jueves, abril 25, 2013

Cartas en el asunto


Soy parte de ese grupo de ciudadanos y ciudadanas que hacen su aporte al desarrollo de la ciudad desde diversas áreas de la actividad cultural, y que este año le han dirigido dos cartas a la alcaldesa Elsa Noguera De la Espriella; cartas en las que se plantean diversas situaciones relacionadas con el patrimonio cultural de la ciudad, y que piden su intervención como primera autoridad del Distrito. En esta entrada publicamos las dos misivas, para información de los lectores y lectoras. La primera  también fue dirigida a la Dra. Carla Celia, directora de la Fundación Carnaval S.A.  y la segunda, firmada por el Consejo Distrital de Literatura, aunque sólo fue radicada oficialmente la semana pasada, fue remitida al correo electrónico de la alcaldesa el pasado 16 de marzo. Ninguna de las dos cartas ha sido respondida, a pesar de que uno de los remitentes es un órgano de participación y asesoría del Sistema Distrital de Cultura y requiere una respuesta oficial.

Es necesario aclarar que el Consejo Distrital de Cultura inició hace varios meses una interlocución con  el Secretario de Cultura Afif Siman en torno al tema de la casa donde habitó Meira Delmar, pero las gestiones adelantadas no habían arrojado avances, razón por la cual este organismo decidió recurrir a la Alcaldesa. 



El jueves pasado, en el marco de la Feria del Libro, tres integrantes del Consejo tuvimos la oportunidad de tocar el tema con la doctora Elsa Noguera y ésta nos informó que no había recibido la carta, pero dio instrucciones al Doctor Afif Siman para que se trabajara en el asunto de la casa de Meira. Mi propuesta, en este sentido, es que se convoque a una mesa de trabajo con participación de los herederos de la casa, el Consejo Distrital de Cultura, el Comité pro Casa de Meira y la Secretaría Departamental de Cultura del Atlántico. 

Sin más preámbulos, las cartas en cuestión.



Patricia Iriarte


Carta Abierta de los Pensadores del Carnaval


Barranquilla 30 de Enero de 2013

Doctora
ELSA NOGUERA
Alcaldesa de Barranquilla.

Doctora
CARLA CELIA
Directora Carnaval S.A.

Hace ya 10 años que nuestras históricas fiestas de Carnaval fueron declaradas patrimonio intangible, oral e inmaterial, de la humanidad, por la UNESCO, entidad que desde aquel momento señaló las pautas  consignadas en un Plan Decenal de Salvaguarda para preservar el tesoro invaluable que es esta tradición festiva del Caribe colombiano.

En este 2013, por coincidencia, celebramos dos aconteceres de significativa importancia para nuestra ciudad: 200 años de haber sido erigida en Villa el Sitio de Libres que éramos, y la declaratoria como Capital Americana de la Cultura. No obstante un sinnúmero de esfuerzos realizados por diferentes actores y gremios culturales por promover la discusión abierta sobre el tema, la ciudad sigue adoleciendo de adecuados espacios de interlocución que promuevan la consolidación en materia de cultura y, con la salvedad de algunos avances, aun no se ha implementado en el Distrito de Barranquilla  una política pública concertada y participativa para el sector cultural. Así, seguimos adoleciendo de un derrotero en donde se enmarquen las diferentes expresiones, propuestas, seguimientos o balances sobre el sector.

En el marco de estas celebraciones nosotros, actores y gestores del sector cultural, preocupados por propiciar una discusión serena de cara a la ciudadanía sobre el futuro de nuestro hacer cotidiano, nos permitimos hacerles llegar las siguientes reflexiones y consideraciones:

Las diferentes celebraciones, actividades y aspectos culturales deben responder a un plan consensuado y participativo, con el concurso de todas las fuerzas vivas de la ciudad. Barranquilla debe armonizar y priorizar su vida cultural como uno de los aspectos estratégicos de su desarrollo económico y social.

El balance de los avances logrados en la elaboración y aplicación del Plan de Salvaguarda muestra un saldo preocupante, de tal manera que ya es notorio el riesgo de mantener nuestro Carnaval como Patrimonio de la Humanidad.

Estamos a la expectativa por lo que se conoce acerca del incumplimiento del fallo judicial que dejó sin piso legal la forma organizativa que se le venía dando al Carnaval, y de la obligación del Distrito de asumir el manejo de las fiestas a través de una nueva estructura institucional. La solución sobre la estructura de la entidad operadora de las fiestas aún no recoge el grado de inclusividad y democracia requerido y, si es así, seguramente nos veremos abocados a un tortuoso camino de pleitos jurídicos, producto de un mal abordaje de esta disputa.

Ojalá que este año las medidas tomadas impidan que tengamos que soportar nuevamente los abusos de la comercialización y los excesos de grupos con privilegios en los diferentes desfiles, en desmedro y atropello de los hacedores centenarios, especialmente protegidos por UNESCO.

Una vez transcurridas las festividades del presente año debiéramos generar eventos de reflexión e intercambio con Uds.,  autoridades Distrital y del Carnaval, que permitan evaluar esos tópicos en el contexto de la construcción de una política pública en el ámbito de la cultura.
Por estas razones consideramos de suma importancia abrir un espacio de deliberación e incidencia pública alrededor de la cultura en el Distrito de Barranquilla, desde una perspectiva incluyente, de formulación de políticas públicas y fortalecimiento de los actores sociales involucrados.

Quisiéramos encontrar las puertas abiertas de la comprensión y el diálogo ciudadano con nuestras autoridades culturales para trabajar conjuntamente en función de estos propósitos,

De Uds., atentamente,



Álvaro Suescún     Mariano Candela          Miguel Iriarte
Laurian Puerta              Mónica Lindo               Chelito de Castro
Eduardo Márceles              Patricia Iriarte               Numas Armando Gil
Ricardo de León                  Tony Montealegre          Diógenes Rosero.



Sobre esto estamos también a la espera de que El Heraldo convoque la segunda tertulia sobre el Carnaval, como lo anunció en la tertulia realizada unos días antes de las festividades de este año.



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Solicitud de inicio de las negociaciones con la familia Chams 



Barranquilla, marzo 11 de 2013



Señorita
Elsa Noguera De la Espriella
Alcaldesa de Barranquilla
Ciudad


Apreciada Alcaldesa:

Estamos a pocos de días de que se cumpla el cuarto aniversario de la muerte de nuestra gran poetisa Meira Delmar, un 18 de marzo de 2009. A finales del año 2010 un grupo de personas del sector cultural de la ciudad, con el respaldo de 600 firmas de ciudadanos , artistas y escritores de todo el país, elevó una solicitud al entonces alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, y al señor gobernador, Eduardo Verano de la Rosa, para que como primeras autoridades del Distrito y el Departamento, respectivamente,  tomaran la decisión de adquirir la casa donde habitó la poetisa, consagrando el lugar a la preservación de su memoria y de su obra, mediante el establecimiento de un centro cultural dedicado a la formación y la promoción de la literatura y el arte en general.



Hasta el escritor William Ospina firmó en el 2010 la
primera comunicación que se dirigió a las autoridades para
que tomen cartas en el asunto de la Casa de Meira.
En ese momento nuestra solicitud no fue escuchada, pero hoy el Consejo Distrital de Literatura levanta nuevamente la bandera y solicita formalmente a la Alcaldía Distrital y a su Secretaría de Patrimonio, Cultura y Turismo, que le de su respaldo a esta iniciativa e inicie las negociaciones con los señores representantes de la familia Chams. Creemos que sólo su liderazgo podrá allanarle el camino a un proyecto que sin duda le hará justicia a la memoria de Meira, retribuyendo en mínima parte el aporte que ella le hizo a la ciudad y a la literatura colombiana.
El proyecto de convertir la casa de Meira en un espacio para la cultura espera desde hace dos años que exista la voluntad política de hacerlo realidad, por eso lo hemos puesto en conocimiento del señor Secretario de Cultura y hoy le rogamos, señorita Alcaldesa, tomar en sus manos esta propuesta en el año del Bicentenario y de la Capitalía Americana de la Cultura, otorgándole a la ciudad un regalo perdurable, como la obra de Olga Chams Eljach, nuestra amada Meira Delmar.

Nosotros desde la sociedad civil, y como representantes del área de literatura, pondremos todo cuanto esté a nuestro alcance para movilizar las voluntades en torno a este loable propósito.

De usted atentamente,


Fabiola Acosta Amaury Díaz Patricia Iriarte
Presidenta         Secretario Consejera







miércoles, abril 10, 2013

Segunda oración por la paz


Texto del escritor William Ospina leído en la marcha  realizada el 9 de abril de 2013 en Colombia para apoyar los diálogos de paz con la guerrilla. Se llama Segunda oración por la paz porque el 7 de febrero de 1948 el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán pronunció por primera vez su Oración por la Paz de Colombia.


"Hace 65 años se alza desde esta tribuna un clamor por la paz de Colombia.

65 años es el tiempo de una vida humana. Eso quiere decir que toda la vida hemos esperado la paz. Y la paz no ha llegado, y no conocemos su rostro.

Es un pueblo muy paciente un pueblo que espera 65, 70, 100 años por la paz. Cien años de soledad. Un pueblo que trabaja, que confía en Dios, que sueña con un futuro digno y feliz, porque, a pesar de lo que digan los sondeos frívolos, no vive un presente digno y no vive un presente feliz.

Aquí no nos dan realidades, aquí se especializaron en darnos cifras. El pueblo tiene hambre pero las cifras dicen que hay abundancia, el pueblo padece más violencia pero las cifras dicen que todo mejora. El pueblo es desdichado pero las cifras dicen que es feliz.

Ahora comprendemos que un pueblo no puede sentarse a esperar a que llegue la paz, que es necesario sembrar paz para que la paz florezca, que la paz es mucho más que una palabra.

El verdadero nombre de la paz es la dignidad de los ciudadanos, la confianza entre los ciudadanos, el afecto entre los ciudadanos. Y donde hay tanta desigualdad, y tanta discriminación, y tanto desprecio por el pueblo, no puede haber paz. Allí donde no hay empleo difícilmente puede haber paz. Allí donde no hay educación verdadera, respetuosa y generosa, qué difícil que haya paz. Allí donde la salud es un negocio, ¿cómo puede haber paz? Donde se talan sin conciencia los bosques, no puede haber paz, porque los árboles, que todo lo dan y casi nada piden, que nos dan el agua y el aire, son los seres más pacíficos que existen.

Donde los indígenas son acallados, donde son borradas sus culturas, donde es negada su memoria y su grandeza, ¿cómo puede haber paz? Donde los nietos de los esclavos todavía llevan cadenas invisibles, todavía no son vistos como parte sagrada de la nación, ¿a qué podemos llamar paz?

La paz parece una palabra pero en realidad es un mundo. Un mundo de respeto, de generosidad, de oportunidades para todos.

Y hay que saber que lo que rompe primero la paz es el egoísmo.

El egoísmo que se apodera de la tierra de todos para beneficio de unos cuantos, que se apodera de la ley de todos para hacer la riqueza de unos cuantos, que se apodera del futuro de todos para hacer la felicidad de unos cuantos. De ahí nacen las rebeliones violentas, y de ahí nacen los delitos y los crímenes.

Hemos ido aprendiendo a saber qué es la paz… haciendo la suma de lo que nos falta.

La paz es agua potable en todos los pueblos y agua pura en todos los manantiales. No hay paz con los ríos envenenados, con los bosques talados y con los niños enfermos por el agua que beben.

La paz es trabajo digno para tantos brazos que quieren trabajar y a los que sólo se les ofrecen los salarios de sangre de la violencia y del crimen.

La paz son pueblos bellos y ciudades armoniosas, que se parezcan a esta naturaleza. Porque las montañas, los ríos, las llanuras, las selvas y los mares de Colombia son la maravilla del mundo, y no hemos aprendido a habitarlas con respeto, a aprovecharlas con prudencia, a compartirlas con generosidad.

Porque la idea de generosidad que tienen muchos grandes dueños de la tierra tiene un solo nombre: alambre de púas. Esa idea medieval de tener mucha tierra, mientras las muchedumbres se hacinan en barriadas de miseria.

Pero es que la paz verdadera exige no sólo un pueblo respetado y grande y digno sino una dirigencia verdadera. Y no es una gran dirigencia la que se esfuerza veinte años por que le aprueben un Tratado de Libre Comercio, y cuando le aprueban el Tratado la sorprenden con un país sin carreteras y sin puertos, con una agricultura empobrecida, con una industria en crisis, confiando sólo en vender la tierra desnuda con sus metales y sus minerales para que la exploten a su antojo las grandes multinacionales. Ahí no sólo falta generosidad sino inteligencia, ahí faltan grandeza y orgullo.

En cualquier país del mundo un tratado de libre comercio se negocia poniendo como primera prioridad qué necesitan y qué consumen los propios nacionales. ¿Por qué tiene que ser la prioridad poner oro en las mesas de otros antes que poner alimentos en nuestras propias mesas?

Hoy el mundo se ha lanzado a un obsceno carnaval del consumo. Pero esos países que divinizan el consumo, como los Estados Unidos y Europa, por lo menos han tenido la prudencia de garantizarles primero a sus pueblos agua limpia, vivienda digna, educación seria y gratuita, salud para todos, trabajo y salarios decentes, una economía que se esfuerza por ofrecer empleo de calidad, que no llama trabajo como aquí al rebusque desesperado, ni a la mendicidad, ni al tráfico violento de todas las cosas.

Si por lo menos cumpliéramos con brindar a los ciudadanos las prioridades básicas de una vida digna, no sería tan absurdo que nos predicaran ese evangelio loco del consumo, pero aún así tenemos que pensar con responsabilidad en el planeta, para el que ese consumo indiscriminado es una amenaza. Tenemos climas frágiles porque tenemos ecosistemas ricos y preciosos, que producen agua y oxígeno para el mundo entero.

Colombia es un país de tierras bellísimas y de climas benévolos, esto no es Europa ni los Estados Unidos, donde el clima exige millones de cosas, aquí podemos vivir una vida sencilla en un paisaje maravilloso, aquí no habría que refugiarse en ciudades malsanas y estridentes, el país es de verdad La Casa Grande. ¿Qué nos impide esa felicidad? La desigualdad y la violencia. La codicia que pasa por encima de todo.

La naturaleza no es una mera bodega de recursos sino un templo de la vida. Pero una lectura equivocada del país y una manera mezquina de administrarlo han convertido este templo de la vida en una casa de la muerte.

Hace 65 años Gaitán clamaba aquí por la paz. Sus enemigos no sólo lo mataron sino que llevaron al país a una guerra, a una violencia que acabó con 300.000 personas. El país entero entró en una orgía de sangre. Y perdimos el sentido de humanidad, y casi nos acostumbramos al horror, y dejamos de estremecernos con la muerte. El tabú de matar se perdió, Colombia se volvió tolerante con el crimen, y en el último medio siglo es posible que por falta de paz y de solidaridad haya muerto en Colombia otro medio millón de personas.

Y cada día que tardan en firmar un acuerdo el gobierno y las guerrillas, más muertos de todos los bandos, más víctimas, se suman a esa lista. Porque no es sólo el conflicto en los campos: bajo la sombra de ese conflicto prosperan las guerras de supervivencia en las ciudades, la violencia de las mafias, el delito, el crimen, la violencia intrafamiliar, el desamparo, la ignorancia.

Pero es que lo único que detiene a la mano homicida es sentir que lo que le hace a su víctima se lo está haciendo a sí mismo. Lo único que detiene esa mano es la compasión, y para que haya compasión hay que sentir al otro como a un hermano, como a un milagro de la vida, efímero, precioso, irrepetible. Si no sentimos eso no sentimos nada. Sin ese respeto profundo por los otros nadie siente verdadero amor por sí mismo.

Pero para que haya ese afecto profundo por los conciudadanos hay que haber sido educados en la generosidad, bajo unas instituciones generosas, hay que haber sido querido. Al que no es valorado en su infancia, respetado, apreciado, ¿cómo pedirle que quiera, que respete, que valore a los otros?

Por eso es tan ciega una sociedad que no da nada y en cambio pide todo. Que da adversidad, obstáculos, discriminación, pero pide a los ciudadanos que se comporten como si hubieran sido educados por Sócrates o por Francisco de Asís. El estado se volvió irresponsable, los ciudadanos le perdieron el respeto al estado, y el estado les perdió el respeto a los ciudadanos. En ningún país se exigen tantos trámites para cualquier cosa. Y el que está en desventaja es el que no tiene recursos para sobornar, para abreviar los trámites, para correr con éxito de oficina en oficina. Con mucha frecuencia el estado no facilita la vida sino que es un estorbo para las cosas más elementales.

Las cárceles están llenas de seres que no recibieron nada, que fueron educados en la dureza y en la precariedad, y a los que la sociedad les exige lo que nunca les dio. Porque aquí sólo les exigimos respeto a los que nunca fueron respetados.

Es necesario gritar que nuestro pueblo no es un pueblo malo sino un pueblo maltratado. Y todavía a ese pueblo maltratado y admirable vamos a pedirle, aunque no tenemos derecho a hacerlo, vamos a pedirle que nos dé un ejemplo de su espíritu superior; vamos a pedirle que, a cambio de un acuerdo esperanzador entre los guerreros, sea capaz de perdonar.

No hay ceremonia más difícil y más necesaria que la ceremonia del perdón. Pero es el pueblo el que tiene que perdonar: no la dirigencia mezquina ni la guerrilla violenta que tomó las armas contra ella. Y sin embargo todos tendremos que participar, humilde y fraternalmente, en la ceremonia del perdón, si con ello abrimos las puertas a un país distinto, más generoso, que deponga las armas fratricidas, que abandone los odios y que construya un futuro digno para todos, pero sobre todo un futuro de dignidad para los que siempre fueron postergados.

Desde hace 65 años pedimos la paz, suplicamos la paz, esperamos la paz. Hoy ya no podemos pedirla ni suplicarla ni esperarla. Si se logra un acuerdo entre el gobierno y las guerrillas, tenemos que construir la paz entre todos, la paz con una ley justa, la paz con una democracia sin trampas, la paz con un afecto real en los corazones, la paz con verdadera generosidad. Y la única condición para que esa paz se construya es que no maten la protesta, que no aniquilen la rebeldía pacífica, que dejen florecer las ideas, que permitan a este país grande y paciente ser dueño de sí mismo y de su futuro.

Esa paz que construiremos será un bálsamo sobre esos miles de muertos que se fueron del mundo sin amor, a veces sin dolientes, a veces sin un nombre siquiera sobre su tumba.

Entonces sabremos que la paz no es sólo una palabra, que la paz es convivencia respetuosa, prosperidad general, justicia verdadera, campos cultivados, empresas provechosas, bosques y selvas protegidos, ríos que tenemos que limpiar y manantiales a los que tenemos que devolver su pureza.

Y que otra vez haya venados en la Sabana y bagres sanos en el río, que salvemos la mayor variedad de aves del mundo, que vuelen las mariposas de Mauricio Babilonia, y que los caballos de Aurelio Arturo vuelvan a estremecer la tierra con su casco de bronce, y que haya hombres y mujeres pescando de noche en la piragua de Guillermo Cubillos, y que el viajero que encontremos por los campos a la luz de la luna no nos produzca terror sino alegría.

Que haya cantos indios por las sabanas de Colombia, y arrullos negros en los litorales, y que las armas se fundan o se oxiden, y que haya carreteras y puertos, y barcos y trenes que nos lleven a México y a Buenos Aires, y que nuestros jóvenes tengan amigos en todo el continente, y que sólo una industria se haga innecesaria y necesite ayuda para cambiar su producción: la industria de las chapas y los cerrojos y los candados y las rejas de seguridad, porque habremos logrado que cada quien tenga lo necesario y pueda confiar en los otros.

Porque la paz se funda en la confianza y en la sencillez, y en cambio la discordia necesita mil rejas y mil trampas y mil códigos. Aquí, por todas partes, están los brazos que van a construir ese país nuevo, los pies que van a recorrerlo, los cerebros que van a pensarlo, y los labios del pueblo que lo van a cantar sin descanso.

Que hasta los que hoy son enemigos de la paz se alegren cuando vean su rostro.

Que llegue la hora de la paz, y que todos sepamos merecerla."

William Ospina



domingo, marzo 03, 2013

200 de ciudad


Bajo este título se publicará en este blog una serie de notas de Mara del Río sobre la experiencia de vivir en este distrito comercial y portuario de Barranquilla, doscientos años después de que la Gobernación de Bolívar decidiera elevar a la categoría de Villa aquel pujante villorrio ubicado en las bocas del Magdalena.

Las entregas estarán acompañadas de fotografías que buscan reflejar diversos momentos y lugares de la ciudad y sus espacios públicos, ilustrando las impresiones de una ciudadana que ha tenido la suerte de conocer otras ciudades y tiene la posibilidad de establecer contrastes entre la forma de habitar (y de administrar esta ciudad) y la otra manera en que podríamos hacerlo –más madura, más responsable, más grata para todos y todas.

I. Las calles de Barranquilla

Por Mara del Río


En esta “aventura” que es ser barranquillera por adopción, como tantos otros habitantes del Distrito, no ceso de preguntarme por qué somos como somos en esta ciudad de locos. 



En la costumbre nostálgica de los barranquilleros, cada vez que se habla de las calles de la ciudad se mencionan los antiguos nombres con que  éstas se conocieron a finales del siglo 19 y principios del 20. Pero no es a eso a lo que quiero referirme, sino a las calles de ahora. Calles que amo recorrer y sobre todo, observar. Me gusta buscar esquinas gemelas, como la 45 con 45, la 44 con 44, la 33 con 33, la 22 con 22. Me gusta observar a sus  gentes; lo que hacen, lo que visten, lo que dicen, el volumen en que lo dicen, la forma como lo dicen, la manera como se comportan en la ciudad. Con la ciudad.



 Las calles son, en parte, la piel de la urbe. La superficie de contacto entre ciudad y ciudadanos, el espacio de intercambio de golpes o caricias. La de Barranquilla es una piel deteriorada, marcada por cicatrices, por acné, por eccemas, por erupciones y pústulas que afean su cuerpo y le hace crear, con sus habitantes, una difícil relación en la que todos salimos lastimados. 
Cra 54 con 70, a la entrada del Hotel El Prado.


Llevo casi una década (el cinco por ciento de esos 200 años) recorriendo la ciudad en motocicleta, el medio de transporte que permite, entre otras, un contacto más íntimo con esa piel. Desde la moto se siente directamente en los riñones cualquier irregularidad en la calzada, y hay que estar muy alertas para evadir ciertos obstáculos que solo en Barranquilla se encuentran. Por ejemplo, los trozos de cable eléctrico que cuelgan de las redes justo a la altura de la cabeza del conductor, o las zanjas atravesadas de acera a acera, traicioneras, ineludibles, dañinas para la moto, el carro, la bici y el genio de quien maneja.  Las zanjas son una verdadera pesadilla, una infección hasta ahora incurable en la piel de la ciudad, producto de la irresponsabilidad de las empresas de servicios que abren la brecha para hacer trabajos y no la cierran o la cierran tan mal que a los pocos días, a veces horas, la zanja queda abierta como una herida más, dificultando la movilidad y afeando la cara de la urbe.


Reparcheo en la intersección de la Cra 54 con calle 70: como marcas de viruela en la cara de esta importante esquina. 




Estado del bulevar de la Cra 54 con calle 64


Pero una de las más extrañas afecciones que sufren las calles de Barranquilla son los cráteres que se abren de un día para otro en el pavimento. He llegado a pensar que hay una raza extraterrestre que nos ataca en las noches, haciendo caer aquí y allá una enorme bola de acero que deja las calles inservibles. Cráteres que aparecen de manera indiscriminada pero que parecen tener preferencia por las calles donde se encuentran las clínicas, las universidades y el sector patrimonial de la ciudad. De unos días para acá han comenzado a pavimentar algunos tramos de la carrera 54, pues es inconcebible que la arteria que va desde la Vía 40, pasando por la Casa del Carnaval, el Teatro Amira de la Rosa, Teatro José Consuegra, Escuela de Bellas Artes, y todo el viejo Prado hasta la calle 76, se encuentre en un estado tal de abandono que da vergüenza con los visitantes que vienen a conocer el barrio el Prado y todo un sector que deberíamos mantener como una tacita de plata por su valor urbanístico. No es congruente, y uno no se explica por qué los dirigentes de la ciudad no se percatan de esto, con las grandes inversiones que están haciendo en hoteles cinco estrellas, centros comerciales y edificios suntuosos. ¿Qué clase de ciudad es esta?


Uno de los cráteres de la Cra 49C.


No, no es fácil transitar por estas vías. Movilizarse en forma fluida es un placer que en muy pocas calles se puede disfrutar, y no sólo por cuenta de estas llagas sino de otros obstáculos que ponen en aprietos a automovilistas, motociclistas, ciclistas, peatones, ‘carroemuleros’ y carretilleros. Todos nos movemos por las mismas rutas pero no todos transitamos en el mismo sentido. Los carros de mula y carretillas, por ejemplo, no tienen problema para meterse en contravía por avenidas, arterias o calles secundarias, como si fuéramos todavía la villa de 1813. Los buses no saben lo que es ceder el paso, y los dueños de camionetas se consideran superiores al resto de la humanidad y por tanto con derecho a pasar primero y por encima de todos. Pero de las camionetas y otras hierbas urbanas me ocuparé en una próxima ocasión.


Estado de la calzada en la zona patrimonial de Barranquilla.



viernes, marzo 01, 2013

Barranquilla estrenará Festival de Cine


La Fundación Cámara Oscura organiza este nuevo evento cultural, que busca insertar a Barranquilla en el circuito internacional de festivales de cine. Selección especial, largos de ficción, documentales y cortos, serán las categorías que trae el FICBAQ en esta primera versión, además de foros, talleres, cine al aire libre y video maping, entre otros atractivos. La ceremonia de apertura será el sábado 16 de marzo a las 7:00 p.m. en la Plaza de la Aduana con una proyección de La langosta azul, de Alvaro Cepeda Samudio, y se prolongará hasta el sábado 23.


lunes, febrero 11, 2013

Visajes de Carnaval

Vea la Galería de imágenes en Flickr.

jueves, febrero 07, 2013

Un Carnaval para aceitar la imaginación (II)



Angel Loochkartt.
Me decía el maestro Angel Loochkartt, quien este año fue homenajeado por el Carnaval de las Artes por su maestría y su aporte a las artes plásticas, que este evento “Le da peso intelectual al Carnaval de Barranquilla y hace sentir que el carnaval no es solo disfraz, no es solo rumba, no es solo danza, sino que hay unas bases de pensamiento crítico y analítico sobre problemáticas del arte en general. De allí que invite siempre a personajes prominentes de cada disciplina. Con el Carnaval de las Artes Barranquilla se deja sentir.”

El pintor barranquillero, que es un surtidor permanente de creatividad y producción, lo dice justo cuando la ciudad comienza a volver los ojos sobre el Carnaval como expresión cultural; 10 años después de su declaratoria como parte del patrimonio humano.  

Las discusiones continúan y continuarán entre los propietarios del negocio, los actores, los gestores, los dirigentes y los dolientes del Carnaval, pero entre tanto hay trabajadores consagrados a hacer realidad la fiesta año tras año. Miles de bailarines, artesanos, músicos, costureras, zapateros, utileros y de docenas de oficios más cumplen cada año la cita con su carnaval, ajenos a los avatares políticos y económicos de la organización responsable. Y así como ellos, muchos artistas y organizaciones independientes ponen también su grano de arena con eventos como la Carnavalada, la Noche de Tambó, la Noche del Río, los bailes de disfraces, los salones burreros, los festivales de música y tradición y toda una constelación de esfuerzos solitarios. 

El Carnaval de las Artes es una de esas empresas quijotescas que la gente se inventa para celebrar el carnaval. Quijostesca como pocas.

Para Alvaro Suescún, en esta oportunidad fue mayor la incidencia reflexiva. Dice el escritor: "En una suerte de invitación para formar intelectuales críticos, Armand Matelartt, Matt Dillon, Astrid Hadad, Henry Fiol, el profesor Raúl Cuero, Martín Caparrós, y el grupo de teatro Pé de Vento, nos mantuvieron a flote en ese pequeño mar de sorpresas en que estuvimos inmersos.  Capítulo aparte merece la exposición y el reconocimiento a ese gran cultor de las artes plásticas que Barranquilla le ha entregado al mundo, Ángel Loochkartt, bien secundado por Nani y Valerio Bindi, en una exhibición que recordaremos por mucho tiempo."

No faltan, por supuesto, los críticos del evento, especialmente por lo que consideran la poca presencia del talento local y regional en el programa, o la avanzada edad de ciertos artistas internacionales invitados, o detalles de la logística, o fallas en el protocolo. Lo cierto es que el Carnaval de las Artes no cuenta con un equipo permanente y una organización como la de que dispone el Hay Festival o el Festival Iberoamericano de Teatro o el de Música Clásica de Cartagena. En materia organizativa, y a sus siete años de edad, el Carnaval Internacional de las Artes es, en cierto modo, un embrión que debe desarrollarse en pocos meses para cumplirle al público y abrir el telón una semana antes de carnavales. Por eso algunos errores se vuelven a sentir y por eso se requeriría un fortalecimiento organizativo que le permita consolidar el equipo de trabajo y dedicarle más tiempo y más gente a la organización. Un tema para el que también se requieren recursos.

La entrevista con Heriberto Fiorillo y Efraim Medina prosigue mientras se acerca el mediodía y la oficina se va desocupando poco a poco.

- ¿Conseguir el apoyo para esto es más fácil ahora o sigue siendo tan difícil como al principio?

Efraim Medina y Heriberto Fiorillo - 
Foto de El Heraldo
H.F.:  No se puede meter a todo el mundo en el mismo saco. El Estado, que en este caso es el Ministerio de Cultura, la alcaldía y la gobernación, responde cada uno a su manera. En el caso de Mincultura hemos tenido más apoyo porque tenemos la suerte de que la actual ministra viene de una experiencia parecida en Cali y sabe lo que cuesta hacerlo, y ha venido a verlo. En la alcaldía depende quien esté de alcalde y la gobernación este año redujo su aporte. Entre un gobernador y otro puede haber una gran diferencia. Lo mismo en la empresa privada; en nuestros créditos hay un montón de gente: desde las grandes empresas que dan una suma importante, hasta las pequeñas, que dan entre 1 y 5 millones de pesos.

- ¿A qué se debió la reducción este año de un día de actividades?

H.F.:  Lo que pasó fue que en el evento anterior tiramos la casa por la ventana,  quisimos ser más generosos y trajimos más gente de la que podíamos traer, así que este año tuvimos que ajustarnos.

- Hablemos del diseño y  producción del espectáculo, ¿Cómo se hace?

H.F: Se va haciendo conforme Efraim y yo vayamos identificando a la gente. Por ejemplo, él me dice: hay dos o tres artistas que vale la pena llevar al evento y son fulano y zutano, y entonces comenzamos a contactarlos. Yo viajo también a buscar figuras que me parecen interesantes, o aprovecho mis viajes para hacer gestiones o contactos, y ahí vamos consiguiendo también los recursos. Pero en general esto se comienza a gestar en los primeros meses del año. Ahora descansamos un rato y comenzamos a armar el próximo. Ya tenemos por ahí algunas cosas pensadas.

- ¿No hay un comité o consejo editorial?

No, es una red. Yo recibo los inputs que me dan y decido como crear la revista. Todos somos periodistas y toda la vida hemos hecho revistas, así que lo que yo hago es una revista anual. 
Foto de ADN

- ¿Cómo se dio lo de Armand Mattelart?

Porque yo lo viví en los años 70, lo leí, lo estudié, y el año pasado encontré en El Tiempo la noticia de que iba a estar en Colombia junto con Humberto Eco, entonces me conseguí el mail de su universidad, le escribí y dijo que si, y no cobró un peso. 

Con Umberto Eco llevamos años tratando de convencerlo; Efraim ha ido tres veces a Milán y una vez le ofrecimos, por joder, 30 mil dólares, ¡y no se movió!

E.M.: Pero tampoco va a ninguna otra parte; es de los que se mueven muy poco, porque en general los escritores aceptan –quizás no un premio Nobel o una de las grandes estrellas– pero uno bien situado en el medio literario, en un 80 o 90 por ciento va a decir si. Un cantante, un actor o alguien que tiene un performance, lo primero quiere es cobrar, porque ese es su espectáculo; un escritor no es un espectáculo. Si está en Europa y le ofrecen venir, no a Cartagena sino a Barranquilla, que muchas veces no sabe ni dónde queda, entonces hay que hacer un proceso de seducción para convencerlo, pero se consigue. 

H.F.: La red la armo con mis amigos periodistas y escritores. Por ejemplo, Santiago Gamboa conocía a Laura Esquivel, entonces él hizo el contacto y la invitó y ella aceptó porque él la iba a entrevistar… Sin ellos yo no sería nadie, y les doy mucha libertad para que propongan, pero la amalgama final la hago yo.  

E.M.: El tiene clara su puesta en escena, eso se lo inventó él y nosotros le pasamos elementos. La ventaja que tiene Heriberto es que él escucha de todo y a todos. Yo no hago nada, yo vengo a ver esto, como un espectador más.

H.F.: Mentiras, él es muy humilde, pero se pone a tapar los huecos, trabaja en producción…hace de todo. 

- ¿Y les han dado ideas los artistas locales?

H.F.: No, me llegan ideas sobre todo de amigos periodistas (especialmente de Bogotá pero también de otras ciudades del mundo), a quienes yo les digo: si consigues que acepte, lo traemos. Esto es algo rico de hacer; representa mucho esfuerzo pero las cosas que uno quiere cuestan. Es parte del trabajo y me gusta ser útil; este es un arte con utilidad, a mi me gusta el arte inútil pero este arte útil me parece importante.

E.M.: El que quiera hacer esto tiene que estar dispuesto a pasarse el año pidiendo plata, imaginando la puesta en escena, buscando la gente con la que va a trabajar. Se necesita estar loco y tener una generosidad extraordinaria. Yo no sé por qué él lo hace, yo lo hago porque él lo hace y yo con mis amigos voy hasta donde sea. Y las cosas se parecen a su dueño. ¿Quiénes hacen el Hay Festival? Unos que son tan h.p. como el evento que hacen. En cambio aquí no. Nosotros en el Caribe somos de relaciones afectivas, si no existe eso uno no entra a la casa de nadie. Y este evento es eso, un grupo de amigos que se quiere y quiere lo que hace.

- ¿Otro personaje, aparte de Eco, a quien no hayan podido convencer?

H.F.: Yo siempre he querido traer a Oscar de León, pero quiero traerlo a él con su bajo, y si necesita la orquesta yo le monto aquí la de Hugo Molinares, pero siempre que me encuentro con él me dice: ¿y qué hago con el resto de la orquesta? Lastimosamente  no he tenido amistad con un hermano de Oscar o con un amigo suyo que me ayude a convencerlo.

- Hablemos de las pifiadas: el número sobre el Carnaval de Venecia antes del show de La Tequilera –que no estaba en el programa–  creo que no estuvo a la altura del espectáculo que precedía. 

E.M.: Es que no tenía que dar la talla, los entremeses en el teatro son divertimentos. Ese fue un regalo del italiano Valerio Bindi montado dos días antes con un grupo de actores, no de bailarines, porque en el Carnaval de Venecia no se baila. Era una cosa de tipo conceptual. Por ejemplo,  Matt Dillon estaba hablando ¿y qué dijo que significara algo? Nada, pero la gente se lo come porque son funcionales, porque todavía tienen mucho que recorrer. Pero no ellos como personas sino nosotros como cultura. Jango Edwards dijo una cosa que me quedó sonando: “La obcenidad es la enfermedad de aquellos que solo ven con los ojos”. 

- Ese fue otro que tampoco me gustó. Me pareció demasiado ordinario.

E.M.: "Jango Edwards fue uno de los tres artistas que abrió los Juegos Olímpicos del 94, cobrando un millón de dólares, y es uno de los pocos que ha actuado ante la Reina Isabel. Lo que hizo fue una clase sobre la risa, una cosa simple, porque si se pone a hacer las cosas que hace habitualmente en Europa la gente hubiera terminado aburrida; él lo que quería era hacerse amar del público y creo que lo logró." 


Sí, la gente parecía divertirse mucho, pero yo personalmente detesté su constante automanoseo y su gesticulación gratuitamente vulgar, pero eso no tiene importancia. Lo que si preocupa es que un artista baje el nivel de su espectáculo para el público barranquillero porque piense que éste no va a disfrutar de algo más elevado; es decir, porque no da para más. Si esta premisa fuera cierta la sala no se hubiera reído como lo hizo con el grupo Pé de Vento, de Brasil, de humor más refinado, o con la misma Astrid Hadad y sus misiles satíricos contra la política y el machismo, sin mencionar muchos otros shows inteligentes que hemos tenido en años anteriores. Pero en fin, a pesar de las pifiadas, o precisamente por la discusión que ellas originan, el Carnaval de las Artes le da peso intelectual al Carnaval de Barranquilla, como dijo el maestro Loochkartt.  Ojalá surjan otros que hagan lo mismo.

Patricia Iriarte

sábado, febrero 02, 2013

Un Carnaval para aceitar la imaginación (I)


Esto para mí es el Nirvana. Es viernes de Guacherna y escribo sobre el Carnaval desde mi hamaca, en mi propia buena compañía y la de la música que a esta hora programan algunas emisoras universitarias: la gaita de Paíto, las voces de Totó, Martina y Petrona, las nuevas fusiones andino-caribeñas.

Afuera la ciudad ya es Carnaval. Decir que Barranquilla está en carnavales no es ser del todo fiel a la verdad, porque todo lo que se respira, desde la Lectura del Bando el 19 de enero, es carnaval, y de manera frenética. Es como si la reina hubiera agitado una bandera en la cabecera de la pista, dando la largada a una carrera. La carrera por el disfraz, la carrera por montar a tiempo la comparsa, la carrera por entregar los zapatos que encargó Daniela, la carrera por la pollera que me voy a poner en la fiesta, la carrera por conseguir la plata para ir al baile, a la caseta, a la verbena, a la rumba del sábado. La carrera por divertirse, por emborracharse de corrido hasta el martes, por ganarse unos pesos con la venta de cerveza; la carrera por alcanzar la efímera felicidad de cuatro días. Pero qué carajo, quien lo vive es quien lo goza.


No todo el mundo, claro. La situación anterior describe la realidad de una parte de la gente en la ciudad. Pero la ciudad es muy diversa. Tanto que hay otra gente que en estas fechas prefiere refugiarse en su casa a descansar, irse para otra parte o tirarla toda en el Carnaval de las Artes, ese extraño festival de cuatro días donde se escucha hablar tanto a un señor francés sobre el problema de la comunicación, como a una cantante puertorriqueña, como a un poeta, como a un actor, como a una vedette del siglo XXI. Eso ocurre una semana antes del Carnaval oficial, del Patrimonio oral e intangible que se abre con la coronación de una Reina y un Rey Momo, ¿en una especie de añoranza por la época en que éramos súbditos?

Este año el evento des-organizado por Heriberto Fiorillo y Efraim Medina, trajo a figuras como Armand Mattelart, Raúl Cuero, Valerio Bindi, Astrid Hadad, Jango Edwards, y grupo actoral brasileño llamado Pé de Vento, que fue, para mi gusto, de lo mejor de este año, junto con La Tequilera. Pensamiento, arte, performance, caricatura, música, humor, hacen parte del menú habitual de este espectáculo que se realiza desde hace siete años en Barranquilla. Gracias a este programa, que es una verdadera alternativa al Hay Festival, hemos visto en Barranquilla, por muy módico o ningún precio, a personajes como Fontanarrosa, Chico César, Omara Portuondo y muchos otros artistas de diversas disciplinas compartiendo su talento y sus claves creativas.

El Carnaval de las Artes es un evento que se ha ido ganando el cariño, ante todo, de un amplio grupo de jóvenes universitarios que esperan con ansias el mes de febrero para disfrutar de algo distinto a la oferta habitual de la ciudad –que tampoco es que sea despreciable- . Se ha hecho querer también de la generación que está al otro extremo, pues no es raro ver en las funciones a maestros, a jubilados y a señoras que vuelven a su juventud con voces como las de Johnny Ventura o una diva cubana.  

La propuesta para el director del Carnaval de las Artes fue la de hacer un recorrido en clave de balance por esta singular forma de celebrar el carnaval. La entrevista con el dúo dinámico se realizó en el segundo piso de la Fundación La Cueva, un día después de que hubieran despedido al último de los invitados.


¿Diversión o reflexión? ¿Inclusión o elitismo?

En el prólogo de la entrevista decía Fiorillo, mientras le pedía a sus compañeros que bajaran un poco la voz para no entorpecer la grabación, que si el Estado –aquí representado por la Alcaldía Distrital-  le pudiera regalar a la ciudad los cuatro días de Carnaval, el Carnaval Internacional de las Artes no tendría razón de ser. 

Regalar, o devolver, porque el carnaval es de los barranquilleros y nadie debe cerrarles la entrada a los desfiles.

H.F.: Decir Carnaval de las Artes es una redundancia; el carnaval debería ser de las artes, pero como no es de las artes nosotros tuvimos que hacer uno, con una intención más formativa, y gratuito.

- ¿Esa fue desde el comienzo la intención?

H.F.: Uno tiene intenciones y tiene sueños, y algo se los provoca y los saca. Yo era moderador del Hay Festival y un día hablando en Cartagena con Antonio Celia, que es el presidente de la Fundación La Cueva, me dice: Te aseguro que ahora nos van a empezar a llegar las sobras del Hay Festival a Barranquilla. ¿Por qué Barranquilla no tiene un evento cultural como este? Entonces yo, no sé si de vivo o de pendejo, le dije: si quieres lo hacemos. Y aquí estamos.

Ya unos años antes Fiorillo y un grupo de investigadores y periodistas habían organizado un evento llamado “Pensar el Carnaval”, que se hizo con el apoyo del Ministerio de Cultura, durante la administración de Juan Luis Mejía. 

H.F.: Por ese entonces se comenzaba a hablar de la declaratoria de la Unesco, así que invitamos a personas de varios carnavales del Caribe para conocer su experiencia y ver cómo podíamos mejorar al Carnaval de Barranquilla.  Bueno, tres semanas después de esa conversación le presenté el proyecto a Celia teniendo en cuenta las dos experiencias: la del Hay y la de la reflexión sobre el carnaval.

La idea era hacer una especie de Hay pero más nuestro y más abierto. El Hay es muy elitista y muy literario, y no todos los literatos son divertidos. Además, la creación no sólo está en la literatura; lo que  propuse inicialmente fue como un “Pensar el Carnaval”, pero desde múltiples ángulos, no solo desde la literatura.

El segundo año, ya con la ayuda de amigos como mi compadre Efraim Medina, que estaba en Italia, vimos que podíamos hacer algo más internacional y comenzamos a formar una red de amigos y periodistas que es con quienes hacemos esto. Todo ha ido saliendo bien, y con el tiempo creo que cada vez mejor. 

- Recuerdo que las primeras versiones incluyeron algún evento en el que se analizaba el Carnaval de Barranquilla, particularmente. ¿Por qué se dejó de hacer esto?

H.F.: Si, una de las cosas que quisimos hacer desde el principio era una sesión especial para hablar sobre el carnaval de Barranquilla con los hacedores. 

- Monsiváis, de hecho, vino a uno de ellos, apunta Efraim. 

H.F.: Pero con el tiempo nos dimos cuenta de que lo importante, más que nada, era aceitar  la creatividad y la imaginación, porque si tu aceitas la creatividad y la imaginación,  ella se va a meter en todas partes: se va a meter en el carnaval, se va a meter en la ciudad, se va a meter en la vida pública, y de pronto vamos a tener mejores gobernantes dentro de 20 años, porque esos niños que fueron a Fantástico y fueron al Carnaval de las Artes, dicen:  Eche, yo no trago entero, yo  puedo leer entre líneas… Bueno, ese es el ideal de uno.

- O tienen unos referentes estéticos distintos, más ricos, más complejos.

H.F.:  Exactamente.

-  Algo que hemos visto a lo largo de estos siete años es que ha ido mejorando la producción del espectáculo.  ¿Ha sido necesario formar a la gente de aquí o traer gente de afuera, cómo ha sido este proceso?

H.F.:  Si, se han formado y hemos traído también gente de Bogotá,  Medellín y Cali, pero ese proceso de aprendizaje está siempre a riesgo, porque en un año pasan muchas cosas: se va un productor, se muere alguien, cambian al presidente de una compañía... Es muy jodido, hacerlo cada año es un logro, pero no hay nada que nos derrote.

- Pero hay una experiencia acumulada…

H.F.: Hay un acumulado en nosotros (y señala a Efraim y a sí mismo) pero esto va a ser como cuando se mueren los viejos de la tribu, que con ellos se muere tanta información como una biblioteca. A ver, yo no quiero que esto crezca, yo quiero es que cada año se den en Barranquilla cosas simultáneas o inspiradas en el asunto, eso sería lo más interesante. 

- ¿Y han  notado cambios en el público después de siete años? 

H.F.:  Solo te voy  a decir una cosa:  este año,  por primera vez, creo que hay un público que viene al Carnaval de las Artes sin importar lo que vea en el programa;  viene porque piensa que vale la pena, y eso me parece un logro. En todas las conferencias, en todos los eventos, estaban allí los 500, los 600, los 800 espectadores. Esa es la primera gran satisfacción.

E.M.: La sensación que yo tengo, y como yo lo vivo, es la de poder compaginar dos cosas que son la responsabilidad y la libertad; saber que no es una obligación sino que es algo anímico. Y lo que yo he notado que esto le ha dado a Barranquilla es que ha aumentado la autoestima de la gente y de la ciudad misma. Y eso es lo más importante y lo que más falta nos hace… La gente que está más llevada, mas jodida, piensa que esto no es para ellos. Eso me pasó a mí, yo fui como uno de esos niños en el barrio, sin nada, que pensaba que esas cosas que no eran para mí, que era la gente bonita y blanca la que podía tener eso. Por eso cuando desde el inicio Heriberto me dijo ayúdame con esto, yo de una.

Es esa posibilidad que le da a unos chicos de que el señor Edwards o cualquier otro artista le da la mano al salir de la función, ese contacto directo, eso es lo que  me parece más entrañable en esto, y yo creo que la ciudad lo va sintiendo.


Por Patricia Iriarte


El próximo lunes, en la segunda parte de la entrevista: ¿Cómo se hace el Carnaval de las Artes, cómo se financia, a quiénes podríamos ver en los próximos eventos? 



sábado, enero 26, 2013

4 días para "la reflexión como espectáculo"

Por séptimo año consecutivo, la Fundación La Cueva organiza para Barranquilla su Carnaval Internacional de las Artes, que en esta ocasión ha arrancado aplausos y ovaciones del público en espectáculos verdaderamente notables que de otra forma no se verían en Barranquilla.

El festival, que arrancó este jueves coincidiendo con el afamado Hay Festival de Cartagena,  le hace este año un homenaje al maestro Angel Loochkartt, pintor barranquillero que ha tenido en el Carnaval uno de sus temas más recurrentes. Como siempre, el Carnaval de las Artes trata de serle fiel en cada función a su lema de "la reflexión como espectáculo", y así lo consiguió en sus primeras dos fechas con eventos como la entrevista de Hugo Chaparro al escritor cubano Leonardo Padura; con la proyección del fabuloso trabajo de Ange Potier, Olga; con la conferencia del brillante científico Raúl Cuero, y con obras como la del grupo brasileño Pé de Vento, que es de lo mejor que hemos visto en la ciudad en este género. Aquí, algunos momentos del espectáculo captados por Patricia Iriarte.

La actriz argentina Paula Maneker en una escena de Olga.
El microbiólogo Raúl Cuero durante su charla sobre la importancia de la creatividad y la imaginación.


Ramiro Oviedo, poeta ecuatoriano radicado en Francia,  presentó su libro
Los poemas del coronel 
Conversatorio con el escritor colombiano Evelio Rosero.



Pé de Vento ofreció el viernes una extraordinaria presentación de su obra
Con las maletas hechas, dirigida por Pepe Núñez.




El actor estadounidense Matt Dillon entrevistado por Jerry Carlson y Tatiana Escárraga.

jueves, diciembre 27, 2012

Nelsa y los expulsados

Ernesto Macausland, in memorian

Crónica publicada por la revista cultural viacuarenta en su edición especial Nos. 13/14, que está dedicada a la crónica en el Caribe colombiano. Para ello su director reunió a una nómina conformada por Ramón Bacca, Anibal Tobón, Roberto Burgos Cantor, Sigifredo Eusse, Julio Olaciregui, Jaime Cabrera, Adlai Stevenson, Joaquín Mattos, Ernesto Macausland, Libardo Barros, Patricia Iriarte, Alfonso Hamburguer, Javier Franco Altamar, Alberto Salcedo Ramos, Fausto Pérez Villarreal, Robinson Quintero, Beatriz Vanegas, Paul Brito, Alfredo Baldovino, John Better y Catalina Ruiz-Navarro. 
Aquí, el texto de Patricia Iriarte sobre la visita a Barranquilla de una mujer que viaja por el mundo conjurando la violencia en los jóvenes pandilleros.


Nelsa y los expulsados


Es sábado en la tarde y la vida bulle en el barrio Rebolo de Barranquilla. A pesar de que no es quincena, el fin de semana se ve movido; la música sale de los parlantes a todo volumen, las calles principales son un hervidero de jóvenes preparando su plan para esa noche, cuadrando la cita, consiguiendo el billete para la rumba. Los hombres adultos se reúnen en torno al billar o a la mesa de dominó y se toman unas cervezas para aliviar el calor o para embolatar por un rato la mala situación. Una camioneta van de color blanco, nueva, de las que alquilan para turismo, ingresa al barrio en busca de una dirección: la de la peluquería donde trabaja Alfonso  uno de los líderes pandilleros de este sector de la ciudad.

Rebolo aparece en las estadísticas oficiales como uno de los diez barrios con mayor frecuencia de homicidios, aunque en el último año sus cifras han bajado. Aquí muchos jóvenes pertenecen al mismo tiempo a un “combo”, como les dicen a las pandillas, y a alguna de las barras de su glorioso equipo Junior. El escudo del club está por todas partes, incluso tatuado en pechos, brazos y pantorrillas. Rebolo se disputa con el Barrio Abajo el ser la cuna del carnaval de Barranquilla, pero nadie desconoce que es un bastión del juniorismo y veta de jugadores y boxeadores de quilates.

Alfonso, quien estaba pendiente de la visita, hace correr la voz de que la reunión va a comenzar. En pocos minutos sus amigos –todos hombres- llegan hasta el patio de una de estas viejas casas de Rebolo, donde están citados veinte muchachos que pertenecen a diferentes combos. La idea es que conozcan a Nelsa Curbelo, una señora con gafas, aire de monja y acento extranjero (es ecuatoriana pero algunos piensan que es argentina) que viene a escucharlos y a contarles algunas historias.

Casi todos los que están allí tienen el cuerpo y el rostro marcado por cicatrices de navaja, de cuchillo, de botella, de bala. Llevan en el cuello una cadena y un rosario; detalle que no impide que luzcan como el tipo de persona que uno no quisiera cruzarse en la calle, como esos que se llevan en una ráfaga tu celular, tu cartera, o tu vida.

Aquí, como en muchos otros barrios de Barranquilla, los pelaos se hacen deportistas, bailadores, cantantes, obreros, mecánicos pero también peleadores, malandros, rebuscadores. Y en especial, miembros de los Tabaquitos, de los Toma sopa, de los Casi flojos, de los Mondaquitos, de los Simpson o de cualquiera de las pandillas y grupos que existen en la ciudad. No se sabe con exactitud cuántas son y dónde están. El Consejero para la Seguridad y Convivencia Ciudadana tiene la esperanza de que no sean más de 2.000, pero hay razones para pensar que son más.


Nelsa Curbelo, pacifista ecuatoriana
Nelsa comienza a hablar, a contarles por qué están allí ella, Washington Guerrero y Pablo Castillo; a decirles que hay otros jóvenes como ellos, metidos incluso en problemas más grandes que los suyos, que lograron salir del círculo vicioso de la violencia, del microtráfico y de la adicción.  Enseguida le da la palabra a Pablo, un joven moreno y corpulento que fue líder de los Master of the Street, una de las pandillas más bravas de Guayaquil. Al dar su testimonio de vida Pablo cuenta que su cuerpo aún aloja tres balas de la época en que tanto la policía como las bandas enemigas  le pusieron precio a su cabeza. Hoy en día sigue en la pandilla, pero ejerciendo un liderazgo positivo, transformador.

Cuando es el turno de los pandilleros toma la palabra uno que lleva gafas oscuras porque perdió un ojo en una riña. Es uno de los más jóvenes del grupo, pero hace un análisis casi sociológico de la situación de los jóvenes como él y termina con una alusión al conflicto de Siria. Después intervienen tres o cuatro de sus compañeros, quienes hablan, a su manera, de su deseo de superación mediante un estudio técnico y un trabajo digno. Al escucharlos se tiene la impresión de que los atracos, los hurtos, las riñas y los riesgos que hoy hacen parte de su diario vivir, pueden quedar atrás. Al menos para aquellos que aún no han entrado en las ligas mayores: las mafias, las bandas criminales y el paramilitarismo. Los tres grandes empleadores de los jóvenes en el suroriente y el suroccidente de la ciudad.

Nelsa supo allí que algunos conocían un oficio y los que no, querían aprender alguno para ganarse la vida de otra forma, pero nadie les daría trabajo con esa pinta, con sus antecedentes y sin recomendaciones en su hoja de vida; por eso, y porque difícilmente un muchacho de estos admite un jefe, lo recomendable es ofrecerles la oportunidad de crear su propia empresa o negocio para que inicien su vida laboral.

Ellos, a su vez, sabían algo sobre Nelsa Curbelo. La Fundación Proceder Siglo XXI, que había contactado a Nelsa y organizaba su agenda en la ciudad, les había dicho, al invitarlos, que iban a hablar con una señora muy importante que venía del Ecuador, que había sido nominada al Premio Nobel de Paz y que tenía una experiencia interesante en el trabajo con pandillas.  Lo que no sabían era que el 24 de marzo de 2011 esa señora estaba recibiendo en Barcelona, en una ceremonia elegantísima, el grado Honoris Causa  de una universidad catalana que quiso exaltar su obra e integrarla a su profesorado. Pero ¿por qué recibía tal homenaje en su madurez aquella chica uruguaya que se había hecho monja en Francia y echado raíces en Ecuador después de colgar los hábitos?  ¿Quizás porque había sido nominada dos veces al Nobel de Paz? ¿O por su impactante trabajo con las pandillas de Guayaquil? En esencia, a Nelsa Curbelo se le reconoce en el mundo por su defensa de los derechos humanos y por su activismo en la no violencia. Es una persona que desborda humanidad, que habla muy pausado y con dulzura, que es capaz de sentarse a hablar con el más duro de los duros, pero también de bailarse un reguetón con los chicos de la calle.

Para quienes no saben lo que es el pandillismo en Guayaquil hay que decir que allí existen más de 60 mil pandilleros (la población de Baranoa y Galapa juntos). Algunas se hacen denominar naciones, y exportan miembros a Europa. La Latin King, por ejemplo, armó cuadrillas en Barcelona y en Madrid y puso en jaque a sus autoridades.  En estas ciudades sus miembros fueron capaces de tomarse parques enteros y obligar a los españoles a pagar derecho de entrada. Naciones, grupos, bandas, asociaciones juveniles. Son muchas las identidades que adopta este fenómeno social, al que Nelsa Curbelo analiza como parte de un problema de comunicación y sobre todo, de afecto.

Pero volvamos al sábado. La camioneta blanca sale de Rebolo con rumbo al corregimiento de La Playa, donde  existe un grupo de expandilleros  o pandilleros en transición. La cita es en una iglesia pentecostal, adonde llega un grupo mixto, muy numeroso,  en el que todos visten la camiseta amarilla de la Selección Colombia de fútbol, a manera de uniforme. Se trata de los miembros de la rifa La Playa, casi todos habitantes del sector de la Cangrejera, uno de los más deprimidos de la ciudad. Muchos portan, además, una libreta y un megáfono con el que anuncian diariamente la rifa de un millón de pesos o un electrodoméstico. Su líder  dice que esta es la alternativa que encontraron para no seguir delinquiendo, para sacarle el cuerpo al negocio de las armas, al tráfico, a la guerra.

Nelsa Curbelo  y sus compañeros de la Fundación Ser Paz habían llegado a Barranquilla el viernes a mediodía, y tras un breve descanso se habían trasladado a la Casa de Justicia del barrio Simón Bolívar para reunirse con pandilleros que solo admitieron ser miembros de una barra juniorista y como tales se quejaron de la mala imagen que les han creado los medios, acusándolos de todos los desmanes que se cometen en las afueras del estadio cuando hay partido del Junior.  De los ocho que estaban allí solo tres estaban estudiando; los otros habían sido expulsados de sus colegios o simplemente habían desertado.

De allí salieron para Carrizal, a otro encuentro con los tirapiedras más famosos de ese barrio, quienes dijeron frases tan duras como “nuestro mayor enemigo es la sociedad”. También aquí se destacó un líder que demostró “tenerla clara” a la hora de analizar el problema de su barrio. Quedó claro que, al menos allí, la historia viene de atrás, que hay varias generaciones de pandilleros en Carrizal, entre ellos los antiguos Alacranes, hoy con nietos en las nuevas bandas.

La siguiente escala de la ruta fue en el Bosque, donde esperaban conocer a los jefes de Gama Alta y El Taconazo, pero ante el retraso de la comitiva éstos se habían ido a jugar un partido. La reunión se realizó en un garaje con un pequeño grupo de niños y adolescentes ligados a las pandillas a quienes Pablo y Washington les contaron cómo funcionaba en Guayaquil el programa de fútbol callejero y Barrios de Paz.  Al límite del  cansancio, los tres ecuatorianos y el equipo de la Fundacion Proceder salieron de este barrio casi a las diez de la noche, agotados pero ilesos.

En la mañana del sábado Nelsa visitó a los niños y niñas del Colegio Cultural Las Malvinas, quienes presentaron los resultados de su investigación sobre las pandillas y los picós en Barranquilla. Allí Nelsa elogió el trabajo de prevención que la seño Enko y su grupo de profesoras realiza con estos estudiantes. Luego en Soledad, bajo la canícula del mediodía, se realizó otro encuentro al que asistió hasta el alcalde del municipio, Franco Castellanos. A todos ellos y ellas -pues en estas pandillas si hay mujeres-  Nelsa los escuchó con atención, y pudo ver que para ellos, como para los chicos guayaquileños,  la bronca es el pan de cada día. No conocen otro lenguaje; en la casa se maltrata, en la escuela se maltrata, en la calle se maltrata. Algo que ella y sus colaboradores han aprendido a lo largo de trece años de trabajo con pandillas es que los jóvenes usan la violencia como medio de comunicación, en un esquema que debemos ayudarles a des-aprender, desactivando la maquinaria de la violencia.

El domingo, antes de salir a conocer el Museo del Caribe y otras caras de la ciudad, Nelsa Curbelo se dio un tiempo para ordenar sus ideas y sus emociones, con miras a la reunión que sostendría el lunes a primera hora con la alcaldesa de Barranquilla, el mandatario de Soledad, el Comandante de la Policía y un grupo de funcionarios del Distrito. Revisó sus apuntes y encontró algunas frases de los muchachos: “Ya no somos adolescentes, muchos somos padres de familia”. “Nadie quiere jefes”. “Hemos dejado la prudencia a un lado”… “Crecimos sin ninguna orientación profesional”. “No es sólo decir hagamos la paz, sino comprometerse.” “Necesitamos capacitación para tener la mente ocupada en algo.”

“En el estiércol nacen flores..."
Una de las frases que más ha marcado el trabajo de Nelsa Curbelo es “En el estiércol nacen flores, en los diamantes no”,  y con ella trató de infundirles esperanza a los que hoy se sienten en el fondo del abismo y a los que piensan que no hay nada que se pueda hacer para ayudarlos. También ha aprendido, como lo dijo en su discurso al recibir el Doctorado Honoris Causa,  “que no hay una gran diferencia entre un pandillero, un congresista, un médico, un profesor, un periodista, un santo… Nuestros miedos y esperanzas más profundas son bastante similares. Por eso me puedo indignar, enojar profundamente, pero me resulta difícil condenar.”

En ese mismo discurso la activista ecuatoriana narra uno de los momentos más dramáticos del proceso de paz con las bandas de Guayaquil, cuando lograron pactar una entrega de armas: “De pronto uno de ellos, el jefe, dice: “Bueno muchachos, llegó la hora”. Tomó una caja de cartón que rellenó con papel de periódico y la pasó entre los preocupados jóvenes. Uno por uno fueron levantando sus camisetas y quitándose el arma que llevaban a la cintura. Algunos lo hacían con gesto firme. Otros titubeaban, me miraban, miraban el arma, dudaban y por último con resignación ponían el arma en la caja. ¿Qué haremos ahora? ¿Cómo nos vamos a proteger?”

Nelsa Curbelo confiesa que quedó paralizada ante la pregunta y balbuceó algo que le sonó hueco frente a lo que significaba para ellos ese salto en el vacío. “Reconozco que hubiera debido abrazarlos, dice, pero ni siquiera atiné ese gesto primario. Allí me encontraba ahora, parada contra la pared, con una caja de zapatos dentro de la cual había ocho revólveres calibre 38”. Aparte estaba una cartuchera doble cañón pintada de dorado que había pertenecido a un joven de ojos negros a quien ella siempre llamó Ángel y que había sido asesinado seis meses antes, a los 16 años.

Pero esta mujer menuda, que no abandona nunca la calidez y el buen humor, ha vivido muchos momentos difíciles. Al llegar a Ecuador, en 1970, trabajó y vivió con los campesinos indígenas y por denunciar la desaparición y el asesinato de varios de sus líderes estuvo dos años bajo vigilancia militar. Solicitó la nacionalidad ecuatoriana al primer gobierno elegido democráticamente después de las dictaduras, y ya en Guayaquil organizó a las mujeres y a las comunidades de un barrio popular. Para entonces se empezaba a crear, bajo el liderazgo del Premio Nobel de Paz Adolfo Pérez Esquivel, el Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) inspirado en los principios y la metodología de la no violencia. En 1985 Nelsa fue nombrada Coordinadora Nacional de SERPAJ-Ecuador y cinco años después fue elegida por unanimidad Coordinadora Continental de esa organización.

Desde ese cargo fue convocada para asistir a la entrega de armas de la Contra en Nicaragua y vivió momentos especialmente críticos cuando denunció la infiltración de miembros de Sendero Luminoso en los grupos de SERPAJ en Perú. El abogado que la había acompañado en el caso recibió una carta bomba que le destrozó un brazo. En 1999 SERPAJ se convierte en la Fundación Ser Paz y poco después, con Nelsa a la cabeza, comienza la transformación de las pandillas.

Con esa trayectoria y su especial manera de trasmitir su experiencia, Curbelo se sentó el lunes a dialogar con las autoridades de Barranquilla y Soledad, y al cabo de dos horas alcaldesa y alcalde anunciaban a la prensa el inicio de un proyecto piloto de Barrios de Paz y fútbol callejero en dos barrios conflictivos. Las dos estrategias creadas por Nelsa y su equipo son consideradas como ejemplo de un principio básico de toda intervención socioeducativa: un problema social requiere una solución social.

El martes, en el último día de su visita, la activista ecuatoriana participó en un panel sobre el abordaje de la violencia juvenil en el que también habló el Consejero Presidencial de Seguridad y Convivencia, la Secretaria de Gestión Social de la ciudad y una coronel de la Policía Nacional. El evento, al que se había invitado a varios jefes pandilleros, se realizaba en un exclusivo hotel de la ciudad. Más de 300 personas, entre maestros, líderes comunales, funcionarios públicos y profesionales de ciencias sociales acudieron para escuchar a los oradores, y en especial a Nelsa. Otras cien personas llegaron tarde y tuvieron que devolverse al no encontrar asientos en el salón, mientras que a otros los porteros del hotel les negaban la entrada “por razones de seguridad”: eran los jóvenes pandilleros de Rebolo, quienes sin saberlo encarnaron allí esa categoría social que Nelsa Curbelo llama los expulsados: “El marginado y el excluido -dice- pueden intentar incluirse pero el expulsado vive su realidad como una fatalidad que le impide ser él mismo. Esto produce un desaparecido de los escenarios públicos, un no-persona, sujetos que no importan y de quienes nada se espera, a los que hay que evitar, a veces eliminar. A partir de esa ausencia de reconocimiento, los jóvenes buscan a sus pares, a sus semejantes, a los otros expulsados como ellos”.

Los pelaos decidieron tomarlo con calma y esperar afuera hasta que terminara el panel. No llamaron a los organizadores ni intentaron sabotear el evento. Fue Pablo Castillo quien los descubrió casualmente cuando bajó al lobby. Entonces salió y compartió con ellos sus correos y las coordenadas en facebook para seguir en contacto.

Lo que sigue es tarea de la Alcaldía y de la sociedad barranquillera.

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