trabajo? 

“Que soy paisa, que soy mujer y que no tengo apoyo político.”

¿Qué le gusta y qué no le gusta de Barranquilla?

“No me gusta el machismo, que creo que aquí es más marcado, como lo es también la falsedad; esa que tiene que ver con la cultura politiquera que ha permeado todo. Personas que aparentan ser bacanas pero solo son leales a quienes les garantizan sus privilegios personales. ¿Qué me gusta? El otro lado de la moneda, y mucha gente que no se deja encajar en ese estereotipo costeño de que las cosas se consiguen con influencias y todo se vale. Me gusta esa gente que es auténtica, que es clara, que piensa en la región y en el país, que sabe disfrutar de esta riqueza cultural Caribe sin fanatismos, ni regionalismos inconcebibles en esta época. Y de resto no hay tiempo de que me gusten muchas cosas porque no hago sino trabajar.”

¿Que le gustaría hacer antes de irse?

“Pagar todas las deudas generadas en los años anteriores.  Después de dos años de esfuerzos logramos la aprobación de un nuevo cálculo actuarial, lo que significa que el Ministerio Hacienda y la Gobernación del Atlántico deben pagarnos más de 52.000 millones de pesos, con lo cual se cancelarían las acreencias del Acuerdo de Reestructuración de Pasivos y se tendrían recursos adicionales para la Universidad. También me gustaría dejarla acreditada; ya tenemos acreditados los programas de Historia, Bellas Artes y Química y Farmacia, y esperamos la visita para Economía, pero la meta es la acreditación institucional y estamos en ese proceso. Y dejar andando el parque tecnológico.

Yo creo que me debería ir el año entrante. No lo hago en este momento porque no he terminado de resolver la situación financiera, que era mi responsabilidad. Y Dios quiera que no, pero temo que apenas se resuelva el problema financiero, esto vuelve a ser un botín para los políticos. A mí me preocupa mucho que vaya a haber un reversazo. 

En todas las esferas del país nos hace falta entender la importancia de lo público, que es lo que Antanas Mockus y Sergio Fajardo han tratado de decirnos. Aquí hay que hacer un trabajo grande con la ciudadanía para defender la universidad y a mi me queda complicado porque yo me he tenido que enconchar para poder hacer lo que tenía que hacer. Pero se necesita una persona de aquí, un líder de la región que tome las riendas de  la universidad y empiece a hacer todo un trabajo con la sociedad. La pregunta es ¿Quien?”

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