La cuna de Totó
Al conmemorarse este 1 de agosto el natalicio de Totó La Momposina, la gran cantadora fallecida en mayo pasado en Celaya, México, Cantaclaro trae a sus lectorxs este apartado del primer capítulo del libro Totó. Nuestra diva descalza, en el cual se recrean las diferentes versiones sobre el lugar de nacimiento de la mujer que redefinió la música tradicional colombiana a la vez que proyectó al mundo la música y la identidad caribe del país.
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| Totó al centro con sus hermanas: Consuelo a la izquierda, Aminta a la derecha y su prima Rosario en Talaigua Nuevo, hacia 1943 En Memoria del tambor. Ministerio de Cultura. |
En cierta ocasión, revisando los archivos del Centro de Documentación Musical del Ministerio de Cultura, un funcionario asumió un tono confidencial para preguntarme si yo sabía que Totó en realidad había nacido en Barrancabermeja. «Algo he escuchado», le dije, al recordar un comentario gaseoso que en efecto había oído en Barranquilla. Meses después, el profesor Carlos Mancera (nieto de don Pedro Marcelino Mancera, tío abuelo de Totó) me habló sobre una entrevista que la cantadora le concedió alguna vez a la emisora local de Mompox, en la que le preguntaron de dónde era realmente y ella respondió: «Soy de Barranquilla, de Barranca, de Mompox, de Talaigua, de Cartagena, de toda Colombia soy yo». Carlos buscó infructuosamente entre sus cosas el casete con la grabación de aquella entrevista, pero al no encontrarlo me dijo que la había realizado el periodista Joaquín Castro, admirador confeso de Totó. En efecto, Castro me refirió la anécdota días después en Talaigua, en presencia de Fernel Matute y del alcalde Clemente Ortiz, no sin advertirme que cualquier versión sobre Barranca como cuna de Totó carecía de fundamento.
Entre los recuerdos de Totó hay una imagen que ella no pudo
precisar del todo, pero que corresponde, probablemente, a uno de los viajes
entre Mompox y Barranca, y en cierta forma resume los nexos territoriales que
dieron origen a su nacimiento en esa gran comarca anfibia que forma el
Magdalena antes de aproximarse al mar.
—Era un barco pintado de blanco con puertas azules, la rueda
era color café y la mampostería de la proa era blanca. Nosotros no dormimos en
camarotes sino en hamacas. ¿A dónde llegamos? Yo no sé. Lo único que sé es que
nosotros, y no solamente los Bazanta, sino todo talaigüero y toda persona de la
ribera del Magdalena, tenemos una relación estrecha con Barrancabermeja.
Nuestra partida de bautismo es de Barranca y nosotros vivimos allí parte de
nuestra infancia, inclusive hay fotos, que creo que es la primera de nosotros,
tirados una estera en la casa de Barranca.
Con el testimonio que el señor Juan Matute me dio un día de
diciembre de 2002, sentado en un taburete de cuero en la cocina de su casa de
Talaigua, di por hecho que la primogénita de Livia y Daniel había nacido, en
efecto, en la naciente y ardiente ciudad petrolera. Al fin y al cabo, Matute
era un amigo de los Bazanta Vides que se había ido para Barrancabermeja y
frecuentaba por aquel entonces a la pareja.
—Yo me había ido en el año 1939 a trabajar en la finca del
señor Daniel Benítez. De ahí, un amigo de Talaigua me consiguió trabajo en la
compañía petrolera y fue entonces cuando me encontré con ellos en Barranca.
Daniel Bazanta trabajaba con el señor Alfonso Altahona, hijo natal de Santa
Ana, Magdalena, que tenía allí su zapatería. Sonia nació en esa casa, que
estaba frente a la del señor Plutarco Vargas, quien tenía el almacén más grande
de Barrancabermeja en ese momento. Recuerdo que Totó nació con la cabeza rambaíta,
sin un solo pelito.
Esta versión me fue confirmada luego por doña Livia, pero años
más tarde el escritor Álvaro Miranda (2014) recogería una versión distinta que
nuevamente deja en el lugar de la leyenda el sitio geográfico exacto donde Totó
La Momposina respiró por primera vez.
El texto fue encargado por el Ministerio de Cultura al poeta y
narrador samario con motivo de la entrega a Totó del Premio Nacional Vida y
Obra 2011, y Miranda, como buen apasionado por la historia, investigó a fondo y
entregó una crónica excepcional y bellamente ilustrada sobre la vida de la
cantadora homenajeada (Totó la Momposina. Memoria del tambor), y en ella Totó reafirma su natalicio en Talaigua, aunque
admite que su partida de bautismo, así como las de sus hermanas, fueron de
Barrancabermeja.
De esa publicación quiero citar precisamente el pasaje que se
refiere al nacimiento de Totó, bellamente reconstruido por el escritor:
Livia Vides Mancera oía sonar los
silbidos de las brisas que movían las altas palmeras del patio de su casa.
Sudaba en medio del calor de aquel jueves 1 de agosto de 1940. A su lado estaba
la tía Pudelcina, que cargaba una palangana de agua caliente con toallas para
ayudar a atender el parto de su sobrina. Livia, a sus 20 años, estaba dando a
luz a su primera hija, a quien llamaría Sonia María. Las mujeres de la casa,
hermanas de la joven en trabajo de parto, habían abandonado sus oficios del
día. Todas estaban como vírgenes necias en su trajín de parteras para que nada
saliera mal. La tía recordaba cómo dos décadas atrás, la madre de la que ahora
iba a dar a luz, había muerto en el momento de nacer su hija.
El llanto de un recién nacido se
escuchó: era una niña. Después de bañarla la envolvieron en una sábana blanca y
la colocaron al lado de la parturienta que sonreía. La niña, de cara redonda
iluminada por un par de ojos rasgados, dejaba ver unos débiles cabellos. Sonia
Bazanta, tranquila bajo el seno de su madre, no percibía el paso del tiempo. Un
olor a tierra caliente se esparcía por el aire.
Crecía en la pobreza, en medio de las
limitaciones que no eran impedimento para que se desplazara con sus padres de
Talaigua a Mompox en planchones o piraguas del río Magdalena. Ahí escuchaba el
sonar de los tambores. «Quien sabe por qué mi mamá insiste en que yo nací en
Barranca, pues yo recuerdo que muy pequeñita, con mi hermana vivíamos en
Talaigua donde yo nací, en una casa de techo de paja, con cama de horqueta. Nos
metíamos todos bajo un toldillo amarillo y mi mamá nos echaba fresco y nos
cantaba». (Miranda, 2014, p. 8)
La pertenencia a Talaigua es reivindicada no solo por la
artista sino por la misma población, que se enorgullece de tenerla como una de
sus hijas. Sin embargo, el apelativo de La Momposina ha sido la causa de
una situación paradójica: durante muchos años provocó los celos de Talaigua y
el orgullo de Mompox, pero cuando Talaigua se erigió en municipio y Totó
comenzó a reconocerla como su patria chica, los momposinos se sintieron
traicionados y los talaigüeros que se había hecho justicia. De todas maneras,
Totó ya no podía dejar de llamarse La Momposina y ello impide, por
ejemplo, que la Casa de la Cultura de Talaigua lleve su nombre. Uno de los
comentarios que me hicieron cuando fui a la alcaldía a buscar algunos datos,
fue que a esta casa, inaugurada en 1999, quisieron ponerle Totó La Momposina, «pero
como esto no es Mompox, no se pudo…». Lo que unos y otros no terminan de
comprender es que Totó, en últimas, ya no representa solo a la depresión
Momposina y a la región Caribe sino también a todo el país.
Y Talaigua es, finalmente, la verdadera matriz familiar y cultural de su linaje. De la misma manera que el poeta Raúl Gómez Jattin, nacido en Cartagena, decía que era de Cereté porque de allí eran su patio y sus raíces. De casos similares está llena la historia de muchas figuras del arte, el deporte o la política, porque a veces el lugar de nacimiento resulta ser producto de un hecho fortuito que no genera sentido de pertenencia.
Cuando Livia y Daniel llevaban cinco años «comprometidos»
decidieron casarse por la iglesia y las tres niñas, Sonia, Consuelo y Aminta,
fueron las damas de honor. Toda la familia asistió a la ceremonia y les ayudó a
comprar los muebles.
Totó. Nuestra diva descalza. Cap.1. La memoria de Livia Vides. Patricia Iriarte





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