"...he de llevar lo que al nacer me traje:
el rostro en paz y el corazón en guerra."
el rostro en paz y el corazón en guerra."
No adiós, sólo chao, porque el adiós suena definitivo y tú en verdad, nunca te irás.
No se irá tu palabra y tu imagen de musa, de maga, de amiga, de mujer sensible como ninguna. Cómo decirte adiós si no te olvidaremos, si estarás presente en esas flores que ahora, justo ahora, comienzan a ofrendar los árboles que tanto amabas; las flores rosas y lilas de los robles, las amarillas del lluvia de oro, las moradas de los guayacanes, las escarlatas de las acacias, las blancas de los jazmines y las rosas, y los florones que adornan tu casa y esta ciudad toda que ahora derrama por ti las primeras lágrimas. Esta ciudad que te habrá hecho tan feliz y tan triste. Porque cuánta nostalgia y tristeza habrá abonado a tu alma la catástrofe del muelle de Puerto, donde te viste tantas veces con el mar. Qué escalofriante coincidencia en estas pérdidas, qué profunda conexión entre su muerte y tu partida. Sólo que él se hundirá día tras día en el lecho del mar y tu crecerás día tras día en nuestra memoria, en nuestra poesía.
Te equivocabas al decir: "Nada deja mi paso por la tierra", porque es mucho lo que dejas, y está vivo y crece.Ninguna voz repetirá la tuya, "de nostálgico ardor y fiel asombro" pero quizás haya manos que tomen la viva antorcha que en tus manos dura. 
Del poema Muerte mía:
La muerte es ir borrando
caminos de regreso
y llegar con mis lágrimas
a un país sin nosotros
y es saber qué pregunta
mi corazón en vano
por tu melancolía.
Otra cosa es la muerte.
Foto tomada de asoescritoresdelacosta.blogspot.com
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