martes, abril 21, 2026

Cartografía de Patricia Iriarte

"Mapa de luz y sombra es, ante todo, un libro de tránsito por el amor, la pérdida, el viaje, la guerra, la naturaleza y el espíritu. Patricia Iriarte construye una poética íntima e histórica entrelazada en una misma respiración; el cuerpo es territorio, el paisaje es emoción, y la memoria, brújula."

 


Por Omar Fabián Rivera. 

Poeta y editor oaxaqueño. Director de FR Editor, que ha publicado en 2026 la obra reunida de Patricia Iriarte, con prólogo del poeta mexicano Ibán De León.


I. Los poemas como geografía interior y exterior

Mapa de luz y sombra (1992–2017) constituye la reunión de la obra poética de Patricia Iriarte, un proyecto estético que se despliega durante veinticinco años y que permite apreciar la consolidación de una voz sensorial, ética y femenina. Su universo se organiza en territorios y geografías afectivas que ordenan la intimidad, la historia, el paisaje y la memoria, la espiritualidad y el cuerpo.

Este volumen es una cartografía poética, un atlas humano del Caribe, la selva, la ciudad, la guerra y el amor. La poeta opera como viajera, cronista y visionaria que se abre hacia la exploración de la experiencia humana.

El amor como génesis

Mal de amores, su primer libro, revela a una joven que se acerca a la poesía desde el asombro corporal, la intensidad erótica y el desgarro emocional. El amor como un dispositivo de revelación, construcción identitaria y conocimiento. En poemas como “Equipaje”, la poeta expresa la ligereza y el peso de la experiencia amorosa:

 

Equipaje

Cómo pesa, amor

este equipaje de regreso.

Todo esto de mí

que había en ti.

Cómo pesa.

 

Desde temprano, Iriarte recurre a metáforas culinarias, alquímicas y sensoriales para plasmar el encuentro amoroso. En “Poción de amor”, el deseo se convierte en receta y rito:

 

Poción de amor

Agua

Sal

Besos

Almíbar

Otros besos

Cerrar los ojos

Abrir el cuarto de los vinos

Hundir los dedos

en el cajón de las especias

Aspirar

Tragarse el aroma

Apretar la mora entre los dientes

Encontrar la hierba precisa

entre tanta espesura.

 

Esta manera de inscribir el amor en la materialidad cotidiana marca un sello de su estilo: la poeta une lo doméstico y lo sagrado, lo corporal y lo mítico.

A la vez, lo amoroso se vuelve un modo de leer el mundo, el amor organiza la orilla de las preguntas y las respuestas, mientras el río marca el ritmo del silencio ajeno:

 

Travesía

En esta orilla

se agolpan todas mis preguntas.

En la otra

aguardan las respuestas.

Mientras tanto, discurre

lento

el río de tu silencio.

 

Este primer territorio configura la tensión del libro: el amor.

 

II. Territorio de delirio: el cuerpo como geografía simbólica

En esta segunda etapa,  su poesía se adentra en la experiencia erótica y sensual desde un lenguaje metafórico y expandido. El cuerpo del otro aparece como paisaje, como reino, como materia espiritual. La poeta afirma:


Territorio de delirio

Madera y cristal

que te guarda

que te contiene

que te anuncia.

Que me revela

dulces caminos

que me salva.

Tu cuerpo

curso de agua

sobre la piel del mundo.

Hoja en blanco

para mis labios.

Libro abierto

región alada

territorio de delirio

vestido azul

para mi sed.

Tu cuerpo,

mi secreto.

 

La enumeración dota al cuerpo amado de una cualidad sagrada, revelada, total. Esta configuración corporal -asumida-como-territorio inscribe la poesía de Iriarte en una tradición latinoamericana que encuentra en la naturaleza y en la geografía un espejo del deseo:

 

El camino de Cienaguas

Hoy quiero escribir sobre tu piel de agua, ciénaga morena.

Sobre la proa de una barca te recorro, y me siento penetrar en el cielo que reflejan tus aguas.

Aguas que vuelven arriba, porque tu cuerpo líquido se amansa y se vuelve uno solo con el azul de esta tarde que te baña. Quien diga que no eres profunda no sabe nada de grandezas.

Tú eres del color de los hombres que te sueñan. Del color de sus ojos. Eres el cabello de las mujeres que te habitan.

Tienes esperanza, aunque las garzas hoy caminen sobre la desembocadura de tus ríos. Aunque las redes regresen vacías, la magia no se va con tus cardúmenes. La leyenda anda en canoa y en boca de poetas.

 

La poeta funde el cuerpo y el paisaje en una misma materia simbólica. El erotismo, sin embargo, mantiene siempre un tono espiritual, casi místico: la unión sensual encarna un encuentro cósmico.

 

Presagio

Presiento un fulgor

un instante abrasador

como un disparo

un destello atravesando mi vida.

Jamás una mirada había

anunciado tanto peligro

y jamás ese peligro

había prometido ser tan dulce.

Danza de llama y mariposa

juego de madera y fuego

reunión de tierra y agua.

Eso eres

en el umbral de esta aventura.

 

Esto diferencia a Iriarte de una poesía puramente corporal: para ella, el erotismo es un lenguaje sagrado que enseña a ver y a sentir.

 

III. El viaje: poesía etnográfica

En Libro de viaje, su tercer poemario, Iriarte desplaza el foco hacia el espacio exterior. El viaje se transforma en un ejercicio de reflexión antropológica: describe modos de habitar el mundo, subrayando que viajar es cuestionarse antes de moverse.

 

Del viajar

El viaje comienza en el insomnio de la víspera, cuando la mente repasa los motivos de la errancia. Sus aperos. Sus peligros.

Luego hay que vérselas con el acre sabor del abandono, percibido en el gesto de entregar ese reducto del mundo que habíamos hecho nuestro.

Pero aún nos aguarda comprobar lo que tiene el recuerdo de despojo: el alma plasmada en las imágenes nos dice que nada nos perteneció jamás.

Y cuando al fin sobreviene la partida, allá vamos, viajantes solitarios: un atado de objetos ―casi siempre inútiles― y en los huesos, la fatiga.

 

También percibe la dualidad cultural: La fascinación por un territorio donde conviven tradición, honor, supervivencia y modernidad.

 

Guajira

I.

Península solar.

Un día desperté entre los tuyos.

Sobre tu tierra dorada.

Y con los tuyos bebí

de tu luz y de tu agua.

 

II.

Camino a Nazareth me tragó el horizonte.

Llegué con el primer lucero

y al amanecer oriné en la arena

con las demás mujeres.

 

III.

Pastores en tierra y agua.

Me intrigan estos hombres de mar y de desierto

con sus Ray Bans y sus atuendos ancestrales.

Admiro a los jóvenes que cuidan los rebaños,

tan capaces de morir por una de sus cabras

como de matar por ellas.

 

IV.

Descansé bajo su luna y me encontró la noche

tendida en un chinchorro

en una orilla del Cabo

pensando en el romance de la tierra con Juyá.

 

V.

Guajira, tu nombre me huele a tierra.

y tu manta me protege

lo sé

de todo mal.

 

Mas el viaje no es romántico: también denuncia la devastación ambiental:


Golfo de Darién

Con rumbo norte

la selva estará siempre a mi derecha

La mar, junto a mi corazón.

A ella la he visto, apacible,

lamer la arena y besar el arrecife.

La he visto teñirse el pelo con el color del río

y ponerse el traje negro para sortear la noche.

He visto el bosque nocturno cerrarse sobre mí

y rodearme con sus cantos de todo origen.

Me he sentido una hoja más, un soplo

entre sus manos.

He temblado ante su grandeza y sus criaturas.

Me he asombrado con su esplendor diurno.

He transitado ese mapa bajo un aguacero,

temiendo a la roca lisa, al lodo, a la serpiente.

Pero he visto más: he visto la triste huella

del hombre sobre la playa.

Su rastro de desperdicios, su voracidad, su indiferencia.

He oído, al atardecer, el ronquido de la motosierra,

y sentido escalofrío al imaginar su tarea.

He escuchado el testimonio de su gente

sobre lo que había, y lo que era.

Y yo, que no puedo comparar, lloro con ellos.

 

Esta sensibilidad ecológica convierte su poesía en testimonio de una conciencia ambiental en el siglo XXI.

 

El desamor como cartografía de sombras

La sección Mapa del desamor de Libro de viaje, es uno de los puntos más altos de ese libro. Ahora la voz abandona la inocencia del primer amor y asume la dureza de la pérdida.

 

Ceremonia

Tú no lo sabes

Nadie lo sabe

Pero cada día

al despertar

beso la llama de tu ausencia.

 

Estos poemas muestran una evolución hacia lo introspectivo y reflexivo. La pérdida se narra como sufrimiento y aprendizaje.

 

Objetos perdidos

Todo estaba allí, en la palma de mi mano.

Un coche tirado por caballos

que llegaría puntual, cada mañana,

para llevarte a recorrer el mundo.

Había en mi pecho un lugar para tu infancia

y para mis recuerdos, un sitio en tu memoria.

Días de sol había para mi triste alma.

Días de fiesta, días de frutas mordidas en tu boca.

Había una casa iluminada y silenciosa.

Lo bastante grande para escribir historias

y para hacer el amor en cualquier sitio.

Todo estaba allí, en la palma de mi mano.

 

La poeta revisita las promesas fallidas como ruinas afectivas, como si recorriera un museo de su propia historia.

 

La poesía en tiempos de guerra

Una de las secciones más conmovedoras de ese tercer libro es Geografía del desarraigo, donde la poeta enfrenta la guerra, donde combina lo lírico y lo testimonial. La imagen del agua contaminada de sangre simboliza, tal vez, la imposibilidad de separar la vida de la violencia en el contexto colombiano.

 

El mismo río

Aguas arriba

la vida profanada se descuaja en sangre.

Vegetal y humana sangre

de las tierras arrasadas.

El plasma se ha mezclado con el río

y los niños se bañan en ese flujo atroz.

Las mujeres bajan con la ropa sucia

para lavarla en la corriente

sin imaginar

cuánta culpa pondrá ella

sobre la piel de los suyos.

Las niñas llevan a casa el agua cruda

para cocinar el alimento

y es así como el pescado

acaba hirviendo en sangre,

sedimento y vergüenza.

La lluvia cree limpiarlo todo

pero en realidad, todo lo ignora,

en su infinita inocencia.

 

La voz poética abandona la contemplación y adopta una postura ética. Denuncia la violencia desde la sensibilidad, mostrando el impacto cotidiano en los cuerpos y en la memoria.

Quizá el poema más desgarrador sea “Balada del destierro”:

 

Balada del destierro

Dejé mi tierra para burlar el miedo

pero el miedo se pega a mis zapatos. Como la sangre a la memoria.

Tierra y terror resultan ahora palabras hermanas.

Sangre que el sol ha secado. Ira que amarga los amaneceres.

Rabia que enturbia los ojos de mi hijo.

 

No fue rojo el amanecer sino la noche entera.

A gritos dijeron: marcha o muerte. Hoy en silencio marcha y muere.

Otro lugar comienza a llegar bajo mis pasos.

Otro aire, sucio, y otra tierra, gris. Sin flores ni animales que alimenten la vida.

La vida, que se compra y se pierde en las esquinas.

De repente, el sueño de ciudad se convierte en pesadilla...

Porque nada soy en la tierra de otros. Sólo una intrusa bajo un sucio vestido.

 

El desplazamiento forzado se convierte en una condición ontológica: la tierra se pierde, pero la violencia se conserva en el cuerpo.

Estos textos consolidan a Iriarte como una poeta que testimonia sin sacrificar la belleza, escriben desde la herida histórica.

 

IV. La naturaleza como maestra

A partir de Los cuartos de la casa, la poesía vira hacia una profunda contemplación de la naturaleza como fuente de sabiduría y de revelación espiritual.

 

Yo, árbol

Tú y yo estamos hechos

de los mismos materiales:

luz y agua

tierra en las uñas de los pies

y aire para la música

que escapa entre mis hojas.

Somos parte de los mismos

pájaros que vienen

a alimentarse de los frutos.

hijos de la misma madre

hermanos de sangre vegetal.

Te duelo y me dueles cuando te apuñalan

como si fuera yo mismo quien recibe

el hacha en su costado.

 

Esta visión panteísta establece una relación de hermandad entre los seres humanos y el mundo vegetal.

Los poemas de esta etapa revelan una búsqueda espiritual evidente, que mezcla prácticas de meditación, imágenes de ascenso interior y la noción del silencio como conquista. La poesía aparece como puente hacia esa interioridad esquiva.

 

Meditación

Cómo acallar, me pregunto

estas voces que cubren

por igual mis horas de sueño y de vigilia.

Cómo calmar el agobio

por tantos pensamientos.

Cómo olvidar el dolor

cómo ignorar la alegría

cómo burlar los deberes

la vanidad, el miedo

la soledad, el deseo

las emociones que somos

desde el primer soplo de existencia.

He perseguido ese instante

una y otra y otra vez

ese tesoro de silencio

que aún se escapa.

Pero a veces, entre un intento

y otro, ocurre la poesía.

 

La casa, microcosmos social y emocional

El libro Los cuartos de la casa amplía la mirada hacia lo doméstico y revela la casa como territorio simbólico. Pero no como un espacio idílico: es permeado por el entorno social. En un pasaje notable, la poeta señala cómo los vigilantes de los edificios frente a su casa observan permanentemente su vida. El hogar es refugio, pero también escenario de vigilancia y de lecturas sociales sobre el cuerpo femenino.

En este sentido, Iriarte aporta una reflexión antropológica sobre la vida cotidiana en ciudades latinoamericanas donde lo privado y lo público están en perpetuo roce. La casa, más que un techo, es un organismo vivo, un espejo emocional.

 

Poema de la casa (Fragmento)

Llueven mangos. Todo el día caen en mi patio hermosos mangos olorosos, sensibles, amables, tiernos... como el corazón de Gómez Jattin.

Ese patio en el que caen es de la casa en la que habito, que no es mía pero parece hecha por mí en mis pensamientos. Ahora espero hacerla por dentro con mis manos, con más plantas que cosas, una hamaca azul y tres asientos. (…)

La casa no está en una cuadra, es propiedad de la cuadra. Largo tiempo deshabitada y repentinamente recuperada, todos estaban pendientes de cómo quedaría y de quién llegaría a vivir allí.

Mujer sola. Un detalle propicio para jugosos argumentos relacionados con quién llega y quien sale, cuanto se demora y otros detalles como los pedidos que se hacen a la tienda o el tipo de carro en que llegan mis visitas. Todo esto lo ven las veinticuatro horas del día los cuatro ojos de los dos vigilantes de los edificios que quedan justo enfrente. No puedo escapar a su presencia permanente –la de sus ojos- sobre la acera de mi casa.

Mi casa, la que se cuida a sí misma, la que disfruta estando a solas cuando no estoy y ella puede espiar todas mis cosas. Mi casa, la de ligeras cortinas, la ajena, la de todos, la que me recibe. La que bien sabe atesorar mi soledad.

Hacia una estética de la luz: madurez espiritual

Cuarto creciente y Sala de visitas, dos de las secciones de este cuarto poemario, revelan la etapa más contemplativa y madura de Iriarte. Evidencian una exploración del inconsciente, del miedo y de la memoria más profunda. La poeta funda una ética de la vida, donde el amor se convierte en fuerza de preservación y donde la Tierra aparece como madre espiritual:

 

Son asombrosos los días que trancurren

El orgullo y la vanidad claudican.

La entrega y el sacrificio recuperan estatus.

Lo entienden por igual depredadores naturales y especies pacíficas.

Son asombrosos los días que transcurren.

Aumentan los devotos de la vida y el amor toma el lado de las causas que lo preservan.

Resuenan más fuertes que nunca las voces de la Tierra. Mi planeta de origen, mi nave estelar en este largo viaje del espíritu sobre los horizontes.

Asombrosa la estación en este caserón en donde habitan los dioses. Hombres de turbante que me miran por doquier. Ajaib a mi izquierda, y Sadhu a mi derecha, atentos a servirme.

Y aprendo, en estos días asombrosos, que soy yo la sirviente y me levanto en la madrugada a esperar su darshan. Es un amante nocturno este dios encarnado que usa turbante y largas barbas de patriarca.

Son asombrosos los días que transcurren.

 

V. Un mapa para atravesar la vida

Mapa de luz y sombra es, ante todo, un libro de tránsito por el amor, la pérdida, el viaje, la guerra, la naturaleza y el espíritu. Patricia Iriarte construye una poética íntima e histórica entrelazada en una misma respiración; el cuerpo es territorio, el paisaje es emoción, y la memoria, brújula.

Mapa de luz y sombra ofrece una visión profundamente humana del mundo, atravesada por la lucidez ética y la belleza sensorial. Este libro es, en definitiva, una de las contribuciones más significativas a la poesía latinoamericana contemporánea escrita por mujeres: un testimonio de cómo la sombra cohabita en toda vida, y cómo la poesía ilumina.


Presentación de la obra en la Biblioteca Andrés Henestrosa de Oaxaca, el 21 de enero de 2023. En la mesa: Liliant Alanís, ilustradora; Patricia Iriarte, la autora; Iban De León, autor del prólogo, y Omar Fabián Rivera, editor. 


 

lunes, abril 07, 2025

Gonawindúa o la persistencia de un mensaje


 

“Durante siglos el pueblo Kogui ha tratado

                                                                                    de transmitir el mensaje urgente de cuidar el planeta…”

Primera frase de la obra teatral "Gonawindúa. El corazón del mundo".[1]

 

 


Texto y fotos:  Patricia Iriarte

 




A finales de los años ochenta, siendo redactora del diario La Prensa, llegó a mis manos la transcripción de una entrevista en la que el mamo Ramón Gil Barros relataba el mito de origen de los cuatro pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta, ese que comienza con la declaración: "Primero estaba el mar..." El mamo Ramón Gil hablaba allí de los diversos planos de Aluna, el lugar donde habitan las almas de todos los humanos,  y del secreto acuerdo que tienen con la Madre Tierra para reparar los errores o compensar los favores recibidos de ella mediante el pagamento.

Le propuse al maestro Fernando Garavito, editor del periódico, que me diera un espacio en la sección de cultura para publicar las ideas centrales de ese discurso y de inmediato me reservó media página para publicarlo esa semana. Creo que conseguí con mi fuente, el Dr. Juan Ospina, la foto del mamo, y fue así como publicamos una síntesis del largo relato del líder kogui. Recuerdo haber quedado prendada de esta idea originaria, de esa riqueza simbólica y de la poética implícita en el mito de Serankua, el dios que habita en los picos nevados de la Sierra. Gracias a la edición que hice de ese material con la orientación de Fernando, logré entender lo que significaba el concepto de Gonawindúa, la gran montaña, la madre tierra.

Ya entrados los noventa, siendo parte del equipo de reporteros de la revista Cromos, tuve la misión de acompañar a la Sierra Nevada de Santa Marta a dos profesionales del Inderena que hacían parte de una misión científica de la Universidad Nacional. El objetivo era recolectar rocas y muestras de plantas en las tres vertientes del macizo costero.

En esa ocasión, el biólogo Mario Castañeda y un compañero geólogo de la misma institución,  tenían planeado recorrer la vertiente oriental de la Sierra recolectando muestras y datos que conformarían el levantamiento ecológico de toda la montaña. Para ese momento ya habían estado en la vertiente norte, que tiene como entrada el puerto de Santa Marta. 

La idea, después de dejar atrás Nabusímake, en el departamento del Cesar, era llegar lo más cerca posible a los nevados. Yo los acompañé durante la primera semana, hasta un sitio de poder llamado el valle de Duriameina, a 3.200 metros de las playas del Parque Tayrona.

A ellos les tomaría una semana más llegar al borde del nevado para explorar los ecosistemas de ese último piso térmico. En cada etapa del recorrido, en lo que me constaba, se reunían largas horas con la autoridad indígena y miembros de la comunidad. Toda la noche la transcurrían los hermanos mayores mambeando con la planta sagrada, mientras los científicos les explicaban en detalle el colosal proyecto de describir la flora, la fauna y los minerales de toda la sierra nevada. A medida que respondían las preguntas y preocupaciones de los arhuacos sobre los fines de ese proyecto y sobre el destino de la información que se iban a llevar, los gobernadores les iban autorizando avanzar al siguiente poblado.

Ese viaje, donde recibí la hospitalidad de dos mujeres arhuacas, madre e hija, y compartí con ellas el plátano verde y el calor de la fogata en la noche fría, donde recibí, a la mañana siguiente, a manera de regalo, un mazo de cebolla en rama cultivado y cosechado por ellas mismas en su parcela, ha sido una de las más bellas experiencias de mi vida, y desde entonces sentí que una parte de mí, de alguna forma, se arraigaba en ese territorio. El resultado periodístico fue una crónica de tres páginas titulada “Los guardianes del agua”, que contaba la ambiciosa aventura de los científicos, y de paso, transmitía el mensaje de urgencia de los lideres espirituales por el cuidado y el respeto con el planeta.

Desde entonces siempre estuve atenta a lo que publicara o produjera sobre la Sierra, y recuerdo haber visto el documental de 87 minutos Desde el Corazón del Mundo, realizado por la BBC en 1990, en el que los manos de los cuatro pueblos insistían en mostrarnos la conexión existente entre nosotros y la naturaleza, y en llamar la atención sobre los daños que  la modernidad le estaba produciendo a la Sierra Nevada, al Corazón del Mundo.




El empeño por hacernos entender

Ya entrado el tercer milenio, en 2010, mientras realizaba la investigación sobre los usos del audiovisual en el Caribe colombiano, tuve el privilegio de conocer de cerca la experiencia del Colectivo de Comunicaciones Zigoneshi dirigido por el líder arhuaco Amado Villafaña.

Este colectivo fue el primer proyecto de comunicación articulado por la Organización Gonawindúa Tayrona con diferentes actores del territorio, para llevar más allá de la Línea Negra el mensaje de los líderes espirituales de los cuatro pueblos, y hacerlo con la fotografía y el video, el lenguaje que a nosotros, los “hermanitos menores”, tanto parecía gustarnos. Así, con el apoyo del antropólogo Pablo Mora, el colectivo gestionó sus propios equipos de producción y preparó al grupo de jóvenes indígenas que haría en 2009 la serie Palabras Mayores, una producción de 10 capítulos de 7 minutos que le llevaría a la nueva generación de televidentes el mensaje que venían repitiendo desde hacía 30 años: la madre tierra está enfermando, hay que cuidarla.

Diez años después de haber hecho la serie Palabras Mayores, hacia el 2020, Zigoneshi se tranforma, y hay un relevo de los jóvenes camarógrafos y realizadores arhuacos, koguis y kankuamos que se formaron en el oficio de la fotografía gracias a proyectos como el documental “Nabusímake: Memorias de una independencia”, producido por Amado Villafañe en 2012. En él, Villafañe incursionó en la puesta en escena con actores naturales para narrar un episodio clave de la historia arhuaca, como fue la expulsión de los misioneros capuchinos de su territorio, y lo hizo con una propuesta dramática que aprovechó el material de archivo de la Fundación Patrimonio Fílmico y de la documentalista Marta Rodríguez.

La obra teatral "Gonawindúa: el corazón del Mundo", estrenada el 29 de marzo en el Teatro Mayor de Bogotá, viene a ser un nuevo y sorprendente eslabón en ese esfuerzo por hacerse oír; un recurso más al que apelan para que esta sociedad sorda y terca reciba el mensaje de los mamos y comprenda la urgencia de parar la destrucción de la naturaleza.

La crítica teatral no es mi área, pero como comunicadora no deja de maravillarme la forma como unos pueblos originarios asentados desde la prehistoria en el Caribe y golpeados por la experiencia colonial y por todas las violencias que estremecen a Colombia, logran realizar, gracias al principio de yuluka (acuerdo) una obra teatral cocreada y codirigida por un mamo del pueblo Kogui a quien se le encomendó la dirección espiritual del proyecto.

Así lo relató Nube Sandoval, codirectora de a obra, en la entrevista para el canal del Teatro Mayor, en la cual habló del trabajo del Centro de Investigación Teatral (Teatro Cenit) en Minca y cómo esta obra tiene antecedentes en la publicación del libro Shikwakala. El Crujido de la Madre Tierra (2018), un compendio de relatos de 26 mamos sobre la Ley de Origen y la misión de cuidado de la naturaleza que tienen los cuatro pueblos ancestrales de la Sierra: Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo.

No podemos ignorar lo significativo que resulta que uno de estos pueblos ancestrales haya tenido acceso a esta oportunidad y el resultado del trabajo sea, en efecto, un poema visual, además de una experiencia envolvente de sonido, luz y movimiento corporal que, por lo menos a mí, me “estalló” -en el mejor sentido-, la cabeza pero además el corazón, y ese otro lugar misterioso que se ubica en la memoria.

Por eso, mientras me dejaba traspasar por el mundo del pensamiento kágabba esa noche frente al escenario del Teatro Mayor, venían a mí las palabras de Ramón Gil Barros, la sonrisa de las dos mujeres que me despidieron en Duriameina con un regalo de la tierra, las películas y los documentales vistos en los últimos 20 años y la emoción que sentí 15 años atrás al ver los jóvenes indígenas capturando con sus equipos su propia visión de la Sierra.

Me vino a la mente el Gonawindúa de Jorge Mario Suárez y Giuliano Cavani, un sorprendente documental de 15 minutos que narra la misión que el anciano mamo Kankuémaku le encomienda a Cenkui, su joven aprendiz, de realizar un pagamento. El recorrido del joven Cenkui hasta el lugar del pagamento es también el curso seguido por el agua desde la pureza de los cerros más altos hasta el mar, y que ha sido manipulado por el hombre blanco a medida que va poblando de manera irresponsable a Gonawindúa.

El proceso creativo que tuvo lugar para llegar al estreno de la obra en el Teatro Mayor de Bogotá fue producto de la metodología del Teatro-puente, aquella que propone “una conversación entre dos mundos culturales. Por un lado, el pueblo Kogui y su misión cosmogónica de armonizar el planeta y, por otro lado, el teatro con su rol de puente, que integra los lenguajes contemporáneos de las artes escénicas para comunicar el llamado a la salvaguardia de la biodiversidad”, como lo expresó Nube Sandoval.

El resultado artístico me pareció admirable. La forma en que se conjugan y despliegan en escena los recursos técnicos para transmitir la idea de la trama y la interdependencia de todo lo existente, en contraste con el desafuero desarrollista de la sociedad occidental, es sorprendente. El hecho de llevar por primera vez a escena a once jóvenes indígenas y dos autoridades ancestrales creo que subvierte los conceptos de actuación y de representación propios del oficio teatral. Por estas y otras razones “Gonawindúa. El corazón del mundo” constituye un hito que da mucho material para la crítica. Pero me atrevo a decir que para ellos, para el pueblo kogui, lo más importante de todo este esfuerzo no serán los comentarios que se publiquen sobre la obra sino el atisbo de conciencia ambiental que ella logre sembrar en los espectadores.

 

Videografía:

1.      Ficha técnica de la obra

https://www.teatromayor.org/es/evento/teatro/teatro-cenit-colombia-gonawindua-el-corazon-del-mundo-direccion-nube-sandoval-y-bernardo-rey-14693?function=3247

2.      Documental Desde el Corazón del Mundo. Un mensaje de los Hermanos Mayores a la humanidad, 1990

(471) Desde el Corazón del Mundo - 1 de 7 - YouTube

3.      Cómo hicimos Palabras mayores, 2009

https://www.youtube.com/watch?v=MzLom5ODlq0

4.      Documental Gonawindúa, de Murillo Films, 2013

https://www.youtube.com/watch?v=HtcbiKquqss

5.      Conversatorio con Nube Sandoval sobre el proceso de creación de la obra Gonawindúa. El corazón del mundo. 2025

https://www.youtube.com/watch?v=B1vPdfZTOjM



[1] Producción teatral con dirección escénica de Nube Sandoval y Bernardo Rey, y dirección espiritual del Mamo Aluntana Vacuna y la Jaba Francisca Jandigua.

jueves, julio 06, 2023

Los rumbos de Sara Harb

 

Por Patricia Iriarte

 

Me sumergí en él, salí, pasaron días. Lo retomé y volví a leer uno de los últimos cuentos, ese donde el almirante guajiro José Prudencio Padilla presencia desde su estatua el juego de seducción de una morena con el jardinero del parque y fantasea con entrar en el cuerpo de ese hombre para volver a sentir la pasión que una vez vivió por una zamba jamaicana en Cartagena. Entonces recorrí de nuevo en mi memoria ese mundo al que nos invita Sara Harb en los once cuentos que conforman Cambio de rumbo. Este es el segundo libro de cuentos de Sara, después de El relojero de Ginebra (2021), ambos publicados con el sello colombiano Escarabajo.

El mundo literario de Sara, que en 2019 publicó también su primer volumen de poesía, Travesías del sueño, comienza a cimentarse en El relojero de Ginebra y se expande aún más, narrativamente, en esta nueva serie de relatos donde conocemos personajes que están, o tienen, o quieren vivir en tránsito. Mujeres y hombres que se cruzan, que transitan de un tiempo a otro, de un espacio a otro, de un cuerpo a otro. Porque es el suyo un mundo en el que las coordenadas de tiempo y espacio son porosas. Más aún, líquidas. Errante, el primer cuento del libro, se lo advierte de entrada al lector con la historia de amor de Owain y Elisa, que comienza en una pradera verdísima, cerca de un acantilado, y termina (de algún modo) en una Londres universitaria en la que la autora nos adentra, como lo hace en otros escenarios, con la pericia de una navegante que sabe moverse entre palabras e imágenes.  Este primer relato nos atrapa con la aventura onírica, espiritual y a ratos trepidante, de un muchacho que muere enamorado y yerra por años en busca de una Elisa que es cada vez menos suya.

Y es que el viaje que nos propone Sara Harb no puede ser más inquietante y al mismo tiempo, placentero. En el mundo de Sara una planta puede voltearse a mirar a un personaje, y una mujer puede comunicarse con seres del espacio exterior. La prosa de esta cineasta que un día decidió explorar los rumbos de la escritura transcurre entre imágenes inusitadas, reflexiones sobre nuestro tiempo y referencias del cine, la música, la pintura, la historia y las ciudades por las que ha transitado. Todo ello con una visión expandida de lo que somos como seres humanos en esta era. Tan sociales como únicos, y entre ellos, algunos tan creativos como solitarios.

Coincido con el escritor Julio Olaciregui cuando dice, en su prólogo, que en estas páginas Harb nos deja siempre algo que pensar, nos enseña algo, y “quizás nos convenga refrescar nuestra percepción del tiempo, renovar nuestras costumbres para mantenernos vivos. Estar muy atentos a la trama rota de nuestros sueños, ese teatro de lo oscuro que viene a completar la sorprendente lógica de nuestros días.”

Las situaciones por las que transitan estos seres humanos no son precisamente las más ordinarias, aunque ocurran en un vagón del metro o en un bar de una calle de Madrid. No son sus temas de conversación los más banales ni los más cómodos, pero como la pluma de la autora tiene la capacidad de meternos en su piel, termina logrando que, como ellos, nos hagamos de nuevo las mismas viejas preguntas sobre la vida. Pero de eso se trata la buena literatura, el arte verdadero.

lunes, noviembre 07, 2022

Bibliotrailer Celia se pudre (fragmento)

Este bibliotrailer  fue realizado por la Fundación IriArtes como parte de la estrategia transmedia del proyecto Celia se puede, cuyo propósito fue publicar la tercera edición de la novela Celia se pudre, del escritor colombiano Héctor Rojas Herazo.

Realizadora: Majo Fuentes
 

domingo, noviembre 06, 2022

Cantaclaro: Celia ya no se pudrirá en el olvido Carátula de la...

Cantaclaro: Celia ya no se pudrirá en el olvido Carátula de la...: Celia ya no se pudrirá en el olvido Carátula de la edición, diseñada por Rubén Egea Patricia Iriarte Directora de la Fundación IriArtes &quo...

Celia ya no se pudrirá en el olvido


Carátula de la edición, diseñada por Rubén Egea


Patricia Iriarte
Directora de la Fundación IriArtes




"Celia ya no se pudrirá en el olvido" es el título de la nota que escribí para la nueva edición de la revista semestral víacuarenta que circulará el mes próximo, publicada por la Biblioteca Piloto del Caribe. En esa nota que resumo aquí para los lectores de Cantaclaro hago un recuento de lo que ha sido el proyecto editorial Celia se puede, que hizo posible la reedición de la novela cumbre del escritor caribeño Héctor Rojas Herazo, Celia se pudre.

Sabemos que el lugar de Rojas Herazo en la trilogía de modernizadores de la literatura colombiana, junto a García Márquez y Cepeda Samudio, está reconocido, y que aunque el escritor toludeño fue conoció principalmente como poeta, también dejó una notable obra narrativa que comenzó a gestarse en 1962 con la novela Respirando el verano, en donde Rojas Herazo pone los cimientos de una trilogía fundada sobre Cedrón, de donde surgen dos de sus personajes principales: Celia Aterhortúa y su nieto Anselmo. En 1967, el mismo año en que se publicó Cien años de soledad, apareció su segunda novela, En noviembre llega el arzobispo, que pese a haber tenido la mala fortuna de salir al mismo tiempo que la obra maestra de GGM, fue reconocida por su aliento modernizador, casi estremecedor, de la literatura colombiana. Pasaron casi diez años entre esta novela y la última de la trilogía, Celia se pudre, obra en la que Rojas Herazo alcanza, en casi mil páginas, el sumum de su estilo literario. Una novela que por la fuerza de su prosa pero también por su compleja arquitectura narrativa, ha sido comparada con el Ulises, de Joyce, y Paradiso, de Lezama Lima. 

Nunca acompañada de una adecuada promoción, de Celia se pudre se han editado apenas 3.000 ejemplares en 36 años, pasando casi inadvertida para el público. A pesar de lo cual esta obra fue incluida en 1999 por la revista Arcadia entre los 100 libros colombianos del siglo XX, y en 2011 fue escogida por Credencial como una de las 25 mejores novelas colombianas en el último cuarto de siglo: “este es un libro clave por la belleza del personaje de Celia, por la narración de la vida cotidiana de un lugar llamado Cedrón y por la evocación que de aquel poblado hacen desde la ciudad diversas voces lejanas. Una larga novela sobre la melancolía.”

Revista víacuarenta N° 34 - 35


Fue por eso que, desde el año pasado, declarado Año Héctor Rojas Herazo por el Ministerio de Cultura y la Gobernación de Sucre con motivo del centenario del autor, la Fundación IriArtes se propuso adelantar un proyecto de reeditar esta obra. El objetivo del proyecto "Celia se puede", es facilitar el acceso a la obra con una edición económica y que realmente facilite su lectura, por lo cual la particularidad de esta edición es que viene publicada en cuatro tomos. 

Para esta tercera edición de Celia se pudre la dificultad que suponía la obtención de los derechos se sorteó mostrando a los herederos de Rojas Herazo, Patricia y Alfonso Rojas Barbosa, el espíritu pedagógico del proyecto y su intención de llevar la obra a las bibliotecas públicas. Ellos lo entendieron así y celebraron que la novela pudiera estar nuevamente en circulación. Y aunque ellos ya habían estado en conversaciones con Editorial Planeta para la publicación de este título, estas, por diferentes razones, no llegaron a término, y decidieron aceptar la oferta  de la Fundación IriArtes.


Héctor Rojas Herazo

El trabajo editorial propiamente dicho, es decir, el análisis de la obra para definir su segmentación, fue encargado inicialmente a la poeta y crítica Andrea Juliana Enciso. Ella, por razones laborales, no pudo realizarlo, pero se hizo cargo del prólogo de esta edición. Otros dos grandes conocedores de la novela, Ricardo Vergara Chávez y Emiro Santos, tampoco dispusieron de tiempo para acometer la tarea, por lo que, después de todos los intentos, decidí asumir yo la responsabilidad de separar esos 77 capítulos con un criterio que no fuera simplemente el de la división matemática de su millar de páginas. Por razones de espacio no me extenderé en la descripción detallada de ese oficio, pero puedo decir que la novela misma “colabora” en su segmentación, al no ser ella tampoco un relato monolítico. 

Otra cosa era el reto de hacer el proyecto viable, y para ello se concibió como perteneciente al sector editorial en las industrias culturales y creativas. Por ello, además de cumplir con una función cultural y con una función social al dotar con la obra a 150 bibliotecas públicas, el proyecto tiene una función económica dentro de la cadena productiva y el mercado del libro en Colombia. Más de 600 ejemplares impresos salieron a la venta del primer tiraje de mil ejemplares, es decir, que se ha puesto en circulación un total de cuatro mil nuevos libros impresos y por supuesto, una versión electrónica.


La obra puede adquirirse por $145.000 en la tienda virtual www.fundacioniriartes.org/tienda





Además de llegar a 150 bibliotecas públicas del país con un ejemplar de la obra, "Celia se puede" hace entrega de dos herramientas que les ayudarán al personal bibliotecario, maestros y promotores, a conocer y presentar la obra en los espacios de lectura. Se trata de una guía de lectura y un laboratorio de gamificación lectora del que se realizarán, en este año, varias sesiones para bibliotecas de Sucre y el Atlántico. Adicionalmente, el proyecto contempla una estrategia de promoción conformada por contenidos gráficos, audiovisuales y escritos que se pondrán en circulación a través de redes sociales, medios convencionales y sitios web.

Pieza gráfica de la campaña No dejemos que Celia se pudra,
impulsada por la Fundación IriArtes

La reedición y publicación de Celia se pudre en octubre de este año 2022 ha sido posible gracias al estímulo del Programa Nacional de Concertación del Ministerio de Cultura, al apoyo del Fondo Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes de Sucre y a la alianza con las editoriales La Iguana Ciega, de Barranquilla, y Editorial Universidad de Magdalena. Sin embargo, por el alto costo del proyecto, superior a los $100.000.000, se activaron también dos campañas de consecución de fondos a través de la plataforma Vaki: “No dejemos que Celia se pudra”, y “Celia se lee”, que han sido claves para poder culminar el proceso editorial.

Todo con el fin, finalmente, de que una obra de sus calidades estéticas y dimensiones históricas para la literatura no se siguiera pudriendo en el olvido.

domingo, septiembre 04, 2022

 Marco Barboza Garcés y sus Hombres de Mar

La mirada que esculpe


Por Patricia Iriarte

La fotografía de Marco Barboza me atrapó desde la primera imagen que le vi. Se titulaba Natura y la publicó el 27 de agosto de 2020 en su página de Facebook. Estábamos en plena pandemia, confinamiento al día, y consumíamos imágenes y contenidos para media, multimedia y transmedia que daba gusto. El trabajo era condena y a la vez tabla de salvación en medio del encierro y la falta de contacto real. 

Era la imagen de un joven afro de perfil, ataviado con una filigrana del árbol de coco a manera de tocado que le bajaba hasta el cuello, los ojos café iluminados con la luz justa que, entrando por el lado derecho de la imagen, le llegaba al rostro.

En los meses siguientes continuó publicando una serie de rostros y torsos de hombres negros y morenos mimetizados, casi, entre los hilos de una atarraya, en una mandíbula de tiburón, en un collar de corales. Casi como esculturas de seres mitológicos, neptunianos, hermanos del pez y de las olas. Composiciones y encuadres no fabricados con o para modelos de revista sino con hombres reales de manos encallecidas, con jóvenes artistas o con amigos de su Tolú natal y de otros pueblos de la costa caribe. Hombres capaces de volverse uno con el animal que capturan, con el atardecer que contemplan o con la imagen que les llega en sueños. 

Ver esas fotos era un verdadero goce en medio del tedio, y me fui dando cuenta de que la escogencia de los planos, los diseños logrados con los materiales de la playa y el manejo de la luz, mostraban una propuesta en camino, y con un concepto estético muy personal.

Con el tiempo esta serie de fotografías se convirtió en una obra acabada que Barboza llamó “Hombres de Mar” y que comenzó a circular por el mundo: India, México, Italia, Francia, Grecia y Omán.

Afiche de la exposición en la Estación de Puerto Colombia (Atlántico)

 

Foto de Marco Barboza, serie Hombres de mar.



Marco le contó a Cantaclaro que el proceso creativo para llegar a este trabajo comenzó cuando él era solo un niño que correteaba por las calles y playas del Golfo de Morrosquillo. Nieto de un pescador artesanal, Marco aprendió desde pequeño las artes de la pesca, sus faenas, sus alegrías y sus sinsabores ante el vacío de las redes. Desde entonces, ya fuera jugando solo o mientras esperaba  en la playa la llegada de “sus héroes” como él los veía, comenzó a colocarse cosas sobre el cuerpo: algas, lianas, conchas, todo lo que pudiera adherirse a su piel para crear formas de manera intuitiva, en un juego que lo transportaba a otro mundo. No tardaron los amigos del barrio y los hombres de la casa en reprenderlo por sus extrañas ocurrencias. Probablemente al llegar a la adolescencia ya no pudo seguir ensayando sus diseños, pero entonces comenzó a dibujarlos en su cuaderno. Allí iba delineando, apuntando lo que luego llevaría al cuerpo de sus modelos. Y aún hoy sigue dibujando en el papel sus creaciones antes de llevarlas a la imagen fotográfica.

Un abuelo pescador, como el que tuvo Marco Barboza.



Las tradiciones artesanales del Caribe bajo la lente del fotógrafo toludeño.

Cuando llegó la cámara fotográfica a su vida fue cuando el ojo comenzó a mirar más profundo y a capturar el transcurrir del tiempo junto al mar. Así, los paisajes y las fotos de las faenas fueron dando paso a los estudios de anatomía o a las exploraciones con la luz y la velocidad que lo han llevado a obtener preciosas imágenes de la noche sobre el mar e instantes de luz atrapados entre las redes de pesca. Ojo capaz de esculpir sobre el cuerpo seres de ese otro mundo que habita en este. Pero no es esta la única temática que ocupa su catálogo. En la obra de Marco aparecen también otras tradiciones culturales de esa zona de Colombia, como la Semana Santa de Tolú, la talla en madera o los tejidos en palma, siendo también la fotografía un medio para rendirle homenaje a las tradiciones y memorias del pueblo.

Foto de Marco Barboza, serie Hombres de Mar


Algo hay en la mirada de Marco Barboza y en su sensibilidad que me recuerda a Alfonso Suárez, el maestro del performance fallecido en 2020, artista apasionado por la naturaleza, profundamente arraigado en el territorio que le tocó en suerte, y capaz de revelar la belleza de las cosas cotidianas.

Así percibo a este artista toludeño radicado en Cartagena, que ha venido a refrescar la mirada sobre las cosas y gentes de este Caribe tantísimas veces fotografiado. 

Próxima exposición de Hombres de mar en Santiago de Tolú.

sábado, agosto 13, 2022

 UN NUEVO CAPÍTULO 
EN LA HISTORIA DE COLOMBIA

Francia Márquez y Gustavo Petro


Después de seis años de inactividad, que coincidieron con la última parte del segundo mandato de Alvaro Uribe Vélez y cuatro de gobierno de Iván Duque, este blog se abre de nuevo a los lectores tras el triunfo del candidato Gustavo Petro Urrego y su Vicepresidenta Francia Márquez Mina. Ellos conforman, a partir del 7 de agosto de 2022 y hasta el 7 de agosto de 2026, el primer gobierno de izquierda de la historia colombiana, en representación de una amplia coalición de fuerzas progresistas denominada Pacto Histórico. Él economista y ella abogada, ambos tendrán en sus manos la responsabilidad de aclimatar un cambio político, social y económico en un país que lleva más de 50 años padeciendo una guerra interna que deja más de ocho millones de personas desplazadas y cerca de medio millón de personas muertas, la mayoría civiles. Porque a pesar del acuerdo de paz firmado en 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC, persisten en Colombia numerosos grupos disidentes de esa guerrilla que no se acogieron al acuerdo, además de las acciones del Ejército de Liberación Nacional (ELN), y los permanentes ataques ejecutados por bandas del paramilitarismo o del narcotráfico, que en su disputa por el control del territorio para sus negocios ilícitos someten a los habitantes a las más terribles atrocidades.

Por eso, uno de los principales objetivos anunciados durante la campaña electoral y ratificado ayer por el Presidente Gustavo Petro en su acto de posesión, es el de construir una paz total que ponga fin a la confrontación armada con el ELN y demás grupos armados.

El domingo 7 de agosto, en un acto de posesión sin precedentes en la historia de Colombia por la masiva participación de la ciudadanía, el ambiente festivo que lo enmarcó y una ceremonia cargada de elementos simbólicos, el Presidente Petro resumió los compromisos de su mandato en el siguiente decálogo (ver versión completa en el enlace): 

1. Trabajar para conseguir la paz verdadera y definitiva.

2. Cuidar de nuestros abuelos y abuelas, de nuestros niños y niñas, de las personas con discapacidad, de las personas a las que la historia o la sociedad han marginado.

3. Gobernar con y para las mujeres de Colombia. 

4. Dialogar con todos y todas, sin excepciones ni exclusiones porque será un gobierno de puertas abiertas. 

5. Escuchar a colombianas y colombianos, porque no se gobierna a distancia, alejado del pueblo y desconectado de sus realidades.

6. Defender a los colombianos y colombianas de las violencias y trabajar para que las familias se sientan seguras y tranquilas.

7. Luchar contra la corrupción con mano firme y sin miramientos. 

8. Proteger nuestro suelo y subsuelo, nuestros mares y ríos, nuestro aire y cielo.

9. Desarrollar la industria nacional, la economía popular y el campo colombiano.

10. Cumplir y hacer cumplir nuestra Constitución. 


Una posesión presidencial nunca antes vista

Seis hechos hicieron de esta posesión presidencial una ceremonia especial, cargada de simbolismo y emoción. La primera, el juramento de Francia Márquez por sus ancestros y ancestras, y "hasta que la dignidad se haga costumbre", que significó nada más y nada menos que la entronización de un discurso alterno en la liturgia de las ceremonias de cambio de mando. Francia alteró para sí, para su asunción en el segundo cargo de importancia en el país, para su circunstancia histórica, la fórmula oficial de juramento, en un acto de soberanía ejercido por una dirigente surgida en las bases populares de uno de los departamentos más olvidados del país.

Foto: Reuters


La segunda, la imposición de la banda presidencial a Gustavo Petro por parte de María José Pizarro, hija del dirigente del M-19 Carlos Pizarro Leongómez, asesinado cuando era candidato presidencial en las elecciones de 1990, y después de haber liderado el proceso que terminó en la dejación de armas de ese movimiento.

Foto Semana


La tercera, la orden del Presidente de la República, acabando de asumir el cargo, de traer al Capitolio Nacional la mítica espada de Bolívar; la misma que el M-19 había extraído de la Quinta de Bolívar 48 años atrás y que fue devuelta al país en 1991 por Antonio Navarro Wolff. Esto después de que el presidente saliente, Iván Duque, se negara la noche anterior a autorizar la salida de la espada de la Casa de Nariño.


La cuarta, la rendición de honores militares al Presidente Gustavo Petro, que si bien es parte del protocolo de la posesión, en esta ocasión tuvo una connotación especial  por la condición de preso político que tuvo el Presidente en los años noventas, y sus tensas relaciones con el estamento militar.

Foto AFP


La quinta, el hecho de haber roto con la costumbre de hacer ceremonias de cambio de mando cerradas a un grupo de invitados especiales, y proponer en cambio una gran fiesta nacional y una plaza abierta que fue colmada por personas de todo el país que vinieron, como yo, a vivir la histórica ocasión. 



La sexta ocurrió antes del 7 de agosto, cuando el Presidente electo participó en una ceremonia de posesión ante las autoridades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, y en Bogotá lo hizo ante autoridades populares, comunitarias, étnicas y de los movimientos sociales. Un acto en el que el Presidente recibió el Mandato Popular, que según expresaron los organizadores, "recoge el sentir del pueblo organizado para el fortalecimiento del poder social."




LA POSESIÓN DESDE LAS CALLES

Texto y fotos: Patricia Iriarte



Semanas antes de la posesión presidencial, el Pacto Histórico hizo saber que en esta ocasión el país iba a vivir una cosa distinta. Se comenzó a hablar de la organización de la ceremonia -si le correspondía al gobierno entrante o al saliente- y de los costos que iba a tener. Se supo, finalmente, que era el gobierno saliente el que estaría a cargo del protocolo y de la lista oficial de invitados, con lo cual quedó descartada la presencia de los presidentes de Nicaragua, Cuba y Venezuela.  Entre tanto, los voceros del gobierno entrante daban detalles sobre la gran fiesta que estaban organizando, con artistas de todo el país invitados a actuar en las diferentes tarimas que se instalarían en Bogotá, y con pantallas gigantes en las principales ciudades para que la gente siguiera en detalle lo que iba a ocurrir en la Plaza de Bolívar. Una programación cuyo costo apenas si superó el valor legal asignado por decreto a la ceremonia de posesión, según explicó la coordinadora del evento, Marisol Rojas.



La plaza, a diferencia de lo sucedido tradicionalmente en los cambios de mando, estuvo en parte reservada para los miembros del gobierno e invitados nacionales y extranjeros, pero también abierta para que todo el que quisiera estuviera presente en el histórico acto. El acto en el que por primera vez en la historia de Colombia un presidente de izquierda asumiría el poder. El resultado fue una plaza abarrotada hasta las banderas, y todo el centro histórico de la capital, en sus cerca de 80 cuadras, ocupado por una muchedumbre eufórica que compartía su alegría y redescubría la esperanza. Danzas, comparsas y disfraces típicos venidos  de los cuatro puntos cardinales del país desfilaban por las calles junto a los ciudadanos que se dieron cita en Bogotá para ser testigos del evento. Les sugerí a mis amigas que nos acercáramos a la tarima de la Cra 7 con 12A para ver al grupo de mujeres de Patapelá, de Sincelejo, al que tengo por uno de los mejores en su línea de cumbia y bullerengue. No alcanzamos a verlas porque la tarima del Parque Santander con entretuvo un rato un grupo caleño de bailarines de salsa, y cuando llegamos a la 12 ya habían terminado su presentación. Pero vi grupos de Casanare, San Andrés y Providencia y Nariño. Y todo transcurrió sin que se presentara un solo hecho violento, un riña o algo que lamentar en toda la jornada.





Yo fui una de las personas que viajó desde el sábado 6 de agosto a Bogotá y me uní el domingo a un combo de amigos para recorrer esas calles festivas hasta las dos de la tarde y luego, juntarnos en una casa para ver la transmisión por televisión, pero el encanto de las calles nos cautivó más de la cuenta y el inicio de la ceremonia nos sorprendió aun en el restaurante donde entramos a almorzar. En los televisores allí instalados vimos cuando el Presidente Petro salió del Palacio de San Carlos de la mano de su esposa Verónica Alcocer, y seguidos de sus hijos  se dirigieron -sin alfombra roja- hasta la Plaza de Bolívar. Las banderas ondearon con vigor, y el coro del “Sí-se-pudo” se levantó como una sola voz. Parecía increíble que estuviéramos viendo esta escena, después de décadas de luchas, de derrotas, de atentados, de magnicidios, de calumnias…




La noche anterior el taxista que nos hizo una carrera a una amiga a mí, nos dijo que había recibido videos en los que Gustavo Petro y Francia Márquez asistían a un rito satánico; que varios de estos ritos se habían realizado en la misma Casa de Nariño, y que ya era bien sabido que los nuevos gobernantes pertenecían a una de esas sectas. Afirmó ser un “estudioso” del tema satánico y que era capaz de detectar si una persona era practicante de alguna de sus variantes, y entonces enumeró: “yoga, feng shui, brujería, vampirismo… etc.” Mi amiga y yo pasamos del estupor a la risa, y entonces recordé la entrevista concedida horas antes por la senadora María Fernanda Cabal a la revista Cambio, en la que la congresista del Centro Democrático declaró, entre otras cosas, que la izquierda colombiana se había “inventado” seis millones de desplazados y seis mil falsos positivos; porque le gusta el número seis, dijo con sorna, “como el diablo, como la bestia.” La derecha, pensé entonces, como siempre, dispuesta a todo, incluso al ridículo con tal de desacreditar a su principal opositor. Pero esta vez no les valió de nada porque por fin el pueblo se había manifestado, derrotando en las urnas el nefasto legado uribista. 



Otro aire, otra luz, otra etapa se estaba respirando ya, junto a la certeza de estar asistiendo a una segunda oportunidad para todos, como dijera el Presidente Petro en su discurso de posesión. Un discurso poderoso, como lo fue también el del presidente del Senado, Roy Barreras. Ellos, junto a la mayoría de los ministros  y ministras designados para ese momento, comenzaron a demostrar desde la primera semana de trabajo, que el nuevo gobierno está en manos de hombres y mujeres que estarán a la altura del reto que les espera: construir una matria más justa, más próspera y más segura para todos, un país donde sea cada vez más posible esa promesa de vivir sabroso




Cartografía de Patricia Iriarte

"Mapa de luz y sombra  es, ante todo, un libro de tránsito por el amor, la pérdida, el viaje, la guerra, la naturaleza y el espíritu. P...