jueves, julio 23, 2009

La Poesía, la poseía, la posee

Leo Castillo frente a la Alcaldía de Barranquilla, en 2005-6 (Foto de David Romero)


Los pasajeros

Irrumpen un día
en nuestra zona de riesgo:
- Me llamo Paco Nieto
el inquilino de arriba
y estoy a tus completas órdenes.

- Me llamo Diana
la reina de Bellas Artes
y me gana bailar y enloquecer.

- Soy tu querida María Eugenia
y te quiero
te quiero tanto Leo.

- Me llamo Ricardo, amigo mío
y te convido a fumar
de mi fantástico cigarrillo verde.

- A mí puedes llamarme Susana
pero págame antes mi amor.

Al otro día son espejismo y nostalgia
fantasmas borrosos enredados entre el gentío
que el tiempo hábilmente escamotea
y finalmente devora
con su habitual eficacia.


Del libro "De la acera y sus aceros", del poeta Leonidas Castillo, que esta noche es relanzado en el Bistró de la Alianza Francesa, a las 7:00 de la noche.

En buena hora es re-presentado a la ciudad este libro, editado hace dos años por el entonces Instituto Distrital de Cultura y Turismo o IDCT, pero casi e inexplicablemente ignorado por "la crítica" de la ciudad (ni qué decir la del país). Aunque, pensándolo bien, si en esta ciudad no hay crítica...

De la acera y sus aceros contiene más de 40 poemas, algunos de ellos concebidos, macerados, escritos, o como él mismo diría, escupidos y excretados durante sus dos años de estancia en las calles de Barranquilla.

Lo que para muchos colombianos y colombianas es un año de servicio militar, un año rural, o tres meses de práctica empresarial, para Leo Castillo fueron dos años de aceras, callejones y recovecos en esta urbe ribereña; experimento vital voluntario que lo exime de cualquier deuda o servicio pendiente con la sociedad y que antes bien, tuvo el arrojo de traducir a la literatura con la habitual fuerza y belleza de su verbo.

Leo ha continuado trabajando además, en su novela, Labor de taracea, que ya circula en su versión virtual y ojalá pronto lo haga en la impresa, y en dos obras poéticas de largo aliento que también merecen una buena edición.

lunes, julio 13, 2009

Fotoreportaje

Plaza de San Nicolás. Domingo 12 de julio, 6:00 p.m.

Así se ve San Nicolás una semana después del desalojo que hizo la administración distrital. Según el boletín de la Alcaldía Distrital del lunes 6 de julio, y reproducido por la prensa local, “Los barranquilleros amanecieron este domingo con un nuevo espacio público del centro histórico totalmente recuperado: se trata de la emblemática Plaza de San Nicolás, que esta madrugada fue despejada por la Alcaldía de Barranquilla, con el apoyo de otras entidades…”

Desde el punto de vista del espacio físico, puede que sea cierto, pues 250 puestos de ventas fueron retirados por la maquinaria oficial. Se supone que ahora vienen las obras de recuperación urbana, siguiendo el diseño de la firma OPUS Oficina de Proyectos Urbanos de Medellín, ganador del concurso organizado por el Ministerio de Cultura para la recuperación del Centro Histórico. Pero los vendedores organizados protagonizaron una jornada de protesta días después por lo que consideraron una acción arbitaria e improvisada. Asovendedores denunció irregularidades en el desalojo y el Concejo Distrital sesionó el 9 de julio cerca de la plaza con los vendedores del sector, quienes insistieron en que no puede haber más desalojos sin una adecuada política de reubicación.

Por política se entiende un programa de vivienda, educación y salud para la población que durante décadas, y por varias generaciones, ha vivido de y para el negocio de las ventas callejeras, a falta de mejores opciones de trabajo.

La Alcaldía afirmó que la medida obedece al cumplimiento de las normas sobre espacio público, pero Cantaclaro visitó la plaza el domingo y uno de los vendedores desalojados dijo que la acción se debió al cumplimiento de una acción de tutela interpuesta por el cura párroco de San Nicolás. ¿Cuál es la verdad?

En todo caso, no es difícil imaginar que sin un plan coherente e integral de recuperación, antes de que comiencen las obras, y aún después de que estas terminen, este espacio será ocupado por nuevos rebuscadores emergentes, habitantes de la calle y menesterosos que se reproducen día a día con la pobreza de la ciudad. Como el Paseo Bolívar y otros lugares del centro recientemente “renovados”, la falta de pertenencia, de conciencia ciudadana, de espíritu cívico o como quiera que se le llame, unido a la falta de mantenimiento de las instalaciones, dejará su huella de fealdad y deterioro donde quiera que miremos.


“No puede haber desarrollo urbano si no hay desarrollo humano.” Dina Luz Pardo, directora de Asocentro. En entrevista con Ernesto McCausland


Para estar pendientes:
El próximo 5 de agosto: 5º Foro El Centro Vive. Organizado por
Asocentro: http://centrohistoricodebarranquilla.blogspot.com/